Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis Te gustan viajar y sacar Fotos

Categoría: Aire

(245) Sinecuras

bonhamled 29/02/2008 @ 07:21

El aire refleja con voluntad cilíndrica la vida.

El haberse bajado los tirantes opresivos de la vida social ayuda.

El hoy y el mañana tienen como nombre un "si" que ayuda. La angustia rodea el mundo sin tocarlo.

La tranquilidad y el autopensarse toma posesión como Colón, rodilla en tierra e infunde ese tiempo y ese aire que ha faltado.

El vivir mejor por el vivir más, un negocio que sin duda merece la pena.

(238) Los tres revolucionarios. Un pequeño cuento de Almadormida

bonhamled 09/02/2008 @ 07:28

El primero, casi púber, entró asíendo con fuerza su párvulo carnet de jóven revolucionario. aparecía gemelo de su mismidad, con la fuerza irremediable de la juventud y el sabor de vino viejo cuando crea recuerdos imborrables. El segundo de los iluminados tenía la treintena mediada, y a pesar de los descalabros de la vida sostenía en su mano derecha un trozo de pan, pequeño y deleznado, y, cautiva en la mano izquierda, una orgullecida palma en advección que, sin embargo, era llena de callosidades apodicticas.

La terna acababa con el que, en verdad, erraba al acudir al tribunal. Un hedonista en busca de un Parnaso que no acababa de aparecer; vate, orador, excelente y picaflor con fantasismo florentino. También hortera de salón de abacería de tres al cuarto donde se le permitía cargar sal pero no despachar vinagre. Los tres arribaron, con miradas de soslayo entre sí, al estatuido tribunal, iniciático tras su creación por el Sr Goush, mostraron sus credenciales: la media sardineta de poeta, los endecasílabos con su correspondientes didascalias y codas, las pólizas y los dalles. Una vez se verificó el bagaje comenzó el diálogo y las falacias hasta construir, con el risueño pelirrojo tras los cortinones, arquitecturas de oblongas volutas de razonamiento, vacuas sin la catarsis de la razón ni el dulzor de malvasía o de la absenta de la fe: eran solo luces cegadoras. Goush escuchaba con interés, de hito en hito, a los candidatos invisibles; hacía gestos de mono loco, impostaba o atiplaba a ratos la voz por lo bajo con aspavientos mistéricos al cielo o al suelo postrándose de hinojos ante algunas combinaciones de palabras o de danzas numéricas. De los tres sólo uno superó el oráculo; los asertos perdían por Xaloc, por impericia o por capciosidad manifiesta renuente y contumaz. A pesar de los trabajos, los resultados no llegaron a saberse ya que las actas se perdieron tras el desastre, ya por el fuego en la legación, ya por la furia disipada de los pocos que quedaron o por la torpeza venerable, y discreta, de los que vinieron a investigar.

Se prefirió dar el pueblo entero al olvido y al abandono de la hierba rastrojera, para desconocer por siempre el nombre del destinado y el de los dos adláteres coadyuvantes, manchados de sangre de tierra roja y de atardeceres sordos. Decían quienes no olvidaron que fue lo mejor para todos, menos para historiadores y preguntadores de lo que a nadie le interesa. Los muertos quedaron tranquilos con su verdad falsa. Los ajenos no ahondaron en una curiosidad escarpada. Los blasfemos no recordaron palabras ocultas ni rayos salidos del cielo y los lejanos ni siquiera pudieron conocer lo que nadie debía haber visto.

(236) La vida urbana

bonhamled 04/02/2008 @ 19:16

Cuando quiero hablar de campos, caminos, páramos y regatos solo me salen miserias, rincones, fríos, inmundicia e insolidaridad.

Es la puta ciudad que se te mete dentro, y no te deja, ni ser beatífico, ni ser cuidado, ni ser congruente, ni ser natural sino agresivo, terrible, gratuito y terrorista.

Porque mis días no fueron patio, ni mis noches campo de amor, ni mis mañanas alegres pastoriles, ni mis comidas pantagrueles redivivos, ni tampoco el futuro una cornucopia perenne. En realidad todo trasuntaba pequeñez, ruindad parda, alegria que era fogonazo, tiempo que se encimaba, absurdo que solo el tiempo y la mesura arrebató.

También fue otra cosa, un gris que comenzó en gris y acabó en gris con pequeños gritos hirientes como alambre de espino, con moteados o jaspeados de negros que eran la muerte con su sonrisa socarrona. Eran futuros amenazantes que, casi siempre, se convertían en verdad en esas noches de invierno lluviosas y frías en la que uno casi esperaría no haber nacido.

Un cigarrillo tóxico es casi lo mejor, el resto daño, daño y daño.

(235) Ya está bien, Señor mío

bonhamled 02/02/2008 @ 06:06

"Quousque tandem abuteris, Catilina, patientia nostra?

Esa era la frase sentenciativa que rezumabla la totalidad de la sociedad. Por eso mismo lo mataron en un callejon, porque abusó de la paciencia mucho.
Pequeños delitos, luego algo mayores al final. Se mofaba de las señoras cuando iban a comprar y, de vuelta de farra, se cachondeaba de los currantes. Una vez le quito un caramelo a un niño para verificar lo sencillo que era, le robo el perro a un ciego, puso un bizcocho a la puerta de un colegio para comprobar el revuelo y, a veces, solia echarle arroz, sin venir a cuento, al parroco. Las últimas veces de sus bromas se encimaba de forma arrecha sobre las jovencitas que veía, algunas veces por broma otras por ímpetu faltón.
Por todo y por algunas otras trazas de mal, que entre todos pudimos ver y convenir que hacian de su naturaleza inconvertible, decidimos deshacernos de él. Una noche según venía, drogado, borracho, ambas o quizas ninguna, ya que que no era el caso delimitar su grado de consciencia entre algunos, comisionados al respecto por la asociacion de vecinos, decidimos espetarle con esa frase latina.
El porque de decirle a un ser semi inconsciente y tambaleante esa frase tan absurda no lo supe jamas, ni se si Ciceron estaria muy contento pues diez segundos después empezo la golpiza tumultuosa que acabaria con el. No se quien la pronuncio, pudiera ser que tras esa frase oscuro recuerdo de los años de colegio donde el saber o el aprender era un nuevo amanecer, se avino un fin: como contraposicion filologica y metaforica en la primera parte y real y consecuente la segunda, que acabo con el.
Como la misa en latin de la que a veces solo el Ite Misa Est era reconocido como tiempo de estampida y el resto una letania sorda e incongruente pero que "arrimaba" a Dios, en este caso solo era la clave para el inicio de la golpiza, en algun momento se escucho decir al borracho moribundo: ¿Catalina?, ¿que Catalina?, ¿La de los pilares? Evidentemente eso arrecio el final, que sobrevino al poquisimo tiempo, y pudimos irnos a casa sabiendo que nadie nos indicaría a voces el amanecer ni nos pondria en evidencia ante lo ridiculo de las liturgias sociales que seguiamos como una cantinela cansada, sorda e incongruente.
En realidad la idea inicial no fue esa, la de matarle entre todos, pero visto la ventaja de que quedara sin moraleja el asunto decidimos que nadie nos echarímos en cara el abuso.

(234) Balada de Mercamadrid

bonhamled 31/01/2008 @ 03:03

Mercamadrid se levanta orgullosa y terrible en medio del amanecer.

Antes ha recorrido con alma de Marco Polo el mundo.

En ese mundo encuentra hambres y saturaciones, lluvias y Menelaos.

Mercamadrid siente el corazón palpitante de una ciudad que pide comer.

También pide justicia, tiempo y hombres pero esos mercados no existen.

Todos lo que son engullidos por el gigante suda y pasan frio.

Mercamadrid llena sus casas y sus estancias de vituallas temibles, de precios absurdos, de bondades simiescas, de realidades de Sancho Panza.

Mercamadrid es el corazón palpitante de una ciudad que huye.

Mercamadrid es un gran cuartel, un lupanar exquisito, una muerte en directo, una cercanía de roble, un monumento al ser humano, una epistemología libérrima y terrible, una égloga con Von Mises.

Mercamadrid es una película con música de "Asfalto".

(231) Agamenón y su porquero vivían en Almadormida

bonhamled 27/01/2008 @ 06:31

Ayer sentado en la solana invernal en el recoveco o rincón que buscan algunos viejos antes de la muerte inminente para regocijarme en el diálogo y conversación con las personas de Almadormida pude presenciar un hecho asombroso.

Me levanté con frío y con esa sensación sorda, como de sombra de algo maligno sobre uno; el desayuno suave pero contundente de la Castilla insular junto con el posterior paseo, al abrigo de vientos y de retrueques alunados, mis resquemores fueron ripables y se tornaron en sonrisa y la cabeza en navío a destino.
El rato de tibia, pero fría, conversación me llevó el tiempo que lleva desde la no presencia en la misa hasta el tiempo del vermuth ácimo, ácido y de efluvio verdoso de absenta.
Mis pies meditantes me llevaron a la puerta de la vieja tahona de Almadormida y allí pegué la hebra, durante unos minutos, con Josafat y con su hijo Marvelo. Los nombres de tan apócrifa familia siempre sorprendieron a todos los almadormeños, y visitantes, pero atendían a un trasunto antiquísimo de viaje y de huida judaica de un Taf que aparecía en sus aspavientos domésticos.
Josafat y Marvelo hablaban del amor y valor de los símbolos, con su lógica agraria y de sol de mediodia. Por ejemplo, indicaba Josafat, el amor arrebatado que presentan los islámicos por su profeta y por los simbolos de su religión, Marvelo, que criado en el pueblo estudió y fue a la Universidad a la ciudad a completar sus estudios de Agronomía, no acababa de entender a su padre.
El tema se suscitó tras los hechos de la burla al profeta Mahoma en las tierras, más frías pero más ricas, de Dinamarca.
Marvelo ponía en boca de los hijos del islam la misma furia y respuesta en la arenga anti occidental que nosotros tuvimos, teníamos y, en parte, aun tenemos ante la amenaza de los hijos de la media luna. Josafat, con su oficio de campesino ilustrado con el yunque y la fragua, soplaba su viejo planteamiento reconociendo que en general, el tratamiento a árabes y musulmanes había sido malo, incluso en una ocasión, poco después del suceso triste del retrueco, un mercachifle sirio fue expulsado con algarabía del pueblo por la presunta intermediación de sus manejos en el caso, nunca probada ni siquiera intuida por la causalidad temporal.
Josafat se rascó su barba, miró al cielo y exclamó la frase que anoté en mi libro de noche con la esperanza de convertirlo en relato algún día.
"Si miras a un hombre desnudo, callado, y con los ojos cerrados, nunca verás lo que encierra en su interior; si lo ves vestido, con todos sus aditamentos, ornamentos y aparejos y con los ojos abiertos, las manos pensantes y la boca balbuciente, en ese caso, ya existirá el modelo o vida que debería o querría tener y no tiene, y además, te conminará a seguirle para ir a buscarla".

Me alejé unos pasos después continué un buen rato andando por las calles, desiertas, de Almadormida pensando en su frase y en como aprehendían los campesinos en sus manos callosas y en sus frentes quemadas por el frío la verdad y realidad total del mundo.

(230) El coche

bonhamled 25/01/2008 @ 05:10
Levantó sus ojos un instante del cuadro de mandos del vehículo vió la calle atestada de coches y el cruce al fondo, luego, al asiento de atrás y al bebé con su sonriente mundo sin dientes y con el futuro en sus ojos.
Reconfortado, llenó su mente gris de flores y esperanza, revivió y recreó otro mundo de lieds y de descanso, de tiempo amigo y de futuro anhelante en la tranquilidad del espiritu arrebatado.
Llegó al cruce y tomó la vía de servicio para la carretera sur, menos congestionada. En minutos salió a la autovía, libre de obstáculos, desvaneciéndose la carretera con el aire fresco que busca la noche del preverano. Después, en los siguientes minutos, el viento y el sol del inicio del ocaso se reflejarán en el lateral del vehículo negro que escapa rápido.
El padre observa, de hito en hito, al bebe en el asiento trasero. Quizás ese momento sería el paradigma de su vida pero, sin embargo, también en ese mismo instante, un vehículo, descontrolado, choca con el lateral, hundiéndolo, asesinando al bebé; que queda pequeño e inerte en su silla mientras su vida se va.
El padre vence a la aceleración brusca e inesperada del choque lateral, mira por el retrovisor; se da la vuelta, ve al hijo, pequeño, primogénito, deseado y querido: muerto. Se ve muerto también él, y ya podrido y lleno de gusanos, y una ola de turbia negrura cruza por su mente.
No fueron las batallas vividas, ni la decepción del enemigo interno o la torpeza de sus manos para crear la vida lo que le vuelva, en el guiño de un ojo, loco.
Busca por la ventana y ve salir al conductor del coche de al lado: gordo, bigotudo, enemigo, sorprendido, asustado, pidiendo perdón, solicitando comprensión, requiriendo justicia, aposentándose sobre tres mil años de pensamiento.
El padre se dirige al niño, entra al coche por la puerta no hundida, saca el pequeño roto, como una muñeca vieja; lo deposita en el suelo junto a la carretera; en un lecho, inexistente, de dolor formado por un zarzal de rosas rojas con espinas sangrantes.
Ve con los ojos del bebé, su alma blanca alejarse al cielo impertérrito y sin nubes del principio de la noche y, decide, que su corazón negro de carroña, su cerebro humano y lógico, sus entrañas evisceradas y ferinas y su cosmogonía ética se evada del universo: suenan crujidos, se oyen cánticos mordaces y el viento miente a sus oídos.
El dolor es corona de espinas, lo se bien, es gruñido de noche, es candado sin llave, es golpe duro y sin aire.
Mira al cielo y mira al suelo, al hijo yermo y yerto. Mira al culpable, va hacia él.

(227) Metro

bonhamled 17/01/2008 @ 05:29

El metro es ese reloj tremendo que dice Cortázar.

El metro es la irrealidad de un vagón a un Austwitz desmejorado, un cruzarse incómodo de miradas, un correr indigno a buscar un sitio que no pertenece.

El metro es esa suciedad inexistente pero metafórica, esas voces robadas aquí y allá, esos calores y esos fríos inconvenientes.

El metro es el estar muy solo o muy juntos, es el estar muy lejos y muy cansado, el olor a sudor o a colonia pachuli.

El metro es un rastro de fuste de rosa, rígido, tiple, espinoso, duro y largo como una vida.

El metro cierra sus puertas...

(226) La era del guerrero

bonhamled 13/01/2008 @ 16:37

Mira el guerrero del largo cabello rubio el sol poniente y mesándose la cabeza augura un día venidero doloroso. Los congostos se hacen aún más estrechos y la vida es un camino pino hacia un precipicio.

El viento fuerte y duro le araña la cara y el guerrero, el hombre con la espada en la mano, piensa por un instante en el porqué del andar, el para qué y en el fin. Quizás esperar sería lo mejor o, mejor aún acabar ya sin caer en la cobardía del aferrarse sin dignidad a la vida.

El acabar vendrá pero el sufrir puede evitarse.

Mira el guerrero el sol poniente, se observa de forma nueva las manos, sin embargo aprieta la cabalgadura y sigue avanzando hacia la fatalidad, la incertidumbre y la mala fortuna. A fin de cuenta es un guerrero que vive para hacer la guerra, aunque sea a la propia vida y no cede ante lo predispuesto aunque sea por el destino escrito.

El tímido y pequeño oficinista despierta de la ensoñación instantánea en ese instante y da un paso atrás: El tren está demasiado cerca y ciñe la brida de su montura inexistente con una mano y con la otra el pomo de la espada herida en mil batallas que no está: Se siente dueño de su día.

(211) Ayer, en 1984

bonhamled 15/12/2007 @ 06:33

Ayer, en 1984 tenía miedo y hacía sol.

Ayer, en 1984 el miedo comía y se movía entre muebles y personas.

Hoy el miedo me rodea y asedia pero sigo mirando al sol.

Ayer, en 1984, el mundo era una cueva negra pero ilusionante.

Hoy, la incertidumbre se vuelve gris y usada, la ilusión se meteoriza.

Ayer el tiempo siempre era una oportunidad, hoy una gran traición.

Ayer las personas eran fuentes donde beber, hoy bebida ya digerida.

Ayer estar solo y estar triste era todo uno, hoy el estar solo es la simiente de dejar de estar triste.

Ayer estar mal acompañado incluso se agradecía, hoy el estar solo es la mejor, o peor, compañía.

Antes la verdad era matizable y clara, hoy es indiscutible y obtusa.

Ayeres y hoys, bastardos pensamientos de un deja vu eterno.