Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

Archivo: Octubre 2008

(316) Los dos testigos

bonhamled 31/10/2008 @ 16:10

Los dos testigos se miran fijamente desde la distancia en ese punto donde no es cerca ni empieza a ser lejos.

Sus túnicas pardas, sus barbas similares, su edad no muy divergente y sus mensajes complementarios pero diferentes les hacen mirarse, como en espejo de río, como en representación de sus fantasmas.

Ambos se dicen testigos de un Dios que les marcó como sus relatores, como sus mesías, como sus hijos predilectos. Ambos se miran, quisieran matar al otro.

(315) Aceros biselados, hormigones achaflanados, maderas taladradas

bonhamled 24/10/2008 @ 19:28

El hormigón se hace viejo, la madera se pudre o se pierde, El acero se convierte en endiablado óxido bermejo.

La pintura se descascarilla y asoma el verde, el verdín infame, pendejo.

Yo paso el tiempo, sabiendo que soy lo que parece, y detrás está el tiempo.

(314) La vida esta ahí afuera

bonhamled 19/10/2008 @ 08:30

La vida está ahí afuera: el aire, la risa, el amor, el sexo, la mierda, la revolución, los burgueses, la cochambre, el alcohol.

La vida está ahí afuera: los engranajes, el miedo, la ira, el nihilismo, los epílogos y las codas, los análogos y las jodas.

La vida está ahí afuera: la cabalah, y los misterios, las escrituras y los falansterios, los corajes y los refectorios, los ricos muertos novios.

La vida está ahí afuera: los escarpes, los echarpes, los barrancos y desatrancos, los murieles y los jureles.

Y si la vida está ahi afuera porque vivimos ese pequeño mundo constreñido y pequeño de dentro de nosotros mismos.

(313) Canta Billie Holliday

bonhamled 14/10/2008 @ 04:47

La voz de Billie Holiday se desliza ignorada por el pentagrama rítmico. El humo, la vida, el sudor y el rezume de la pared de ladrillo le recuerda el día a día. La música se eleva hasta tocar Olimpos naturales, exquisitos, artificiales, rudos.

El Jazz suena a espaldas del trabajador negro y del existencialista blanco construido con el virtuosismo del artesano manipulador que encontró una salida y, también, albergado en el guiño travieso de las farolas de la calle en la noche casi convertida en día.

Amores, desamores, tardanzas, morigeraciones de la vida que suenan entreveradas en estilos y fuentes que son tantas como personas, al menos. El día amanece en la ciudad y, al tiempo, desamanece en el alma de los que allí estaban, cuencos pardos y blancos de la sociedad de sus absentas y de sus locuras.

Bang, bang, carreras, sirenas, motores en marcha, gritos, pasos desconocidos, habla de borrachos y, al fin desembocar todo ello en un pentagrama, una tristeza, una alegría y un mañana puesto entre interrogaciones. Una respuesta con signo de jazz o pregunta de blues entre las docenas de servidumbres, las decenas de malos hábitos, las unidades de destinos firmados.

(312) Solo

bonhamled 04/10/2008 @ 08:24


La soledad es un castillo inexpugnable, una cárcel sin billete de vuelta. La soledad es ese desierto, esa estepa rusa que nos gustaría que nos rodeara, nos abrazara para, así separanos de todos los dolores que no nacen en nosotros para, como San Jorge, enfrentarlos y, en el mejor de los casos y con las espadas de la reflexión y la farmacopea, vencerlos.

Esa es la soledad del aire frío fuera, y el caliente dentro, de la buena sensación, del te caliente, de frío.

Sin embargo la soledad no tiene vuelta, poner un pie en su isla y como hidra terrible te capura y es dificil escapar. El querer estar solo se vuelve equivalente al “no querer estar con nadie”. Ese ostracismo digamos “histórico” nos lleva a una desaparición terrible, un viaje en busca de una Ítaca, suponemos interna, que en realidad solo es el no estar, el ser un otro nunca prójimo, el vivir separado y triste.

La tristeza tiene de soledad y la soledad de tristeza, el gato solo se lame bien pero se lame poco, y no sabe para que lamerse. Ese es el vórtice asesino y peligroso.

Pasar los años solo, no encontrar voces cercanas, estar en un mundo tan agresivo que cualquier día y sin pensarlo nos borraría de un plumazo. La compañía es un alegato, un conjuro, una trampa contra el paso del tiempo y de la soledad: nos deja escrito en una tablilla de arcilla aquellos momentos en la oquedad sola del cerebro, de nuevo solos, de nuevo.