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Categoría: Instrucciones, modos y procedimientos

(274) Carta a Chabuca Vargas

bonhamled 20/05/2008 @ 19:41

¿Quien le quita la razón a esa Chabuca declinada de Isabel?

¿Quien se atreve a ir del puente a la Alameda o, quizás, siendo mocita y rondada por un caballero de fina estampa, no recordarla?

¿Quien va al Perú sin cabalmente conmemorarla y tenerla en mente?

Es como dejar México sin llevarse algo de Chavela, otra Isabel declinada y reclinada.

Dejarse el tequila en tratos con una tal Macorina, en noches de llanto y hombría, en días de tristeza y femineidad, con cantos de rugido de revolución y de polvo del camino y de noches sin fin y de amores con fin de hierro.

Viajar y cruzar un océano de cuatro viajes desde la vieja Europa o, peor aún, cruzar un mar grandísimo con olor a motín sin traerse estas isabeles, declinadas, cantadas, hemistiquios de la realidad americana y real es un delito de lesa vida. Renegar de una vida de sal, alumbres y amarguras por una vida sosa como la calabaza jóven.

(273) Mujeres y Hombre

bonhamled 19/05/2008 @ 18:58

Mujeres,


Excelentes administradores de amores, cariños y quereres, el resto, se pierde en cetros y rocas.

Mujeres, faros en lo oscuro de la noche desnuda.

Mujeres, ambrosía de razonamiento y de discreción correcta.

Mujeres, parlamento de la ética y el tiempo.

Mujeres, paradigma del principio de Pascal.

Mujeres, dadoras y regaladoras de sino, belleza, melladoras de lo cruel de la vida.

Mujeres, redondeces agudas, inteligencia inquisitiva sin selva.


Mujeres, terroríficas enemigas con la crueldad implícita del débil.

Mujeres, ornato, ornamento para enseñar un interior siempre profundo

Mujeres radicales dulcísimas, oasis en el universo negro.

Hombres torpes controladores apenas a un metro de distancia..

Mujeres, eco, eco, eco.

(272) El abrazo al tiempo

bonhamled 18/05/2008 @ 07:07

Le tomo en mis brazos, beso…y beso

Mis brazos le rodean, le estrujan en su cuerpito y su sonrisa iniciática

Me mira sorprendido mientras mis brazos son una cárcel, un huevo.

Un cofre donde guardármelo, proteger, servir de escudo no espartano.

Me equivoco pero persevero.

Intenta escaparse pero continúo.

Le miro previendo cuando deje de mirarme.

Espeto al futuro… entre sus balbuceos iniciales.

(271) Ciudad Haar

bonhamled 17/05/2008 @ 05:11

La policía acordonaba el ascensor y las entradas del edificio Malxo. Los otros ascensores no dieron abasto los tres días posteriores. Nueve metros cuadrados y veintidós plantas, cuarenta segundos de viaje, dieron lugar a muchas especulaciones y misterios.

Al abrirse la puerta, siempre al final se abre una puerta aunque no siempre las de los cuartos pequeños, dos muertos, perfectos de terno de temporada pero destocados de elegancia patricia, muertos por un disparo de bala cada uno, la pistola limpia de marcas aparecía entre ambos cuerpos, y un aparente total desconocimiento entre ambos occisos tornasolados de muerte.

La policía no creía en los misterios y menos de Rouletabilles reporteros que buscaban el misterio.

La empresa, gigante de construcción, ambos muertos, Harald Haar, danés y Juan Luis Ciudad, español, desconocidos entre si, de nuevo en apariencia.

Los cuarenta segundos albergaban en su interior diferentes interpretaciones de corrillo: una leve discusión, una muerte de encargo o una resistencia feroz. Es difícil pensar lo que pudo ocurrir en esos cuarenta segundos:

Están a apunto de cerrarse las puertas con el pequeño y delgado rubio. El moreno de traje azul entra a la carrera

- Perdón, dice entre suspiros,

- Buenos días

- Good Morning.

- Perdón, creo que vamos a la misma reunión es ud Mr Jensen, de Irco and Co.

- No, creo que se equivoca.

- Lo lamento.

El feroz Juan Luis mira para otro lado y recuerda la foto que tenía en la mente, parece coincidir. Saca la pistola y cuando va a emplearla el pequeño danés se revuelve, en la lucha se dispara y acierta de muerte al más grande. El danés retrocede asustado, en ese momento el moribundo vuelve a percutir la pistola, casi sin fuerza. Mueren ambos

Sin embargo las grabaciones de vídeo parecen dar, al menos otra versión:

Entra el Señor Ciudad y en el piso tres entra el señor Haar. Es un bullicioso entrar y salir hasta el piso veinte, donde empiezan las plantas nobles, desaparece el resto y quedan ambos. Haar saca la pistola que lleva consigo (proviene de Beirut y tiene licencia de armas por su trabajo de asesor), se le dispara y le hiere. Preso de dolor se revuelve el señor ciudad intenta ayudarle, pero un espasmo inoportuno dispara de nuevo el arma muriendo ambos.

Los interrogatorios de los entrantes y salientes al ascensor: la señorita Oliva, el encargado internacional Holnicki, etc parecen dar lugar al menos a otra interpretación de los hechos.

El señor Haar y el Señor ciudad coinciden en al aparcamiento y suben juntos hasta la recepción donde primero se acredita el señor Haar, al que vienen a recoger. El señor Ciudad espera paciente su turno. Cuando llega al ascensor el señor Haar ya ha marchado. Cuando sube Ciudad, solo, en la planta trece ve que entra, equivocado de planta, Haar. Algunos ascensores solo llegan hasta la planta trece. Suben juntos, pero en la planta 20, antes de la zona noble una tercera persona entra en el ascensor, dispara contra ambos y antes de que se cierren las puertas, apenas ocho segundos, deja la pistola, pulsa la planta baja y espera paciente el ascensor.

La policía maneja otra forma de interpretar el crimen en el ascensor transparente:

El ascensor aparece en la primera planta, en esa planta se incorpora el señor Ciudad, destino a la planta 22, en ella ascienden cuatro personas entre ellas el Señor Haar, al llegar al a planta quince solo quedan tres personas. De manera discreta el tercer hombre pulsa el botón de la siguiente planta, con leve sorpresa del danés. La memoria del ascensor seguirá el orden de introducción de datos bajando, posteriormente a la planta entrada. Al despedirse el tercer hombre pulsa un dispositivo, en ese momento una bomba de gas inunda el estrecho receptáculo, mueren. El tercer hombre sube a la planta 22, dispara sobre ambos y deja caer una pistola.

Haar aparentemente podría haber tenido algunos motivos para asesinar:

Haar reconoce por fin a su burlador, el grande, y espera la forma para asesinarle, logra entrar, disfrazado, en el edificio de oficinas y sube en el ascensor sube con la esperanza de verle. En la planta cuatro coinciden durante un instante en el ascensor, Haar le dispara y acto seguido se dispara en el corazón, la pistola muerta cae entre ambos.

Algunos de los empleados manejan una versión hecha de recortes afilados aquí y allá, no es muy creíble pero tampoco imposible:

Es difícil un crimen de ese tipo pero un tercer hombre, se descuelga las 22 plantas desde el casetón de la cubierta del edificio, se posa, de manera sorda sobre la superficie del ascensor, espera una señal para su acción directa. Por la puerta aparecen Haar y Ciudad junto con un anfitrión que queda gestionando los pases de entrada a la zona noble. Suben en el ascensor, cuando llegan a la planta trece, la del cambio de ascensor, el anfitrión se queda, toma un teléfono móvil y pulsa un número memorizado, Suena, leve, encima del ascensor. Es la señal: El asesino se deshace de la portezuela posterior, dispara con la pistola cuando se cierran las puertas y deja caer la pistola, coloca el techo y repta hacia su salida en el tejado.

Todas estas teorías eran manejadas con mayor o menor entusiasmo por la policía. La locura nace de la aparente incongruencia entre las cámaras de vídeo: una por planta, otra en el aparcamiento más las del perímetro del edificio, también por la diferente declaración de personas que vieron entrar, salir, cambiar de planta, reunirse, no conocerse, abundar o separarse.

Incluso se exploró los caminos del hampa para ver si alguna otra teoría de asesinato por encargo era posible:

En la planta 22, la última, un director espera y ultima los detalles cuando la policía se hubo marchado, tras haber escapado de un atentado terrible, los dos asesinos, Haar y Ciudad le esperaron a la salida de la planta trece, la del cambio pero antes de que pudieran actuar fueron alcanzados por uno de sus guardaespaldas. El contratar actores, entrar y salir y buscar la confusión intenta esconder ese asesinato que a su vez esconde una lucha abierta y, desde ese momento, sucia en la compañía Malxo.

El asunto del espionaje industrial tampoco fue desdeñado por la policía a tenor del reciente contrato de adquisición de tecnología espacial entre el gobierno y Malxo.

Los espías Haar y Ciudad fueron llevados de manera subrepticia al edificio MALXO, descargados en el ascensor más alejado, una vez en el edificio central identificados a punta de pistola, en el ascensor, una vez cambiados de ascensor fueron ajusticiados y abandonados. La competencia da un mensaje claro y en la propia casa del ofensor.

La policía, al final, ha de quedarse con la versión del tiroteo injustificado entre los dos desconocidos. Es lo que tranquiliza más a todos y pone menos pimienta sobre lugares donde, sin duda, provocarían estornudo.

La verdad es, a veces, algo mucho más complicado de explicar, pero tambíen, más sencillo de entender: Dos amantes despechados buscan en inteligencia y conocimiento a su amador infiel y, al final, deciden suicidarse en el ascensor del edificio. La policía se marcha tras las iniciales pesquisas y el presidente en la soledad solemne de su despacho llora amargo la venganza de aquellos a los que amó menos de los que ellos le amaban.

(266) El vendedor

bonhamled 01/05/2008 @ 08:08
- "Señora, me atrevo a llamar a su puerta para ofrecerle un producto que, sin duda, no debe faltar en su casa" - El vendedor ofrecía con ese prurito literario y escénico aprendido. La señora con la bata y el pelo despeinado, de andar por casa: siempre "fuera de sitio", pretendía cerrar la puerta, tras abrir esa pequeña rendija por donde se coló el eslogan:

"...Serán sin duda más felices en su familia..."

La vida, el tiempo, las circunstancias, el horizonte cada día más cercano, la oscura tendencia a la muerte y el tiempo, siempre ese puto tiempo que caía como agua de lluvia. Ella pensó, en su hospicio domestico donde se acogía a sagrado días y días, atrevámonos y busquemos ese elixir ya perdido entre pañales, gritos de niño, reuniones en el colegio y angustias verdes de diverso color otoñal.

- "Hace, bien en permitirme acceder a su hogar, puesto que le traigo a un precio casi ínfimo el artilugio, jaja, permítame que lo llame así (chiste preparado decía el manual del vendedor). Sin duda las tardes de domingo, esas que son intermitentes, o cuando su marido va a hobby, si lo tuviera.. por cierto, ¿lo tiene?" Ella recordaba las madrugadas vacías mientras Leandro empuñaba la caliente culata y se iba a balear inocentes animales con amigotes, y respondió sin saber ni pensar: "si, le gusta la caza". "El nobilísimo deporte cinegético, que tanta destreza y maña precisa"- Abotargaba con su discurso vacío lleno de perfiles de cliché de un imaginario diseñado por un publicista. Ella perdía los ojos en la ausencia de los días con él y sin el y asentía como ante un sacerdote en el púlpito.

"Señora, las ausencias de su marido, se pasarán ahora sin cuidado"- Redundaba el artero vendedor. Ella estaba en sus lágrimas, en sus tiempos perdidos, en sus ilusiones desgañitadas y en el tiempo, en ese turbio sentido de la dirección del devenir, que se había convertido en su enemigo acérrimo. " Pues no le entretengo más," la venta parecía segura a los ojos del vendedor; " y le indico el útil que hará su vida más entretenida y amable, que permitirá a sus hijos y a sus vecinos y amigos una diversión constante, para las veladas de amigos y para los veraneos"- Volvía el vendedor para afianzar antes de la firma.

Ella esperaba ansiosa ese elixir, esa absenta que le volvería al pasado pero, sin embargo, tras la retahíla de manual encontró la siguiente proposición:

"... sin duda, su casa no será la misma cuando compre este karaoke con las mejores canciones de hoy, ayer y siempre, no olvide que ...."

Ella no pensó más, se zambulló en la vinagreta de la angustia y el desánimo, se volvió hacia la casa y cuando el comprador pensaba que finalizaría su tercera venta del mes con los datos bancarios, le descerrajó un disparo de la escopeta de Leandro que le abrió el pecho en dos.

No supo, en ese momento, si dejarlo en el zaguán de la casa o, mejor, meterlo en su casa y en su cama; llamar a Leandro y esperar a que volviera, aquel martes de jornada de caza, con un presunto amante muerto en la cama y la policía esperándole.

(260) Numerologías

bonhamled 13/04/2008 @ 06:20

Un paso acompasado mientras el cielo me muestra sus nubes de tormenta.

Dos pensamientos se entrelazan con el ruido del andar: la justicia y el tiempo.

Tres días sin ver gente es demasiado tiempo o quizás demasiado poco.

Cuatro oraciones en una vida, mezcladas con ira, desesperación, dolor y fe.

Cinco veces en un mundo se abrió un poco la tierra y el cielo, luego se cerró.

Seis mil muertos al día en causas predecibles y evitables y sin embargo...

Siete días para cambiar un mundo falta una llamada o mil gritos de muecín.

Ocho, hereda lunático noche y vida, ignoro su porque, presiento su llegada.

Nueve, finisecular término de mi mano, sabe a tierra mojada y a debe/haber.

Diez, el final del camino, el final de la vida, el comienzo del sueño y del otro.

(251) Jueves lluviosos y con dolor de cabeza

bonhamled 13/03/2008 @ 06:32

Es meliflua la consistencia de la vida los jueves por la tarde lluviosos y con dolor de cabeza. Por eso quieres acabarlos y desembocar en el sagrado viernes que es un hálito de vida, un ala de libélula, un leve ulular de viento fresco.

La pena es que todo es mentira, es solo la tierra girando sobre su eje y, también, alrededor del sol. Putas ilusiones, son solo mentiras que nos llevan a un desengaño vestido de tiempo y de cronómetro que roba y sigue robando. Pensamos que afana al futuro pero solo roba al presente infinitesimal y angostísimo: A este presente, a este presente, a este presente...

(250) 11M in memoriam

bonhamled 10/03/2008 @ 20:45

La muerte es de hierro: Cuajada de negra sangre, frío y caliente de muerte. El humo es negro y gris túnica postrera de la némesis. El humo es la blonda de la muerte, como un heraldo.

El suelo brota en rocas marcianas, de trozos de alma y pedazos de risa, sonrisas, momentos y vida ajados, deslavazados, ajenos entre sí, chirriando como en locura, retumbando en un instante eterno. Bailando sin estar y riendo sin sonido, en una locura de eterna sinrazón. Un zumbido fuerte, muy fuerte ataca.

Ese instante dura la vida, una vida acaba en ese instante, un reloj marca un segundo, una vida se extingue,

una segunda luz negrísima deflagra y tiñe aún más de tibia muerte los gestos asombrados de los hermanos. Mancha de yeso las caras de los hombres y los convierte en calaveras polvorientas, por el tiempo, por el daño, por el estruendo sin música del estrambote.

Hoy es eterno, la muerte es eterna, su lluvia funesta y triste no parece acabar.El aumbido grave y siniestro de timpano tañe cronográfico en los interiores.

El hierro se puebla de mis trozos, el mundo se vuelve mi enemigo,

la naturaleza manipulada por los malvados hiende mis carnes, me muere, me asesina, me abre el pecho y se lleva mis vísceras,

quedo sin mi cabeza, sin mi alma, sin mi espíritu y sin mi corazón, solo lo fácil de robar

Se acabó el futuro, la risa y el tiempo. En este instante eterno, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero."

(249) ETA

bonhamled 08/03/2008 @ 06:44

No te cruces en mi calle:

Ni con tu ser hiedas más el aire, hidra.

No quiero tus carreras de terror, nihil de nihilistas.

Ni más disparos del ámbar del horror sucio, rasgado, fascista.

No quiero que tengas otros tiempos, amigos o vidas.

Ni hijos propios, ni libros leídos, ni verdaderas risas.

Ni negras pistolas, ni luchas conocidas, ni leyes, ni misas.

Ni palabras oídas, escuchadas, ni vinos, ni hombres.

Ni forzarme a pensar un ¿Que querrán? absorto, triste y encogido

en las tardes tibias y frías de la amenaza sin norte.

Solo pido para ti crueldad cerrada.

En regalo, en solemne y acotada celada.

En acechanza de miedo trilátero y tela encarnada.

Y cerradura, dura, afilada, fría, de mecánica deslavazada

para lo vital, absoluta, gris, rígida y demacrada.

Para quedar, en cárcel, robando quedo a la vida caliente

abruptos segundos de vida que a otro, pobre, quitaste

postulándote lánguida a una muerte silente, terca pero alarmante:

arquitectura fraude y ofensiva, rala de barro y plena de ceniza ardiente.

Tu, ETA, Asesino, biblioclasta, terrorista, caballo de apocalipsis

rutilo que es y se siente genocida.

(248) Levanta la sutileza

bonhamled 07/03/2008 @ 06:44

Levanta la sutileza y no te dejes llevar por el abotargamiento de los sentidos, incapaces de digerir más.

Siente el vacío y la llenitud de la sensación, la vida, el tiempo. No intentes ahogarte, en vida, en mujeres, en edades: es erróneo.

Procura sentir ese poco más que es la diferencia cualitativa y cuantitativa, no pretendas zambullirte en la sensación: solo lleva a la muerte.

Siente el sonido flojo, el sabor suave, el sentirse austero, el vivir completo.

Porque otra solución al final cansa, al final agota, incluso de uno mismo.

No hay otra solución que beber a pequeños sorbos, comer a pequeños mordiscos, vivir a pequeños pasos.

Porque eso sorbos, mordiscos, pasos son las materias de las que se construyen las sombras del recuerdo que amplificarán lo maravilloso de lo parco y disminuirán, hasta la eliminación, aquello que cansó.

No nos dejemos caer en las redes del más sino del mejor, juguemos con el recuerdo a nuestro favor.

Pensaremos, también que el tiempo es nuestro.