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Categoría: Agua

(286) Sección técnica 16. Lo prestado.

bonhamled 20/06/2008 @ 20:07

Todos estamos de prestado, tan de prestado que no nos llevaremos ni siquiera lo que trajimos: fuerza, juventud y futuro.

(280) El cantante

bonhamled 06/06/2008 @ 06:59

Me fui corriendo hacia el, hacia Calamaro, si. Y cuando llegué a su altura. Todavía cansado del concierto recién terminado.

Le jalé de la chaqueta y le forcé a mirarme. Sorprendido ante la violencia pero esperando mi guiño, exabrupto o francachela.

Le espeté con algo de agresividad ingenua:

¡Pero, pero...no se da cuenta de que cuenta la realidad!

(272) El abrazo al tiempo

bonhamled 18/05/2008 @ 07:07

Le tomo en mis brazos, beso…y beso

Mis brazos le rodean, le estrujan en su cuerpito y su sonrisa iniciática

Me mira sorprendido mientras mis brazos son una cárcel, un huevo.

Un cofre donde guardármelo, proteger, servir de escudo no espartano.

Me equivoco pero persevero.

Intenta escaparse pero continúo.

Le miro previendo cuando deje de mirarme.

Espeto al futuro… entre sus balbuceos iniciales.

(263) Instantes de pensamiento menor

bonhamled 21/04/2008 @ 06:00

Soñó la rosa,

un día, soñaba en hielo.

Los tristes paréntesis de sus hijos rendía en el suelo.

Soñaba el dulce, dulce de leche,

libaba sueños.

Hablaba la madre,

hablaba el padre,

urdía vuelos.

Terminaban andando y los sueños

Acababan silbando,

Rendía puertos,

Mataba albatros,

Moría pequeño.

(253) El amor dulce

bonhamled 19/03/2008 @ 06:43

Muchas cositas ricas: muchos dulces de ambrosía, de esos que nos gustan tanto, con almendra, mazapán suavísimo, delicado al paladar, !Cómo se deshace!, como esos otros, puro visillo de hojaldre con natas batidas y con cremas sabrosas, pestiños con sabor a la Meca. También dulces de ocasión, eternas yemas, fantásticas milhojas, centeniales dulces de batata o de boniato, queridas castañas caramelizadas degradadas del marrón glacé.

Buenísimos panettones y dulces de mora, los otrora infantiles arroces con leche, etéreos y ya actuales, chocolates curales con palentinas, trufas de chocolate con algo de su calentura tropical amasada por las manos blancas de las monjas. Brownies de chocolate africano que lleva a la locura del spleen (y del hígado), mascarpone revertido en dulce tiramisú, torrijitas fritas con canela olorosa, vinos de jerez y moscatel que liban almíbares y saliva, dulce de leche americano con herreruelas de Martín Fierro.

También se cuenta con alfajores de los que vienen los niños a comer corriendo y sorteando cuestas pinas en días soleados de invierno, donde, al solaz de la despensa y la alacena se difuminan los cansancios. Flanes, púdines y nubes condensadas que fueron líquidas para ser ahora sólidas, o vivir en el terreno fronterizo entre el suave tacto sólido a la lengua, la untuosidad material del líquido y la divina esencia gaseosa de los olfatos y gustos.

Ensaimadas con cabello de ángel que lian al seguir su trayectoria, petisús insufribles si no fueran ..lo que son, Roscones de reyes del 7 de enero al la víspera de los regalos. Heladitos de barquillo del Señor Rossi, estupenda sorpresa fría de dulce y alimento al espíritu, galletitas de horno tan calientes que casi dañinas para el estómago, pan de higo energético, vivas y diretes de azúcar y sueños, tarascadas de almíbar o caramelo, zurriagos de dulzor al hipotálamo, tartaleta riquísima de manzana reineta, canutillos de manzana, huesos de santo rellenos de.. Turrones moriscos de almendra dulce, azucar y laboriosidad roma, mousses robadas a las nubes y al "cocholate" infantil, camaroncitos de dulce y arcebías de malandrines golosos, Monas escondidas de Pascuas Ouvallas en catedrales condales, Stendhals mojados en magdalenas con recuerdos de Abate Faría, voluptuosos dátiles del desierto, uvas pasas de sacristía, orejones secados al primer primor de las monjas, frutos secos con la aspereza ritual del aceite dulce.

Olores calientes de pan dulce recién horneado una mañana invernal. Naranjas ácidas y algo amargas previendo el destino fatídico y sabroso de la vida.

Todas estas cosas juntas y al mismo tiempo siento cuando estoy con ella. Es por ello, y por resumir la receta, que solo digo: "Te quiero".

(229) El novicio loco

bonhamled 22/01/2008 @ 05:34

Gritaba cada nombre de calle que encontraba en su camino. Cada nombre comercial en pasquines publicitarios era lanzado al aire. Cada marca en pegatinas de coches, en rastros en su ropa, en su andar alocado y temeroso que se convertía en estentor. Gritaba y por eso, todo el mundo pensaba que estaba loco.

Se dirigía a un camarero que salía, por la mañana, a subir el portalón metálico del bar amanecedor con un estruendo audible. Le preguntaba: ¿Dónde estabas?. El camarero, se reía, le conocía inofensivo y bromeaba con un punto picante de burla: “vengo de vacaciones”, “Voy a cobrar un premio de lotería” o incluso un hiriente “vengo de follarme a tu madre”. El loco joven huía al no encontrar verdad sino solo realidad.

El joven de ojos fieros pero perdidos, no escuchaba porque las respuestas que buscaba no estaban en las pequeñas bocas de aquellos. Los veía como en una película en blanco y negro mientras una voz subconsciente, en estero y retumbante meandro de su pajarera le decía "Acabo de venir de Mein-Jirr", "He encontrado a otros monjes y otros novicios como tu, sigue este camino y llegarás a esa senda, la senda del conocimiento y de la fe. No la pierdas muchacho".

El joven seguía andando en una dirección, cualquiera, siguiendo la indicación del monje guerrero, el tabernero o la muchacha que hablaba a su cabeza, invisible, imperceptible, inexistente. El andar, muchas veces en círculos, otras yendo y viniendo a toda velocidad en parques y jardines era una nueva prueba que hacía pensar a vecinos, amigos y a sus padres que había perdido la cabeza. ¿La había perdido?

Preguntaba a amos, criados y a mecánicos y repartidores por su maestro, por su congregación sin respuesta blanca. Buscaba: ¿Dónde encontraré la felicidad?: Preguntaba a unos y otros sabiendo de ellos más de lo que la locura y la edad debía prestarle. Pero estaba loco aunque él los veía blandos, lejanos y transparente como clepsidra.

El joven novicio tímido y perdido solo acertaba a escuchar: "Querido siervo de Arrz, tu camino está errado, ven a mi casa y te daré agua y frutos secos para continuar tu camino. Son muchas leguas las que te esperan, tu maestro, el gran sufí, pasó por aquí hace una semana, el polvo del camino y la llegada del invierno te sorprenderán antes de que vuelvas a su seno".

Lloraba el joven loco, perdía la razón en una búsqueda que no salía de su más cercano barrio. Sentía como la vereda de sabiduría que un día decidió seguir se escapaba por las venas de los caminos. Añorando aquellas tardes de claridad y enseñanza, de juventud aprovechada ahora buscaba sin dejar de dar vueltas aun omphalos que no aparecía, sin dejar de escuchar insultos, sin dejar de provocar y tener miedo.

El joven novicio temía a las partidas de bandoleros, a los asesinos Hassidim, a los pobres y temerosos de lepra, a la peste que se oía rumorear más allá de la montañas de Taf y a la falta de conocimiento de quien, como él, se había criado entre mantillas nobles que solo había abandonado para incorporarse al monasterio. Desde entonces la lectura, los cantos y el diálogo mayeútico había guiado su vida. Ahora estaba perdido. Perdido en un mundo blanco y negro de Gortina que le odiaba sin conocerle.

El loco volvía a casa, cada tarde, quemado por el sol, abrasado por el cansancio acogido por padres y hermanos mayores mientras las lágrimas de la cara de la madre abrían surcos: Surcos que eran caminos a andar, nubarrones a eludir, saetas que quebrar para el novicio Maar en su búsqueda trascendente.

El pobre novicio abandonado tras el ataque al monasterio, desconocedor de las realidades y verdades del mundo vagaba en busca de un maestro y un grupo de acolitazgo fantasmal y sorprendente. El loco había pasado toda su vida entre el deterioro y la locura, con flexiones y genuflexiones graciosas, con guiños al mundo real, con diatribas y reconciliaciones con su mundo, el exterior, que le expulsaba.

Enloquecía, el pobre novicio enloquecía, sorteando barrancos, cada vez más profundos, huyendo de interesados mercaderes de esclavos, de legiones de soldados destino a Taf, la ciudad mágica, y de informaciones asustadizas que le llevaban ora al norte, ora al sur. Su pelo, sus manos blancas, la suciedad en su semblante y en sus manos, consecuencia de la búsqueda le abocaron a un hartazgo y una desidia que lindaba, por necesitad y en ese mundo, con la muerte. Se sentó para no volver a moverse más, quieto, estático, no extático, sufría cada segundo, moría, destilado, cada minuto, cada sol, cada luna lejos de su maestro con su ceguera visionaria, con su conocimiento taumatúrgico, apartado de la sindéresis de libro, voz y camino. Su vida se agostaba enmudecida cerca de Tarsis, en los aledaños a Malia, en recovecos de ladrones y enfermos de Gla.

El efecto de los remedios médicos se veían poco a poco. No era la primera mejoría que acababa luego en golpe abrupto de nuevo: voces, gritos, carreras. En su interior la medicación se le aparecía al monje como un difumino del camino que buscaba, una perdida del norte, un andar  vagando por un mundo nublado casi sordo, casi inmóvil, casi muerto.

Sus hermanos no dejaban de vivir en la fronda terrible de la duda y del temor. Su padre interponía escaleras tremendas para llegar a la satisfacción de la curación tantas veces negada. La madre creaba mares de lágrimas presentes y avanzadas, mares profundos y negruzcos que cruzaba una vez descansaba. Todos ellos esperaban con verdor la esperanza de la salida, la vuelta, el llegar . Mientras el novicio Maar sentía esos momentos como un sufrir de acerico cada día, cada legua más lejos de su maestro - harazan Arrz.

El novicio sentado, cansado, siempre cercano a su muerte, Observaba la mágica espesura de los bosques malditos de Oru, las escaleras que llevan a la ciudad fronteriza y fortificada de Ol-ñaé, los mares de agua salada y a dulce de Yu-Tibi y Har-tibi desde donde salían en periplo los barcos udjat de los pueblos del mar, las legiones que se dirigían a tomar el reino de taf, los piratas que esclavizaban y escondían a sus víctimas en el desierto creciente. Las caravanas que esperaban con paciencia la gran marcha ininterrumpida hasta Dor con sus estandarte de Astarté y el maldito Baal. Las monedas de mil dioses y mil reyes como Salmanasar, Diom, César, y tambíen Xot. Las gentes de los mundos del norte y sus bosques oscuros como día de otoño.

Las Pitias que cruzaba le cantaban a su belleza, le confundían con sus mañas de mujer o le indicaban caminos terribles por donde perder la vida y la fe.

Veía en su andar peregrino las techumbres tejidas con tela de araña de la ciudad costera de Amm- Tadir. Ciudad-saga inicio de una nueva civilización posterior deambulante hasta la lejana Assur y camino de huida de los habitantes de Taf que previeron el desastre. Reconocía en la cara y los semblantes extraños y blanquecinos a los comerciantes de la lejana Arcadia tan misteriosa como sus mercaderes y sus vestidos.

El joven pulcro y aseado, encontraba su historia triste en la suciedad rota de su hábito-toga lleno de costras de suciedad, con arañazos logrados en las tristes y lóbregas cuevas nocturnas de enfermos y huidos donde le daban acogimiento. La vida se aparecía con el humo verde de la desesperación simbólica y hermética, como una pared de volcán en erupción de más de tres mil metros de altura a la que habría que escalar según le contó en metáfora el venerable Harazan Arrz.

(228) Elegía por Nagasaki

bonhamled 19/01/2008 @ 14:45

Yukio recuerda el sagrado monte Fuji.

Sus pies mojados recuerdan lo seco.

El tiempo pasa en estaciones y en vida.

Yukio Hasazawa ara, siembra, recoge arroz y lo carga.

El tiempo también es arado.

De repente, el mundo se para y en la lejanía

unaenorme rosa de humo se levanta:

Una seta gigante.

Yukio se sorprende cuando un leve grito suena.

El tiempo, el arroz y la vida desaparecerán.

Los haikus son tijeras.

Será llamado solo Yukio Hibakisha.

(220) El poeta abandona

bonhamled 30/12/2007 @ 08:58

El poeta abandona su jardín y su parnaso. Desde tiempos del gran pútrido Chinasky o del mórbido Poe ya no vive ahí, puede que en un manicomio como Panero o en el filo caliente de un cuchillo.

El poeta abandona el hablar solo del amor porque es tan pequeño como un microorganismo y puede ser confundido con el no existir.

El poeta ya no viste de corbata ni imposta su vergonzante voz atiplada para recitar con recoveco de tumba delante de los personeros, no le entienden pero le compran.

El poeta no se cita con demonios en cafés, más bien convive con un demonio que es el vecino, la gente, los otros.

El poeta sabe que tras la hecatombe, el genocidio, el cataclismo no hay métrica ni hay orden, no hay moral, ni Dios. Se afana en construir una logomaquia ética con los ladrillos de adobe del pensamiento honrado.

El poeta duele y le duele, esta más herido que magullado y mira al futuro descreído de ideologías. Es el poeta: le llamo el poeta.

No todo el mundo le llama poeta, alguien le llama "sin hogar", otros rapero, otros más loco y casi todos inexistente.

El poeta es funda para guardar cuchillos, saco de punching para fascistas, desaparecido de policías, ciudadano cansadísimo y pagador de impuestos, bailador en el reloj diario del metro.

El poeta abandona la poesía de estilo clásico y se zambulle en la verdad, la mierda y el tiempo. El poeta.

(218) Gaudio el torcido

bonhamled 26/12/2007 @ 18:33
Gaudio fue un buen extremo, casi vertiginoso como Gento, de los que encontraban la línea de fondo antes que nadie, de regate seco y torcido, a lo Garrincha. La gambeta le regaló el hipocorístico de "Gaudio el torcido" y con ella llegaba al final vital del pasto para enhebrar pases mortales de necesidad. Es lo que llamaban el pase de la muerte.
Si el delantero centro era hábil o vivo el resultado era gol. Tanto Faneca, como Ruíz o Lobo marcaron goles en sintonía y sociedad con el torcido Gaudio.
Gaudio era un corazón libre, libre del dinero, libre de responsabilidades y libre como el viento, enemistó y amistó entrenadores y presidentes que dependían de él más que de la recaudación. Enamoraba a la grada a la que trataba o con displicencia o con generosidad suicida. Cautivaba jóvenes y trasnochaba en previa de partido con una parsimonia e irresponsabilidad divina.

El pase, el disparo, la certera lanzada del venablo del gol se consumaba casi en cada jornada a pesar de la distracción. Era su don y su martirio, su virtud y su pecado.

Gaudio había vivido bien, muy bien, segundo hijo de un tendero español, gastó muchos años de su vida entre la sal de entrada y el vinagre de salida del colmado, gambeteando amarguras, ligando amores y sueños en la tiendita soñando entre cuentas de papel pautado con un día de gloria.
El día de la lesión que acabaría con su carrera deportiva había pasado la noche anterior con una mujer. Gaudio enamoradizo, noctarniego y bebedor fue robado por el caco del amor. Esa mujer, aquella, le robó el aliento y el pensamiento, quizás no durante todo el día pero si durante el segundo antes del regate de el gol. Era gol, se cantaba el gol.
El despiste y la pierna blanda en el choque con el defensa le regaló, como flecha del destino, la lesión de tripleta: némesis original del fútbol. Todo ello se convirtió en la negación del pase antieuclidiano, del regate, del tiempo estirado y del futuro de ricacho.
Se rompió como un sueño prometeico, como el dulce señor Stendt, como la fe de sus amigos. Volvió, entonces,al pueblo, al barrio, a la tienda. Y todo eso aconteció, olimpo, infierno, Dante, con solo veintidós años.

(217) Duchenne vs Wallace

bonhamled 24/12/2007 @ 13:54

Si tuviéramos que hacer una separación del mundo sería de muchas formas pero todas serían versiones de la siguiente:

  1. Sonrisa Duchenne.
  2. Sonrisa Wallace.

Es el hecho en primera persona de la búsqueda de la felicidad y la impronta de lo insondable de hallarla.