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Categoría: Fuego

(210) El caso Humala y Beyle

bonhamled 10/12/2007 @ 05:57

Don Lautaro Humala y Beyle era un noticioso abogado del pueblo cercano de Orace, (al noroeste de Almadormida, pero pasando por cerca del pueblo abandonado). No era una carretera muy frecuentada, solo viajeros (como el Sr Goosh) y otros mercachifles de la venta y el engaño transitaban por allí.

Don Lautaro Humala, de familia indiana, pero nobilísima, recogía sus papeles en su despacho nunca antes de las cinco pero tampoco con posterioridad a las cinco y diez. Era, por tanto un relog humano.

Don Lautaro trataba temas de herencias con pimienta, muertos indómitos y guardaba en su leve color de tierra y jade de su rostro la dureza del aire andino y, también, la perspicacia del labriego listo. Don Lautaro se casó, hace quince años, con Rosita Huymmiell y Castro, hija del ingeniero alemán de la mina de Corss. Esta mina, cerrada hace, tuvo un excelente centro de formación donde los hijos de los ingenieros coincidian, en clases separadas, con los de los trabajadores. En este caso permitió el conocimiento de Rosita con el hijo del contable segundo Don Jose Humala y Cabestrillo, padre prócer y engendrador de la familia Humala en la región de Corrs. Este conocimiento permitió una intimidad posterior que acabó en casorio.

Don Lautaro y Rosita, una vez casados se trasladaron, por mor de una menor competencia y mayor aplomo social y económico, al pueblo cercano de Orace. Orace tenía cuatro iglesias, más de ocho panaderías y hasta burdel permanente. Era, lo que se decía en aquellos años de entreguerras, un PUEBLO. Sería para diferenciarlo de esas ciudades de tres al cuarto que ni tenían lupanar, ni pan diario.

Don Lautaro, tras esta introducción se enfrentaba a un tremendo dilema. Se podría decir que es la paradoja de las paradojas.

El caso es como sigue: Don Lautaro, un día, que por indisposición llegó a su casa a las cuatro y veinticinco, encontró en el lecho yaciendo a su esposa, Doña Rosita, con Mascarán de Buyrana y Milcielos, el alquechifle del Marqués de Sorrentina. Mascarán con su apostura napolitana (Pauli Cinelli puro) y su verborrea llena de francesismos (nunca de galicismos) la cautivó hasta el punto de acabar en decúbito supino. Don Lautaro se percató tarde y no hizo gala de su bien ganada discrección en su trabajo, al escuchar los arrumacos y penentró en la estancia, vió el hecho de carne y movimiento y horrorizado se marchó sin mayor aspaviento.

Rosita no se apercibió del contumaz marido ni Mascarán tuvo mínimo aprecio por detener su ejecución ante los ruidos; continuaron los amantes mientras Don Lautaro, rojo de ira, de verguenza, de daño y de tiempo se marchó a pasear por los abedules de Orace.

Estos abedules eran conocidos por novios y estraperlistas por igual porque escondían en huecos de arbol y piedras interesantes partidas (sobre todo para la justicia).

En este punto es donde Don lautaro ha de elegir:

A) Le mato, la mató y me suicido.

B) Le mato, me suicido y luego la mato.

C) La mato, me suicido y luego le mato. D) Me mato primero y luego les mato al uno y al otro al azar.

E) No mato a ninguno pero me suicido.

F) Les mato a los dos pero no me suicido.

G) Permito el epíteto de cabrón y no vuelvo antes de las cinco y media nunca más.

Don Lautaro, confuso, seguía paseando mientras Doña Rosita y Mascarán iban terminando; el río seguía su curso: nunca la misma agua, y los asuntos se le amontonaban por abandonar el despacho antes de tiempo.

(202) 11M

bonhamled 01/12/2007 @ 07:02

La muerte es de hierro: Cuajada de negra sangre, frío y caliente de muerte. El humo es negro y gris túnica postrera de la némesis. El humo es la blonda de la muerte, como un heraldo.

El suelo brota en rocas marcianas, de trozos de alma y pedazos de risa, sonrisas, momentos y vida ajados, deslavazados, ajenos entre sí, chirriando como en locura, retumbando en un instante eterno. Bailando sin estar y riendo sin sonido, en una locura de eterna sinrazón. Un zumbido fuerte, muy fuerte ataca.

Ese instante dura la vida, una vida acaba en ese instante, un reloj marca un segundo, una vida se extingue,

una segunda luz negrísima deflagra y tiñe aún más de tibia muerte los gestos asombrados de los hermanos. Mancha de yeso las caras de los hombres y los convierte en calaveras polvorientas, por el tiempo, por el daño, por el estruendo sin música del estrambote.

Hoy es eterno, la muerte es eterna, su lluvia funesta y triste no parece acabar.El aumbido grave y siniestro de timpano tañe cronográfico en los interiores.

El hierro se puebla de mis trozos, el mundo se vuelve mi enemigo,

la naturaleza manipulada por los malvados hiende mis carnes, me muere, me asesina, me abre el pecho y se lleva mis vísceras,

quedo sin mi cabeza, sin mi alma, sin mi espíritu y sin mi corazón, solo lo fácil de robar

Se acabó el futuro, la risa y el tiempo. En este instante eterno, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero."

(197) Ucranio

bonhamled 25/11/2007 @ 08:05

Roja nariz en la cara

Ojillos claros, pequeños y burlones.

Polaco, ucranio o lejano.

Del trabajo al escorbuto.

De la distancia al llanto.

Emigrante: siempre próximo, siempre ajeno nunca prójimo.

(196) Pelea

bonhamled 23/11/2007 @ 20:32

El golpe, el desmayo.

La malvada hacienda de vacíos y aires.

La finta, el odio, el universo absuelto del todo o de la nada.

La vida, la muerte, la pelea como reconciliación olímpica, emancipación , revelación, redención.

El todo y la nada, la victoria, el denuedo, lo concertado y los yerros.

(190) La muerte del angel Negro

bonhamled 09/11/2007 @ 06:14

Era una tarde de fuego y frío. El ángel negro levantó su ira por encima de la vida y de la muerte, como era su dolor, y por encima del sentido y de la conveniencia. Como un camino hacia un Damasco plagado de muertes empaladas.

Su Némesis, aquel tibio y agresivo traficante de drogas, llevaba en sus manos la desesperación para muchos y un mal egoísta de muerte y llanto. Como el del ángel negro. Lleno de muerte en su interior buscaba una redención rencorosa en el mal ajeno, en la justicia demiúrgica, en un descabalar piafante que buscaba al galope un fin.

El narco Maltese sacó su pistola cuando el ángel negro y sus guardaespaldas entraron en el bar y, casi inmediato acudió una lluvia de hidras venenosas de colmillos afilados de bala.

Muertos aquí y allá, casquillos de bala, de venganza, de sorpresa, de muerte y de maldad. El ángel negro mira y ve como se ha quedado sin guardaespaldas, algunos muertos, otros huidos. Desarmado y casi vencido augura su final terrible. El narco Maltese se acerca hacia el con los ojos enrojecidos de miedo, rabia o venganza.

El ángel negro ve acercarse la muerte y se agarra, torpe naufrago, en una última necesidad heroica a la vida. Es una entelequia natural que parece negarle lo que buscaba: una carrera hacia su propia redención. El buscar una vida donde ha dejado de serlo.

En el instante que el Narco Maltese buscaba su cuchillo para hendírselo en el corazón, como a los enemigos, una luz casi apagada cruzó el pobre salón del bar, formica y terrazo sucio de serrín y servilletas. Ni lo vieron los huidizos que escapaban de su escondites tras la balasera, ni algún malherido que quedaba, solo Maltese y El ángel negro ambos heridos en su interior e ilesos en su exterior. La turbiedad de sus personalidades se iluminaron apenas un instante Se miraron sorprendidos y se pararon ya prestos al  epílogo de la muerte .

Sebastiano Maltese se acercó, una vez el rayo se apagó y desapareció. Sus ojos fieros se naturalizaban y su rictus de terror agresivo desaparecía para volver después. Casi amable le susurró al oído unas palabras que no eran suyas y con una voz que casi retumbó grave y trascendente.

- Se lo que has sufrido, pero nada has de temer ahora, tu camino ha acabado.

El ángel negro desapareció, de repente, y ante la revelación, miró a los ojos, del narco Maltese. Los ojos ateridos, duros, pero cálidos como caparazón de cucaracha eran ahora cercanos y descubridores de un laberinto de calidades y de caridades.

El narco Maltese, vuelto a su ser tras esa transposición rápida, le hundió el cuchillo en el corazón, y según manaba la sangre se iba vaciando el recipiente odiado de la vida del ángel negro. Moría, moría, moría.

El ángel negro murió sonriendo, reconciliado, y escapó por fin a su terrible condena: la muerte. Se acerco a una puerta luminosa con un rayo incandescente y mortecino en la mano que, sin embargo, fue la única luz que vio durante años. La muerte era su redención y su fin.

El resto, fue solo una noticia sorpresiva en los diarios: "El famoso empresario XXXXX XXXXXXX muere en una refriega entre narcotraficantes.

El conocido y desafortunado XXXXX XXXXXXX muere de forma fortuita cuando en el establecimiento en el que se encontraba se originó una trifulca entre clanes mafiosos que originó la muerte del millonario"

(183) Instrucciones para descreer de las ideologías

bonhamled 26/10/2007 @ 05:07

El liberal se queda mirando sin esperanza la hoja con el finiquito de su empleo perdido. Su modelo se tambalea, no hay un mundo de oportunidades y de benevolencias ocultas esperándole.

El socialista mira al cielo, desengañándose de la necesidad de que lo suyo hubiera de repartirlo con alguien. Sobre todo ahora que las cosas van mejor.

El anarquista mira al suelo y en la suciedad encuentra la necesidad de un barrendero, un jefe de barrenderos, un concejal de limpieza, un alcalde, un presidente, un empresario, el jefe de la patronal, el chivato del sindicato, la misa diaria y la tripa burguesa.

El comunista encuentra en la comunidad la necesidad imperiosa de favorecer a su cuñado, de guardar para su hijo, de enaltecer lo propio y de negar al más pobre. Por solo poner un ejemplo.

El conservador, de repente, ve tambalearse su partenón megisto cuando una niña pequeña, guapa y rubia le habla en un idioma extranjero. Además es pobre.

El nacionalista en añicos de espejo en el suelo cuando sale de su parca casa y ve casas mejores, culturas mayores, hablas más profundas, personas más íntegrasy, además adornadas con la fe de la hospitalidad.

El ecologista toma el coche todas las mañana para ir a comprar el periódico que se queja del cambio climático creciente.

El obrero espera su cornucopia efervescente para convertirse en constructor. El constructor hubiera deseado que sus ciento volando se convirtieran "uno en mano" y vivir cultivando un pequeño huerto.

El inmigrante sufre gota a gota y día a día, restañándose las heridas con el estaño templado del ostracismo.

La televisión chilla, para que la oigas, susurra para que la oigas, canta para que la oigas, grita para que la oigas, musita para que la oigas. Espera que al oírla al final la escuches y tu deseos se conviertan en compras.

(177) Instrucciones para leer a Bukowsky

bonhamled 18/10/2007 @ 04:55

- !Hazte garante¡ - Excretó con fuerza por los músculos buccinadores.

- !Rebélate, denosta la revolución!. Se orgánico, aligera las plumas de tu cola¡.

El icono iconoclasta se elevaba como un ángel hasta la cúspide de su columna santa.

Una arruga de nube se paseó por el cielo como unas volutas terribles del humo del cerebro.

El loco, ¿que loco?, qui fou. La vida se atarambanaba entre los giros recoletos de la espiral más fractal y más dorada posible.

Revuelta en el frenopático, el hombre del tiempo ahorcado- Reía el altoparlante.

La locura no es tal sino una frontera donde vivir al hilo, saltar al alambre, bailar en un algo que solo tiene una dimensión para no quedarse en el cuarteado cajón de los todos.

Por eso el loco busca, y no mira, por eso se hace garante, rebelde, iconoclasta, reaccionario, bufón y arrebatado. Borracho, borracho y borracho, perdido, perdido y perdido.

Está loco, drogado, homosexual, encerrado, encamado y vive y sube, levógiro hasta el giroscopio austral, hasta la brújula cenital, hasta los hiperbóreos sueños del mañana.

Destrudo hasta la muerte mezquina y sucia.

(176) Los vikingos

bonhamled 16/10/2007 @ 04:43

Las hogueras múltiples por doquier, llenas de alegría y del chisporroteo vibrante, expresan demonios danzantes de baile y risa.

Bueyes enteros, carneros, vacas y cerdos se han asado para los vikingos que volvieron a casa. Trajeron esclavos y mujeres para vender, grano, animales, y armas de más allá del mar.

En las hogueras bailan las mujeres, los niños prestos a la fiesta de los mayores y algunos hombres borrachos. La mayoría de los vikingos remantes y luchadores se sientan mirando ese fuego eterno. Solo el cuerno lleno de vino o de cerveza les saca de su ensimismamiento. La alegría del camaraga regocijándose se contagia durante un instante pero se apaga como la brizna seca de hierba en el fuego.

Piensan los fieros peludos en la sangre; la derramada al enemigo, la derramada en el hermano, el padre, la sangre que queda por derramar en el hijo, riente en la fiesta junto a sus amigos todavía niños, en el amigo de su propia carne. Se piensa en esa sangre roja y oro de la lucha, incluso su propia sangre. Un escalofrío les recorre la columna vertebral mientras las mujeres celebran la bonanza, y algunas, las menos, escondidas lloran su desgracia y su fortuna para el invierno según la ley vikinga.

Los vikingos miran tranquilos al fuego y piensan en el próximo viaje, el próximo grito a Odín, el camino imperturbable al Valhalla y sienten frío, o , quizás, alguien confundiera al lado del fuego esa mirada al infinito con el miedo.

(174) El ángel desesperado

bonhamled 12/10/2007 @ 08:00

Escribía, en un acceso de lucidez, El ángel negro, abandonados sus negocios, solo su cuenta bancaria servía para apagar los fuegos fatuos que a su mente interesaban. Su medico, terrible, le seguía en su vesania de diamante loco.

Le sorprendió verle escribiendo, sin embargo el escrito arañado en el papel era solo de un epitafio.Añoraba la muerte.

(170) Jazz y ángeles

bonhamled 02/10/2007 @ 05:19

Suena "La pantera rosa" de Henry Mancini, música de misterio, jazz y calles oscuras. Los gatos rondan los callejones buscando compañía, gatas o soledades. Los seres humanos también buscan un sentimiento que no sea parco.

La luz de los vehículos corta el cielo como haces de espadas y el cansancio, el leve dolor casi dormido por la medicación y el tiempo se alabea y descansa sobre cada coche, cada clochard esperante, sobre cada reposador o banco que existe.

La ciudad duerme de noche, tiempo para lo oculto, lo identificable y los sueños. Tiempo para salir a buscarse y encontrarse. El ángel negro.