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Categoría: Ajenos, prójimos, otros

(198) El actor que huye

bonhamled 26/11/2007 @ 20:02

Peñagaricano repetía el texto afable y diligente en su operación actoral:

- "Mirarse y no encontrarse" - Decía taciturno y torvo.

- "Reía como paloma al vuelo" - y, dando un salto, hacía un mohín hilarante.

Un papel por fín tras tanto tiempo, tras escapar a dos o tres infiernos y volver, viendo los alrededores de Florencia, a su Damasco particular.

- "Mirarse y no encontrarse".

- "Reía como paloma al vuelo".

Gracias tenía que dar por esa puerta reabireta al solar inmenso de su talento. Talento ennegrecido de vejez, deterioro y duda.

- "Mirarse...".

La función, la principal, el último gran ensayo, la eyaculación onánica postrera de nervios e inseguridades sería el jueves. Ensayos y repeticiones, angustias y falta de profesionalidad, entradas para amigos, primero negadas, luego goteadas, llamadas telefónicas, sonrisas y mariposas: Un clásico de las vísperas.

"Peñagaricano volvía", el tipo de letra del cartel anunciador le daba algún cícero de más que al resto de secundarios, los inminentes próximos primeros actores.

El teatro, la mentira bien contada que recrea, para crear, la verdad vive de egos pequeños, maquillaje, banbalinas que es una cosmogonía imperfecta o, mejor aún, una logomaquia de espaldas al mundo cotidiano.

Peñagaricano pidió adelantos, reconcilió personas, amistó directores de sucursal, reunió fuerzas, desdobló críticos.

El jueves por la mañana, dos horas antes del gran ensayo general, Peñagaricano veloz y nervioso tomaba un tren. El traquetreo le llevaría, sin duda, a la muerte.

(181) Longa noite de pedra

bonhamled 23/10/2007 @ 04:46

LONGA NOITE DE PEDRA

No meio do caminho tinha uma pedra

tinha uma pedra no meio do caminho

tinha uma pedra

no meio do caminho tinha uma pedra.

[...]

CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE

(173) Las lenguas perdidas

bonhamled 09/10/2007 @ 04:53

Salió de la taberna, medio expulsado, medio marchado y trastabillando apareció en la mitad del camino iluminado por la luna. Triste como el licor, alegre como la luna que le asombraba la piel color de la tierra esculpida a golpes de generación.

Calló al suelo y cuando caía, mientras caia, al caer, se topó con el tiempo, con el suelo, con sus muertos, exclamó, “S`Chirpe”. Esa palabra escondida en los arcanos de su infancia le llevaba a aquellos días de familia, cercanía y selva. De otra sociedad y otro tiempo que fue devorado por el progreso y por el colonialismo cultural. Moría, ahora, el idioma que hablaron sus padre, sus abuelos y sus ancestros y solo nacía con el dolor absurdo que sentía en el costado.

El hígado y la vida de paria dolía, el sentimiento de ser el último de su estirpe dolía y ante toda esta fatalidad ahogada en días y en licor solo podía decir chasqueando la lengua “S’chirpe”. El signo de la fatalidad de los Vorkahs. La muerte ya venida.

(171) El otoño

bonhamled 05/10/2007 @ 05:15

El hombre de otoño entra en la habitación oscura y gris con esa mortecina y punteada realidad de ocasos.

Gira mundos, como picaportes, estrangula aires e ilusiones y captura, aprehende, marchita, esclaviza para devolver chupado y con saliva medio digerido y bastante deteriorado, regurgitado después.

Este general invierno que llamamos otoñoo maiour gloria tempus, es el originador del ancla en tierra. De ese descocado y gravitacional arranque negativo para cada uno de nuestros actos, esa resitencia sin acción, ese imposibilitar el hacer.

La negación vestida de estruendo y retumbe.

(167) Instrucciones para perderse

bonhamled 24/09/2007 @ 18:05

El lloro no es suficiente, aquel balbuceante y nervioso calvo y gordo del estudio de grabación es una espina clavada en un costado, es un terrible recuerdo de un futuro que no existe. La locura desagradable y desagradecida: ¡Es Syd Barrett!

(154) Hagiografías y martirólogos

bonhamled 02/09/2007 @ 07:25

Muere Francisco Umbral y todo el mundo le reconoce la calidad como escritor y como periodista.

Muere Francisco Umbral y todo el mundo reconoce la escasa calidad humana sorprendente en comparación con la calidad humana y de periodista.

Como si algo tuvieran que ver.

(151) Naufragos

bonhamled 30/08/2007 @ 19:18

Bajo por una de esas calles fronterizas, no porque estén lejos del centro, está a un paso, ni porque impliquen en si misma cambios de la zona o barrio sino por las personas que viven, habitan, cohabitan y claman.

Esta calle, no se sabe porqué, está llena de indigentes, personas sin casa, transeuntes de diferente condición, pero la calle, como digo, no es una calle oscura ni poco transitada, más bien es zona de paso.

Cuando se pasa por la calle, en cuesta pina como denotando un desembarco o  desembocadura final, se cruzan con esas caras desgastadas por el sol, la inclemencia, el alcohol o la droga. Se sorprenden risas o sonrisas algo infantilizadas y sin tiempo, se ven gestos y hablares de borracho de taberna, de desesperados de acera, de cualquiera en cualquier tiempo.

Es un mundo, la calle llena de coches, de gente y de transeuntes sin dirección, que se agota de naúfragos, en pequeños grupos, solos, en bancos, sentados o pensando. Son naufragos en el medio del mar de la ciudad, en el medio del mar de su propia existencia.

Les rodean aguas procelosas del abandono, del desespero, del alcohol, de la mala suerte dos veces mala, de las drogas, de la soledad y de cada uno de nosotros. Cada uno de ellos augura muerte cercana, desastre a punto de cumplirse, verdad agotada. Puede que por el chocante sentido de interinidad y de precario que atesoran en sus manos ajadas sin trabajo, en sus caras sucias de limpieza vaga, de pasos y andares aburridos de andar y pasear.

Paso por la calle, diferente, vestido, arropado de mi cartera, ensoberbecidos de mi tiempo y, en el fondo y al final de sus ojos, de sus sonrisas desdentadas de su pararse a reir y su pequeño escándalo avergonzado me reconozco. ¿Quien no va a morir y quien no es naúfrago?

(141) Instrucciones para sacar provecho a un viaje

bonhamled 25/07/2007 @ 04:26

"Uno ha de querer a su patria, la vital, la personal, la humana, no necesariamente la legal, hasta el punto en el que no le haga desquerer otras que pudiera ver o sentir."

Bonhamled, una noche de invierno que llovía a chaparrones...

(115) El loco

bonhamled 18/06/2007 @ 05:28

No cabe duda de que está loco, la manía persecutoria, la paranoia le convirtió en un enemigo del tiempo, en un amigo del tiempo, en un vigilante eterno, el que buscaba pautas y relacionaba hechos sorprendentes como, por ejemplo, elefantes rosas y su medicación o, quizás, que su mujer se escapaba y que el sufría.

Estaba loco, de eso no cabía ninguna posibilidad de escapar. Tomaba infinitas, notas, hablaba bajo, la cabeza caída, apuntando, dándose cuenta. Miraba y, a veces, eludía las pastillas guardándolas chupadas en cajones, llevándolas a esquinas de araña, tirándolas por la ventana.

El pelo le faltaba, la cara se le caía, las dudas le marcaban gravedades y surcos, moriría no tardando mucho. Vigilaba los venenos. Para evitarlos elegía quien y cuando tomaría cada una de las bebidas cuando iban a los bares. Evitaba también los accidentes, nunca salía solo pero cuando salía acompañado tampoco permitía que anduvieran a su paso. Evitaba montar en vehículos, andar bajo techado, mirar hacia arriba, cruzar la mirada con personas o delincuentes. Salvaguardaba su vida aterrorizado pero, en el cinto y por debajo del albornoz y la ropa interior de hace un mes, guardaba un cuchillo pequeño para mantequilla: Vendería su vida, no se sabe si gratis o cara.

El día que murió, porque al final murió, un disparo de larga distancia le atravesó el corazón. Nadie miró el zumbido y la caída del loco, nadie se percató si una sonrisa cruzaba el parque y se posaba en la boca de algún deudo. Murió aunque la documentación oficial dijo "ataque al corazón".

Las heridas del agujero de bala supuraron durante tres días, sístoles acabados, semicorcheas y todo un universo de pequeñísimas bolas de colores y de locura.

(63) Ego

bonhamled 02/05/2007 @ 14:15

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