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Categoría: Murmullos

(289) Viaje en Metro

bonhamled 29/06/2008 @ 12:19

"Chu, cu chú", recupero el Metro con el dolor de espalda, con olores y con tristezas. Con esa limpieza sucia de donde hay mucha gente.

Recupero el cansancio y en traquetreo no se si verdadero o falso.

Recorro los trastes/traviesas del reloj entre minutos, cuartos, horas, escondido y enterrado en un ruido amusical, en genealogías atómicas, en coreografías conocidas, en gruñidos, alguna risa extemporánea, en un mirarse incómodo.

Pii..., "¿Cuantas quedan?", "¿Por favor me deja salir?", "¡No empujen!", "¡Guarro!", "¿Y tu que miras?", "¡Ya no hay educación!", "Y las vacaciones que?", "Es un pelota apestoso". Carreras inútiles por un asiento, perdidas de dignidad, mucha gente en poco espacio, mucha vida en poco tiempo, mucho dolor y poca resistencia, muchas lápidas y pocos canteros.

Vivir dentro de un reloj, ruidos de dragones escupiendo vapor, pequeñeces sulfídricas, quimeras de amplitud, vacaciones, sol y aire puro.

Piiiiii.

(286) Sección técnica 16. Lo prestado.

bonhamled 20/06/2008 @ 20:07

Todos estamos de prestado, tan de prestado que no nos llevaremos ni siquiera lo que trajimos: fuerza, juventud y futuro.

(281) Arte de cada a cara

bonhamled 09/06/2008 @ 05:16

La portada del disco King Crimson "in the court of the King Crimson" o "Skrik" de Munch me llevan a un mundo conocidísimo. Odio cuando el arte me habla tan de cara a cara sin permitirme descubrirlo. Es porque me dice de cosas que se que me duelen.

(268) oXirrinco

bonhamled 10/05/2008 @ 04:33

Desmond Abarra entró en el Bar de la ciudad fronteriza de oXirrinco. El cable desde Bakú había sido rápido y veloz. Arribó a Oxirrinco, se aferró con fuerza al cubo basáltico que le pondría en comunicación con su centro. Pensó en un instante en su hijo y revisó con la mirada los agentes de un8r) que había por la zona.

Entró en el bar intentando reconocer por la mirada a Reddha, hacía mucho que no le veía, desde la guerra de las inmigraciones, pero ahora tenía que encontrarle. Su futuro podría estar en su mano.
Una revisión rápida del Bar "Pink Diamond" y del "Moloko" de oXirrinco le devolvió una mentomusica extraña y repetitiva en frecuencias mentales bastante dañinas, cincuenta vendedores de psicosoma y algún que otro ladrón de poca monta arriesgado a una rotura de huesos y el robo de algún órgano, si estaban en buen estado.

Desmond Abarra escaneo en un vuelo la zona y no encontró frecuencias peligrosas: algunos agentes de UN8r) que podrían haberse detectado sin escáner mental, algún otro de la fundación de maras y de su propia tropa, en general un maldito sitio seguro donde poder morir. No vio a Reddha, por lo que volvió a su hotel y verificó su personalidad y la vida interpuesta: se aprestó a reconstruir un escaneo histórico en Bakú y una personalidad ficticia en oXirrinco que, al menos, soportara un cotejamiento modelizado de nivel 3 (el estándar de acuerdo a las normas de la sociotecnia en ciudades limitrofes o en zonas con riesgo de rebeldes). Reddha era un rebelde y el un alto cargo del Instituto de sociotecnia y psicología matemática de Bak.

(263) Instantes de pensamiento menor

bonhamled 21/04/2008 @ 06:00

Soñó la rosa,

un día, soñaba en hielo.

Los tristes paréntesis de sus hijos rendía en el suelo.

Soñaba el dulce, dulce de leche,

libaba sueños.

Hablaba la madre,

hablaba el padre,

urdía vuelos.

Terminaban andando y los sueños

Acababan silbando,

Rendía puertos,

Mataba albatros,

Moría pequeño.

(236) La vida urbana

bonhamled 04/02/2008 @ 19:16

Cuando quiero hablar de campos, caminos, páramos y regatos solo me salen miserias, rincones, fríos, inmundicia e insolidaridad.

Es la puta ciudad que se te mete dentro, y no te deja, ni ser beatífico, ni ser cuidado, ni ser congruente, ni ser natural sino agresivo, terrible, gratuito y terrorista.

Porque mis días no fueron patio, ni mis noches campo de amor, ni mis mañanas alegres pastoriles, ni mis comidas pantagrueles redivivos, ni tampoco el futuro una cornucopia perenne. En realidad todo trasuntaba pequeñez, ruindad parda, alegria que era fogonazo, tiempo que se encimaba, absurdo que solo el tiempo y la mesura arrebató.

También fue otra cosa, un gris que comenzó en gris y acabó en gris con pequeños gritos hirientes como alambre de espino, con moteados o jaspeados de negros que eran la muerte con su sonrisa socarrona. Eran futuros amenazantes que, casi siempre, se convertían en verdad en esas noches de invierno lluviosas y frías en la que uno casi esperaría no haber nacido.

Un cigarrillo tóxico es casi lo mejor, el resto daño, daño y daño.

(234) Balada de Mercamadrid

bonhamled 31/01/2008 @ 03:03

Mercamadrid se levanta orgullosa y terrible en medio del amanecer.

Antes ha recorrido con alma de Marco Polo el mundo.

En ese mundo encuentra hambres y saturaciones, lluvias y Menelaos.

Mercamadrid siente el corazón palpitante de una ciudad que pide comer.

También pide justicia, tiempo y hombres pero esos mercados no existen.

Todos lo que son engullidos por el gigante suda y pasan frio.

Mercamadrid llena sus casas y sus estancias de vituallas temibles, de precios absurdos, de bondades simiescas, de realidades de Sancho Panza.

Mercamadrid es el corazón palpitante de una ciudad que huye.

Mercamadrid es un gran cuartel, un lupanar exquisito, una muerte en directo, una cercanía de roble, un monumento al ser humano, una epistemología libérrima y terrible, una égloga con Von Mises.

Mercamadrid es una película con música de "Asfalto".

(231) Agamenón y su porquero vivían en Almadormida

bonhamled 27/01/2008 @ 06:31

Ayer sentado en la solana invernal en el recoveco o rincón que buscan algunos viejos antes de la muerte inminente para regocijarme en el diálogo y conversación con las personas de Almadormida pude presenciar un hecho asombroso.

Me levanté con frío y con esa sensación sorda, como de sombra de algo maligno sobre uno; el desayuno suave pero contundente de la Castilla insular junto con el posterior paseo, al abrigo de vientos y de retrueques alunados, mis resquemores fueron ripables y se tornaron en sonrisa y la cabeza en navío a destino.
El rato de tibia, pero fría, conversación me llevó el tiempo que lleva desde la no presencia en la misa hasta el tiempo del vermuth ácimo, ácido y de efluvio verdoso de absenta.
Mis pies meditantes me llevaron a la puerta de la vieja tahona de Almadormida y allí pegué la hebra, durante unos minutos, con Josafat y con su hijo Marvelo. Los nombres de tan apócrifa familia siempre sorprendieron a todos los almadormeños, y visitantes, pero atendían a un trasunto antiquísimo de viaje y de huida judaica de un Taf que aparecía en sus aspavientos domésticos.
Josafat y Marvelo hablaban del amor y valor de los símbolos, con su lógica agraria y de sol de mediodia. Por ejemplo, indicaba Josafat, el amor arrebatado que presentan los islámicos por su profeta y por los simbolos de su religión, Marvelo, que criado en el pueblo estudió y fue a la Universidad a la ciudad a completar sus estudios de Agronomía, no acababa de entender a su padre.
El tema se suscitó tras los hechos de la burla al profeta Mahoma en las tierras, más frías pero más ricas, de Dinamarca.
Marvelo ponía en boca de los hijos del islam la misma furia y respuesta en la arenga anti occidental que nosotros tuvimos, teníamos y, en parte, aun tenemos ante la amenaza de los hijos de la media luna. Josafat, con su oficio de campesino ilustrado con el yunque y la fragua, soplaba su viejo planteamiento reconociendo que en general, el tratamiento a árabes y musulmanes había sido malo, incluso en una ocasión, poco después del suceso triste del retrueco, un mercachifle sirio fue expulsado con algarabía del pueblo por la presunta intermediación de sus manejos en el caso, nunca probada ni siquiera intuida por la causalidad temporal.
Josafat se rascó su barba, miró al cielo y exclamó la frase que anoté en mi libro de noche con la esperanza de convertirlo en relato algún día.
"Si miras a un hombre desnudo, callado, y con los ojos cerrados, nunca verás lo que encierra en su interior; si lo ves vestido, con todos sus aditamentos, ornamentos y aparejos y con los ojos abiertos, las manos pensantes y la boca balbuciente, en ese caso, ya existirá el modelo o vida que debería o querría tener y no tiene, y además, te conminará a seguirle para ir a buscarla".

Me alejé unos pasos después continué un buen rato andando por las calles, desiertas, de Almadormida pensando en su frase y en como aprehendían los campesinos en sus manos callosas y en sus frentes quemadas por el frío la verdad y realidad total del mundo.

(229) El novicio loco

bonhamled 22/01/2008 @ 05:34

Gritaba cada nombre de calle que encontraba en su camino. Cada nombre comercial en pasquines publicitarios era lanzado al aire. Cada marca en pegatinas de coches, en rastros en su ropa, en su andar alocado y temeroso que se convertía en estentor. Gritaba y por eso, todo el mundo pensaba que estaba loco.

Se dirigía a un camarero que salía, por la mañana, a subir el portalón metálico del bar amanecedor con un estruendo audible. Le preguntaba: ¿Dónde estabas?. El camarero, se reía, le conocía inofensivo y bromeaba con un punto picante de burla: “vengo de vacaciones”, “Voy a cobrar un premio de lotería” o incluso un hiriente “vengo de follarme a tu madre”. El loco joven huía al no encontrar verdad sino solo realidad.

El joven de ojos fieros pero perdidos, no escuchaba porque las respuestas que buscaba no estaban en las pequeñas bocas de aquellos. Los veía como en una película en blanco y negro mientras una voz subconsciente, en estero y retumbante meandro de su pajarera le decía "Acabo de venir de Mein-Jirr", "He encontrado a otros monjes y otros novicios como tu, sigue este camino y llegarás a esa senda, la senda del conocimiento y de la fe. No la pierdas muchacho".

El joven seguía andando en una dirección, cualquiera, siguiendo la indicación del monje guerrero, el tabernero o la muchacha que hablaba a su cabeza, invisible, imperceptible, inexistente. El andar, muchas veces en círculos, otras yendo y viniendo a toda velocidad en parques y jardines era una nueva prueba que hacía pensar a vecinos, amigos y a sus padres que había perdido la cabeza. ¿La había perdido?

Preguntaba a amos, criados y a mecánicos y repartidores por su maestro, por su congregación sin respuesta blanca. Buscaba: ¿Dónde encontraré la felicidad?: Preguntaba a unos y otros sabiendo de ellos más de lo que la locura y la edad debía prestarle. Pero estaba loco aunque él los veía blandos, lejanos y transparente como clepsidra.

El joven novicio tímido y perdido solo acertaba a escuchar: "Querido siervo de Arrz, tu camino está errado, ven a mi casa y te daré agua y frutos secos para continuar tu camino. Son muchas leguas las que te esperan, tu maestro, el gran sufí, pasó por aquí hace una semana, el polvo del camino y la llegada del invierno te sorprenderán antes de que vuelvas a su seno".

Lloraba el joven loco, perdía la razón en una búsqueda que no salía de su más cercano barrio. Sentía como la vereda de sabiduría que un día decidió seguir se escapaba por las venas de los caminos. Añorando aquellas tardes de claridad y enseñanza, de juventud aprovechada ahora buscaba sin dejar de dar vueltas aun omphalos que no aparecía, sin dejar de escuchar insultos, sin dejar de provocar y tener miedo.

El joven novicio temía a las partidas de bandoleros, a los asesinos Hassidim, a los pobres y temerosos de lepra, a la peste que se oía rumorear más allá de la montañas de Taf y a la falta de conocimiento de quien, como él, se había criado entre mantillas nobles que solo había abandonado para incorporarse al monasterio. Desde entonces la lectura, los cantos y el diálogo mayeútico había guiado su vida. Ahora estaba perdido. Perdido en un mundo blanco y negro de Gortina que le odiaba sin conocerle.

El loco volvía a casa, cada tarde, quemado por el sol, abrasado por el cansancio acogido por padres y hermanos mayores mientras las lágrimas de la cara de la madre abrían surcos: Surcos que eran caminos a andar, nubarrones a eludir, saetas que quebrar para el novicio Maar en su búsqueda trascendente.

El pobre novicio abandonado tras el ataque al monasterio, desconocedor de las realidades y verdades del mundo vagaba en busca de un maestro y un grupo de acolitazgo fantasmal y sorprendente. El loco había pasado toda su vida entre el deterioro y la locura, con flexiones y genuflexiones graciosas, con guiños al mundo real, con diatribas y reconciliaciones con su mundo, el exterior, que le expulsaba.

Enloquecía, el pobre novicio enloquecía, sorteando barrancos, cada vez más profundos, huyendo de interesados mercaderes de esclavos, de legiones de soldados destino a Taf, la ciudad mágica, y de informaciones asustadizas que le llevaban ora al norte, ora al sur. Su pelo, sus manos blancas, la suciedad en su semblante y en sus manos, consecuencia de la búsqueda le abocaron a un hartazgo y una desidia que lindaba, por necesitad y en ese mundo, con la muerte. Se sentó para no volver a moverse más, quieto, estático, no extático, sufría cada segundo, moría, destilado, cada minuto, cada sol, cada luna lejos de su maestro con su ceguera visionaria, con su conocimiento taumatúrgico, apartado de la sindéresis de libro, voz y camino. Su vida se agostaba enmudecida cerca de Tarsis, en los aledaños a Malia, en recovecos de ladrones y enfermos de Gla.

El efecto de los remedios médicos se veían poco a poco. No era la primera mejoría que acababa luego en golpe abrupto de nuevo: voces, gritos, carreras. En su interior la medicación se le aparecía al monje como un difumino del camino que buscaba, una perdida del norte, un andar  vagando por un mundo nublado casi sordo, casi inmóvil, casi muerto.

Sus hermanos no dejaban de vivir en la fronda terrible de la duda y del temor. Su padre interponía escaleras tremendas para llegar a la satisfacción de la curación tantas veces negada. La madre creaba mares de lágrimas presentes y avanzadas, mares profundos y negruzcos que cruzaba una vez descansaba. Todos ellos esperaban con verdor la esperanza de la salida, la vuelta, el llegar . Mientras el novicio Maar sentía esos momentos como un sufrir de acerico cada día, cada legua más lejos de su maestro - harazan Arrz.

El novicio sentado, cansado, siempre cercano a su muerte, Observaba la mágica espesura de los bosques malditos de Oru, las escaleras que llevan a la ciudad fronteriza y fortificada de Ol-ñaé, los mares de agua salada y a dulce de Yu-Tibi y Har-tibi desde donde salían en periplo los barcos udjat de los pueblos del mar, las legiones que se dirigían a tomar el reino de taf, los piratas que esclavizaban y escondían a sus víctimas en el desierto creciente. Las caravanas que esperaban con paciencia la gran marcha ininterrumpida hasta Dor con sus estandarte de Astarté y el maldito Baal. Las monedas de mil dioses y mil reyes como Salmanasar, Diom, César, y tambíen Xot. Las gentes de los mundos del norte y sus bosques oscuros como día de otoño.

Las Pitias que cruzaba le cantaban a su belleza, le confundían con sus mañas de mujer o le indicaban caminos terribles por donde perder la vida y la fe.

Veía en su andar peregrino las techumbres tejidas con tela de araña de la ciudad costera de Amm- Tadir. Ciudad-saga inicio de una nueva civilización posterior deambulante hasta la lejana Assur y camino de huida de los habitantes de Taf que previeron el desastre. Reconocía en la cara y los semblantes extraños y blanquecinos a los comerciantes de la lejana Arcadia tan misteriosa como sus mercaderes y sus vestidos.

El joven pulcro y aseado, encontraba su historia triste en la suciedad rota de su hábito-toga lleno de costras de suciedad, con arañazos logrados en las tristes y lóbregas cuevas nocturnas de enfermos y huidos donde le daban acogimiento. La vida se aparecía con el humo verde de la desesperación simbólica y hermética, como una pared de volcán en erupción de más de tres mil metros de altura a la que habría que escalar según le contó en metáfora el venerable Harazan Arrz.

(227) Metro

bonhamled 17/01/2008 @ 05:29

El metro es ese reloj tremendo que dice Cortázar.

El metro es la irrealidad de un vagón a un Austwitz desmejorado, un cruzarse incómodo de miradas, un correr indigno a buscar un sitio que no pertenece.

El metro es esa suciedad inexistente pero metafórica, esas voces robadas aquí y allá, esos calores y esos fríos inconvenientes.

El metro es el estar muy solo o muy juntos, es el estar muy lejos y muy cansado, el olor a sudor o a colonia pachuli.

El metro es un rastro de fuste de rosa, rígido, tiple, espinoso, duro y largo como una vida.

El metro cierra sus puertas...