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Categoría: Murmullos

(226) La era del guerrero

bonhamled 13/01/2008 @ 16:37

Mira el guerrero del largo cabello rubio el sol poniente y mesándose la cabeza augura un día venidero doloroso. Los congostos se hacen aún más estrechos y la vida es un camino pino hacia un precipicio.

El viento fuerte y duro le araña la cara y el guerrero, el hombre con la espada en la mano, piensa por un instante en el porqué del andar, el para qué y en el fin. Quizás esperar sería lo mejor o, mejor aún acabar ya sin caer en la cobardía del aferrarse sin dignidad a la vida.

El acabar vendrá pero el sufrir puede evitarse.

Mira el guerrero el sol poniente, se observa de forma nueva las manos, sin embargo aprieta la cabalgadura y sigue avanzando hacia la fatalidad, la incertidumbre y la mala fortuna. A fin de cuenta es un guerrero que vive para hacer la guerra, aunque sea a la propia vida y no cede ante lo predispuesto aunque sea por el destino escrito.

El tímido y pequeño oficinista despierta de la ensoñación instantánea en ese instante y da un paso atrás: El tren está demasiado cerca y ciñe la brida de su montura inexistente con una mano y con la otra el pomo de la espada herida en mil batallas que no está: Se siente dueño de su día.

(220) El poeta abandona

bonhamled 30/12/2007 @ 08:58

El poeta abandona su jardín y su parnaso. Desde tiempos del gran pútrido Chinasky o del mórbido Poe ya no vive ahí, puede que en un manicomio como Panero o en el filo caliente de un cuchillo.

El poeta abandona el hablar solo del amor porque es tan pequeño como un microorganismo y puede ser confundido con el no existir.

El poeta ya no viste de corbata ni imposta su vergonzante voz atiplada para recitar con recoveco de tumba delante de los personeros, no le entienden pero le compran.

El poeta no se cita con demonios en cafés, más bien convive con un demonio que es el vecino, la gente, los otros.

El poeta sabe que tras la hecatombe, el genocidio, el cataclismo no hay métrica ni hay orden, no hay moral, ni Dios. Se afana en construir una logomaquia ética con los ladrillos de adobe del pensamiento honrado.

El poeta duele y le duele, esta más herido que magullado y mira al futuro descreído de ideologías. Es el poeta: le llamo el poeta.

No todo el mundo le llama poeta, alguien le llama "sin hogar", otros rapero, otros más loco y casi todos inexistente.

El poeta es funda para guardar cuchillos, saco de punching para fascistas, desaparecido de policías, ciudadano cansadísimo y pagador de impuestos, bailador en el reloj diario del metro.

El poeta abandona la poesía de estilo clásico y se zambulle en la verdad, la mierda y el tiempo. El poeta.

(219) Paquito

bonhamled 28/12/2007 @ 22:12

Paquito ríe, Paquito es tonto, es listo, es vivo, pero es loco. Es tan cuerdo que sus aspavientos y tonterías auguran el futuro.

Paquito corre por las calles, sucio, riente, con la baba cayéndole, hablándoles a todos con su parla de media lengua y su mezquina mirada. Todo Aparicio le conoce, es Paquito, Paquito: el tonto.

Paquito ríe y ríe, y así andaba los días de antes de llegar el malvado Goush al pueblo. Reía y reía con esa sensación de Dixie y de Weimar que predecía algo malo.

El día que el viajante entró en el pueblo, con sus ideas, con sus moscas, con su verbo extranjero y fácil, Paquito dejó de reir, se escondió, huía tras las esquinas. Paquito, sin embargo, también murió aunque puede que no engañado como otros que se creían muy inteligentes y vislumbradores.

(217) Duchenne vs Wallace

bonhamled 24/12/2007 @ 13:54

Si tuviéramos que hacer una separación del mundo sería de muchas formas pero todas serían versiones de la siguiente:

  1. Sonrisa Duchenne.
  2. Sonrisa Wallace.

Es el hecho en primera persona de la búsqueda de la felicidad y la impronta de lo insondable de hallarla.

(215) Se tatúa

bonhamled 20/12/2007 @ 18:12

Se tatúa la palabra muerte en el pecho, en el brazo, en el hombro.

Se tatúa la palabra muerte en la espalda, en las piernas, en los pies o manos.

Se tatúa para conjurar a quien ya depositó sus huevos dentro de él.

Su parásito, la muerte, ya descuenta tiempo mientras el zumbido del tatuador intenta pararlo: es imposible.

Mejor sería gritar hasta desgañitarse contra una tormenta: al menos la necedad de la valentía se considera digna.

(208) Elogio y defensa del nacionalismo.

bonhamled 08/12/2007 @ 19:51

Los nacionalistas viven en pequeños reductos.

Apenas respiran el aire abierto porque el aire viciado tiene mucho más polvo de la tierra.

Casi no leen porque sus lecturas no pueden verse contaminadas de internacionalismo y la tinta del calamar nunca se da en tierra adentro.

El sol le da un cierto orgullo y desesperanza: brilla para todos.

Los nacionalistas viven en pequeños grupos y mueren juntos como cucarachas en rincón.

Los nacionalistas pierden la vida y la razón negando lo que en lo otros es bueno y se empecinan en reivindicar todo lo que tiene de propio la mierda.

Los nacionalistas dan risa cuando no pena, pena cuando no miedo, miedo cuando no pánico, y sangre cuando nada de lo anterior.

Los nacionalistas nunca lee, rezan mucho, se masturban delante de banderas, les gustan los himnos de fanrarria y vestir y pensar uniformados.

Los nacionalistas piensan que la tierra se convirtió en destino y carne en ellos mismos y siempre se dan un papel protagonista en la historia.

Los nacionalistas andan por el centro de las aceras y piensan, con la barbilla levantada, que todos los demás son el resto.

Los nacionalistas les gustaría expulsar, echar, mandar fuera a los que no son como ellos somo si ser como ellos fuera un argumento positivo...

En el fondo son unos sentimentales con armamento dialéctico y militar.

(206) Cuento sobre azogues y tiempos

bonhamled 06/12/2007 @ 04:39
Miró el viejo espejo, en el que se refleja el retrueco gris, y me sorprendo de su estado. Su mal reflejo. Recuerdo cuando lo compré, tardo y en el horizonte. El azogue se aja y se va desprendiendo en aguas, devolviendo una puerta de oxido y desgaste como de un daguerrotipo con cenefa.

La imagen día a día se pierde en tiempos, en las arenas ardientes, heladas y herrumbrosas del día y la noche, en los rumores de personas y los runrunes de las hablas. El tiempo huye y el espejo se estropea, aunque puede que todo sea nada más que un caro teatro presentáneo que nos da la marca del discurrir parsimonioso y remachado del río-tiempo. Hasta ese punto es de cobarde que busca mercuriales de amalgama que, malvados, nos deparan en arquitrabes de metáforas y andamios sutiles de fragancias el negro agujero occiso del mechinal del "memento mori".

(204) El agua de Tales

bonhamled 04/12/2007 @ 05:47

Volvía a su casa, una vez desembarcado, pensando, por encima del horror de las cenizas derramadas y engullidas por el salado mar. Tenía la certeza de la pequeñez del ser humano. Zvi andaba en dirección a su casa, sus calles y a sus seres queridos, conocidos, vistos.

Recordó unas inmensas pilas de escorias que acarreaba a la voz rápida del capataz, amenaza y, a veces, castigo ejemplar. Por eso parecía poca cosa este último gesto.

Buscó un lugar en el mar, en el punto que más se pareciera más al de su izquierda, al oeste, a sotavento o a la hiperbórea; un lugar que pudiera ser cualquiera. Arrojó el contenido, que desapareció, convirtiéndose en nada, en un lugar que no era ninguno.

La desesperación de la ceniza vivió un instante apneico y, como la locura en el sabio o la pesadilla en la beldad, se hundió tiñéndose de gris oscuro, burbujeando sucio, escondiéndose para siempre, desintegrándose para no ser en aquel mar de la primera mañana.

Todo lo demás quedó atrás, la muerte, la nada, el vacío, el no ser, el no estar, el desaparecer, el pequeño viaje en secreto pero no oculto, y la vuelta tranquila, diligente pero no rápida: de marinero.

Anduvo las calles y vió personas, su gente. Los marineros reparaban redes para la próxima salida o para su guarnecimiento y guarda. Recordó a los saltarines muchachos por las calles. El sol se aventura en el cosmos de su camino por el cielo mientras la gente come, rie, vive y es, como en cualquier otro día de los que vendrán, como en cualquier otro día de los múltiples pasados.

Pensó, un instante, en el vivaz movimiento de la mañana: mujeres, niños, trabajadores, enfermeras, guardias, amigos, enemigos, cercanos, lejanos. Pensó en el mundo, en la vida y siguió andando. Ese andar seguro con paso señero significó mucho más que lo que había hecho dos horas antes: enterrar en agua el espíritu perverso y enfermo del falso Ricardo Klement, la mano ejecutora y pensante del asesinato de su pueblo.

(203) Láminas de pájaros

bonhamled 02/12/2007 @ 06:36

Observo láminas de pájaros

Con todo su detalle vano de plumajes, tamaños y características

Su linneico nombre me lleva a pasados de oscuridad y negación.

Por eso prefiero el vuelo

a la plasmación cobarde del dibujo aterrado.

(201) Ratonea el tiempo

bonhamled 30/11/2007 @ 06:39
Ratonea el tiempo, amarga y roe.
Simpleza de Haiku resuelve en andamios.
Arquitecturas de arquitrabe, alquerías de varahunda.
Ratonea el tiempo, corroe más que los sulfuros.
Ratonea el tiempo, roba pelo,
regala grasa, añade desconcierto.
El tiempo menoscaba, encima músicas ya oídas,
reitera guiones ya rodados.
Repite, fiable como apuntador, libretos ajados.
Ratonea el tiempo, escondido en guanteras de coche,
el calor y el cerrado matan el trasunto.
Vive de cierzos, xalocs e infancias de Rulfos.
El tiempo ratoneado engaña, miente, te promete
para ser un camino de garbancillo a la muerte
con un sutilísimo toque de especia esmeralda.