Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis Píde la luna en Zebehar

Categoría: Cuento

(124) Pugnacidad y punicidad

bonhamled 04/07/2007 @ 05:33

Se ríe con su rictus inconexo con un mugido o bramido más de hiena que de humor. Mira el sobre en la mesa, mira a la mujer sin escrúpulo esperando que le reconozca en el futuro y asesta el golpe caudal al marido.

El cuello se abre y empieza a brotar, como un gorrino, la sangre. El maltratador está muerto. Se acerca a su oído y le susurra:

"Soy el angel negro, te mando al infierno donde dentro de poco nos volveremos a ver las caras".

El marido, borracho, agresor, violento mira asustado al cielo que se vuelve blanco, mientras se despide, la viuda que entre pequeñísimas lágrimas mira al corpachón tremebundo del ángel negro.

Este susurra a la ya viuda: le dejo ahí eso...

Recoge del suelo unas pocas astillas de la puerta rota, mientras comienza a manar un pitido de sirena, poco a poco, abundando en el delito y la muerte baja la escalera mudándose de blanco sonriente, rojo ira, azul cima y verde repugnancia para gritar fuerte y aullido a una luna que no deja de estar.

Su locura se vuelve grande, sus guardaespaldas le toman casi sujetándole y escapan a velocidad, el día siguiente su gestor tomaría nota de los trescientos mil euros gastados.

El ángel negro murió aquella noche, para renacer las siguientes con un dolor de fénix que se convertía en muerte de otros cuando solo añoraba una muerte suya que debió ser cuando la de los suyos.

(121) El ángel negro

bonhamled 30/06/2007 @ 07:57

Grita hacia el cielo como un lobo, con la piel rota y gris, el pelaje ajado y arañado, el corazón roto en mil pequeños trozos de puro vidrio cristalino.

Tiene un corazón roto en sus manos y unas sienes que golpean y son percutidas con la ferocidad de un hefesto en su yunque. Muere en cada instante licuándose, destilándose en el dolor más negro, viscoso y tremendo del mundo y la vida.

Gruñe al mundo y aúlla a la luna, el sol le sorprende en su cama entre dolor, suciedad, dolor y muerte. Quiere la muerte y desaparecer mientras un velo rojo se cruza en su mente.

Se viste y sucio, torpe, ajeno recorre la ciudad desesperando en encontrar una muerte tranquila pero esta, como tremenda metáfora de un otro sísifo, le es negada: anda, corre, vive y muere pero sigue respirando.

La sonrisa está emigrada, exiliada; el rictus se apoderó de una gran parte de su vida necrosándola, matándola, acabando con ella. Mientras tanto vive en un dolor de hierro retorcido, alambre que ata y hace sangrar.

Los ojos en sangre, las manos en sangre, las vísceras sangre, la muerte en sangre y un deseo en el semblante, la muerte, la vida, los suyos, la muerte, la evisceración y emasculación de una vida que por horrible se convirtió en insufrible gólgota.

Una noche pasa, la noche de los quinientos días, de la muerte y al amanecer, loco, cuerdo, muerto, solo, decide actuar y ser ángel.

Pero aún así está loco, muerto, cuerdo, solo y se viste con un perfecto traje rojo, un rojo para morir, para clamar a un diablo que le devuelva a su familia, que se lo lleve junto con su alma putrefacta a su lado. Nada consigue de nuevo.

Gruñe y aúlla al cielo enemigo, a la luna lejana, y se mesa los cabellos hirsutos y la barba crecida para desestimarse, para desquererse, para asesinarse y volverse a matar, un millón de veces como ruego y prez imposible a un Dios que dió la espalda y a un diablo que ejerce de sordo.

Mira, de nuevo, al cielo y ve un guiño, un porque lejanísimo, mira a la tierra y le da un nuevo guiño, pobre en su locura, en su soledad, en su muerte diaria destilada como el bello vino carmesí del dolor sin fin de la ausencia. Recupera la cordura, un hilo, un ronzal, una atadura misérrima para, vestido de rojo, buscar un mañana que no sea la muerte fría o caliente de sangre.

Mira al cielo y aúlla menos, busca en el guardarropa de las vidas pasadas un traje negro y una vida algo menos dolorosa. Mira a su alrededor, el muro, la vida, el fuego, las casas, el dinero, la borrasca y decide vestirse de negro, en invierno y en verano, impoluto como erlenmeyer de laboratorio, como probeta, como vida echada a perder.

Arrancará tras agotar el hígado con el alcohol, la vida con la heroína y el sueño con la marihuana en un nuevo mañana también mentira y también muerte pero, sobre todo, buscando una verdad que, un rayo de locura o visión le dejó. Un ángel negro en busca de una verdad blanca.

(110) Historias de un barrio

bonhamled 10/06/2007 @ 07:02

“Para Pepita en el día de su cumpleaños de parte de quien ella sabe”, cantó, cuando iniciaba la música pegadiza de la radio.

Pepita escucha la sintonía de la radio, sorprendida por el descaro del joven que la ronda mientras se escapan las risas y los codazos del taller de modistillas en el que trabaja. La ventana deja huir el murmullo de jóvenes e hilvanes y sube, por el patio de luces hasta el lugar del enfermo, el del espíritu de acidía escondido por semanas y enjuto como muerte trigémina.

El suicida escuchó en la tarde de la primavera esa muestra de amor adolescente. Aflojó la soga arisca y áspera y quedó pensando mirando por la ventana. Quizás mañana fuera otra cosa, el sol comenzaba a ponerse. Tiró la soga con ínfulas y pretensiones de asesina y pospuso, a menos un rato, su Némesis saliendo a la calle.

madridplazadelascortesprincipiossigloxx1.JPGLa noche, que todo lo teñiría de negro, lleva al avieso trapero a la búsqueda por los cubos de basura de la ciudad, los traperos indispensables recicladores en el tiempo donde el reciclo es el autometabolismo metempsicótico de la gran ciudad que se despereza de resacas de bonanza y tristezas de guerra.

El trapero recoge papeles, ávido, metales variopintos, extrañas latas llenas, curiosas figuras manchadas del cotidiano alimentario, y, entre ellas, cuerdas, cordeles, hilos, cabos, sogas, maromas simples o deshilachadas, correas no muy gastadas. Esas sirgas o ronzales de arte desconocida sirven para atar, cerrar o colgar los aparejos que en el mundo acompañan. Rezonga, cansado, el trapero por la mala suerte, y en un instante casi sin pensarlo y añorando un vaso de vino adormecedor, blasfema a voz audible creyéndose solo.

Tras una esquina y algo más adelantados al trapero sucio y triste se reconvienen dos vecindonas:

- ¡Dios, mío que desverguenza! Doña Paquita, ¿ha oído usted la blasfemia horrible de ese hombre?, Si viésemos un guardia le daba parte, ¡que insulto y que vergüenza!.

- ¡ De verdad, no se donde vamos a llegar!, la culpa la tienen todos esos sindicatos y gentes que animan y levantan a los maridos en los trabajos. Sin ir más lejos, Doña Engracia, andaba yo paseando con mi Proscopio por la Ribera de Curtidores cuando una barahúnda de muchachos salió corriendo, pero no eran muchachos sino trabajadores de “Esteña”; la fábrica de tejidos y tapices holandeses…, a poco nos aturrullan con los guardias siguiéndoles, fíjese que nos hubimos de esconder en un portal que se abría.

Se llevaba la calle a las amas sepultadas en sus conversaciones canónicas y sus críticas fractales, siempre con el trasfondo del vino bebido en exceso por los maridos. Buscaban la Ítaca de chiscón, cisco y buhardilla sin aseo en la cuesta arriba mientras se cruzaban con un hombre, taciturno, triste, amargado pero con un rayo de luz asomándole tímido en el semblante.Andaba hacia no se donde y venía de no se sabe que quebranto dañino.

Don Luis de Leza y Cardones había estado a punto de suicidarse, su quiebra física, su rotura moral, la pérdida de su hijo y su mujer en una atentado anarquista y la tristeza del sentirse solo le había llevado al camino al Damasco de la negación de su vida. Arrastraba los píes despistado y desnortado buscando un que, un cómo, un quien difuso que no se le aparecía como hada por lo que seguía andando hasta que apareciera la pieza que le faltaba muchísimo en el puzzle.

En la otra acera, y mirando el último atardecer del día, andaba Andresito Bueneras con camino de la ronda de la Estación. Buscaría a Pepita para que a fuerza de guiños, y eludiendo la vista de la madre, hacerse señas cómplices de la inteligencia de la dedicatoria de la radio. El “pollo” subía la cuesta hacía el Madrid más castizo como unas castañuelas silbando y cantando de hito en hito.

Topó por el suelo con un pequeño billetito, en su andar alegre y trotón, una carta de amor desprendida de un blanco brazo perfumado o de una cartera de artero enamorado. Se dispone a leerla en un paso más menguado. Recuerda a su Pepita con devoción y llama adolescente y cualquier inspiración algo más literada le sirve de acicate para endulzar las palabras que le dirá o que les dejará decir, que siempre coinciden no siendo lo mismo, a su amada.

Lee, sonríe y piensa las lisuras mientras se acerca. En la puerta del taller de modistillas Doña Engracia, vigila y asiste a su hija, despidiéndose, al paso, de Doña Paquita que acude presta a preparar la cena a su Proscopio. Proscopio pierde el tiempo, en esos instantes de la primera noche, con un desconocido en la taberna “el Rey de los vinos”, un loco Quijano que se llama Luis o Luisillo y que en su borrachera dice haberse querido suicidar ese mismo día. Proscopio no tiene prisa en irse, es convidado, Luis Leza pierde su vida en los hilos del hígado por no molestar con equilibrismos de soga y viga.

Por desgracia para Andresito se adelanta Doña Engracia a las intenciones del pollo dedicador y este, en retirada, recula hacía un callejón. En el recoleto y oscuro tramo, hogar de tristezas, ladrones y ocultos, el trapero rebusca entre unas mantas tiradas en el suelo,un futuro de posible fortuna y victoria, ninguno encuentra nada.

http://estrella.lamatriz.org/desvan/MadridplazadelasCortesprincipiossigloXX1.JPG

(108) Casos de precipicio literario

bonhamled 08/06/2007 @ 05:23

Abrió avejentado la cuartilla y tomó, por esas cosas del aburrimiento y el horror vacui, un libro suyo de los que dejó de regalar a amigos aunque debía haberlo hecho, incluso a esos menos amigos.

Abrió al azar su tercera novela, “los Idus del barro” y repasó un párrafo que comenzaba “ Teresa anduvo largo trecho por el paseo de los cerezos, su familia, incluyendo a los Ortiz de Lazarure, se reunían en la vieja cervecería. La crisis amarilla se avecinaba…”

Pensó: ¡que triste!, ¡que mal resuelto!, ¡que poca gracia y arte, podía haber hecho…. Callaba y en su cerebro se marcaba la trayectoria pirotécnica de un cohete de ideas, uniones, recuerdos y connotaciones graciosas, efectistas y bonancibles. ¡Que horror!, sin tiempo para corregirlo, sin tiempo para publicarlo, sin tiempo para vivirlo. Recordó las vicisitudes de publicación de aquella novela, primero cuentecito y luego estirado con algo de arte y un mucho de necesidad económica en París hasta la novela a la que le sobrarían, de manera sencilla, al menos cuarenta páginas.

Volvió su aburrimiento a su página en blanco, se trasnochaban por la otra carilla las letras de contabilidad de la resma. Tuvo que volver la cara al libro y buscó en la página ciento noventa poco más o menos el texto:

“Kuriashin” saltaría la trinchera en cualquier caso. El amor como el odio era un fiel que no definía aquellos tiempos. Cargaba los corderos entre bramidos de bala y se dirigirían, el camión traquetreo de intendencia, al otro campo donde los fieles les esperaban. ¿Cuanto tiempo llevaba pensando en Teresa?, ¿Cuántos cupones tendría?, ¿Quiénes se jugarían algunos de los cupones robados a la baraja?. Miraba por la ventana los fragores.

Sonrió, el escritor, porque vio en el escaso texto la definición del cuento, la unidad más conseguida, incluso con ese “pulso onírico” con el que algunos críticos ramplones y acomodaticios le jalonaron el nombre en el aldabonazo de su carrera. Le gustó, sin embargo pensaría, ¡que pena!, ¡que tristeza y que horror!: ¿Seré capaz de volver a escribir igual? O me perderé entre barcos blancos de espuma blanca en el blanco mar de las hojas vacías y la necesidad imperante en el ring-ring del editor. ¡Que pena de contar!, ¡que pena de decir, que pena de escribir estando esclavo de mi vida y mi obra!. ¿Qué me queda sino…?.

Se levantó de la mesa y fue hacia el mueve bar de donde sacaría un par de pastillas de color amarillo mortecino y el aroma y el brío maderero inconfundible del Whisky para ahuyentar fantasmas, para atraer musas y, si se tercia, parcas.

(106) El fusilamiento

bonhamled 06/06/2007 @ 04:29

Me levanto, me ducho, me visto, desayuno, me voy a la oficina hasta la hora de comer, como y retomo el trabajo hasta las seis, vuelvo a casa, veo la televisión, ceno, me desnudo, me quito los calcetines, me pongo el pijama y me acuesto.

Me levanto, me ducho, me visto, desayuno, me voy a la oficina hasta la hora de comer, como y retomo el trabajo hasta las seis, vuelvo a casa, veo la televisión, ceno, me desnudo, me quito los calcetines, me pongo el pijama y me acuesto.

Me levanto, me ducho, me visto, desayuno, me voy a la oficina hasta la hora de comer, como y retomo el traajo hasta las seis, vuelvo a casa, veo la televisión, ceno, me desnudo, me quito los calcetines, me pongo el pijama y me acuesto.

"Por la potestad que me confiere el estado de XXXXX queda condenado a la pena capital por los delitos de alta traición, venta de secretos militares, espionaje y asesinato por lo que le condeno a que sea fusilado en el penal de XXXXX en un plazo máximo de un mes desde la fecha de firma de este documento, en XXXXXX a 14 de Diciembre de XXXX".

J veía el juicio y se sorprendía, el, paciente oficinista, asesino, asesino y espía, asesino, espía contra su país. Era imposible era una terrible equivocación, una trampa, un juego.El traidor J. abandonó la sala solemne de las sentencias militares y discurrió resistiéndose junto con dos soldados fuertes que casi le llevaban en vilo hasta la celda del juzgado.

- Pasó la noche pensando, ¿Cuando vendió secretos?, ¿Porqué vendió secretos?; no recordaba nada, era un error, era una estratagema y una trampa contra él, pero.. ¿Porque?, ¿Como?.

De repente miró al suelo y sorprendió a sus pies desnudos: "Estoy soñando ndo, estoy soñando....". Ese alegre descubrimiento le cambió la faz de los descubrimientos, en pocos minutos, el despertador sonaría, se levantaría, se ducharía, se vestiría, incluyendo sus calcetines, desayunaría, marcharía para la oficina, comería, trabajaría hasta la hora de salida para venir a su propia casa, ver la televisión, cenar, ponerse el pijama y acostarse.

Sonreía esperando ese momento redentor, sin embargo en el exterior de su cabeza el capitán que mandaba el pelotón ordenó tajante: "Apunten....."

fusilamiento.jpg

http://cubanology.com/images/Other%20Pictures/fusilamiento.jpg 

(97) Los jóvenes gárrulos

bonhamled 29/05/2007 @ 04:41

Los jóvenes que se acercaron al viajante pelirrojo se volvieron gárrulos, palabreros pirotécnicos y acogieron con la superioridad abyacente de aquellos que se creen en posesión de la verdad, no una sino la única.

Los padres de los jóvenes, de Calixto, los Tererías, los del Molino, los Dantes, etcétera temían que el atractivo patrón de las moscas fuera en el fondo un espécimen de esos nefandos que, contra natura, requería y animaba comportamientos negados. No fue el caso, ni ese ni ningún otro, y fue por medio de la literatura sesgada, las discursiones viciadas de falacia y una cierta habilidad, era su oficio, de vendedor ambulante los llevó a su terreno: la verdad como inconmensurable camino para la mentira.

0125392b.jpg

Pasaban los meses y su grupo de teatro o de estudio, quizás de lectura, nunca de oración, se reunía martes y jueves con pulsión y el pálpito del mosén que se maliciaba lo peor. El sacerdote había sido excomulgador y conjurador de aquelarres, también recuperador de poseídos y de visiones extrañas. Ahora acababa sus días, nunca se supo el porque, en Aparicio y comarca, donde sus iglesias y sus santos aguardaban mientras los ángeles torpes y bisbiseantes del último viento Rido jugaba con badajos y mecía melenas dando a entender que doblaban las campanas sin serlo.

El padre Aguard miraba a los jóvenes y su pasado se le manifestaba como agua clara, el mal se cernía.

Fotografía lunar: http://www.infobae.com/adjuntos/imagenes/53/0125392B.jpg

(96) Sentado en el despacho

bonhamled 28/05/2007 @ 05:24

normal_ciudad_de_frank_r_paul.jpg

El ataque había sido coordinado, el error dirigido y concernido era imposible.

 

Desmond Abarra desde su despacho no compartido veía en su ordenador como los archivos caían y desaparecían, estudios valiosos, por suerte guardados, y fechas y datos de psiconética que desaparecían en la inmensidad anentrópica de los ordenadores centrales.

 

Esos datos serían recuperados días después y volúmenes ingentes de googlebyes restituidos y recuperados. El coste de ese almacenamiento instantáneo, inmenso, era también muy grande pero UN8r) debía y quería mantener ese estudio de los antiguos sacerdotes-matemáticos actualizado. Hasta cierto modo era la base del multiestado planetario, hasta algún punto, junto con el ejército-policía, permitía que no colapsase el modelo nacido tras la última guerra por recursos. La democracia.

 

Algunos grupos radicales o terroristas pagarían todo su petróleo fosil restante o parte de las esmeraldas de uranio por conocer que el colapso, provocado pero no predecible del error en Materión, se daba a sus ojos y en aquellos momentos. La frase era sonora pero peligrosa: “Durante un par de días no habría ley”.

 

(95) Los inicios de la saga

bonhamled 27/05/2007 @ 05:42

Las leyendas que durante el siglo XVIII y XIX recorrieron las comarcas de Almadormida y Hería hendían con su bastones, cayados, los caminos. Su parla acompasada y llena de mensajes, consejos, moralejas y cuentos se trufaba de esos relatos de ciego, a espaldas de la iglesia y los alguaciles. Esos romances de cordel en pliego recuperaban entre malas impresiones e imágenes repetidas el romancero de la leyenda turbia.

 

tormenta.jpgEn esas leyendas, bebiendo y comiendo de ellas, la gente de Almadormida y los leñadores de Hería crearon toda una mitología mustia de magias y maldiciones que recuperaban y cubrían envidias y pecados más confesables.

 

La muerte al borde de una linde o un camino, la desaparición de doncellas y la muerte de hijos, el agostamiento prematuro de los cereales y la falta de agua se vinculaban a esos conjuros, a esas personas siempre transeúntes, siempre vendedores, siempre algo ladrones.

 

Todas esas esencias tardías, antiguas, conformaban el olor a flor de rebufo en toda Almadormida y aunque en Aparicio, la cabeza de partido, la laboriosidad de sus mercantiles y la abundancia en los coloniales ahuyentaba esas nubes y nieblas, en los campos la ignorancia, sobrevenida y a veces forzada, llenaba las cabezas con un algo de locura, sobre todos en tiempos de fuerte viento rido, con acedías taciturnas y de pecados perennes y pendientes.

 

El alcalde de Aparicio y sus vernistas del círculo de progreso trajeron una luz que iluminaba apenas unas calles, unas cuadras, unos metros alrededor de ellos. Trajeron libros, algunos prohibidos, se preocuparon de ideologías liberales y liberadoras e, incluso, hicieron intentos de constituirse en sociedad benefactora del país mediante la conversión y, en un singular momento, desamortización de ciertas tierras de algunas personas.

velascoamapolasiglesia3.jpgFue todo un error, un error fatal y banal, un pequeño delito, una falta aparente, un desencuentro de llama y una agresividad salada en la calle previa a los tiempos de la república lo que desembocó enl a maldición que aún hoy pocos se atreven a recordar..

El aciago pelirrojo, venido de lejos, bebió de esas leyendas incrustadas, de ese intento de cabalgar el miedo y el interés y junto con sus párvulos acólitos, triste, pequeños, jóvenes, muertos. Miraban el pueblo y miraban a los cielos, los muchos diciendo: “Míralos, son nuestros antepasados”.

 

Tormenta:

 

Imagen del campo con amapolas: http://leiva.blogia.com/upload/Velascoamapolasiglesia3.jpg

(87) La escalera

bonhamled 20/05/2007 @ 18:14

- ¿Sería capaz de manifestarle mi amor? - Se preguntó moreno y enjuto.

- ¿Seria capaz de entrar en la tienda, en la groceria, y decirle a Laurita que la amo?. - Retórico sufriendo como relog ante el juicio final.

Se contestaba: "es imposible, el amor no esta hecha para este ecuatoriano chiquito y pobre y esa puertorriqueña alta y orgullosa. La vida no es tan bella".

"No tengo donde caerme muerto y ella heredará la tienda del padre"

Sin embargo en el calor del verano de Nueva York, y con el sudor de la vuelta al trabajo oye huido de una radio lejana: "Samba pa ti, Volveré a la vida, volveré...."

usa_flagg__united_s_217261g.jpg

Mira al cielo, un ciudadano le mira con el desdén hacia el extranjero, y piensa:

"Voy a intentarlo".

Edwin sonrió camino feliz de la lavandería a donde llegaba tarde a porción del sueño americano.

Foto: Unum et Pluribus: http://pub.tv2.no/multimedia/na/archive/00217/USA_Flagg__United_S_217261g.jpg

(83) El naufrago de Solentiname

bonhamled 18/05/2007 @ 05:30

Abandonó terno negro y tomó unos pocos pinceles, unos lápices casi sin punta, una pluma y un alimentador de tinta.

El avión lejano, lejos, una maleta casi vacía, un despertador toro, unos zapatos de suela de cartón, unos pantalones viejos y vacíos y algunos libros, tesoro impenetrable eran su caudal iniciático.

En Managua sus ahorros pequeños le obligaron a tomar una guagua hacia la costa, allí , en Granada, tomaría una barca, un velero, un vapor, un sueño tecnificado que le llevaría a Solentiname, el sueño apariciano del arte, el pensamiento y la utopía. Una isla Atlantida rodeada de tierra.

solentiname.jpgLos primeros pasos, difusos, fueron de ceniza de cendra, pobreza en hojarasca y humedades que calaban pero una vez que el sol se hizo y llego a su casa vió y previó su universo tahitiano a lo Gaughin.

Escribiría novelas situadas en Chicago o en el corazón de Almadormida, pintaría universos ciudadanos, panoramas indianos y paraísos tropicales, buscando una felicidad como Norah Borges, .

Llegaba con su cara blanca, su alopecia algo más que incipiente, con sus manos sarmentosas sujetando sotil su maleta atada de correa. Ometepé, La venada, descargaba su humanidad repleta de pasado y, sin más recoveco, la primera vez que salía, sudoroso a la calle secundaría donde se escondía su pensión en Altagracia era asesinado de manera hipnótica como un grito de hipo.

El asesino, apresado por las autoridades y juzgado a muerte posteriormente, solo acertó a decir: "El diablo rojo, el diablo rojo". Pasaba la comitiva de los vehículos en dirección a la cárcel con el matón. Mientras en la montaña un petroglifo irisdescente, arcano y profético señalaba la llegada de un hombre blanco de más allá de las tierras verdes de los dos volcanes.

 

Foto: http://www.nicatour.net/nicaragua_imm/foto/solentiname.jpg