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Categoría: Fuego

(381) Se va el verano

bonhamled 29/10/2009 @ 07:43

El sol se pone en esa etapa donde el verano no está del todo olvidado pero el fresco abundado ya rememora un lejano e invernizo otoño. El sol se esconde entre rojos, morados y violetas solemnes y espectadores, en muy poco, en un casi nada instantáneo el cielo se cubrirá del espacio plano y negro del infinito desconocido.

Miro al monte a lo lejos, a sus retamas, a sus gramas, a sus lavandas y al olor fragante que se escapa con el calor del sol como un perfume caro y abierto. Se marcha el tiempo como el halo de un caracol, se acerca la noche con ese frío rememorante. El tiempo se viene encima, todo ha acabado, ahora once meses de cortina herrumbrosa y subterránea de incómoda rutina, casi sin soles, sin días, sin aires y sin espacio, una masa mocosa de tiempo, responsabilidades, prisas y vida que se va.

(380) La puta tos

bonhamled 23/10/2009 @ 19:48

Llevo casi tres días tosiendo sin parar, antes, mucho antes, un constipado mal curado, puede que bronquitis me tuvo dos semanas moqueando, con frío y algo de fiebre. La calle gría y gris no ayuda.

Paso el día tosiendo aquí y allá, tosiendo camino del trabajo, tosiendo sobre la mesa y frente al ordenador, tosiendo en los pasillos y ascensores, en las reuniones, en las comidas y en el metro. Es una tos terrible que a veces se engarza, como cerezas o, mejor aún, como cuentas de un rosario y me llegan a hacer vomitar, pretendiendo sacarme los ojos de sus órbitas.

Toso de día y me crispa los nervios pero de noche, además de dormir sentado y con esa sensación de no tragar que me rebela, una sinfonía de pitos parásitos envenena el silencio dulce y rígido de la noche. Violines perversos, trompetas desgastadas, arpas disonantes, un concierto de alegoría siniestra que desde dentro del fuelle de mi pulmón desequilibra mi sueño, mezcla como en mal combinado, el mundo onírico y la realidad sorda, tosiente y nocturna.

Paso la noche levantándome, sentándome, desesperándome, cansado y, sobre todo tosiendo. Toso... ahora mismo he tenido que parar porque toso. Este episodio dura más de un mes y no acaba. Mi natural renuencia a los médicos y las medicinas han sido el inicio de todo esto. El no conjurar esta pequeña maldición con una medicina y el estrés de un trabajo que no me deja respirar, nunca mejor dicho.

Respiro y oigo carracas extranjeras, pitidos metálicos y rechinares de engranajes que no engranan al estar llenos de arena. Escucho, rugidos de león y bisbiseo de serpiente. Los escucho a cada momento, cada inspiración, trece por minuto como decía aquel poeta, trece cada segundo como el avatar de ola rompiente me lleva a pensar en mi mente cansada por el poco sueño y la mala sensación.

(374) El perro de segunda mano

bonhamled 17/09/2009 @ 18:02

Quien no mira a las marquesina de los autobuses, transparentemente translúcidas en su suciedad y ve a las personas, el devenir de la sociedad mientras nos zambulllimos en ese vórtice que se llama aburrimiento de la cotidianeidad.

Incluso ese espejo imperfectísimo nos devuelve unas líneas pequeñas reflejadas de nosotros mismos, esperpento en el callejo del gato de la vida, y ahí nos coloca entre los otros, prescindibles "otros", esperando una corchea que desentone, un agujero negro que absorba o un milagro que encandile.

En esos instantes me sobreviene a la mente, azorada de angustias que son cadenas y depresiones que son anclas, si la vida no será como comprar un perro de segunda mano. Un perro al que ya han querido y al que los amores actuales siempre serán interinos, secundarios, menestrales. Un amor que ya ha conocido el desvirgamiento del reconocerse, del hacerse y ahora solo entiende de un algo ya poseido, un amor ya constreñido en los pliegues rígidos del pasado donde las virtudes se han desgastado y los vicios cortan como aristas.

El perro de segunda mano, bello, pero viejo, solícito, pero a otras fidelidades, es un trasunto parduzco de la vida, que parece que ha querido a otros antes que a nosotros y que solo nos quiere como obligación consecuente con el hecho de comprarnos, sospechosa de necesitar un amo/esclavo al que vincularse con el fin de vampirizarle, con ese tufillo fétido de color verdoso claro, la vida, las ilusiones, el tiempo, las ganas.

(364) Llorón

bonhamled 18/06/2009 @ 05:44

Cuando ella murió, se fue, siguió viviendo en otro lado, quizás otra dimensión, quizás la próxima esquina comenzó a llorar.

Fue un llanto torrencial de monzón, fue tormenta de verano, fue ciclón caribeño, fue huracán de sensaciones y lluvias saladas. Las lágrimas se secaron, los segundos de llanto pasaron y se convirtieron en meses pero el llanto seguía como un Guadiana esperando un brotar aquí o allí.

Siguió llorando lágrimas secas, rocas lunares del dolor que arañaban su lagrimal y su corazón antes tocado de ala de libélula. Siguió llorando aunque seguían levantándose, desayunando, trabajando, comiendo, dormiendo.

Un día volvió a brotar ese llanto pero ya no fue tormenta sino leve llovizna, que provenía de arriba, de abajo, de lado, movida por el viento desconocible del tiempo, de la situación, del mundo. Dable a la autocompasíon y al daño, el dolor se hizo caracola inmarcesible en su interior, caverna dentro de una cascada de agua sutil y sucia.

Seguía llorando, orvallo, txirimiri, lejano, con un rugido pulmonar, en las tardes de bombillas de poca potencia en otoños en calles estrechas de barrios populares. Gastó su llorar aquí y allá, dejando charquitos junto a las paredes, dentro de la bañera llena de agua, en un instante de lejanía entropica.

Siguió llorando y siguió llorando hasta el día en el que decidió dejar de llorar. En ese momento, se paró un instante y se quedó quieto. La gravedad y el puente hicieron el resto.

En ese momento otra persona comenzaba a llorar.

(363) Miradas

bonhamled 15/06/2009 @ 00:01
Se columbra entre los haces de Flickr la historia.
Enfrenta egos, verdades de vergüenza y el hielo picado de las almas abiertas.
El tiempo escuálido, encarnecido y atormentado en su asincronía.

El hoy fuera de su duque de Alba atmosférico de xenon y plástico.
Miro las fotos y me enorgullezco de estar, otras veces huiría a un campo de hierros y espinas, en alguna más tomaría un camino turbio cerca de la ruta 66. Al final, idas y venidas de espectador –persona.

Las aladas veleidades de este zeitgeist taciturno y aleatorio me duermen, me velan, me despiertan, me arañan. Son andamios elevados que sostienen cartelones cargados de un algo efímero pero muy vital.
Las personas lejana, vividas, vacía, personajes, cántaros sin agua dirigen su batir atajado de alas de álbatros por entre las barriadas temibles de la expansión, el pensamiento y la filia.
Es un tiempo de mucho dato, poco tiempo y menos gana.

(362) Aquí, ahora

bonhamled 08/06/2009 @ 05:47

Pasa el tiempo y, de repente, ya me encuentro aquí.

La puerta está allí y aunque me duele un poco el costado, es más un recuerdo presente que un dolor real.

Difumino lo que veo y veo lo que no estoy mirando. La situación es extraña.

Sin embargo parece que este tiempo eterno del narrador en primera persona se acaba.

Pienso y miro, callo y escucho mi respiración lenta, quieta, tenue, escasa, silbante y percusionada de negros caballos al galope

Me voy escapando tranquilo y pienso de nuevo.

Queda poco y pienso: ¿tengo que temer?

Nunca hice a nadie daño, casi nunca me traicioné y cuando lo hice yo lo sufrí.

Me mantuve quieto y firme junto a lo justo. Me levante y mantuve la frente de cara al futuro sin el miedo que, ahora se manifiesta casi infantil.

Miro al presente y al pasado y, tranquilo, sospecho algo bonancible.

Nada he de temer, lo que encuentre o vea no habrá de ser perjudicial. Si así fuera se demostraría, ya lo sosprecho, que todo lo anterior es falso.

Me esperan conocidos, personas que me quisieron mucho y que yo seguí queriendo aun cuando se fueron.

Quizás hacer lo que se debe merece la pena, quizás no hacer lo que se piensa es una traición mayor que marcharse sin quererlo.

Quizás mantener la cabeza firme solo sirva para poder contar sin un miedo pánico, sin una desesperanza cinética y tremolante: cinco, cuatro, tres, dos, uno.

(358) La llave gris y vieja

bonhamled 10/05/2009 @ 07:48

Necesito romper esa llave, fris, vieja, desgastada, perenne, contundente. Es un hecho físico de la estancia que se hace, a ratos, impredecible y, otras veces se viste con el alambtre de espino de la angustia. De ese esperar lo terrible para, al final y al punto, convertirse tanto en realidad que realimenta el maldito vórtice de nuevo. Soy un pequeño especialista en estos pequeños dolores de vidrio en la boca. No los añoro, no los recuerdo, simplemente están ahí como una fractura los días de lluvia.

Espero volver a sentir franco y libre sin esta atadura que me lleva, me arrastra y es áncora en mar embravecida, me roba la fuerza, la vida, el tiempo, el año.

Quiero gastar la vida en asuntos, vivir en afanes, conseguir o perder sin miedo, andar y cansarme para evitar este absurdo mundo donde el instante siguiente parece un espejo de esos laberintos antiguos de espejos transparentes con los que siempre te topabas de narices.

Quiero romper ese juego terrible, consolidado, cuajado como huevo roto en huevera de cartón amarillo, quiero ser libre, quiero pensar libre, quiero afrontar el mundo de otra manera, sin ese tufillo verdoso del miedo, de la angustia, del deterioro temprano.

Quiero leer sin que la prisa me pueda, quiero hacer sin que la obsesión se pose, quiero andar sin ser una espina para los que me rodean, quiero no sentirme un cuchillo, un punzón, un mazo. Quiero mirarme al espejo y no encontrar la carcasa externa de un enemigo, que es lo más cercano que tengo a rodearlo y sitiarlo. Quiero vivir, porque esto es solo un intermedio entre otros hechos, otras circunstancias, una perdida de tiempo sin mas.

(352) El explorador

bonhamled 12/04/2009 @ 19:27

Decidí abandonarme en una columna en un desierto y, al tiempo, deambular por los campos y páramos inmensos de tu mundo recoleto.

Anduve por pequeñas montañas, collados húmedos y frágiles, flexibles y eternos mientras un grito, un suspiro o un estremecimiento de terremoto me dejaba verte allí arriba, en un cielo en el que siempre has estado.

Miré la blandura de tus senos, el universo claro de tu vientre creador, tus piernas que dejaban ver un secreto, un secreto digno de los mejores Livingstones.

Mientras auscultaba, revisaba, tu mundo más interno, otro nuevo se acercaba a mi, quizás con los olores de la selva, de la montaña, de la urbanizada Europa, de la lejana Asia. Un olor de vida y muerte, tiempo y vida, jugos, licores y sensaciones. Un lugar donde el tiempo tenía consistencía. La consistencia melosa y untuosa de una caricia verdadera.

Era un camino, un demiúrgico volver al brillo rutilar, una sensación de dar para recibir multiplicado por millones porque el dar era un denunciar sencillo, oral, amable, cariñoso y el devolver era filosófico, atemporal, clarividente, egregio. Andaba el camino con presteza de arriero, con tozudez de herrero, con fe de carbonero, con decisión de asesino.

Seguí buscando en estas lomas, en esas vaguadas, en aquellos escarpes, en esos otros pasos, precipicios o durmientes leones. Intentaba hallar el llanto, la vida y el canto de la primera mujer. Seguí buscando, a desprecio de un egoísmo egoísta, el oro sin duda del camino al Olimpo, el tuyo.

Tras la travesía por jardines, por orondos y frondosos campos de naranja, por salados manantiales de agua pura, por rugosos y dulces campos de amapolas o margaritas, por sensaciones de tiempo y de vida llegué a aquel vergel, al lugar último de la pequeña muerte, de la gran vida. Arribé con el ánimo de un Aladino ladrón a la puerta del tesoro que se me abría. Vislumbrando oscuro un mundo con música, tiaras  doradas por doquier y pifanos rugientes, durmientes y sibilantes. Un barroco mercado árabe me daba la bienvenida, una inteligente espesura de tiempos y datos, un mundo curvado como visto desde un barco, un tiempo que se vivía elongado en cada segundo. Un abanico de amanecer que se me abría frente a los ojos con inoculandome un sentimiento de ignorancia suprema, de oscuridad medieval y de historicismo trascendente, que no por repetido dejaba de serlo.

Cuando acabé y volví a la terneza prosaica del cuerpo a cuerpo, cuando regresé sin cansancio de ese viaje de mil millas y mil humores, miré de nuevo su cara, miré su gesto ya no tenso ó sorprendido ó relajado sino consciente. Consciente de haber mirado en el centro del mundo, de conocer un futuro y un pasado, sabedora de estar en posesión de bastantes claves: habiendo visto a un Dios, del que los demás nos atrevemos a dudar, viendo el tiempo, asomçandome al abismo insondable, lejanisimo en su brumar de rompeolassin tiempo. En ese momento, dubitante y miedoso quizás, queriéndome atribuir algún derecho, quizás me atrevería a preguntarla sobre lo que ha visto en ese gran Aleph....sin embargo no me atrevo, necesito muchos más méritos de viajero.

(347) 11m

bonhamled 11/03/2009 @ 05:35

"La muerte es de hierro: Cuajada de negra sangre, frío y caliente de muerte. El humo es negro y gris túnica postrera de la némesis. El humo es la blonda de la muerte, como un heraldo.

El suelo brota en rocas marcianas, de trozos de alma y pedazos de risa, sonrisas, momentos y vida ajados, deslavazados, ajenos entre sí, chirriando como en locura, retumbando en un instante eterno. Bailando sin estar y riendo sin sonido, en una locura de eterna sinrazón. Un zumbido fuerte, muy fuerte ataca.

Ese instante dura la vida, una vida acaba en ese instante, un reloj marca un segundo, una vida se extingue,

una segunda luz negrísima deflagra y tiñe aún más de tibia muerte los gestos asombrados de los hermanos. Mancha de yeso las caras de los hombres y los convierte en calaveras polvorientas, por el tiempo, por el daño, por el estruendo sin música del estrambote.

Hoy es eterno, la muerte es eterna, su lluvia funesta y triste no parece acabar.El zumbido grave y siniestro de tímpano tañe cronográfico en los interiores.

El hierro se puebla de mis trozos, el mundo se vuelve mi enemigo,

la naturaleza manipulada por los malvados hiende mis carnes, me muere, me asesina, me abre el pecho y se lleva mis vísceras,

quedo sin mi cabeza, sin mi alma, sin mi espíritu y sin mi corazón, solo lo fácil de robar

Se acabó el futuro, la risa y el tiempo. En este instante eterno, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero."

(346) Agresores constructores

bonhamled 05/03/2009 @ 19:44

El puerto, la puerta, la calle abierta, el aire constante y delante quedó atrás.

El pasado, el tiempo, la construcción, la muerte térmica, la mierda.

Ahora delante de los ojos una bola de inmenso muro, un gólgota de cruces disímiles y atonales marcar la escarificación terrible de mi horizonte.

Ahora veo el aire lleno de nadas, antes veía la nada llena de aire.

El tiempo lleno de robos, antes el robo del tiempo solo lleno de aire.

Todo mierda, de constructores, de ladrones, de Alí babás vendedores de nada, compradores de todo, adueñadores de lo de arriba, abajo, este y oeste.

Gentuza mala que llenan el aire de miasmas metempsicóticas.

Su delito, el mañana.