(360) Láminas de pájaros
Observo láminas de pájaros
Con todo su detalle vano de plumajes, tamaños y características
Su linneico nombre me lleva a pasados de oscuridad y negación.
Por eso prefiero el vuelo
a la plasmación cobarde del dibujo aterrado.
Microcuentos, pensamientos, ideas y descalabros en este camino sin luz hacia Damasco.
Observo láminas de pájaros
Con todo su detalle vano de plumajes, tamaños y características
Su linneico nombre me lleva a pasados de oscuridad y negación.
Por eso prefiero el vuelo
a la plasmación cobarde del dibujo aterrado.
Estaba cansado y deseaba ver a su familia pero sabía que no podría escaparse, le esperaban los mandatarios para hacerse una foto y alimentar la propaganda. El no era ajeno a todo eso, era miembro creyente y ferviente del partido. Terminaba de mirar por la ventana, antes de iniciar la caída controlada hacia la tierra cuando miró al horizonte negro y sin línea, el futuro.
La atmósfera grisácea y algo blanquecina, como una medusa sólida o como una niebla dnsa sería la lija tremenda que amenazaba con su calor su estancia tranquila pero apneica en el espacio. Yuri miraba al horizonte inexistente a la bellísima bola redonda azul, verde, roja, marrón.
Pensó durante un instante en la fatuidad de los afanes, luchas, tensiones que eran del día a día en aquella bola que se creía plana al andar sobre ella pero que solo era una gota de vida sorprendente en aquel océano azul lejano y desconocido.
Miró de nuevo a la tierra, giraba casi imperceptiblemente, miró al estático mundo de las estrellas lejanas. Pensó en las raices de los árbones, atadas a una tierra redonda y móvil, pensó en las ideas de los hombres claras y efectivas pero, al tiempo, matizables solo con huir de la tierra unos pocos miles de kilómetros.
¿Le verían desde la tierra?, el no cabe duda que echaba de menos ese lugar arbóreo, prosaico, terrenal y telúrico donde nació y salvo estas pocas horas seguiría estando toda su vida. Deseaba volver pero, al tiempo, el cosmonauta, deseaba estar en esa clarividencia de pensamiento, por un lado lo evidente de la tierra, con su matiz inexpugnable en la altura, y por otro el horizonte que no parecía tener ley, ni Dios, ni ideología ni siquiera tiempo.
En pocos minutos comenzaría la maniobra de entrada a la atmósfera, la radio, cuyo chisporroteo instantáneo solo había callado apenas esos dos minutos de tranquilidad. Volvía a la realidad linear de la curvilinea tierra.
Necesito romper esa llave, fris, vieja, desgastada, perenne, contundente. Es un hecho físico de la estancia que se hace, a ratos, impredecible y, otras veces se viste con el alambtre de espino de la angustia. De ese esperar lo terrible para, al final y al punto, convertirse tanto en realidad que realimenta el maldito vórtice de nuevo. Soy un pequeño especialista en estos pequeños dolores de vidrio en la boca. No los añoro, no los recuerdo, simplemente están ahí como una fractura los días de lluvia.
Espero volver a sentir franco y libre sin esta atadura que me lleva, me arrastra y es áncora en mar embravecida, me roba la fuerza, la vida, el tiempo, el año.
Quiero gastar la vida en asuntos, vivir en afanes, conseguir o perder sin miedo, andar y cansarme para evitar este absurdo mundo donde el instante siguiente parece un espejo de esos laberintos antiguos de espejos transparentes con los que siempre te topabas de narices.
Quiero romper ese juego terrible, consolidado, cuajado como huevo roto en huevera de cartón amarillo, quiero ser libre, quiero pensar libre, quiero afrontar el mundo de otra manera, sin ese tufillo verdoso del miedo, de la angustia, del deterioro temprano.
Quiero leer sin que la prisa me pueda, quiero hacer sin que la obsesión se pose, quiero andar sin ser una espina para los que me rodean, quiero no sentirme un cuchillo, un punzón, un mazo. Quiero mirarme al espejo y no encontrar la carcasa externa de un enemigo, que es lo más cercano que tengo a rodearlo y sitiarlo. Quiero vivir, porque esto es solo un intermedio entre otros hechos, otras circunstancias, una perdida de tiempo sin mas.
El Cónsul se retrasaba mientras yo terminaba un whisky intempestivo, se cruzó un agregado inglés con el que habiamos tratado, unas veces de nuestro lado, otra del lado de los guerrilleros, la liberación de Galdolfi. - Usted debe ser... Oi un instante, y vi al patricio joven que se me acercaba, en ese momento "un local sacando una pistola avanzó hacia el cónsul in pectore y le disparó no menos de cuatro veces". Dijeron los periódicos en la metrópoli. El muchacho disparó y se marchó corriendo por la cocina del hotel, nunca se supo nada de él. Otra vez que quieran relevarme, deberían consultarlo antes conmigo.