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Categoría: Cuento

(165) El ansía del angel negro

bonhamled 19/09/2007 @ 05:26
Angeologías y demonologías, bestiarios tremendos del imaginario perturbado del ángel negro se mezclan con sus bilis, su melancolía le lleva al arrebato. El alcohol en el que busca consuelo y olvido hace daño en su interior. Derramado, alcohol y persona, en la calle se encuentra solo, abandonado, tirado.

Pasó un tiempo comiendo la tierra que supuraba dolores en el cementerio, sus lágrimas formaban con el polvo del paso y de la sombra de los nichos pequeños una pasta que se formaba en su boca y en sus sienes. Los guardaespaldas, a veces, tenían que llevárselo ahito y desmejorado a casa tras un día entero frente a la lápidas. Desearía estar al otro lado. Se buscaba y moría, moría cada instante deseando morir.

Lamiendo las lápidas, viviendo una existencia de dolor agudo sin esperanza, buscando sin encontrar, encontrando aristas en cada instante, sintiendo la muerte jugueteando pero sin el impulso fatal para tomarle. Retaba a la tormenta atado al palo mayor.

(160) El aullido del angel

bonhamled 08/09/2007 @ 07:00

Cruza la calle y sorprende en el callejón. El desconocido le mira, grande, fuerte, con las semilunas de la adicción o del insomnio atormentado en la cara. Le espeta unas frases amenazantes, le intenta herir, falla.

El ángel recoge el intento de cuchillada con el placer de la catarsis extática de un santo, oye manar su sangre, ve el camino empedrado de piedra y espino hacia su casa más allá de la luz de la muerte, pero ese grito apagado y blanco se convierte en un haz de dolor rojo, azul, verde que le emponzoña el alma. Se vuelve y se revuelve.

Le araña, le toma, le agrede, le violenta, le aprieta el cuello hasta dejarle exangüe. Una vez deteriorado hasta "estar ahíto se acerca al oido del condenado y le susurra las palabras que le dejarán vivir o morir.

- Hiciste mal y te llevo al infierno donde te encontraré dentro de poco.

Los ojos del malvado, del forzador de niños, del escondido en la oscuridad se llenan de pavor, dolor y de sentencia. Sus comisuras cobardes se tensan cuan tambor, su piel plomiza de burócrata demoníaco y ceniciento se tambalea y cae, sin salir del suelo, en un pozo que lleva a la muerte.

El ángel negro loco, le vuelve a tomar del cuello y, ahora, ya sin resistencia ante lo inevitable se ceba en la muerte del otro. El pedófilo se deja llevar en un carro de fuego cruzando el campo de las estrellas hasta el confín del diablo azuzado por su angel enemigo / liberador: el angel negro.

El ángel aprieta y ve su fin cercano, su muerte cerca, su locura acabada, mata por morir, mata por vivir, por un pasado que no es.

Aúlla sordo al aire y al cielo azabache o suciedad, y se vuelve lobo, león, niño, calavera, gusano y roña sin fin. Se equivoca y el rugido se oye para luego apagarse como luz de quinqué acabado. Vuelva a vestirse con el negro de su traje, el de la agonía y la búsqueda. El de la muerte demorada, el de la justicia terrible.

(155) Afirmación de Desmond Abarra

bonhamled 03/09/2007 @ 05:38
Con cansancio, algo de hambre pero viendo el futuro como colgado de un alambre que entre dos palos en un campo o era plena de vacío está a la espera de una actividad vivaz y promovida de campesino que ya solo existe en la mente y en el recuerdo.
Ese es mi estado, expectante, reinventándome, una vez más, pero escuchando y reconociéndome. Es una nueva sensación de espera ante el futuro y las personas. Cansado quedé de ser el primero en actuar, en ser el primero en dar y en recibir, de ser el que corre, anda, sube y baja mientras el tiempo ejerce y ejecuta su posición de dictador malquerido. Ahora las circunstancias me marcan el compás de vals, tres por cuatro, en el que bailamos, a veces con fe otras sin convicción. Es el baile de todos los malditos que vivimos en esta era de oscuridad brillante.

(151) La pistola blanca

bonhamled 30/08/2007 @ 06:34

El cuidado sutil que empleo en desmontar poco a poco y lentamente cada una de las piezas de la Walter PPK de 9 milímetros para luego pintarlas de ese blanco variado denota que no solo era el negocio chusco lo que llevaba a Venancia a su destino.

La pistola con ese gris oscuro, casi de forja, menestral y asesino se convirtió en una mezcla de colores blancos de más o menos brillo, nácar o desgaste. Por ignorancia o, quizás, en resurrección y redención acabó siendo un arma blanca de fuego.

Los policías se sonrieron al ver el arma percutida y la primera justificación, burda, de la mujer, pero sin embargo y mirándose se dijeron:

- Sin embargo la bala es de plomo.

Venancia lloraba su mala suerte, eterna, continuada, como en soneto. Mientras el marido con el disparo descerrajado en la mandíbula agonizaba como un animal muerto. El arma blanca, y el tiempo para vivir su pena, para dejar de sentir los golpes, para volver a ser una persona, para pintar un mundo gris, negro, agresivo y arisco de un blanco virginal, aún defectuoso, iniciático y nuevo.... aunque se manchara de un rojo después que fue jugo de la baya de un amor de otro tiempo.

(147) La tapia de Társilo

bonhamled 19/08/2007 @ 17:39

El tiempo pasaba lento por la puerta de la casa de Társilo. La canícula del verano le inutilizaba parte del día pero ese mismo tiempo condensable y de efluvio volvía a ser suyo gracias al pensamiento que le rondaba, el hablar pausado y elaborado con otros que fueran apareciendo por la puerta de casa mientras el calor pasaba.

Társilo vivió en Aparicio a finales del siglo XIX y casi no tuvo tiempo de inaugurar el siglo de las muertes y maravillas. Los griteríos de fin del tiempo y la historia apenas le sorprendieron entre libros que compraba a un vejero y pensamientos gruesos que robaba aquí y allá para su solaz labriego y su preocupación pensante.

Társilo miraba al cielo, al tiempo, al aire, al monte ventoso, con Hería al fondo del horizonte, buscando un escaso huir del calor y cercar la verdad, aún por trozos, diócesis o atisbos. Observaba renovando ojos e ideas la tapia que encerraba un corral enfrente de su casa. Tras ella, la verdad, vacía y llena del lugar de encierro de ganado, porqueriza cabaña de heces y riquezas donde se escondían muchas metáforas y metonimias-sinecdoques del mundo.

La tapia, oquedad tapada, solidez pergeñada, temprana en lo temprano, eterna en lo tardío estaba culminada, al estilo de la región, con un remate de teja que hacía de vierteaguas hacia la calle, el camino, y el pasar de gentes y animales. De esta forma los días de lluvia la tapia se buscaba enemigos escupiendo aguas impertinentes e impenitentes sobre los pasariegos que huían de los vientos ridos mojados.

Társilo miraba la profunda solidez de la tapia, en veranos y en idus, y pensaba y repensaba su opacidad académica mientras leía, hablaba o posaba el pensamiento como mariposa. Era un pensar limitado y favorecido por ese muro que le descarnaba la vista pero le ayudaba a posar el pensar.

El calor acuciaba aquella tarde sin ni siquiera hacerle adoptar prevención por el paso del adversario Fadrique Peña. El oponente atábico, el rival de hace mucho; casi todo el tiempo que guardaba en el arcón de sus libros.

El ganadero rico cruzaba la calle siempre por el trozo de acera más alejado a su casa como temiendo y siempre yendo hacia un negocio, viniendo de una buena ganga, recorriendo el trayecto hacia algún embuste. Enemigo irreconciliable por ideas, por vivencias, por extremos, por ganados, y por pasados ni siquiera le robaba una paja del cereal convulso de su pensar su presencia delante del muro peripatético, hasta ahí llegaba la obstinación de Társilo en la enemistad y en su filosofía.

Pensaba Társilo, aquel día, sobre los humores, los amores y los odios, buscando y devanándose el porqué. En ese instante que era madeja con el que que se tejían las tardes calurosas una teja calló del tapión y fue a dar sobre Fadrique, quedando por largo rato allí, yerto y exangüe.

El dañar al adversario desarmado es el brocal del mal enemigo, del mal pensador, del escaso buscador, pensó aligerado Társilo. Entró lento en la casa para beber el agua del calor negando el auxilio al sangrante lerdo y, también, la posibilidad de verificar la muerte. Se contentó con lo segundo a cambio de no dotar de lo primero.

Ahí quedó, el ricacho, hasta que otra figura se recortó en la tapia con prisa, denuedo y urgencia para recoger al herido y llevárselo, como en un sainete o un entremés dramático, por el proscenio de los acontecimientos.

No se cuenta ni dice nada de en que acabó la pendencia del destino, o en que jeribeques desembocó la venganza sublimada de Társilo. Lo único que pudo saberse es que cuando algo era pensado, rumiado y digerido en exceso solía decirse en la comarca de Almadormida: "Estás más pensado que la tapia de Társilo" y así debió ser como la venganza se fraguó, sin manos ni aire solo tiempo y pensar.

(144) El dinero negro, el angel rojo

bonhamled 28/07/2007 @ 06:13

Mira a derecha e izquierda y es soeprendido por el ojo del niño que juega, desde la distancia esconde su ser porque envidia el ojo, el niño y la vida. Sonríe mientras en su alma mana un caudal de cascada de dolor negro.

Mira a lo lejos a la madre y al padre, ignorante y sorprendidos ante la estupenda oferta de su empleado. El ángel negro les toma bajo su cobijo y les entrega un cheque. El cheque resolverá sus problemas, su vida se endereza, la falta de trabajo y la depresión huyen. El ángel negro mirando al cielo que tanto le niega firmó el cheque, no volverán a pasar penurias, ni a vivir en un coche, ni a pasar frío y hambre.

Corretea y juega con el niño, pequeño, por el jardín de la casa, sorprendido y sonriente, el niño corretea y riendo, cae, el padre haciéndose el asustado le recoge y le envía al cielo, este le devuelve al hijo entre risas de hijo y de padre.

Recuerda el hombre ajado, con surcos que no son de edad en sus ojos, aquellos días de sonrisas posibles y futuro amigo. Hoy todo al revés, el dolor se le cuela por el cedazo de la vida hasta asaetearle, como acerico, en cada momento. Solo en el momento absurdo de firmar el cheque por los trescientos mil euros vio aletear junto a el, cerca de sus asesores, abogados, médico, mayordomo, un halo eterno y hermético que en algo le recordaba su pasado ya cumplido y caducado.

El hálito verde le persiguió con la prestancia de la locura diagnosticada y, también superada, a su pesar. Perseguía esa idea del pasado enfermiza y dañina como un cazador de mariposas corriendo por las estancias hasta llegar, arribar, a la habitación del niño muerto. Allí el traje que le veía vestir, blanco como el día del pasado, se vuelve a tornar rojo sangre, azul, muerte, verde ponzoña, gris lápida para ser, por fin, negro. El negro de un ángel que solo querría otro hoy y otro ayer, el ángel sin alas y sin futuro que busca la gran verdad dentro de las piedras de las pequeñas mentiras.

Volvió a casa, tras la sinfonía de agradecimientos incómodos y de locura que busca la alfaguara de la felicidad, clamó al cielo, enemigo, por su desdicha, lágrimas que dejaron de ser líquidas y son solo rocas  - legañas que le hieren más que ayudan.

(143) Charla entre amigos

bonhamled 27/07/2007 @ 16:52

Entrecortó su conversación y mi diálogo y como hacía en otras ocasiones mitad avergonzado mitad fatuo dijo:

- Amigo Ismael, es imposible que sin partir de la sindéresis se llegue al buen gobierno.

Mi buen amigo el impresor, dio justo con el punto, sin razón no hay razones.

Tras la loma, mas allá la pedanía de Hería, se acercaba en el paseo vespertino Aparicio, en pleno corazón de mieses y verano de Almadormida, en esa hora peripatética que deja de ser tarde calurosa y empieza a esconderse el sol.

(137) El polinomio votante

bonhamled 21/07/2007 @ 06:03

Era sustancia ya juzgada que todos los votos valieran lo mismo en las elecciones de Aparicio y sus pedanías. Era injusto, no tanto por que la cultura o instrucción, patrimonio o matrimonio marcaran sino para tener en cuenta la sabiduría de la edad y también de la experiencia, lo viajado que estuviera cada uno, la experiencia democráctica y el amor por el progreso e innovación.

 

El Alcalde de Aparicio, el vernista Don Celio Arrasanz, apellido común y de blasón en la comarca, acarició en el círculo de amigos del país fundado por el, un compendio de matemática parlamentaria que reflejase todas estas sensaciones.

 

El dulce lider del partido conservador agrario Don Arturito, siempre fue diminutivo, Arrasate Manz estuvo de acuerdo con todo lo que tuviera que ver con la posesión y la intrucción pero no tanto con el hecho de haber viajado o experiencia democrática como valores para ponderar el uso del sufragio.

 

Por otro lado el iniciático partido comunista libertario de la comarca-sección de Almadormida (Castilla) estuvo muy de acuerdo con el peso de la instrucción, entraba en sus planes sus propias escuelas y refectorios de adoctrinamiento por la proteina para los pobres. Sin embargo el primo del secretario general en la localidad, primo segundo de Arturito Arrasate, Don Tobías Manz y Arrasate desquería el sufragio censitario por la misma razón que Su familiar lo quería. El porque, desconocído.

 

Don Celio del partido radical democrático encontró en esas diferencias democráticas la piedra de toque de la bondad del sistema.Los diferentes errores de las diversas concepciones daban un horizonte, universo o ideario de igualdad liberal muy valorable.

 

Tras mucho estudiar, tras consultar libros de psicología, sociología, estadística pro y antimaterialista y todo cuanto se pudo saber, en aquellos tiempos sobre paradojas y teoremas, entre ellos el de Gödel, llegaron a la siguiente conclusión.

 

El número de votos equivalentes de cada uno de los votantes de la comarca, incluyendo los adustos y lejanos leñadores de Hería sería el siguiente:

Nº de votos equivalentes = la unidad + nivel de instrucción alcanzado (y verificado)+ Nivel económico, demostrado, del votante dividido entre la media de renta en la región + Nivel de renta y patrimonio dividido entre la media del país + edad / edad media de la comarca + Nº de intervenciones en actos democráticos o electorales / número de actos registrados en el ayuntamiento de Aparicio + Nº de países extranjeros o nacionales conocidos / media registrada en el ayuntamiento + la publicación, introducción de artículos, productos, servicios de valor desconocidos en el pueblo/ nº de artículos aprobados y registrados en el ayuntamiento.

Todas estas aritméticas particulares tenían diferentes repercursiones que no eran, como comentaba Don Celio Fontanarrosa a quien se le pusiera a tiro, no del todo negativas, obligó a una mayor actividad política, en ratos frenética en el pueblo, de actos, reuniones, manifiestos, interpelaciones, también a la creación de un cuerpo de estadísticos, burócratas y notarios para revisar y actualizar los valores de votos equivalentes del pueblo y, por último la imperecedera sensaión de estudiar, volar, conocer, abrirse. En esa semilla taumatúrgica es donde se aposentaría el tímido, primero, y luego aciago Goush para atraer el peor mal.

Ese era el fundamento último de la sociedad vernista del pueblo, crear una vivencia particular que sirviera para generar el mayor diálogo directo democrático. Por otro lado como fe y razón se dan de golpes tras cada esquina no acabó de gustar al párroco aunque tampoco le dejó enemigo ya que entre su parroquia tenía casi un poco de cada casa, incluyendo al secretario del partido comunista libertario con el que jugaba dominó al menos dos tardes por semana.

Esas iniciativas y muchas otras dieron a Almadormida una sonoridad curiosa e independiente en la provincia y fue motivo tanto de chanza diligente como de admiración no disimulada por la bondad de sus logros en materia de conciencia social, mejora de condiciones y cercanía de los políticos.

Como curiosidad última debemos indicar que el mayor de los votantes, esto es el votante con mayor peso, fue el coronel retirado de artillería Don Luis Buzones de Manz cuyo voto valía la soberana cantidad de 4,6 votos y el voto de menor importancia correspondía al enterrador de Hería cuyo voto por ignorancia, estrechez de miras, desconocía casi todo, y abotargamiento adocenado solo valía 1,25 votos.

 

De esta suerte las 1342 almas que poblaban Almadormida en los finales de aquella segunda década del siglo se convirtieron en 2950 seres etéreos que convertir, regalar, convencer, discutir pero también educar, dotar, y administrar.

 

La turbamulta o la masa democraticoide se convirtío en el experimento de sociedad electoral de Almadormida en una democracia perfecta donde todos no eran iguales.

(135) El mundo se equivoca.

bonhamled 18/07/2007 @ 05:41

El "Angel" ya no volará, ni ganará más.

El Ángel era aquella voz que más se escuchaba en el arrabal del que escapó. Se oía en los noticieros advirtiendo contra los bandidos o en los pasquines y carteles en favor del estudio de los niños. Siempre enmascarado, siempre vigilante.

El "Angel" sin embargo no volaría más, ni ganará a los villanos en el ring. Hoy, lucha por el campeonato nacional en la arena de Guanajuato. Su cara escondida, anónima, es un anhelo baladí de aquellos que viven entre semana en el conocimiento de la pobreza con nombre y apellidos: la salida es posible.

El "Ángel" dejó su casa por la mañana y fue hacia la cancha, allí el tibio "Salvaje" Cucho Juato, su adversario, se le enfrentaría en pocas horas, ensayarían las llaves sorprendentes, los guiños cómplices, los insultos pactados dentro de un teatro de irrealidad que llenaba los sábados y domingos de muchos en un maniqueísmo taumatúrgico.

El "Ángel"conocido y anónimo fue visto en Televisa rezar en la iglesia de su barriada, también se le vio repartiendo juguetes a aquellos que vinieron de lejos, retirando el alcohol y las drogas del mundo de los jóvenes. El ángel hoy dejaría de ser anónimo.

Angél Catel Lopez dejaría de ser absolutamente anónimo y, por tanto, héroe para convertirse en otro ciudadano pegado de miserias.

Una carta llegó a su vestuario/camerino, una foto de su hijo, y solo una frase, "Déjate quitar la careta, huevón". Sin tiempo para discernir si era broma o amenaza real, la escapatoria hacia el ring fue dolorosa como alambre de espino rodeando a un corazón envuelto en una coraza transparente de músculos. El dejarse quitar la careta era la derrota, la muerte del personaje, el acabarse el sueño justiciero, el volver a la pista de aterrizaje de la vida terrena.

El Ángel perdería aquella tarde a pesar de los cartelones, la alegría de sus fans y de aquellos para los que representaba una esperanza. Si el hijo, el futuro, estaba en juego perdería no cabe duda.

Comenzó la tremenda competencia en el ring con múltiples presas, retorcimientos, vuelos y llaves para intentar llegar al final pactado. En el sudor y fragor educado de la batalla Angel susurra al Salvaje Juato: "Cucho, sácame la careta, han tomado a Angelito y no se que le harán si no me la quitas".

Continúan la coreografías de saltos imposibles, golpes mortales, mientras uno y otro ven, buscan, el cuerpo del niño entre los miles de sonrientes, gritadores, insultadores que les buscan a cada uno. La danza de golpes falsarios, remedos de tremendas lesiones solo amparaba un hablar cercano y una búsqueda.

El Cucho Juato, amigo de siempre, de gimnasio, de correrías, rondas y llantos, le mira a través de su máscara de malvado hacia los ojos, algo quemados del llanto contenido de "El ángel". Mira hacia el fondo del estadio y parece ver al nene en el límite de la cancha.

- Ángel, allí veo al pelado manteca, con tu hijo, no puede ser, es amigo, es un error o una broma.

El Ángel mira y casi no ve por los focos, piensa durante un instante, puede que todo sea una broma malandrina pero aún así, decide ceder o un error del amigo Juato, aún así decide perder.

El ángel, se levanta y se prepara en su coreografía, con "El salvaje" tendido en la lona de goma de neumático a punto de pagar con la derrota sus maldades.

Mientras "El ángel" escudriña el fondo de la gigantesca sala gritante al Pelado manteca, Pedro navaja del comercio de la lucha libre.

Suena en los altoparlantes La canción de la victoria de "El ángel" el mariachi "El Rey", canción de borracheras, amores y desesperanza. Grito de despedida orgulloso, antes de orgullo y estancia, de Jose Alfredo Jiimenez y hoy del hombre que fue "El Ángel" y a partir de ahora solo Ángel Catel López.

"Yo sé bien que estoy afuera. Pero el día en que yo me muera"

Llorando y temiendo, se descabeza de su máscara bufona, en ese tiempo mientras el hijo exclama "Papito", la mayoría de los presentes cierran los ojos para no abandonar el sueño del paladín.

La vista como el hambre es propia y el público haciéndose ciego a la identidad del Angel, al mundo abrupto y agresivo y a la ignominia, prefiere su ignorancia ilusionada a los ojos abiertos de la verdad descarnada.

Ángel Catel López viendo las primeras filas de espectadores tapándose los ojos imita, quizás por última vez y con su verdadera faz, el signo inequívoco de la victoria de "El ángel", el vuelo del ángel que le llevará a la derrota del mal, todos lo imaginan sin verlo.

El altoparlante sigue cantando incluso en este "fuera del guión": "Rodar, y rodar, rodar y rodar"

(133) El ángel negro mata

bonhamled 16/07/2007 @ 05:32

Se levanta tras andar la ciudad por la noche, el ángel.

Vive su vida en la búsqueda de una nada intangible e inasible. Aún así, más allá de la soledad y la locura busca esa puerta secreta a donde le esperan los que le quieren. Los que amó y luego odió para querer con una fuerza que le hizo desestimar su vida, su fortuna, su futuro.

Se acabó el rugido del león, el tañido amable de la voz del niño y, ahora, habiendo saltado la empalizada que recorre la ciudad en busca de una buena muerte o, quizás, de una no peor vida espera una luz, un grito, una redención que no aparece.

El rictus, escaso, se muestra en cada actuar, su lógica voló más allá de su Ítaca en manos del barquero Caronte. Hoy, de vuelta, mira sus manos sucias y con restos de sangre y una nueva sensación: Cree que ha matado.

El suelo le devuelve, con su mojado lluvioso, un reflejo difuminado y borroso, un cuerpo muerto, una vida acabada, una familia trastocada. Un asesino menos, un asesino más.

Vuelve a la cama y en el asiento trasero de su vehículo loco y cuerdo recupera un instante la virtud para arrastrarse y gritar, aullar de dolor y verse vestido de rojo con la luna en el horizonte, o quizás del azul inalcanzable, del verde de la ponzoña, del gris del granito del mausoleo de los suyos, donde tanto quisiera estar para desembocar en el negro que en su aspavisntos reflejan la sensación de haber hecho algún bien. Absoluto, injusto, irrefutable y doloso tanto como acabar de matar y empezar a matarse.