(365) Coche hacia el amanecer 26-06-2009 GTM 1 @ 06:29
bonhamled — Tags: Viaje Coche Vida
Se abre la masa boscosa del horizonte y entre las nubes asoma el sol del día. Vano, real, etéreo, amanecedor.
El día amanece con los kilómetros de carretera reflejándose ligeramente en ese espejo imperfecto que es el alquitran desgastado, brillante, y algo pintado. La ventana deja entrar, por la rendija insobornable , de un frío de madrugada, de trassnoche, de tiempo que se gana al día y a la noche aunque el cuerpo se rebele.
Hoy es el día del resto de la vida, es el día donde aquellos augirios de muerte y de dolor se tenían que haber cumplido. La livertad, sin embargo, se ha manifestado como una flor, a veces, fétida, de un color sorprendentemente verde y fea pero exquisita en el aura queproyecta sobre los que le rodean. El futuro se viste con el anaranjado sonriente del amanecer.
(364) Llorón 18-06-2009 GTM 1 @ 05:44
bonhamled — Tags: Amor Muerte AusenciaCuando ella murió, se fue, siguió viviendo en otro lado, quizás otra dimensión, quizás la próxima esquina comenzó a llorar.
Fue un llanto torrencial de monzón, fue tormenta de verano, fue ciclón caribeño, fue huracán de sensaciones y lluvias saladas. Las lágrimas se secaron, los segundos de llanto pasaron y se convirtieron en meses pero el llanto seguía como un Guadiana esperando un brotar aquí o allí.
Siguió llorando lágrimas secas, rocas lunares del dolor que arañaban su lagrimal y su corazón antes tocado de ala de libélula. Siguió llorando aunque seguían levantándose, desayunando, trabajando, comiendo, dormiendo.
Un día volvió a brotar ese llanto pero ya no fue tormenta sino leve llovizna, que provenía de arriba, de abajo, de lado, movida por el viento desconocible del tiempo, de la situación, del mundo. Dable a la autocompasíon y al daño, el dolor se hizo caracola inmarcesible en su interior, caverna dentro de una cascada de agua sutil y sucia.
Seguía llorando, orvallo, txirimiri, lejano, con un rugido pulmonar, en las tardes de bombillas de poca potencia en otoños en calles estrechas de barrios populares. Gastó su llorar aquí y allá, dejando charquitos junto a las paredes, dentro de la bañera llena de agua, en un instante de lejanía entropica.
Siguió llorando y siguió llorando hasta el día en el que decidió dejar de llorar. En ese momento, se paró un instante y se quedó quieto. La gravedad y el puente hicieron el resto.
En ese momento otra persona comenzaba a llorar.
(363) Miradas 15-06-2009 GTM 1 @ 00:01
bonhamled — Tags: Internet Visibilidad PensamientoEnfrenta egos, verdades de vergüenza y el hielo picado de las almas abiertas.
El tiempo escuálido, encarnecido y atormentado en su asincronía.
El hoy fuera de su duque de Alba atmosférico de xenon y plástico.
Miro las fotos y me enorgullezco de estar, otras veces huiría a un campo de hierros y espinas, en alguna más tomaría un camino turbio cerca de la ruta 66. Al final, idas y venidas de espectador –persona.
Es un tiempo de mucho dato, poco tiempo y menos gana.
(362) Aquí, ahora 08-06-2009 GTM 1 @ 05:47
bonhamled — Tags: Muerte Tranquilidad ÉticaPasa el tiempo y, de repente, ya me encuentro aquí.
La puerta está allí y aunque me duele un poco el costado, es más un recuerdo presente que un dolor real.
Difumino lo que veo y veo lo que no estoy mirando. La situación es extraña.
Sin embargo parece que este tiempo eterno del narrador en primera persona se acaba.
Pienso y miro, callo y escucho mi respiración lenta, quieta, tenue, escasa, silbante y percusionada de negros caballos al galope
Me voy escapando tranquilo y pienso de nuevo.
Queda poco y pienso: ¿tengo que temer?
Nunca hice a nadie daño, casi nunca me traicioné y cuando lo hice yo lo sufrí.
Me mantuve quieto y firme junto a lo justo. Me levante y mantuve la frente de cara al futuro sin el miedo que, ahora se manifiesta casi infantil.
Miro al presente y al pasado y, tranquilo, sospecho algo bonancible.
Nada he de temer, lo que encuentre o vea no habrá de ser perjudicial. Si así fuera se demostraría, ya lo sosprecho, que todo lo anterior es falso.
Me esperan conocidos, personas que me quisieron mucho y que yo seguí queriendo aun cuando se fueron.
Quizás hacer lo que se debe merece la pena, quizás no hacer lo que se piensa es una traición mayor que marcharse sin quererlo.
Quizás mantener la cabeza firme solo sirva para poder contar sin un miedo pánico, sin una desesperanza cinética y tremolante: cinco, cuatro, tres, dos, uno.
(361) Champagne antidespedidas 03-06-2009 GTM 1 @ 18:48
bonhamled — Tags: Vida Champagne AmorCuando la noche es ya vieja para iniciar aventuras y demasiado joven para pensar un nuevo día pide una botella de Champagne.
Rico, rosa, caro, burbujeante, sonriente para tomarlo solo, en la habitación cara, lujosa, aséptica y sola. El champagne como la dovela eterna del arco celestial de la soledad ya cimentada. Atrás gritos de sal, lágrimas de roca, quejidos de viscera eviscerada, miedos de soledad con enuresis. Todo eso detrás.
Las llamadas no respondidas, los mensajes, el rondar sin ser visto, el odiar para amar para odiar para amar, el no comer y el sentirse desdichado por sentirse desdichado, aquella autocompasión y autocomplacencia, de meses han dejado paso a este entrar al hotel y esperar a la noche en soledad para, en lujo, en soledad, en crujido de sentirse solo esperar el céfiro de esa soledad agradable.
Quizás a la siguiente botella.
(360) Láminas de pájaros 26-05-2009 GTM 1 @ 04:31
bonhamled — Tags: Pájaros Imaginación QuietudObservo láminas de pájaros
Con todo su detalle vano de plumajes, tamaños y características
Su linneico nombre me lleva a pasados de oscuridad y negación.
Por eso prefiero el vuelo
a la plasmación cobarde del dibujo aterrado.
(359) Yuri 19-05-2009 GTM 1 @ 18:08
bonhamled — Tags: Espacio Personas pensamientoEstaba cansado y deseaba ver a su familia pero sabía que no podría escaparse, le esperaban los mandatarios para hacerse una foto y alimentar la propaganda. El no era ajeno a todo eso, era miembro creyente y ferviente del partido. Terminaba de mirar por la ventana, antes de iniciar la caída controlada hacia la tierra cuando miró al horizonte negro y sin línea, el futuro.
La atmósfera grisácea y algo blanquecina, como una medusa sólida o como una niebla dnsa sería la lija tremenda que amenazaba con su calor su estancia tranquila pero apneica en el espacio. Yuri miraba al horizonte inexistente a la bellísima bola redonda azul, verde, roja, marrón.
Pensó durante un instante en la fatuidad de los afanes, luchas, tensiones que eran del día a día en aquella bola que se creía plana al andar sobre ella pero que solo era una gota de vida sorprendente en aquel océano azul lejano y desconocido.
Miró de nuevo a la tierra, giraba casi imperceptiblemente, miró al estático mundo de las estrellas lejanas. Pensó en las raices de los árbones, atadas a una tierra redonda y móvil, pensó en las ideas de los hombres claras y efectivas pero, al tiempo, matizables solo con huir de la tierra unos pocos miles de kilómetros.
¿Le verían desde la tierra?, el no cabe duda que echaba de menos ese lugar arbóreo, prosaico, terrenal y telúrico donde nació y salvo estas pocas horas seguiría estando toda su vida. Deseaba volver pero, al tiempo, el cosmonauta, deseaba estar en esa clarividencia de pensamiento, por un lado lo evidente de la tierra, con su matiz inexpugnable en la altura, y por otro el horizonte que no parecía tener ley, ni Dios, ni ideología ni siquiera tiempo.
En pocos minutos comenzaría la maniobra de entrada a la atmósfera, la radio, cuyo chisporroteo instantáneo solo había callado apenas esos dos minutos de tranquilidad. Volvía a la realidad linear de la curvilinea tierra.
(358) La llave gris y vieja 10-05-2009 GTM 1 @ 07:48
bonhamled — Tags: Vida pensamiento AngustiaNecesito romper esa llave, fris, vieja, desgastada, perenne, contundente. Es un hecho físico de la estancia que se hace, a ratos, impredecible y, otras veces se viste con el alambtre de espino de la angustia. De ese esperar lo terrible para, al final y al punto, convertirse tanto en realidad que realimenta el maldito vórtice de nuevo. Soy un pequeño especialista en estos pequeños dolores de vidrio en la boca. No los añoro, no los recuerdo, simplemente están ahí como una fractura los días de lluvia.
Espero volver a sentir franco y libre sin esta atadura que me lleva, me arrastra y es áncora en mar embravecida, me roba la fuerza, la vida, el tiempo, el año.
Quiero gastar la vida en asuntos, vivir en afanes, conseguir o perder sin miedo, andar y cansarme para evitar este absurdo mundo donde el instante siguiente parece un espejo de esos laberintos antiguos de espejos transparentes con los que siempre te topabas de narices.
Quiero romper ese juego terrible, consolidado, cuajado como huevo roto en huevera de cartón amarillo, quiero ser libre, quiero pensar libre, quiero afrontar el mundo de otra manera, sin ese tufillo verdoso del miedo, de la angustia, del deterioro temprano.
Quiero leer sin que la prisa me pueda, quiero hacer sin que la obsesión se pose, quiero andar sin ser una espina para los que me rodean, quiero no sentirme un cuchillo, un punzón, un mazo. Quiero mirarme al espejo y no encontrar la carcasa externa de un enemigo, que es lo más cercano que tengo a rodearlo y sitiarlo. Quiero vivir, porque esto es solo un intermedio entre otros hechos, otras circunstancias, una perdida de tiempo sin mas.
(357) El cónsul-diplomata 03-05-2009 GTM 1 @ 21:04
bonhamled — Tags: Cuento Muerte DiplomaciaEl Cónsul se retrasaba mientras yo terminaba un whisky intempestivo, se cruzó un agregado inglés con el que habiamos tratado, unas veces de nuestro lado, otra del lado de los guerrilleros, la liberación de Galdolfi. - Usted debe ser... Oi un instante, y vi al patricio joven que se me acercaba, en ese momento "un local sacando una pistola avanzó hacia el cónsul in pectore y le disparó no menos de cuatro veces". Dijeron los periódicos en la metrópoli. El muchacho disparó y se marchó corriendo por la cocina del hotel, nunca se supo nada de él. Otra vez que quieran relevarme, deberían consultarlo antes conmigo.
(356) De repente, luminoso 30-04-2009 GTM 1 @ 19:33
bonhamled — Tags: Metro Mañana MuerteEl día abre y amenaza lluvia y luz. Los primeros rayos del sol, difuminados en un horizonte bidimiensional y en un cielo monocorde parecen indicar que el día será tan grís como los tres anteriores, lluvioso a ratos, como los últimos, fríos y desangelados como la última media semana.
El vagón de metro todavía siente ese frescor de primera mañana o el olvido de la más ultimísima noche. Solo unos pocos, sentados, llenan el tren que lleva al día laboral. El traquetreo algo musical, exótico, pero desagradable mece y recuerda sinestésico el calor cónvexo de la cama.
Miro hacia el horizonte cercado por la ventana del vagón, a mi espalda otra abertura simétrica. La oscuridad algo sucia del exterior se mezcla con el reflejo de mi imagen a primera hora en el vidrio: corbata, camisa, chaqueta, libro, peinado y afeitado. Un cliché demasiado cercano como para no esconder la caverna que lleva dentro, detrás el túnel, cables, bandejas, hormigones y pinturas dan a entender lo que todos sabemos: lo de fuera es siempre más oscuro, más previsible, más árido, más deleznable, más pornográfico y abyecto.
Para aquí, allí, otra estación, otra, extemporáneo, perentorio. Molesta entrada y salida de gentes como yo, aburridos burócratas con tendencias clase media y problemas totalmente predecibles y clónicos casi como un tunel dentro de nosotros mismos, que estamos en otro tunel. Las paradas son el anticlimax de la velocidad del tren, del llegar a donde vamos, a donde deseamos, a donde desearíamos. Toda esta sinfonía afónica de pensamientos prendidos de una cuerda es solo un sueño, o entre sueño, visto o entrevisto en los espejismos de la primera mañana.
Miró el reloj, temprano, hoy el trayecto se ha hecho más ágil, más rápido. Me levanto temprano, salgo temprano, ando lentamente intentando dar una falsa imagen de tranquilidad y control cuando solo es un robo a ese tiempo que como grano de arena en reloj se escapa y me cae encima, ahora ya convertido en roca. Veo en el reflejo sutil y desvaído del cristal de enfrente, surcado de marcos, manchas y graffitis, esa roca que está a punto de aplastarme y, lo que es peor, de despeinarme.
De repente, el susto, el frenazo, el respingo, la interjección, la sorpresa, el golpe, el asirse en equilibrio a las barras, el murmullo y el chirrío. Un guiño, mesías, de las luces y un ruido diferente de motor anuncian un “algo” anómalo y diferente en la grisedad de cada mañana adormecida. A lo lejos gritos apagándose, ruidos desconocidos, sueño... y miedo. También aburrimiento y desidia resonando como en una campana donde la piel, la campana, es tan gruega que no deja trasladar casi nada del espacio externo.
Miedo mezclado con sueño, el miedo ante el ataque terrorista, la locura individual, la amenaza presente en ese reloj de gigante de Brobdingnag, llamado metro, que nos esconde a nosotros. Gritos y más gritos y la insoportable sensación de perder el tiempo en el metro. El lugar que solo es transición entre otros. Quizás como si fuera un purgatorio pequeñito, como si solo fuera el crepitar último previo a una muerte desconocida, un tiempo sin sentido y sin destino.
Intento mirar hacia delante, no se que pasa, algunos se sorprenden, otros se asustan, otros miran el espacio claustrofóbico del vagón como si treinta segundos antes fuera una pradera abierta. No se que pasa, vivo sin saber que pasa. Espero. Y me percato de que paso la vida esperando, esperando y planeando, esperando que se den las circunstancias de planear. Planeando las esperas para llegar a planear. Esperando la esperanza de poder planear por el aire. En resumen, peinado y dentro de un reloj parado y con la intranquilidad del tiempo perdido y la certeza fatalista de que algo ocurre y que yo no debería ni querría estar allí.
Pasan cinco minutos, la megafonía, sorda, justa, confusa, oscura, indica en la voz del conductor: “Por causa de accidente, el servicio no se presta con normalidad y se encuentra detenido por un espacio de, al menos, quince minutos”. Miradas a los relojes, resoplidos y misterios, cuentas interiores y exteriores y algún que otro exabrupto semisordo que añadir al pentagrama de puertas, personas, vías, traviesas y túnel.
No se nada, sigo sin saber nada, sin querer saber nada, sigo reflejándome en el espejo falso de enfrente, sigo viéndome alejándome sin moverme como si yo mismo fuera aquel pasado, del pasado lejano, del pasado instantáneo, del pasado de hace cinco minutos que se escapa en sentido contrario apoyado en los balastos de la vía.
Un pasado de banda sonora pero que se manifiesta solo con el chisporroteo tropical de la aguja sobre aquellos viejos vinilos cuando acababan. Es el silencio morigerado del túnel, de su oscuridad sucia que representan una realidad de hierro, la voluntad de no querer estar sino tener que estar como viático imprescindible para “estar” en otro lugar, una quimera, un lugar santo o legendario, una realidad repetida cada mañana del reloj.
Un nuevo mensaje, alguna histeria, alguien, pretencioso y maximalista, que amenaza con bajarse en el túnel. De repente, aparece tras de mi reflejo en el falso espejo. una cara que aparece primigénica, aporética, epifánica, esdrújula: otro espejismo torpe hecho de aburrimiento y sueño.
Me levanto de mi asiento de plástico limpiado y lijado por culos de aburridos como yo. Dejo de ver espejismos y miro el reloj, sin causa, no tengo prisa.
El tren intenta moverse, suspiros de alivio, miradas al reloj como si ese rato hubiéramos estado detenidos también en el tiempo. Tras un par de intentos arranca. Entramos al andén, lejano pero solo a treinta metros de ña detención forzada, su luz y sus ruidos se entreveían en escorzo por las ventanas e, incluso, quien hubiera tenido interés hubiera escuchado la noticia que luego escuchamos: Un suicidio.
Me sorprendió lo banal, lo absurdo, lo improductivo para mi de ese momento, aquel “de repente” imprevisto solo se había convertido en un suicidio como si la vida del día a día con su marrón y gris mortecino y viscoso no ameritara un cambio de dimensión. O quizás como este inicio del apocalipsis que se manifestó en esta masa de tiempo y espera mereciera un regurgitar de lava y fumarola, en un crepitar de almas de condenados, en un desencadenarse de batallas de ángeles y demonios. Fue simplemente un suicidio: un desinscribirse, un desconectar la luz, un marcharse.
Salgo mirando al reloj, casi por simulación, por simpatía, por contextualizarme. Oigo los resultados, Comentan en grupitos, en personas, en marcharse, en quedarse, en investigación improcedente e improductiva. Se difumina.
Obvio interpretar, interpretarme en ese papel. Ignoro el porqué, las causas, las consecuencias, las penas y las lástimas o, quizás, el desencanto, descanso y alivio de algunos. Salgo tan pronto puedo del vagón y, andando,o quizás andurreando, tomo pulso, en conversaciones perdidas y nerviosas, de lo sucedido mientras las autoridades, algunas, pocas, identificadas, ya han tomado parte y actuación en el extremo más lejano a mi.
“La chica bajó al andén, se puso de espaldas a la vía y esperó con los ojos cerrados que llegará el tren que ya se veía, fue terrible. La lanzó diez metros hacia delante como una muñeca rota, ensangrentada pero respirando”.
Pasaba entre los viandantes-reporteros y me encaminaba hacia la puerta. Un sintagma hecho de manecillas de reloj, una vida que seguía tras ese minuto. Sin embargo paré un instante, recapitulé, revisé mi chaqueta, mi cartera, mi pelo, reflejado en las vitrinas de cristal de la olvidada estación, y continué andando hacía el hoy.

Meneame
del.icio.us