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Categoría: Cuento

(22) La felicidad

bonhamled 11/04/2007 @ 21:02

Rememoro un chascarrillo de Gala acerca de la belleza. Y con esa idea robada construyo un cuento.

Imaginemos un viaje en tren, largo, aburrido, en aquellos trenes en los que enfrentabas para bien o para mal la mirada del que se sentaba enfrente. Un viaje cansado, el traquetreo se cuela entre los huesos haciéndonos sentir un algo extraños.

Los viajes de tren antiguos aburren mucho, no se tiene nada que hacer, salvo hablar vaguedades, leer un libro de letras hiudizas o rememorar las bodas de Camacho en forma de sandwitch. Las personas, paisaje deambulan sin moverse por es recoleto lugar, que el viajante aburrido y medio dormitante, que si los muchachos que van al servicio militar o quizás vuelven de permiso, que si el vacíoToque aleve estepario de Castilla por la ventana, a toda velocidad o en la mismidad del cerrar los ojos.

Pasa el tiempo lentísimo con esa musicalidad de chachachá del tren, incomodando cada paso, cada cosa, cada instante. La mente vaga en recuerdos antañonísimos, en detalles baladíes, en vueltas a la memoria de datos que habrían sido vitales de haberse recordado en otra circunstancia y otro tiempo, en general un duermevela lúcido con ritmo mecánico.

Cuando el aburrimiento es triste y aceptado, tras horas, entra en el compartimento anciano una señorita, de cabello rubio o quizás moreno, de facciones agradables, de ojos claros o puede que negros y penetrantes y se sienta, sutil casi sin molestar.

La entrada, tras la sorpresa, transmuta en la piedra filosofal del leve aleteo de la mariposa, de la fascinación posándose apneica sobre el espacio que hay entre la válvula tricúspide y mitral del pobre corazón. En ese momento surge el amor platónico, la verdad manifiesta quizás acentuada por el gris del aburrimiento en derredor.

Se ama de manera torpe, arrebatada, tropezada, algo amagada, sintiendo el arrobamiento con duda de la terquedad adolescente, en resumen se hace el estúpido. Pero un estúpido de sonrojos, una carpintería hosca de vergüenzas ajenas en el propio yo, tonterías en el silencio que marca la edad cronológica.

El amor pasajero, y como traviesa o balasto de tren dejado atrás frente a la rigurosidad paralela de las vigas, es un juego que no puede tenerse en cuenta, aunque robe, y aunque sea suficiente por si mismo. Es un espejismo onírico de la mente.

Sin embargo se pregunta el viajero cansado ¿Quien será?, ¿Como se llamará?, ¿De donde vendrá?, ¿Donde querrá ir?. Jugando a Sherlock Holmes con su aspecto, modales, maquillaje o incluso para de subida. Salvo el caso de una valentía terrible jamás intentará, ese viajero eterno, hablar con ella ya que puede tener la voz horrenda o ser estúpida. Si ella pretendiera hablar con ella tampoco querrá hablar ya que es conocido, sobre todo con experiencia de la vida, que el encanto es lo mayor y mejor del amor y que hablar, hacer, podría ser un romperse como de vidrio contra hormigón. En las situaciones de aburrimiento mejor engrandecerse, caballero, con la mirada furtiva y robada que arriesgarse a una rotura de corazón mal sintonizado.

El amor se acrecienta con el tracatrá monótono del tren mientras las vistas y las miradas hacen por no encontrarse, por buscarse, por no verse, por emplear el reojo, o el descaro juegan  escondite.

Podría ser una sensación de ilusión eterna, un amarrarse eterno a ese escarpe de vida social negada. Un seguir hacia delante sin avanzar, puede que solo el pasar el tiempo o quizás una promesa melíflua y eterna, como un Soufflé, que nunca cristalizara, siempre aire, siempre vapor.

Sin embargo la vida es así; un revisor pide billetes; una cabezada anónima e ilusa esperando que el cansancio pueda al tiempo y este se pare; la llegada de tal o cual estación perdida o plena de gentes y, de repente, la crisálida vuela, la Beatrice se va. Como ninfa de bosque dejando un reguero de ays no emitidos y de hojas viejas, flores secas, ruidos maquinales perdidos.

El viajero mira por la ventana y asiente, en su experiencia los amores van y los largos olvidos quedan.

Ese ir y venir efímero de amores tardos es la felicidad, la más completa, infiel y desconocida de los mecanismos. Una mentira con guirnaldas.

Imagen: http://novoyatirarlatoalla.blogdiario.com/tags/Felicidad/

(21) El regalo

bonhamled 11/04/2007 @ 06:21

La tomó de su mano, y aunque ella intentó retirarla, le acercó la pequeña caja.

Ella miraba sorprendida, más de dos horas en la estancia, había esperado lo peor.

El hombre, el padre de familia, el patriota, el soldado de inteligencia, el robusto y motivado hombre de manos grandes y pasos de terror le hizo entrega de un objeto: era una pulsera de plata.

Ella se quedó sorprendida ante el hallazgo, un regalo. Un momento parecido a la amistad en aquel lugar, sorprendida y obligada lo guardo.

Lo refinado de la tortura o bien los vericuetos del pensamiento humano para dañar al prójimo no conocían límites. El torturador de la ESMA sonreía bonancible tras esa careta de hombre, hace minutos o dentro de minutos aplicaría picana, cuchillo, violencia, insulto y muerte: era su obligación o, al menos, así lo entendía.

(10) Manzarek

bonhamled 08/04/2007 @ 15:29

Como el blog es mío pues coloco los nombres que quiero o creo.

No se llamaba Lucío Campesmases y Falúa el que murió en los altercados de las "venencias", otros dicen que murío lejos en la ciudad, no se llamaba Goush el terrible pelirrojo, no se llamaba Eucarión el perro que trajo la cabeza del niño, no recordaba al retrueco el arma que mató, nunca el enterrador de Ridiera huyó como se dice que huyó, dejando un grito en el bosque que aún reververa o riela.

Todos estos hechos, falsos en su verdad, verdaderos en el cocimiento del tiempo me llegan vertebrados y oscurecidos, rebanados por las miradas parciales, epistolares y evangélicas de los que oyeron, vieron, los menos, e inventaron maliciosos para darme una luz sobre hechos lejanos pero no escondidos.

En aquellos tiempos, de Goush, del pueblo modernista de Aparicio, de la beldad de Almadormida, del olvido de las guerras; todo el mundo tenía un nombre, una vida y un cantar. Soy yo el que los cambio y los interpreto, no con mala intención, entiéndaseme, sino cpara obtener el porqué y el como que aún hoy no conozco.

Uno de los primeros que cayeron en las redes del viajante pecoso junto con los peones del impresor de Aparicio, fue el que llamé Manzarek, alto, desgarbado, eslavo, taciturno, triste, fronterizo, que escondía sus manos mordidas en sus bolsillos, pasaba sus tardes de vaquero, sus mañanas de estudiante y las noches consagradas al viento, al viento bufo y rido del monte.

Ese viento....

(8) Mente ocupada

bonhamled 08/04/2007 @ 10:10

El antivirus revisa el martillo y asiente.

Devuelve procederes o refutaciones y llena

mi habitación con la mariposa batiente del trabajo.

La vida se enturbia entre engranajes.

(7) El párroco de Almadormida

bonhamled 08/04/2007 @ 07:19

El día que llegó Mr Goush a Almadormida, el párroco de la pequeña ciudad, Don Fausto pensaba, en la quietud fresca de su viciaría en Dios. En el Dios que creía, en el dios de la tradición, en el dios de la historia, en el dios de la superstición y en el dios de la sociedad, en el dios iluminador y el en dios revelador.

En un instante, cuando el pérfido rubio entraba en su coche por la polvorienta carretera de Aparicio, comenzó a pensar en la imposibilidad de encontrar Dios, por oscuridad noumenal, por falta de tiempo vital o por miedo pánico. A pesar de Tertuliano y el resto de padres y doctores de la iglesia una sombra de gris de duda, aunque conocida y casi amiga, cruzó por su mente. El exceso de luz de aquella sombra le escamó, se acercó, con sus pasos ancianos, a la ventana lejana y fumando vería un coche por el camino desde la comarca de Hería. Sus canas, sus carnes enjutas y su mente había dirimidos grandes luchas en el terreno de la fe. En esta última vez la perdería.