El "Angel" ya no volará, ni ganará más.
El Ángel era aquella voz que más se escuchaba en el arrabal del que escapó. Se oía en los noticieros advirtiendo contra los bandidos o en los pasquines y carteles en favor del estudio de los niños. Siempre enmascarado, siempre vigilante.
El "Angel" sin embargo no volaría más, ni ganará a los villanos en el ring. Hoy, lucha por el campeonato nacional en la arena de Guanajuato. Su cara escondida, anónima, es un anhelo baladí de aquellos que viven entre semana en el conocimiento de la pobreza con nombre y apellidos: la salida es posible.
El "Ángel" dejó su casa por la mañana y fue hacia la cancha, allí el tibio "Salvaje" Cucho Juato, su adversario, se le enfrentaría en pocas horas, ensayarían las llaves sorprendentes, los guiños cómplices, los insultos pactados dentro de un teatro de irrealidad que llenaba los sábados y domingos de muchos en un maniqueísmo taumatúrgico.
El "Ángel"conocido y anónimo fue visto en Televisa rezar en la iglesia de su barriada, también se le vio repartiendo juguetes a aquellos que vinieron de lejos, retirando el alcohol y las drogas del mundo de los jóvenes. El ángel hoy dejaría de ser anónimo.
Angél Catel Lopez dejaría de ser absolutamente anónimo y, por tanto, héroe para convertirse en otro ciudadano pegado de miserias.
Una carta llegó a su vestuario/camerino, una foto de su hijo, y solo una frase, "Déjate quitar la careta, huevón". Sin tiempo para discernir si era broma o amenaza real, la escapatoria hacia el ring fue dolorosa como alambre de espino rodeando a un corazón envuelto en una coraza transparente de músculos. El dejarse quitar la careta era la derrota, la muerte del personaje, el acabarse el sueño justiciero, el volver a la pista de aterrizaje de la vida terrena.
El Ángel perdería aquella tarde a pesar de los cartelones, la alegría de sus fans y de aquellos para los que representaba una esperanza. Si el hijo, el futuro, estaba en juego perdería no cabe duda.
Comenzó la tremenda competencia en el ring con múltiples presas, retorcimientos, vuelos y llaves para intentar llegar al final pactado. En el sudor y fragor educado de la batalla Angel susurra al Salvaje Juato: "Cucho, sácame la careta, han tomado a Angelito y no se que le harán si no me la quitas".
Continúan la coreografías de saltos imposibles, golpes mortales, mientras uno y otro ven, buscan, el cuerpo del niño entre los miles de sonrientes, gritadores, insultadores que les buscan a cada uno. La danza de golpes falsarios, remedos de tremendas lesiones solo amparaba un hablar cercano y una búsqueda.
El Cucho Juato, amigo de siempre, de gimnasio, de correrías, rondas y llantos, le mira a través de su máscara de malvado hacia los ojos, algo quemados del llanto contenido de "El ángel". Mira hacia el fondo del estadio y parece ver al nene en el límite de la cancha.
- Ángel, allí veo al pelado manteca, con tu hijo, no puede ser, es amigo, es un error o una broma.
El Ángel mira y casi no ve por los focos, piensa durante un instante, puede que todo sea una broma malandrina pero aún así, decide ceder o un error del amigo Juato, aún así decide perder.
El ángel, se levanta y se prepara en su coreografía, con "El salvaje" tendido en la lona de goma de neumático a punto de pagar con la derrota sus maldades.
Mientras "El ángel" escudriña el fondo de la gigantesca sala gritante al Pelado manteca, Pedro navaja del comercio de la lucha libre.
Suena en los altoparlantes La canción de la victoria de "El ángel" el mariachi "El Rey", canción de borracheras, amores y desesperanza. Grito de despedida orgulloso, antes de orgullo y estancia, de Jose Alfredo Jiimenez y hoy del hombre que fue "El Ángel" y a partir de ahora solo Ángel Catel López.
"Yo sé bien que estoy afuera. Pero el día en que yo me muera"
Llorando y temiendo, se descabeza de su máscara bufona, en ese tiempo mientras el hijo exclama "Papito", la mayoría de los presentes cierran los ojos para no abandonar el sueño del paladín.
La vista como el hambre es propia y el público haciéndose ciego a la identidad del Angel, al mundo abrupto y agresivo y a la ignominia, prefiere su ignorancia ilusionada a los ojos abiertos de la verdad descarnada.
Ángel Catel López viendo las primeras filas de espectadores tapándose los ojos imita, quizás por última vez y con su verdadera faz, el signo inequívoco de la victoria de "El ángel", el vuelo del ángel que le llevará a la derrota del mal, todos lo imaginan sin verlo.
El altoparlante sigue cantando incluso en este "fuera del guión": "Rodar, y rodar, rodar y rodar"