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Archivo: Diciembre 2007

(220) El poeta abandona

bonhamled 30/12/2007 @ 08:58

El poeta abandona su jardín y su parnaso. Desde tiempos del gran pútrido Chinasky o del mórbido Poe ya no vive ahí, puede que en un manicomio como Panero o en el filo caliente de un cuchillo.

El poeta abandona el hablar solo del amor porque es tan pequeño como un microorganismo y puede ser confundido con el no existir.

El poeta ya no viste de corbata ni imposta su vergonzante voz atiplada para recitar con recoveco de tumba delante de los personeros, no le entienden pero le compran.

El poeta no se cita con demonios en cafés, más bien convive con un demonio que es el vecino, la gente, los otros.

El poeta sabe que tras la hecatombe, el genocidio, el cataclismo no hay métrica ni hay orden, no hay moral, ni Dios. Se afana en construir una logomaquia ética con los ladrillos de adobe del pensamiento honrado.

El poeta duele y le duele, esta más herido que magullado y mira al futuro descreído de ideologías. Es el poeta: le llamo el poeta.

No todo el mundo le llama poeta, alguien le llama "sin hogar", otros rapero, otros más loco y casi todos inexistente.

El poeta es funda para guardar cuchillos, saco de punching para fascistas, desaparecido de policías, ciudadano cansadísimo y pagador de impuestos, bailador en el reloj diario del metro.

El poeta abandona la poesía de estilo clásico y se zambulle en la verdad, la mierda y el tiempo. El poeta.

(219) Paquito

bonhamled 28/12/2007 @ 22:12

Paquito ríe, Paquito es tonto, es listo, es vivo, pero es loco. Es tan cuerdo que sus aspavientos y tonterías auguran el futuro.

Paquito corre por las calles, sucio, riente, con la baba cayéndole, hablándoles a todos con su parla de media lengua y su mezquina mirada. Todo Aparicio le conoce, es Paquito, Paquito: el tonto.

Paquito ríe y ríe, y así andaba los días de antes de llegar el malvado Goush al pueblo. Reía y reía con esa sensación de Dixie y de Weimar que predecía algo malo.

El día que el viajante entró en el pueblo, con sus ideas, con sus moscas, con su verbo extranjero y fácil, Paquito dejó de reir, se escondió, huía tras las esquinas. Paquito, sin embargo, también murió aunque puede que no engañado como otros que se creían muy inteligentes y vislumbradores.

(218) Gaudio el torcido

bonhamled 26/12/2007 @ 18:33
Gaudio fue un buen extremo, casi vertiginoso como Gento, de los que encontraban la línea de fondo antes que nadie, de regate seco y torcido, a lo Garrincha. La gambeta le regaló el hipocorístico de "Gaudio el torcido" y con ella llegaba al final vital del pasto para enhebrar pases mortales de necesidad. Es lo que llamaban el pase de la muerte.
Si el delantero centro era hábil o vivo el resultado era gol. Tanto Faneca, como Ruíz o Lobo marcaron goles en sintonía y sociedad con el torcido Gaudio.
Gaudio era un corazón libre, libre del dinero, libre de responsabilidades y libre como el viento, enemistó y amistó entrenadores y presidentes que dependían de él más que de la recaudación. Enamoraba a la grada a la que trataba o con displicencia o con generosidad suicida. Cautivaba jóvenes y trasnochaba en previa de partido con una parsimonia e irresponsabilidad divina.

El pase, el disparo, la certera lanzada del venablo del gol se consumaba casi en cada jornada a pesar de la distracción. Era su don y su martirio, su virtud y su pecado.

Gaudio había vivido bien, muy bien, segundo hijo de un tendero español, gastó muchos años de su vida entre la sal de entrada y el vinagre de salida del colmado, gambeteando amarguras, ligando amores y sueños en la tiendita soñando entre cuentas de papel pautado con un día de gloria.
El día de la lesión que acabaría con su carrera deportiva había pasado la noche anterior con una mujer. Gaudio enamoradizo, noctarniego y bebedor fue robado por el caco del amor. Esa mujer, aquella, le robó el aliento y el pensamiento, quizás no durante todo el día pero si durante el segundo antes del regate de el gol. Era gol, se cantaba el gol.
El despiste y la pierna blanda en el choque con el defensa le regaló, como flecha del destino, la lesión de tripleta: némesis original del fútbol. Todo ello se convirtió en la negación del pase antieuclidiano, del regate, del tiempo estirado y del futuro de ricacho.
Se rompió como un sueño prometeico, como el dulce señor Stendt, como la fe de sus amigos. Volvió, entonces,al pueblo, al barrio, a la tienda. Y todo eso aconteció, olimpo, infierno, Dante, con solo veintidós años.

(217) Duchenne vs Wallace

bonhamled 24/12/2007 @ 13:54

Si tuviéramos que hacer una separación del mundo sería de muchas formas pero todas serían versiones de la siguiente:

  1. Sonrisa Duchenne.
  2. Sonrisa Wallace.

Es el hecho en primera persona de la búsqueda de la felicidad y la impronta de lo insondable de hallarla.

(216) Sección técnica nº 11. Instrucciones para odiarse

bonhamled 22/12/2007 @ 14:01

Algún día, alguna mañana de un martes, sobresaltado y zaherido de tiempo te levantas odiándote.

En un primer tiempo lo achacas al oleaje del subconsciente o a "queseyo" pero el caso es más profundo: siempre es más profundo.

Tu actuar, tu ser, el ver, mirar, el haber dicho o haber callado, el absurdo de verse en el espejo, se vuelven enemigos y torpes. Te ves como un fardo inútil que se mueve sin ritmo y sin gracia, algo así como el más tonto y feo de la fiesta o quizás como la aburrida que todo el mundo evita en el salón de baile.

Este odio interno y profundo suele desperezarse con el avanzar de la mañana, con un desayuno copioso, con una conversación amable o, lo mejor, con mucho silencio. La comparación silenciosa con los demás siempre llena de moral las faltriqueras vacias de por la noche.

Otras veces no, ese odio como un Patrick Bateman real que desearía acabar con el mundo solo por no acabar, egoísmo reconocible, consigo mismo. Si este odio avanza, describe círculos o caminos, se hace interno y crece como una planta parásita pero olorosa en el interior se encuentra uno abonado a la depresión o incluso a la dulcísima locura.

El estallido último puede ser el asesinarse, como si eso borrara el estigma de esa verguenza matutina, o, también enajenarse en otro, convertirse en otro, callarse en medio del ruido para que el tiempo, la farmacopea o el devenir encime y borre, como un alud, esa personalidad grotesca.

En estos caminos se encuentra un porcentaje alto de la población, me atrevería a decir que entre el 71% y el 88%. En ese pasillo terrible es donde habitan vampiros del otro, superhombres y supermujeres de pecho de paloma, arrastrados que dan más gloria que pena, ínfimos adictos a cualquier cosa, religiosos sin parangón y alegres.

De todos ellos los alegres sin más apellidos son los más peligrosos. ¿Porque?, porque hacen los días empezar antes y, por tanto, encontrarse con esa legión de fantasmas cada mañana.

(215) Se tatúa

bonhamled 20/12/2007 @ 18:12

Se tatúa la palabra muerte en el pecho, en el brazo, en el hombro.

Se tatúa la palabra muerte en la espalda, en las piernas, en los pies o manos.

Se tatúa para conjurar a quien ya depositó sus huevos dentro de él.

Su parásito, la muerte, ya descuenta tiempo mientras el zumbido del tatuador intenta pararlo: es imposible.

Mejor sería gritar hasta desgañitarse contra una tormenta: al menos la necedad de la valentía se considera digna.

(214) Cacacá

bonhamled 19/12/2007 @ 04:52

Los excrementos, la mierda, la caca, lo que expulsamos de nuestro ser.

Ese batiburrillo de cloaca que permitiría clonarnos, que tiene un mal olor que proviene de nuestra caldera y que es en su mayoría celulosa no digerible es lo que nos confía a ser una civilización, una raza, una sociedad donde la mierda es la protagonista discursiva.

Y tiene lugar porque la espuria beldad de la mierda se esparce, portamos antorchas de fuego cuando en realidad tenemos mierda hasta las rodillas.

La vida es una mierda, el futuro es de color de tal, tal o cual persona es mierda.

Esta es la exégesis escatológica y metempsicótica de la vida, un resbaladero de mierda que acaba en un pozo ciego.

La política es de mierda, los países son mierda, los muros de las fronteras están hechos con el chocolate pestilente de la mierda, las falsas modestias, las mentiras piadosas, los amores pasados, la corrección que hiede.

Esta es la realidad del mundo mierda por doquier, mierda, mierda.

(213) Quince segundos alargados.

bonhamled 17/12/2007 @ 20:49

¿Porque voy a elegir pararme y pensar, técnica y regalía, frente a arrebato y víscera?.

¿Para que?.

¿Porque?

¿Que me para a escribir de lo que quiera, negar al cielo, ya me negó antes, y negar a los hombres en sus miserias de dinero y sexo?.

Esto no es malditismo, me miro al espejo y tengo una cara de burgués y de aburrido que asesino, ni tampoco postura. ¿Para qué?

Es que lo mismo me cuesta ser bonito que ser terrible, ser correcto que ser verdadero o ser iconoclasta o postrarme ante cualquier imbécil tenga o no toga u oropel de poeta.

Para el resto, el espantajo, el personaje, la sonrisa-rictus, la mentirijilla gangrenosa, y la putitud del venderse cada vez, por menos tengo siete días a las semana 24 horas al día, 60 minutos a la hora, 45 segundos al minuto... todo menos estos quince segundos alargados que guardo para el grito al horizonte.

(212) Instantes de pensamiento menor

bonhamled 16/12/2007 @ 10:40

Soñó la rosa un día, soñaba en hielo.

Los tristes paréntesis de sus hijos rendía en el suelo.

Soñaba el dulce dulce de leche libaba sueños.

Hablaba la madre, hablaba el padre, urdía vuelos.

Terminaban andando y los sueños acababan silbando, rendía puertos, mataba albatros, Moría pequeño.

(211) Ayer, en 1984

bonhamled 15/12/2007 @ 06:33

Ayer, en 1984 tenía miedo y hacía sol.

Ayer, en 1984 el miedo comía y se movía entre muebles y personas.

Hoy el miedo me rodea y asedia pero sigo mirando al sol.

Ayer, en 1984, el mundo era una cueva negra pero ilusionante.

Hoy, la incertidumbre se vuelve gris y usada, la ilusión se meteoriza.

Ayer el tiempo siempre era una oportunidad, hoy una gran traición.

Ayer las personas eran fuentes donde beber, hoy bebida ya digerida.

Ayer estar solo y estar triste era todo uno, hoy el estar solo es la simiente de dejar de estar triste.

Ayer estar mal acompañado incluso se agradecía, hoy el estar solo es la mejor, o peor, compañía.

Antes la verdad era matizable y clara, hoy es indiscutible y obtusa.

Ayeres y hoys, bastardos pensamientos de un deja vu eterno.

(210) El solaz de Tinta de Jeronimo Edo

bonhamled 14/12/2007 @ 06:31

Cansado, Jerónimo Edo tomó a los filosofastros y les conminó en el almacén a tomar dos resmas sobrantes de un trabajo no pagado y depositarlas sobre la caja de tipos. En el plano inclinado se deslizaban premiosas las manos en el papel cuando el impresor les preguntó retórico:

- ¿Preguntáis sobre el tiempo y las personas?; ¿Creéis que vuestros actos perdurarán y una nueva era se acerca?

Edo, puro filosofía, entregó tinteros de Aboreguí de buena calidad; uno lleno para un sorprendido Lucio y otro vacío para el hijo segundo de Alvarado: bachiller pretencioso.

-Tiradlos encima – ordenó seguro como anciano ante tormenta en nubes lejanas.

Tomaron los tinteros sorprendidos y sonrientes ante la excentricidad, y por ver como arruinaba unos pliegos de buen papel. Mirándose y mirando al impresor los vertieron casi a gotas a la espera una broma que jamás amaneció.

Jerónimo Edo, pulmones anegados de miasmas de disolventes y manos grises de plomo, moriría al poco de llegar yo a Almadormida y fue uno de los que escapó del desastre. Estaba en Cuclillas. También fue protagonista, secundario, del drama del Retrueco y, de esta forma, fue mi parco cronista contento en el relatar añejo y entendido en las tardes últimas de su agosto; ¡alma de viejo, más recuerdo que yunque!.

La tinta percolaba el impermeable espesor de papel. Edo hablaba de las personas, la naturaleza, la voluntad, los deseos del hombre, lo que se debe hacer, y lo que no. Fueron una docena de frases que, en otros oídos y otro tiempo, se hubieran mercadeado en oro lo que las resmas pesaban, sin embargo con los jóvenes, humo sin vereda, no fue así.

Transcurrieron, de tiempo, cinco credos con fe y antes de que los jóvenes inexpertos e ilusionados expusieran sus ideas con fulgor - absolutas y teñidas de relativismo sesgado y de romanticismo suicida -, el impresor extrajo la última hoja de cada una de las resmas. Las miro: Ambas limpias. Las dobló y las entregó, como premio o tesoro. Marchaban cabildeando en inteligencia de miradas la vesania del maestro lector cuando Jerónimo añadió:

“El tiempo pasa y nada lo mancha, tan oscuro hoy como blanco mañana, da igual del tamaño de la mentira: Recordadlo si alguien os habla hoy en nombre de otro mañana diferente al que veis”.

Lucio pensaba en esas palabras andando hacia el final de la calle; el de Alvarado tiró al suelo, Saulo, el pliego blanco. Se fueron, ambos, mascullando risas, bromas, chanzas y miradas hacia detrás.

Edo asentía con una letanía sottovoce y un cigarro eterno entre sus dedos grises y amarillos de nicotina. Se mantuvo pensando, las volutas de humo dibujaban arabescos y acantos, aun sabíendo que su parábola mayeútica sería olvidada al cabo de la calle. Las palabras eran coda de la verdad y no el estribo oscilante de una mentira que se cernía.

No mucho tiempo después Almadormida recordaría y lloraría, en el suelo de los entierros por Aparicio, las presas del aciago pelirrojo Sr. Goush.

(209) El ocaso de las ideologías

bonhamled 12/12/2007 @ 05:46

Se pudo leer en el periódico el día siguiente:

"La reunión había sido muy dura, el dirigente principal de la sección marxista leninista pro rusa había pronunciado su discurso el primero. La respuesta a la intervención fue sorprendente por lo tibio y poco acorde a la unicidad de pensamiento, a la búlgara, anterior a ese congreso en el partido.
Los "tercermundistas", con la sección maoista y guevarista a la cabeza, realizaron la autocrítica de manera burda pero eficaz a la primera intervención. A todo esto, el sector troskista intentó intervenir en varias ocasiones, siendo acallado, desde su minoría, tildada de intelectual y, por tanto, burguesa. El jefe de la delegación disidente trostkista miraba al jefe de la sección marxista leninista rusa (visión Stalin, subsección Beria) y, sobre todo, a sus manos por miedo a un piolet tremebundo. Los visitantes esperandos: ni Berlinguer ni Cunhal, ni Carrillo ni Marchais ni ningún otro líder invitado pudo llegar a tiempo para consagrar la reprobación a la continua deriva socialdemócrata y revisionista que tenía el partido".
Mientras el comité central del partido comunista de almadormida (PCAL) discutía a voz en grito en la sede oficiosa de la bodega (los tres afiliados del partido sentados en la mesa), yo pasaba con algunos muchachos jóvenes camino de la era, a las afueras del pueblo, para jugar un partido de futbol en aquel día del principio, fresco aún, del verano.
Sabía, a ciencia cierta, que me perdía un momento glorioso de la crítica a Hegel por ..., o de la critica de Feuerbach por..., de la crítica de Marx por ..., o de la Crítica de Marcusse por ...., o a la Crítica de Heidegger por..... o de la Crítica de Sartre por..., o de la Crítica de Negri por..., pero cambié todas esas arquitecturas funambulistas por el vuelo de un portero a atajar una pelota (de un arquero para parar una bola) en un campo algo polvoriento pero que recordaba, en caballones, a la hierba y a las amapolas.
Mirando por la ventana de la tasca, al ver a la mocería encaminarse al campo de juego sin hacer caso a sus arengas, diatribas y discursos, los políticos supieron que el muro de Berlín había caído del todo y con ellas la mayoría de las ideologías que no fueran eclécticas y flexibles.

(208) Los colores

bonhamled 10/12/2007 @ 18:03

Los colores planos que llenan las vidas.

Los grises eternos mezclados con gris de forja que llenan la verdad de las amarguras saladas.

Los amarillos sucios que se cuelan por rendijas que son cicatrices escaras.

Los azules grisáceos que viven de una ilusión que no ha sido ni va a ser en el ocaso de la madurez.

Los verdes ofensivos donde todo es negro o blanco sucio.

Los colores, los colores como las mentiras poliedros fantasiosos

(210) El caso Humala y Beyle

bonhamled 10/12/2007 @ 05:57

Don Lautaro Humala y Beyle era un noticioso abogado del pueblo cercano de Orace, (al noroeste de Almadormida, pero pasando por cerca del pueblo abandonado). No era una carretera muy frecuentada, solo viajeros (como el Sr Goosh) y otros mercachifles de la venta y el engaño transitaban por allí.

Don Lautaro Humala, de familia indiana, pero nobilísima, recogía sus papeles en su despacho nunca antes de las cinco pero tampoco con posterioridad a las cinco y diez. Era, por tanto un relog humano.

Don Lautaro trataba temas de herencias con pimienta, muertos indómitos y guardaba en su leve color de tierra y jade de su rostro la dureza del aire andino y, también, la perspicacia del labriego listo. Don Lautaro se casó, hace quince años, con Rosita Huymmiell y Castro, hija del ingeniero alemán de la mina de Corss. Esta mina, cerrada hace, tuvo un excelente centro de formación donde los hijos de los ingenieros coincidian, en clases separadas, con los de los trabajadores. En este caso permitió el conocimiento de Rosita con el hijo del contable segundo Don Jose Humala y Cabestrillo, padre prócer y engendrador de la familia Humala en la región de Corrs. Este conocimiento permitió una intimidad posterior que acabó en casorio.

Don Lautaro y Rosita, una vez casados se trasladaron, por mor de una menor competencia y mayor aplomo social y económico, al pueblo cercano de Orace. Orace tenía cuatro iglesias, más de ocho panaderías y hasta burdel permanente. Era, lo que se decía en aquellos años de entreguerras, un PUEBLO. Sería para diferenciarlo de esas ciudades de tres al cuarto que ni tenían lupanar, ni pan diario.

Don Lautaro, tras esta introducción se enfrentaba a un tremendo dilema. Se podría decir que es la paradoja de las paradojas.

El caso es como sigue: Don Lautaro, un día, que por indisposición llegó a su casa a las cuatro y veinticinco, encontró en el lecho yaciendo a su esposa, Doña Rosita, con Mascarán de Buyrana y Milcielos, el alquechifle del Marqués de Sorrentina. Mascarán con su apostura napolitana (Pauli Cinelli puro) y su verborrea llena de francesismos (nunca de galicismos) la cautivó hasta el punto de acabar en decúbito supino. Don Lautaro se percató tarde y no hizo gala de su bien ganada discrección en su trabajo, al escuchar los arrumacos y penentró en la estancia, vió el hecho de carne y movimiento y horrorizado se marchó sin mayor aspaviento.

Rosita no se apercibió del contumaz marido ni Mascarán tuvo mínimo aprecio por detener su ejecución ante los ruidos; continuaron los amantes mientras Don Lautaro, rojo de ira, de verguenza, de daño y de tiempo se marchó a pasear por los abedules de Orace.

Estos abedules eran conocidos por novios y estraperlistas por igual porque escondían en huecos de arbol y piedras interesantes partidas (sobre todo para la justicia).

En este punto es donde Don lautaro ha de elegir:

A) Le mato, la mató y me suicido.

B) Le mato, me suicido y luego la mato.

C) La mato, me suicido y luego le mato. D) Me mato primero y luego les mato al uno y al otro al azar.

E) No mato a ninguno pero me suicido.

F) Les mato a los dos pero no me suicido.

G) Permito el epíteto de cabrón y no vuelvo antes de las cinco y media nunca más.

Don Lautaro, confuso, seguía paseando mientras Doña Rosita y Mascarán iban terminando; el río seguía su curso: nunca la misma agua, y los asuntos se le amontonaban por abandonar el despacho antes de tiempo.

(209) El nudo Windsor

bonhamled 09/12/2007 @ 19:52

La vida es un nudo Windsor en quince segundos.

Demasiado bonito para lo corto que es.

Demasiado complejo para lo poco que sirve.

Demasiado lioso para hacerlo bien a la primera.

Demasiado sujeto al error como para no repetir.

Demasiado tiempo para algo tan nimio.

Demasiado corto para dar fe de como somos.

Demasiado demodé como para pensar que es trascendente.

Demasiado volátil como para no mancharse con cualquier nimiedad.

Demasiado oficial como para no ser provisional.

Demasiado de nosotros como para no ser mentira.

(208) Elogio y defensa del nacionalismo.

bonhamled 08/12/2007 @ 19:51

Los nacionalistas viven en pequeños reductos.

Apenas respiran el aire abierto porque el aire viciado tiene mucho más polvo de la tierra.

Casi no leen porque sus lecturas no pueden verse contaminadas de internacionalismo y la tinta del calamar nunca se da en tierra adentro.

El sol le da un cierto orgullo y desesperanza: brilla para todos.

Los nacionalistas viven en pequeños grupos y mueren juntos como cucarachas en rincón.

Los nacionalistas pierden la vida y la razón negando lo que en lo otros es bueno y se empecinan en reivindicar todo lo que tiene de propio la mierda.

Los nacionalistas dan risa cuando no pena, pena cuando no miedo, miedo cuando no pánico, y sangre cuando nada de lo anterior.

Los nacionalistas nunca lee, rezan mucho, se masturban delante de banderas, les gustan los himnos de fanrarria y vestir y pensar uniformados.

Los nacionalistas piensan que la tierra se convirtió en destino y carne en ellos mismos y siempre se dan un papel protagonista en la historia.

Los nacionalistas andan por el centro de las aceras y piensan, con la barbilla levantada, que todos los demás son el resto.

Los nacionalistas les gustaría expulsar, echar, mandar fuera a los que no son como ellos somo si ser como ellos fuera un argumento positivo...

En el fondo son unos sentimentales con armamento dialéctico y militar.

(207) Mentiras lectoriles

bonhamled 08/12/2007 @ 06:58

“En Egipto, a las bibliotecas se las denominaba “tesoro de los remedios del alma”.

En efecto, curábase en ellas la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y origen de todas las demás”.Jacques Bénigne Bossuet

“Ordenar bibliotecas es ejercer de un modo silencioso el arte de la crítica” Jorge Luis Borges

“Si cerca de tu biblioteca tienes un jardín, no te faltará nada” Marco Tulio Cicerón

Un intelectual es el que va a una biblioteca incluso cuando no llueve” André Roussin

“La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible” Jorge Luis Borges

“¡Cuánto hay en la biblioteca sobre lo cual podría escribirse «para uso externo», como en los frascos de farmacia!” Alphonse Daudet

“Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo” John Steinbeck

“Una casa sin biblioteca es una casa sin dignidad” Anónimo

“Para instalar una buena biblioteca particular se necesitan dos cosas: un amplio círculo de amigos y una mala memoria” Georg Thomalia

“El destino de muchos hombres dependió de tener o no una biblioteca en su hogar paterno” Edmundo D’Amicis

(206) Cuento sobre azogues y tiempos

bonhamled 06/12/2007 @ 04:39
Miró el viejo espejo, en el que se refleja el retrueco gris, y me sorprendo de su estado. Su mal reflejo. Recuerdo cuando lo compré, tardo y en el horizonte. El azogue se aja y se va desprendiendo en aguas, devolviendo una puerta de oxido y desgaste como de un daguerrotipo con cenefa.

La imagen día a día se pierde en tiempos, en las arenas ardientes, heladas y herrumbrosas del día y la noche, en los rumores de personas y los runrunes de las hablas. El tiempo huye y el espejo se estropea, aunque puede que todo sea nada más que un caro teatro presentáneo que nos da la marca del discurrir parsimonioso y remachado del río-tiempo. Hasta ese punto es de cobarde que busca mercuriales de amalgama que, malvados, nos deparan en arquitrabes de metáforas y andamios sutiles de fragancias el negro agujero occiso del mechinal del "memento mori".

(205) Historias

bonhamled 05/12/2007 @ 05:28

Se enciende la luz:

El artificiero pone una bomba de tiempo en el estrado del Areópago.

Tiembla Moisés ajeno a gineceos. Espera entre taludes y bambalinas.

La tremenda pajarera albergará a Humbert, a Harry Haller, a Septimus, a Diego o a muerte.

El escritor quizás solo escribe el guión y da la luz.

(204) El agua de Tales

bonhamled 04/12/2007 @ 05:47

Volvía a su casa, una vez desembarcado, pensando, por encima del horror de las cenizas derramadas y engullidas por el salado mar. Tenía la certeza de la pequeñez del ser humano. Zvi andaba en dirección a su casa, sus calles y a sus seres queridos, conocidos, vistos.

Recordó unas inmensas pilas de escorias que acarreaba a la voz rápida del capataz, amenaza y, a veces, castigo ejemplar. Por eso parecía poca cosa este último gesto.

Buscó un lugar en el mar, en el punto que más se pareciera más al de su izquierda, al oeste, a sotavento o a la hiperbórea; un lugar que pudiera ser cualquiera. Arrojó el contenido, que desapareció, convirtiéndose en nada, en un lugar que no era ninguno.

La desesperación de la ceniza vivió un instante apneico y, como la locura en el sabio o la pesadilla en la beldad, se hundió tiñéndose de gris oscuro, burbujeando sucio, escondiéndose para siempre, desintegrándose para no ser en aquel mar de la primera mañana.

Todo lo demás quedó atrás, la muerte, la nada, el vacío, el no ser, el no estar, el desaparecer, el pequeño viaje en secreto pero no oculto, y la vuelta tranquila, diligente pero no rápida: de marinero.

Anduvo las calles y vió personas, su gente. Los marineros reparaban redes para la próxima salida o para su guarnecimiento y guarda. Recordó a los saltarines muchachos por las calles. El sol se aventura en el cosmos de su camino por el cielo mientras la gente come, rie, vive y es, como en cualquier otro día de los que vendrán, como en cualquier otro día de los múltiples pasados.

Pensó, un instante, en el vivaz movimiento de la mañana: mujeres, niños, trabajadores, enfermeras, guardias, amigos, enemigos, cercanos, lejanos. Pensó en el mundo, en la vida y siguió andando. Ese andar seguro con paso señero significó mucho más que lo que había hecho dos horas antes: enterrar en agua el espíritu perverso y enfermo del falso Ricardo Klement, la mano ejecutora y pensante del asesinato de su pueblo.

(203) Láminas de pájaros

bonhamled 02/12/2007 @ 06:36

Observo láminas de pájaros

Con todo su detalle vano de plumajes, tamaños y características

Su linneico nombre me lleva a pasados de oscuridad y negación.

Por eso prefiero el vuelo

a la plasmación cobarde del dibujo aterrado.

(202) 11M

bonhamled 01/12/2007 @ 07:02

La muerte es de hierro: Cuajada de negra sangre, frío y caliente de muerte. El humo es negro y gris túnica postrera de la némesis. El humo es la blonda de la muerte, como un heraldo.

El suelo brota en rocas marcianas, de trozos de alma y pedazos de risa, sonrisas, momentos y vida ajados, deslavazados, ajenos entre sí, chirriando como en locura, retumbando en un instante eterno. Bailando sin estar y riendo sin sonido, en una locura de eterna sinrazón. Un zumbido fuerte, muy fuerte ataca.

Ese instante dura la vida, una vida acaba en ese instante, un reloj marca un segundo, una vida se extingue,

una segunda luz negrísima deflagra y tiñe aún más de tibia muerte los gestos asombrados de los hermanos. Mancha de yeso las caras de los hombres y los convierte en calaveras polvorientas, por el tiempo, por el daño, por el estruendo sin música del estrambote.

Hoy es eterno, la muerte es eterna, su lluvia funesta y triste no parece acabar.El aumbido grave y siniestro de timpano tañe cronográfico en los interiores.

El hierro se puebla de mis trozos, el mundo se vuelve mi enemigo,

la naturaleza manipulada por los malvados hiende mis carnes, me muere, me asesina, me abre el pecho y se lleva mis vísceras,

quedo sin mi cabeza, sin mi alma, sin mi espíritu y sin mi corazón, solo lo fácil de robar

Se acabó el futuro, la risa y el tiempo. En este instante eterno, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero."