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Categoría: Aire

(274) Carta a Chabuca Vargas

bonhamled 20/05/2008 @ 19:41

¿Quien le quita la razón a esa Chabuca declinada de Isabel?

¿Quien se atreve a ir del puente a la Alameda o, quizás, siendo mocita y rondada por un caballero de fina estampa, no recordarla?

¿Quien va al Perú sin cabalmente conmemorarla y tenerla en mente?

Es como dejar México sin llevarse algo de Chavela, otra Isabel declinada y reclinada.

Dejarse el tequila en tratos con una tal Macorina, en noches de llanto y hombría, en días de tristeza y femineidad, con cantos de rugido de revolución y de polvo del camino y de noches sin fin y de amores con fin de hierro.

Viajar y cruzar un océano de cuatro viajes desde la vieja Europa o, peor aún, cruzar un mar grandísimo con olor a motín sin traerse estas isabeles, declinadas, cantadas, hemistiquios de la realidad americana y real es un delito de lesa vida. Renegar de una vida de sal, alumbres y amarguras por una vida sosa como la calabaza jóven.

(258) Sección técnica nº 13. La casa

bonhamled 04/04/2008 @ 18:51

 

Mi noventa y ocho punto seis se llama el Hito, kilómetro 111, cifra que es como un peine que me adecentaba para estar cerca de los míos.

(257) Sección técnica nº 12 El reloj

bonhamled 02/04/2008 @ 05:42

Señor mío, pero como va a ser eso posible? - preguntó el presunto comprador.

Se lo digo de verdad, el reloj que le vendo, sencillo y simple tiene una característica principal la posibilidad de acelerar o adelantar el tiempo - respondía tranquilo el portador de la luz.

(255) El espiritu de la lumbre

bonhamled 29/03/2008 @ 08:51

El espíritu de la lumbre, burlón, bailarín, rojizo, amarillo. Marrón de tierra, blanco de sol.

Tiene de demonio djinn y de sátiro su danzar concernido, su hipnosis hermética, su crepitar que es sueño y secreto.

La lumbre se convierte en polvo, como el tiempo y los hombres, pero da calor, da vida y convierte lo cercano en inminente. Es señal, icono y signo de vida.

La lumbre a veces pacta con el Demonio pero no siempre, otras con Dios al que tiene poco que pedir.

La lumbre baila sin música, roba atenciones y llena cabezas de libertad, libertad de aire y de millas.

La lumbre no deja sombra, no busca redención, ni roba. Es lumbre, solo lumbre. Pero lumbre que es repositorio febril de sueños, viático de mañanas.

(246) Tozeur

bonhamled 01/03/2008 @ 19:01

En la medina de Tozeur pienso sobre ese viejo pueblo, sabio, inteligente, cuna y vía de comunicación entre los mares: el del centro del mundo y el del arena que nos rodea que fue llamado Taf. Asesinado, asediado o simplemente olvidado por el tiempo murió y con el algunos secretos del norte y del sur, de oriente y de occidente.

Miro sorprendido a través de la ventana del hostal que es llamado hotel caer los primeros copos de nieve en este 14 de diciembre en el desierto.

(245) Sinecuras

bonhamled 29/02/2008 @ 07:21

El aire refleja con voluntad cilíndrica la vida.

El haberse bajado los tirantes opresivos de la vida social ayuda.

El hoy y el mañana tienen como nombre un "si" que ayuda. La angustia rodea el mundo sin tocarlo.

La tranquilidad y el autopensarse toma posesión como Colón, rodilla en tierra e infunde ese tiempo y ese aire que ha faltado.

El vivir mejor por el vivir más, un negocio que sin duda merece la pena.

(238) Los tres revolucionarios. Un pequeño cuento de Almadormida

bonhamled 09/02/2008 @ 07:28

El primero, casi púber, entró asíendo con fuerza su párvulo carnet de jóven revolucionario. aparecía gemelo de su mismidad, con la fuerza irremediable de la juventud y el sabor de vino viejo cuando crea recuerdos imborrables. El segundo de los iluminados tenía la treintena mediada, y a pesar de los descalabros de la vida sostenía en su mano derecha un trozo de pan, pequeño y deleznado, y, cautiva en la mano izquierda, una orgullecida palma en advección que, sin embargo, era llena de callosidades apodicticas.

La terna acababa con el que, en verdad, erraba al acudir al tribunal. Un hedonista en busca de un Parnaso que no acababa de aparecer; vate, orador, excelente y picaflor con fantasismo florentino. También hortera de salón de abacería de tres al cuarto donde se le permitía cargar sal pero no despachar vinagre. Los tres arribaron, con miradas de soslayo entre sí, al estatuido tribunal, iniciático tras su creación por el Sr Goush, mostraron sus credenciales: la media sardineta de poeta, los endecasílabos con su correspondientes didascalias y codas, las pólizas y los dalles. Una vez se verificó el bagaje comenzó el diálogo y las falacias hasta construir, con el risueño pelirrojo tras los cortinones, arquitecturas de oblongas volutas de razonamiento, vacuas sin la catarsis de la razón ni el dulzor de malvasía o de la absenta de la fe: eran solo luces cegadoras. Goush escuchaba con interés, de hito en hito, a los candidatos invisibles; hacía gestos de mono loco, impostaba o atiplaba a ratos la voz por lo bajo con aspavientos mistéricos al cielo o al suelo postrándose de hinojos ante algunas combinaciones de palabras o de danzas numéricas. De los tres sólo uno superó el oráculo; los asertos perdían por Xaloc, por impericia o por capciosidad manifiesta renuente y contumaz. A pesar de los trabajos, los resultados no llegaron a saberse ya que las actas se perdieron tras el desastre, ya por el fuego en la legación, ya por la furia disipada de los pocos que quedaron o por la torpeza venerable, y discreta, de los que vinieron a investigar.

Se prefirió dar el pueblo entero al olvido y al abandono de la hierba rastrojera, para desconocer por siempre el nombre del destinado y el de los dos adláteres coadyuvantes, manchados de sangre de tierra roja y de atardeceres sordos. Decían quienes no olvidaron que fue lo mejor para todos, menos para historiadores y preguntadores de lo que a nadie le interesa. Los muertos quedaron tranquilos con su verdad falsa. Los ajenos no ahondaron en una curiosidad escarpada. Los blasfemos no recordaron palabras ocultas ni rayos salidos del cielo y los lejanos ni siquiera pudieron conocer lo que nadie debía haber visto.

(236) La vida urbana

bonhamled 04/02/2008 @ 19:16

Cuando quiero hablar de campos, caminos, páramos y regatos solo me salen miserias, rincones, fríos, inmundicia e insolidaridad.

Es la puta ciudad que se te mete dentro, y no te deja, ni ser beatífico, ni ser cuidado, ni ser congruente, ni ser natural sino agresivo, terrible, gratuito y terrorista.

Porque mis días no fueron patio, ni mis noches campo de amor, ni mis mañanas alegres pastoriles, ni mis comidas pantagrueles redivivos, ni tampoco el futuro una cornucopia perenne. En realidad todo trasuntaba pequeñez, ruindad parda, alegria que era fogonazo, tiempo que se encimaba, absurdo que solo el tiempo y la mesura arrebató.

También fue otra cosa, un gris que comenzó en gris y acabó en gris con pequeños gritos hirientes como alambre de espino, con moteados o jaspeados de negros que eran la muerte con su sonrisa socarrona. Eran futuros amenazantes que, casi siempre, se convertían en verdad en esas noches de invierno lluviosas y frías en la que uno casi esperaría no haber nacido.

Un cigarrillo tóxico es casi lo mejor, el resto daño, daño y daño.

(235) Ya está bien, Señor mío

bonhamled 02/02/2008 @ 06:06

"Quousque tandem abuteris, Catilina, patientia nostra?

Esa era la frase sentenciativa que rezumabla la totalidad de la sociedad. Por eso mismo lo mataron en un callejon, porque abusó de la paciencia mucho.
Pequeños delitos, luego algo mayores al final. Se mofaba de las señoras cuando iban a comprar y, de vuelta de farra, se cachondeaba de los currantes. Una vez le quito un caramelo a un niño para verificar lo sencillo que era, le robo el perro a un ciego, puso un bizcocho a la puerta de un colegio para comprobar el revuelo y, a veces, solia echarle arroz, sin venir a cuento, al parroco. Las últimas veces de sus bromas se encimaba de forma arrecha sobre las jovencitas que veía, algunas veces por broma otras por ímpetu faltón.
Por todo y por algunas otras trazas de mal, que entre todos pudimos ver y convenir que hacian de su naturaleza inconvertible, decidimos deshacernos de él. Una noche según venía, drogado, borracho, ambas o quizas ninguna, ya que que no era el caso delimitar su grado de consciencia entre algunos, comisionados al respecto por la asociacion de vecinos, decidimos espetarle con esa frase latina.
El porque de decirle a un ser semi inconsciente y tambaleante esa frase tan absurda no lo supe jamas, ni se si Ciceron estaria muy contento pues diez segundos después empezo la golpiza tumultuosa que acabaria con el. No se quien la pronuncio, pudiera ser que tras esa frase oscuro recuerdo de los años de colegio donde el saber o el aprender era un nuevo amanecer, se avino un fin: como contraposicion filologica y metaforica en la primera parte y real y consecuente la segunda, que acabo con el.
Como la misa en latin de la que a veces solo el Ite Misa Est era reconocido como tiempo de estampida y el resto una letania sorda e incongruente pero que "arrimaba" a Dios, en este caso solo era la clave para el inicio de la golpiza, en algun momento se escucho decir al borracho moribundo: ¿Catalina?, ¿que Catalina?, ¿La de los pilares? Evidentemente eso arrecio el final, que sobrevino al poquisimo tiempo, y pudimos irnos a casa sabiendo que nadie nos indicaría a voces el amanecer ni nos pondria en evidencia ante lo ridiculo de las liturgias sociales que seguiamos como una cantinela cansada, sorda e incongruente.
En realidad la idea inicial no fue esa, la de matarle entre todos, pero visto la ventaja de que quedara sin moraleja el asunto decidimos que nadie nos echarímos en cara el abuso.

(234) Balada de Mercamadrid

bonhamled 31/01/2008 @ 03:03

Mercamadrid se levanta orgullosa y terrible en medio del amanecer.

Antes ha recorrido con alma de Marco Polo el mundo.

En ese mundo encuentra hambres y saturaciones, lluvias y Menelaos.

Mercamadrid siente el corazón palpitante de una ciudad que pide comer.

También pide justicia, tiempo y hombres pero esos mercados no existen.

Todos lo que son engullidos por el gigante suda y pasan frio.

Mercamadrid llena sus casas y sus estancias de vituallas temibles, de precios absurdos, de bondades simiescas, de realidades de Sancho Panza.

Mercamadrid es el corazón palpitante de una ciudad que huye.

Mercamadrid es un gran cuartel, un lupanar exquisito, una muerte en directo, una cercanía de roble, un monumento al ser humano, una epistemología libérrima y terrible, una égloga con Von Mises.

Mercamadrid es una película con música de "Asfalto".