"Quousque tandem abuteris, Catilina, patientia nostra?
Esa era la frase sentenciativa que rezumabla la totalidad de la sociedad. Por eso mismo lo mataron en un callejon, porque abusó de la paciencia mucho.
Pequeños delitos, luego algo mayores al final. Se mofaba de las señoras cuando iban a comprar y, de vuelta de farra, se cachondeaba de los currantes. Una vez le quito un caramelo a un niño para verificar lo sencillo que era, le robo el perro a un ciego, puso un bizcocho a la puerta de un colegio para comprobar el revuelo y, a veces, solia echarle arroz, sin venir a cuento, al parroco. Las últimas veces de sus bromas se encimaba de forma arrecha sobre las jovencitas que veía, algunas veces por broma otras por ímpetu faltón.
Por todo y por algunas otras trazas de mal, que entre todos pudimos ver y convenir que hacian de su naturaleza inconvertible, decidimos deshacernos de él. Una noche según venía, drogado, borracho, ambas o quizas ninguna, ya que que no era el caso delimitar su grado de consciencia entre algunos, comisionados al respecto por la asociacion de vecinos, decidimos espetarle con esa frase latina.
El porque de decirle a un ser semi inconsciente y tambaleante esa frase tan absurda no lo supe jamas, ni se si Ciceron estaria muy contento pues diez segundos después empezo la golpiza tumultuosa que acabaria con el. No se quien la pronuncio, pudiera ser que tras esa frase oscuro recuerdo de los años de colegio donde el saber o el aprender era un nuevo amanecer, se avino un fin: como contraposicion filologica y metaforica en la primera parte y real y consecuente la segunda, que acabo con el.
Como la misa en latin de la que a veces solo el Ite Misa Est era reconocido como tiempo de estampida y el resto una letania sorda e incongruente pero que "arrimaba" a Dios, en este caso solo era la clave para el inicio de la golpiza, en algun momento se escucho decir al borracho moribundo: ¿Catalina?, ¿que Catalina?, ¿La de los pilares? Evidentemente eso arrecio el final, que sobrevino al poquisimo tiempo, y pudimos irnos a casa sabiendo que nadie nos indicaría a voces el amanecer ni nos pondria en evidencia ante lo ridiculo de las liturgias sociales que seguiamos como una cantinela cansada, sorda e incongruente.
En realidad la idea inicial no fue esa, la de matarle entre todos, pero visto la ventaja de que quedara sin moraleja el asunto decidimos que nadie nos echarímos en cara el abuso.