Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis ¿Te gusta la Fotografía?

Categoría: Fuego

(168) Instrucciones para morir dolorosamente

bonhamled 28/09/2007 @ 14:28

Suena el despertador:

  • Levantarse
  • Asearse y vestirse
  • Desayunar
  • Salir a la calle
  • Tomar el coche.
  • Avanzar por las calles y el tráfico.
  • Trabajar hasta la hora de la comida
  • Comer.
  • Trabajar hasta bien entrada la tarde
  • Salir del trabajo
  • Tomar el coche y zambullirse en el atasco
  • Llegar a casa
  • Hablar pocas palabras
  • Ver mucha televisión.
  • Irse a acostar.

Repetir la receta no menos de 25.000 veces, engañándola, de cuando en cuando con pequeños singulares, ajenísmos viajes, incómodos pasatiempos, desacompasadas risas.

Tras veinticinco mil veces, mirar el reloj, primero, un espejo, después y observar como la dama de la guadaña ha estado sonriendo y riendo: no podremos correr.

(163) La mesa del café

bonhamled 13/09/2007 @ 05:38

Una mesa sucia, unos restos de pastas, no caras, apenas migas aquí y allá que no denotan suciedad sino falta de presteza al recogerlo.

Dos tazas de cafés, una algo más terminado que el otro. Ambos fríos. Ambas tazas tienen ese velo en el cafe que indica el tiempo transcurrido que es más que el instante y menos que las horas.

La mesa pobre pero urgente, sin tenebrosidad pero lóbrega como cualquier mesa camilla de las casas, por la ventana, mientras el estruendo del grito se produce un frío gris se deposita mientras anochece.

La mantilla de la mesa, mientras los gritos hienden las paredes y las personas como acerico,tiene el desgaste del mucho uso y del cariño en su confección. Pobre y usada como la vida en general.

En una esquina una señora llora, en otra un hombre gesticula con inquina y locura.

En la mesa el azucarero, barato y antiguo, guarda el azúcar con algunos grumos y, algo derramado, unos infinitesimales cubos de azúcar resbalan en la superficie cristalina que separa las tazas, la cafetera, el azucarero, el plato con las pastas y las migas, de la orfebrería artesanal del paño. Antañón recuerdo de obras pías y trabajos para señoritas.

El ruido, el grito, desparece, de repente, el golpe de borbotón, tremendo, seco y reverberando en eco en la pequeña habitación.

Dos o tres gotas de sangre caen al cristal, manchan algo la mantilla, caen, despistada sobre una de las tazas, no se cual, y mancha como un brochazo de impresionista alguna de las pastas viejas.

(158) La maricona muere

bonhamled 06/09/2007 @ 05:45

Muere capturada de saetas, coronas de espinas y pequeños dolores que aquejan matando pero sin herir.

La maricona vivió, es claro que vivió, sobreponiéndose a los amaneceres que no debían ser y a los atardeceres que no pudo evitar. Pasó sus años entre el desdén y el sentirse desdeñada no por el comportarse ni por el estar sino por el siniestro ser. Y siendo no podía dejar, metafísicamente, de ser.

Murió la maricona habiendo amado menos de lo que hubiera querido, habido sido amada menos de lo que hubiera querido pero habiendo construido todo un catálogo de ocultaciones, escondites, teatrillos, componendas y pequeños complots que herían más que el INRI del galileo.

Ahora en esos instantes del proscenio de la muerte llora su desgracia o su ventura, su amor a contracorriente y la historia que le ha tocado vivir: Demasiada realidad para su gusto. Demasiado arrebato para su forma de ser. Demasiada maldición para quien solo buscaba el amor.

(151) La pistola blanca

bonhamled 30/08/2007 @ 06:34

El cuidado sutil que empleo en desmontar poco a poco y lentamente cada una de las piezas de la Walter PPK de 9 milímetros para luego pintarlas de ese blanco variado denota que no solo era el negocio chusco lo que llevaba a Venancia a su destino.

La pistola con ese gris oscuro, casi de forja, menestral y asesino se convirtió en una mezcla de colores blancos de más o menos brillo, nácar o desgaste. Por ignorancia o, quizás, en resurrección y redención acabó siendo un arma blanca de fuego.

Los policías se sonrieron al ver el arma percutida y la primera justificación, burda, de la mujer, pero sin embargo y mirándose se dijeron:

- Sin embargo la bala es de plomo.

Venancia lloraba su mala suerte, eterna, continuada, como en soneto. Mientras el marido con el disparo descerrajado en la mandíbula agonizaba como un animal muerto. El arma blanca, y el tiempo para vivir su pena, para dejar de sentir los golpes, para volver a ser una persona, para pintar un mundo gris, negro, agresivo y arisco de un blanco virginal, aún defectuoso, iniciático y nuevo.... aunque se manchara de un rojo después que fue jugo de la baya de un amor de otro tiempo.

(150) El mazazo

bonhamled 26/08/2007 @ 19:23

Un día, frío y no muy lejano, sentí un golpe de maza en la cabeza. En realidad fueron dos golpes que por suerte y desgracia sentí vívidos y eternos de eco en mi cuenco de huesos que es la cabeza.

Un golpetazo en el parietal y en la parte superior del frontal me robó el sentido durante unos buenos meses, años, y el aire quedó capturado en algún neumotorax sin prognosis. Sin buen sentido y sin aire anduve por el mundo durante mucho tiempo buscando una redención o una perdida irremisible del alma; ninguna de las dos me fue concedida.

El martillo, la maza, era de madera astillada quizás, se clavaron en la cabeza con esa inoportunidad de lo que no viene a cuento. Puede que fuera de goma falsamente blanda o, quizás de acero terrible y machacado pintado de un color azul metálico desgastado y orillado de óxido.

El golpe resonó, retumbó, redundó, rompió, rasgó y se repitió en mi cabeza y me dejó un resabio amargo como de boca cerrada de borracho. Heredé del golpetazo una sensación reverberante de tañido terrible, volteando mi cabeza, como melena de campana, y moviendo mi cuerpo como triste accesorio de una vida golpeada.

Aquel día, el del golpe, era un día como otro cualquiera, se acercaba, arracimada de frío, la navidad. La noche era enemiguísima, el día apenas inocente. El mazazo, el dolor, se apuntó, se sugirió, se sintió leve como picadura pero, luego y al poco, agudo para abrirse como una flor de daño estupenda.

Y sorprendente, maldito y maravilloso se abrió como un abanico para dejarme un dolor que era fractal; generando más y más estructuras, raíces, víboras e hidras de dolor que desde la cabeza, lugar del golpe, se dirigían al corazón, a la razón, a las vísceras, a la sombra y al nadir del ser. Era el desarrollo de aquel duelo nacido del mazazo de metal, era una cueva de podredumbre que se escondió en mi ser, era un yo al que abominaba, era un otro que nació en mi como una alfaguara sin parada.

El frío debió acordonar y atosigar a la sangre, no se vio, también a la vista, al cielo y al futuro y, así, me quedé casi ciego, mirando un cielo vacio que nunca escuchó y con un pie en una nave que se escapaba corriendo hacia el pasado.

Era un día como otro cualquiera, un catorce de diciembre anónimo, un día de mucho frío y mucho desasosiego, un día normal, bueno, en realidad no tan común ni anodino, coincidió con el día en el que murió mi padre.

(149) Migraña

bonhamled 24/08/2007 @ 05:33

Por el centro del ojo veo un quebrarse de espejo, una rotura difusa de la realidad, un avenirse un dolor dañino, una confusión que rápido se disipa.

En pocos minutos, en apenas un suspiro, el cuerpo se me rebela, se me vuelve enemigo. Se desata un dolor intenso con la pasión de un tormenta. Le veo acercarse por el extremo del ojo, una estrella de daño que brilla y duele, como un golpe de látigo o una magia malvada.

Luego el despropósito, el dolor como de golpeteo de yunque, el daño de la luz, el sonido, las personas, la existencia, un dolor explosivo que anula. Golpeteo, respiración, calor y frío, vómito y ganas hasta la úlcera, algia y nerviosismo, crispación.

Migraña o quizás vida ¿Quien lo sabría diferenciar?

(133) El ángel negro mata

bonhamled 16/07/2007 @ 05:32

Se levanta tras andar la ciudad por la noche, el ángel.

Vive su vida en la búsqueda de una nada intangible e inasible. Aún así, más allá de la soledad y la locura busca esa puerta secreta a donde le esperan los que le quieren. Los que amó y luego odió para querer con una fuerza que le hizo desestimar su vida, su fortuna, su futuro.

Se acabó el rugido del león, el tañido amable de la voz del niño y, ahora, habiendo saltado la empalizada que recorre la ciudad en busca de una buena muerte o, quizás, de una no peor vida espera una luz, un grito, una redención que no aparece.

El rictus, escaso, se muestra en cada actuar, su lógica voló más allá de su Ítaca en manos del barquero Caronte. Hoy, de vuelta, mira sus manos sucias y con restos de sangre y una nueva sensación: Cree que ha matado.

El suelo le devuelve, con su mojado lluvioso, un reflejo difuminado y borroso, un cuerpo muerto, una vida acabada, una familia trastocada. Un asesino menos, un asesino más.

Vuelve a la cama y en el asiento trasero de su vehículo loco y cuerdo recupera un instante la virtud para arrastrarse y gritar, aullar de dolor y verse vestido de rojo con la luna en el horizonte, o quizás del azul inalcanzable, del verde de la ponzoña, del gris del granito del mausoleo de los suyos, donde tanto quisiera estar para desembocar en el negro que en su aspavisntos reflejan la sensación de haber hecho algún bien. Absoluto, injusto, irrefutable y doloso tanto como acabar de matar y empezar a matarse.

(132) Instrucciones para mirar al cielo

bonhamled 15/07/2007 @ 04:26

Mis ojos miran al cielo con la intención del taladro, sabedor que a quien busco, si existiera, está más cerca que todo eso. Quizás tras aquel hombre que corre, la lluvia que cae, o al suelo que piso.

El Dios que busco, hermano, padre, amigo, no se presenta, y cuando está tiene un sentido del humor incomprensible. Por eso, por esa indolencia es por la que otros, con algo menos de amargura, cinismo o quizás de ilusión, se echan en manos de Dioses que son iguales de falsos pero además te toman el pelo, dinero, el pensamiento y, a veces la vida.

Busco a un Soolaimon que me devuelva, que me deje, que me enseñe. Me equivoco de punto a punto, quiso singlar y solo voy a la deriva. Quizás ese sea el camino, enderezar el timón en el temporal.

Recupero una frase de una película, Conan, que he robado de Microsiervos:

Crom, jamás te había rezado antes. No sirvo para ello. Nadie, ni siquiera tú recordarás si fuimos hombres buenos o malos, por qué luchamos o por qué morimos. No, lo único que importa es que dos se enfrentan a muchos. Eso es lo que importa. ¡El valor te agrada Crom! Concédeme pues una petición, concédeme la venganza, y si no me escuchas… ¡Vete al infierno!

- Conan (Conan el Bárbaro, 1982)

(129) Instrucciones para decir mentira sin dejar de decir realidad

bonhamled 12/07/2007 @ 04:25

- Oiga, oiga, no anteponga su realidad a mi verdad, no confunda la verdad con su discurso. Mi verdad está hecha de los mejores jugos, los más seleccionados, perfectos libados y llevados a su justo punto. No asigne a su sucia realidad, poliédrica, pivotante el valor de lo real. No lo es, es solo un conjunto de espejismos. Mi verdad es perfecta, de arquitectura sobria pero resistente, de amplísimos pilas que la soportan y con una integridad intelectual e ideológica a prueba de ordalías.

El otro hablante, de lunes a viernes, se calla y las ondas hertzianas cubren la faz del espectro radioelectrico llenándolas de exabruptos, improperios e insultos dirigidos como saetas.

Muchos ante el rugido repetido solo encuentran en sus palabras una confusión terrible entre verdad, mentira, falacia, realidad, verdad, principio, volición e intereses, pero al dárselo todo mascado toma la historia por lo que debe ser: el consumado de la verdad. Y eso ya es más peligroso que un juego de oyentes y publicistas que era de lo que se trataba al principio.

(127) Instrucciones para creer o descreer

bonhamled 10/07/2007 @ 05:16

"Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem"

Decía el monje Occam.