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Categoría: Ajenos, prójimos, otros

(382) Vida en otoño

bonhamled 08/11/2009 @ 07:05

Las hojas del otoñal año caen al suelo y lo manchan como en arrebatada sinfonía de violinista sudoroso. Se cuelgan de las nervaduras ocres, rojas, amarillas las fusa y semifusas todavía clorofílicas del paso del tiempo. Ese tiempo que es como fuelle de acordeón, un tiempo que se repite.

El humus que ese tiempo crea, como las hojas propias, servirá para ser podrido, fuente, sementera de otros tiempos u otros recuerdos.

Es un parque desierto, apenas alguien y además lejos. Es lo que damos en llamar, en algunas ocasiones optimistas, vida y casi siempre desgaste.

(379) Esperando

bonhamled 17/10/2009 @ 16:21

Pasarían los años, como hojas de otoño o gotas de primavera esperando una pregunta y una respuesta. Pasaría el tiempo de reloj, el tiempo de arrugas y el tiempo en la ciudad, con sus ruidos, sus silencios, sus prisas y sus parsimonias metafísicas.

Ella respondería, si, no depende, porqué no, indudablemente no, según el tiempo pasaba, el caracter se agriaba, la juventud se marchaba cambiándose por canas ocultas de tinte. El preguntaría, ¿Juntos?, ¿Nos vemos?, ¿Vienes?, ¿Me das una foto?, según los años pasaban, los meses, los días, las horas, los minutos y los segundos.

Intercambiaban miradas, cada día, aquí, tras la barra que conoció inquilinos de todo tipo, rápidos y lentos, de café bebido, de desayuno completo y amena conversación, como disfrutando del día que se escapaba. Ella, camarera, con su trajecito y su cercanía profesional e impuesta, le miraba oculta, y esperaba un algo que no sería. Pasaron los ochenta, convulsos, entraron los noventa, novedosas, se inauguró un nuevo siglo con miedos y cambios, y en la década de los diez, cuando ya se jubilaría, seguía esperando.

Ella quizás esperaba un día de frío a última hora de la noche, una sonrisa cercana y un gesto. El esperaba ser otra persona, superar los miedos, saciar su sed de amor en otra boca, querer sin tener que medir ni pagar. Sin embargo el tiempo, como ancla, le tiraba a un fondo de fango limoso de incertidumbre e inacción. Seguía sin actuar.

Un día, poco antes de aquel mayo que transcurrió hasta el último diciembre, se decidió. Ya jubilado. Se decidió y la llamó, Julita, me estaba preguntando si querría...

Ella sonrió como cuando se abre un cofre del tesoro y lo que se encuentra siempre es menos pero, al menos valioso y querido. Quizás dar un paseo iniciático, quizás tomar un café, un café repetido de treinta años cada mañana y cada tarde, quizás alguna vez sofisticarse hasta acudir al último cine de la Gran Vía.

Ella aceptaría alguna opción, ignoro cual, el continuaría su rutina y esperaría hasta la tarde. Ese mismo día el sol refulgiría con ese color amarillo y algo maligno, esperando un vengarse picado. Lo conseguiría antes del final de la tarde.

(377) La primavera otoñal

bonhamled 08/10/2009 @ 19:45

Bien lo conocía Pou en su reducto anarquista y antiguo de París: los cambios son así, pequeños irremediables, sospechosos.

Pou conocía que un día un leve resquebrajamiento, dudoso, aparececría La superficie se quebraba ligeramente, muy poco. Casi todos dudaban que fuera, todos esperaban una reacción indolora e inmediata pero con sorpresa de esa grieta surgía luminosa el fulgor del cambio, como la binza del huevo que surge tras la rocosa, calcárea, resistencia de la cáscara.

Pou esperaba ese leve grito de luz, ese resquebrajamiento que los más involucionistas, carcunda estéril para él, no detectarían jamás. Era el origen pionero de un vegetal novedoso entre los adoquines del tiempo y la historia, una flor, quizás atomizada e instantánea. Los ochenta años de Pou eran una esperanza por un rayo de luz de esa calidad, de este tipo, de ese tiempo.

Esperaba que la rugosa y empedernida superficie se rompiera un poco, cediendo. Cejara la presión de las junturas y acuerdos, la tibieza de egoísmos e intereses yermos para surgir ese agujerito, esa arista asomada, ese desgaste ajado que dejara ver la debilidad de la barrera, la cárcel, la pared que fuera susurro, murmullo, palabra, grito, eco.

Pou soñaba, viejo jóven de ideas redentoras, con ese día, que podría ser, no le importaba, el previo a su muerte, pero era el día que quería vivir, el del comienzo de la caída, ralentizada, lenta, dubitando, oscurecida por la sorpresa pero buscando la velocidad como depredador al ataque. Sería el inicio de la primavera, de su primavera otoñal.

(371) Psicomaquias

bonhamled 24/08/2009 @ 19:32

Psicomaquías mentales que al final se resuelven en matices parduzcos, grisáceos, "color panza de burra", nada claro, nada evidente, todo discurso.

(368) Escribo poesía mientas de cuando en cuando veo el resultado del futbol

bonhamled 22/07/2009 @ 19:37

Escribo poesía, pequeña, matizosa, con señas sin dirección, buscándome.

Escribo eso que es poesía solo porque yo la llamo pero son fusas sin pentagrama, ajenísimos toques pequeños de un laud pequeñísimo.

Escribo, en eso estaremos más de acuerdo, y hablo sobre mi, sobre ese insignificante ser que está bajo el sombrero del hijo del hombre de Magritte. Ese ser dulzón como la pólvora y tristancho que me acompaña por la parte interior de mi sombra.

Y de cuando en cuando, mientras navego por la tristeza, la alegría, la ira y una columnata de principios morales e ideológicos a los que someto a vaivenes quirúrgicos y sísmicos con el escribir, miro el resultado del fútbol.

Como Picasso, como Neruda, como Pessoa, como Stephen King. Ciñéndome el día a día, negándole su papel de verano caluroso en el séptimo infierno de Dante. Es el día a día del cual extraer una idea, un mundo, un grito, una pequeña llave con la que entreabrir el mundo que ya de antemano desconozco y desconoceré.

Taño un laud y miro de reojo a los molinos que se que son duros como la piedra de los cuarteles contra los que chocaba y al final chocó Roque Dalton.

(367) El pájaro Dodó

bonhamled 12/07/2009 @ 20:23

Mauriciano como el agua o la poca profundidad de aguas. El pajaro dodó se siente a veces albatros otras veces gorrioncillo o cuco. En alguna ocasión deseó ser gigüeña volviendo o yendo a otros lugares.

El pájaro Dodó conocía de su inexistencia futura por esa sensación sinestésica del dolor futuro. Por esa tendencia torpe a dejar de sentir ahora para dejar de hacerlo en el futuro. Almacenar recuerdos hoy para construir un futuro aparentemente más amable. Tamaña tontería, si en el pasado no fuimos nosotros y en el presente, esa línea geométrica imposible, tampoco lo somos ¿Quien nos dice que proyectar nuestros deseos procrastrinadores del hoy al mañana vaya a solucionarnos algo?.

El Dodó vive, hoy no, con esa sensación de posposición para un mañana que no llegará, que no será. Puede que el cambio de las costumbres, los animales humanos o las aristas que pueblan cada recodo de los minutos sean quienes acaben con ellos pero la verdad es que ya están muertos.

Muertos en ese vivir un futuro inexistente añorando una melancolía del futuro que no es. Esa trampa, esa vaciedad huera y torpe solo lleva a encallar el estrave en la rada más rara, la del pasado inexistente, el presente pospuesto y el futuro nostálgico. Un dolor que desemboca, sin cauterización, en la eliminación, la extinción, la muerte hace tiempo.

(366) La noche más larga

bonhamled 04/07/2009 @ 20:12

Ojalá esta noche en Ítaca no acabara

Ojalá el sol no volviera, los amigos no marcharan, los amores no se ocultaran de su epifanía.

Quizás si la noche se atara con cuerda de globo....

Puede que si los amigos lo fueran con las vísceras fuera...

Así sería aunque el mundo nos moldeara y ya no nos topáramos y tropezáramos con sus esquinas feraces y agudas.

El vino será más dulce, la verdad más amable, esa noche.

Los amigos más sinceros, los amores más duraderos, todo por esta noche, para esta noche, para acabar con esta noche.

Si esto fuera así las calles serían dulces, los momentos agrios del pasado no olerían tan amargos. El tiempo no sería ese enemigo paranoico. Sería la noche más larga, un título nobiliario, una verdad sin otro cuele, una mina de la que sacar segundos.

La noche más larga donde hablar y decir, donde enfadarse poco y reír mucho, donde encontrar y andar, donde buscar sin sentir. La música caliente y pulsante llamaría a la danza, al placer, a la risa, a la mezcla, a la confusión, a la sinceridad.

Si esa noche existiera, mi nariz inválida algunas vez se ha topado con su olor dorado, quizás todo lo demás volvería a su ser, como si fuera la dovela epicúrea de esta vida gris. La noche más larga veneno y antídoto.

La noche que se tiñe de frío o calor pero no destempla, la que comienza de oscuro o de blanco pero no mancha, la que se agrega poco a poco o genera un ejercito pero no abunda en males.

Esa noche, la más larga, la del amor, la de la amistad, la de la vuelta a la casa sin dejar la calle, la del pensamiento abierto y dormido, la de aquellos que jamás fueron así y jamás serán de nuevo porque se caen por el precipicio del reloj engañándote sinceros.

La noche más larga por la que no me importaría pasar, aún con dolor de su fin, aunque supiera que tras ellas me espera el barquero y su laguna.

(365) Coche hacia el amanecer

bonhamled 26/06/2009 @ 06:29

Se abre la masa boscosa del horizonte y entre las nubes asoma el sol del día. Vano, real, etéreo, amanecedor.

El día amanece con los kilómetros de carretera reflejándose ligeramente en ese espejo imperfecto que es el alquitran desgastado, brillante, y algo pintado. La ventana deja entrar, por la rendija insobornable , de un frío de madrugada, de trassnoche, de tiempo que se gana al día y a la noche aunque el cuerpo se rebele.

Hoy es el día del resto de la vida, es el día donde aquellos augirios de muerte y de dolor se tenían que haber cumplido. La livertad, sin embargo, se ha manifestado como una flor, a veces, fétida, de un color sorprendentemente verde y fea pero exquisita en el aura queproyecta sobre los que le rodean. El futuro se viste con el anaranjado sonriente del amanecer.

(364) Llorón

bonhamled 18/06/2009 @ 05:44

Cuando ella murió, se fue, siguió viviendo en otro lado, quizás otra dimensión, quizás la próxima esquina comenzó a llorar.

Fue un llanto torrencial de monzón, fue tormenta de verano, fue ciclón caribeño, fue huracán de sensaciones y lluvias saladas. Las lágrimas se secaron, los segundos de llanto pasaron y se convirtieron en meses pero el llanto seguía como un Guadiana esperando un brotar aquí o allí.

Siguió llorando lágrimas secas, rocas lunares del dolor que arañaban su lagrimal y su corazón antes tocado de ala de libélula. Siguió llorando aunque seguían levantándose, desayunando, trabajando, comiendo, dormiendo.

Un día volvió a brotar ese llanto pero ya no fue tormenta sino leve llovizna, que provenía de arriba, de abajo, de lado, movida por el viento desconocible del tiempo, de la situación, del mundo. Dable a la autocompasíon y al daño, el dolor se hizo caracola inmarcesible en su interior, caverna dentro de una cascada de agua sutil y sucia.

Seguía llorando, orvallo, txirimiri, lejano, con un rugido pulmonar, en las tardes de bombillas de poca potencia en otoños en calles estrechas de barrios populares. Gastó su llorar aquí y allá, dejando charquitos junto a las paredes, dentro de la bañera llena de agua, en un instante de lejanía entropica.

Siguió llorando y siguió llorando hasta el día en el que decidió dejar de llorar. En ese momento, se paró un instante y se quedó quieto. La gravedad y el puente hicieron el resto.

En ese momento otra persona comenzaba a llorar.

(363) Miradas

bonhamled 15/06/2009 @ 00:01
Se columbra entre los haces de Flickr la historia.
Enfrenta egos, verdades de vergüenza y el hielo picado de las almas abiertas.
El tiempo escuálido, encarnecido y atormentado en su asincronía.

El hoy fuera de su duque de Alba atmosférico de xenon y plástico.
Miro las fotos y me enorgullezco de estar, otras veces huiría a un campo de hierros y espinas, en alguna más tomaría un camino turbio cerca de la ruta 66. Al final, idas y venidas de espectador –persona.

Las aladas veleidades de este zeitgeist taciturno y aleatorio me duermen, me velan, me despiertan, me arañan. Son andamios elevados que sostienen cartelones cargados de un algo efímero pero muy vital.
Las personas lejana, vividas, vacía, personajes, cántaros sin agua dirigen su batir atajado de alas de álbatros por entre las barriadas temibles de la expansión, el pensamiento y la filia.
Es un tiempo de mucho dato, poco tiempo y menos gana.