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Categoría: Murmullos

(145) Instrucciones sobre como volar

bonhamled 31/07/2007 @ 04:59

El hombre es el único animal de dos patas que no vuela y esa inicial frustración, no poder volar al menos en potencia les separa de avestruces o pingüinos que guardanla potencialidad como un tesoro inasible pero presente.

En ese pensamiento se encuentra, el hombre, con unas piernas con las que andar o correr y unas manos inútiles, de la posibilidad de hacer presa y tomar ha hecho un mundo.

Un mundo que por haber nacido de un prejuicio y un complejo acabará por matar al mundo: Intenta acercarse al cielo y solo se precipita al infierno.

(128) El, yo

bonhamled 11/07/2007 @ 04:42

yo-grande.PNGComo en aquella poesía de Eugenio D'Ors, pudiendo haber sido tal o cual, haber vivido tal guerra, tal venganza o tal aburrimiento me he visto resignado a ser yo. No aquel, ni aquel otro, ni un estibador muerto borracho en el puerto de Londres en 1817, ni un boxer inmolado en China. Soy yo.

Es un premio envenenado de mi mismo porque, al tiempo que soy yo, me desdigo de ser yo mismo: consecuencia y acto de mi ser.

Miro al cielo y al infierno, al terrible espejo y al tiempo y sigo viendo que soy yo. ¿Como me desyoificacría? y, sobre todo ¿Donde aterrizaría un yo sin yo que quiere ser otro yo?.

Es una cadena que cae, eslabón a eslabón por una catarata plena de agua. Llamémosle pensar  inusual o, quizás, angustia que atenaza. (más lo segundo).

Este querer reinventarse el yo para estár más cerca de la voluntad schopenhaueriana del propio yo es parte de la grandeza, del ocaso, de la muerte y, también del dolor de alambre de espino del ser humano.

(126) El mundo burócrata

bonhamled 09/07/2007 @ 05:27

El problema es que al desembarcar, al depositar mi humanidad, oblonga y grande, en Andalucía mis procedimientos, normas, instrucciones, ordenanzas, guiones y rigidez se diluyen.

6gato-azulejos.jpgOigo, nadie oye, un chapaleo, un chapoteo escaso como de agua salada de poca profundidad, llamémosle de estero. También porque piso un asfalto que es casi de albero y porque la sonoridad de las palabras limadas y aligeradas se pierden tras esquinas que no son ni tan verticales ni tan geométricas. Oigo quejíos de herrumbre y reciedumbre antigüa y de verdor metálico futuro.

Veo los blancos que son otros, más llenos de sol, menos vacíos de negro, más profundos y plenos. Veo una música que gira con el sol, un olor lejanísimo Omeya, un andar que hace al calor apretar de forma difícil.

Luego, al poco, siempre menos de lo que deseo, vuelvo a mi casa en Madrid y durante unos días, pocos también, me da la sensación de habitar una ciudad de burócratas que nunca son ciudadanos.

Foto: 

(119) El buitre

bonhamled 28/06/2007 @ 05:26

Comía y comía y aunque no tenía hambre comía por si mañana no pudiera comer.

Terminó con las vísceras, las carnes, el polvo y miró, oyendo, el suave flop flop de sus familiares y alzó el vuelo, buscaba un comer, un seguir viviendo y un huir de los enemigos.

El recuerdo, laguna verde de oblivión de textura anóxica, viscosidad leve y dañino arrayán donde apenas asirse se desplegaba, se abría como paraguas en agua, en su mente.

Seguía moviéndose mientras la vida pasaba frente a él, mientras buscaba que seguir comiendo y comiéndose.

(113) Fotografías ejemplares. El arte

bonhamled 14/06/2007 @ 03:21

2007061193manzoni1.jpg

http://www.elconfidencial.com/cache/2007/06/11/10_celebre_conservas_manzoni_contiene.html

(110) Historias de un barrio

bonhamled 10/06/2007 @ 07:02

“Para Pepita en el día de su cumpleaños de parte de quien ella sabe”, cantó, cuando iniciaba la música pegadiza de la radio.

Pepita escucha la sintonía de la radio, sorprendida por el descaro del joven que la ronda mientras se escapan las risas y los codazos del taller de modistillas en el que trabaja. La ventana deja huir el murmullo de jóvenes e hilvanes y sube, por el patio de luces hasta el lugar del enfermo, el del espíritu de acidía escondido por semanas y enjuto como muerte trigémina.

El suicida escuchó en la tarde de la primavera esa muestra de amor adolescente. Aflojó la soga arisca y áspera y quedó pensando mirando por la ventana. Quizás mañana fuera otra cosa, el sol comenzaba a ponerse. Tiró la soga con ínfulas y pretensiones de asesina y pospuso, a menos un rato, su Némesis saliendo a la calle.

madridplazadelascortesprincipiossigloxx1.JPGLa noche, que todo lo teñiría de negro, lleva al avieso trapero a la búsqueda por los cubos de basura de la ciudad, los traperos indispensables recicladores en el tiempo donde el reciclo es el autometabolismo metempsicótico de la gran ciudad que se despereza de resacas de bonanza y tristezas de guerra.

El trapero recoge papeles, ávido, metales variopintos, extrañas latas llenas, curiosas figuras manchadas del cotidiano alimentario, y, entre ellas, cuerdas, cordeles, hilos, cabos, sogas, maromas simples o deshilachadas, correas no muy gastadas. Esas sirgas o ronzales de arte desconocida sirven para atar, cerrar o colgar los aparejos que en el mundo acompañan. Rezonga, cansado, el trapero por la mala suerte, y en un instante casi sin pensarlo y añorando un vaso de vino adormecedor, blasfema a voz audible creyéndose solo.

Tras una esquina y algo más adelantados al trapero sucio y triste se reconvienen dos vecindonas:

- ¡Dios, mío que desverguenza! Doña Paquita, ¿ha oído usted la blasfemia horrible de ese hombre?, Si viésemos un guardia le daba parte, ¡que insulto y que vergüenza!.

- ¡ De verdad, no se donde vamos a llegar!, la culpa la tienen todos esos sindicatos y gentes que animan y levantan a los maridos en los trabajos. Sin ir más lejos, Doña Engracia, andaba yo paseando con mi Proscopio por la Ribera de Curtidores cuando una barahúnda de muchachos salió corriendo, pero no eran muchachos sino trabajadores de “Esteña”; la fábrica de tejidos y tapices holandeses…, a poco nos aturrullan con los guardias siguiéndoles, fíjese que nos hubimos de esconder en un portal que se abría.

Se llevaba la calle a las amas sepultadas en sus conversaciones canónicas y sus críticas fractales, siempre con el trasfondo del vino bebido en exceso por los maridos. Buscaban la Ítaca de chiscón, cisco y buhardilla sin aseo en la cuesta arriba mientras se cruzaban con un hombre, taciturno, triste, amargado pero con un rayo de luz asomándole tímido en el semblante.Andaba hacia no se donde y venía de no se sabe que quebranto dañino.

Don Luis de Leza y Cardones había estado a punto de suicidarse, su quiebra física, su rotura moral, la pérdida de su hijo y su mujer en una atentado anarquista y la tristeza del sentirse solo le había llevado al camino al Damasco de la negación de su vida. Arrastraba los píes despistado y desnortado buscando un que, un cómo, un quien difuso que no se le aparecía como hada por lo que seguía andando hasta que apareciera la pieza que le faltaba muchísimo en el puzzle.

En la otra acera, y mirando el último atardecer del día, andaba Andresito Bueneras con camino de la ronda de la Estación. Buscaría a Pepita para que a fuerza de guiños, y eludiendo la vista de la madre, hacerse señas cómplices de la inteligencia de la dedicatoria de la radio. El “pollo” subía la cuesta hacía el Madrid más castizo como unas castañuelas silbando y cantando de hito en hito.

Topó por el suelo con un pequeño billetito, en su andar alegre y trotón, una carta de amor desprendida de un blanco brazo perfumado o de una cartera de artero enamorado. Se dispone a leerla en un paso más menguado. Recuerda a su Pepita con devoción y llama adolescente y cualquier inspiración algo más literada le sirve de acicate para endulzar las palabras que le dirá o que les dejará decir, que siempre coinciden no siendo lo mismo, a su amada.

Lee, sonríe y piensa las lisuras mientras se acerca. En la puerta del taller de modistillas Doña Engracia, vigila y asiste a su hija, despidiéndose, al paso, de Doña Paquita que acude presta a preparar la cena a su Proscopio. Proscopio pierde el tiempo, en esos instantes de la primera noche, con un desconocido en la taberna “el Rey de los vinos”, un loco Quijano que se llama Luis o Luisillo y que en su borrachera dice haberse querido suicidar ese mismo día. Proscopio no tiene prisa en irse, es convidado, Luis Leza pierde su vida en los hilos del hígado por no molestar con equilibrismos de soga y viga.

Por desgracia para Andresito se adelanta Doña Engracia a las intenciones del pollo dedicador y este, en retirada, recula hacía un callejón. En el recoleto y oscuro tramo, hogar de tristezas, ladrones y ocultos, el trapero rebusca entre unas mantas tiradas en el suelo,un futuro de posible fortuna y victoria, ninguno encuentra nada.

http://estrella.lamatriz.org/desvan/MadridplazadelasCortesprincipiossigloXX1.JPG

(108) Casos de precipicio literario

bonhamled 08/06/2007 @ 05:23

Abrió avejentado la cuartilla y tomó, por esas cosas del aburrimiento y el horror vacui, un libro suyo de los que dejó de regalar a amigos aunque debía haberlo hecho, incluso a esos menos amigos.

Abrió al azar su tercera novela, “los Idus del barro” y repasó un párrafo que comenzaba “ Teresa anduvo largo trecho por el paseo de los cerezos, su familia, incluyendo a los Ortiz de Lazarure, se reunían en la vieja cervecería. La crisis amarilla se avecinaba…”

Pensó: ¡que triste!, ¡que mal resuelto!, ¡que poca gracia y arte, podía haber hecho…. Callaba y en su cerebro se marcaba la trayectoria pirotécnica de un cohete de ideas, uniones, recuerdos y connotaciones graciosas, efectistas y bonancibles. ¡Que horror!, sin tiempo para corregirlo, sin tiempo para publicarlo, sin tiempo para vivirlo. Recordó las vicisitudes de publicación de aquella novela, primero cuentecito y luego estirado con algo de arte y un mucho de necesidad económica en París hasta la novela a la que le sobrarían, de manera sencilla, al menos cuarenta páginas.

Volvió su aburrimiento a su página en blanco, se trasnochaban por la otra carilla las letras de contabilidad de la resma. Tuvo que volver la cara al libro y buscó en la página ciento noventa poco más o menos el texto:

“Kuriashin” saltaría la trinchera en cualquier caso. El amor como el odio era un fiel que no definía aquellos tiempos. Cargaba los corderos entre bramidos de bala y se dirigirían, el camión traquetreo de intendencia, al otro campo donde los fieles les esperaban. ¿Cuanto tiempo llevaba pensando en Teresa?, ¿Cuántos cupones tendría?, ¿Quiénes se jugarían algunos de los cupones robados a la baraja?. Miraba por la ventana los fragores.

Sonrió, el escritor, porque vio en el escaso texto la definición del cuento, la unidad más conseguida, incluso con ese “pulso onírico” con el que algunos críticos ramplones y acomodaticios le jalonaron el nombre en el aldabonazo de su carrera. Le gustó, sin embargo pensaría, ¡que pena!, ¡que tristeza y que horror!: ¿Seré capaz de volver a escribir igual? O me perderé entre barcos blancos de espuma blanca en el blanco mar de las hojas vacías y la necesidad imperante en el ring-ring del editor. ¡Que pena de contar!, ¡que pena de decir, que pena de escribir estando esclavo de mi vida y mi obra!. ¿Qué me queda sino…?.

Se levantó de la mesa y fue hacia el mueve bar de donde sacaría un par de pastillas de color amarillo mortecino y el aroma y el brío maderero inconfundible del Whisky para ahuyentar fantasmas, para atraer musas y, si se tercia, parcas.

(107) El vuelo

bonhamled 07/06/2007 @ 05:30

Abrir los brazos y encontrarse, encima de la columna como santo buñueliano, un mundo debajo.

Seco, ravuelo-a-londres.jpgudo, vertiginoso, parado.

Abrir los brazos, remedos pobres de alas, y lanzarse al vuelo.

El golpe, la muerte, la ausencia de un Dios que.. puede que nunca hubiera estado.

http://fotolog.diariodeunjabali.com/images2/vuelo-a-londres.jpg 

(105) La última duda

bonhamled 05/06/2007 @ 05:34

Agonizaba su vida en estertores ácidos y de bramido respiratorio, Su vida, sus hijos, fuera de la sala médica respondían al eco final con unos llantos desangrantes, alaridos torvos de injusticia repetida.

 

Moriría en breves instantes, moría dubitativo como toda su vida, se enfrentaría al paso sin mano, como nació.

 

Encontraría el futuro en un vago que abandonaba, una estación que llegaba.

 

Su familia, única, unida, repetida, quangel-guia.jpgerida, llorada, añorada, repetía sus desesperanza fuera, el hospital está cansado de oir llantos, pequeñas alegrías entreveradas de duelos, más que dolores.

 

El hombre moría, justo, joven, pensador, su vida buscando acababa temprano con su familia en el pasillo impertinente e interino del hospital.

 

De repente un hijo, uno de ellos, el pequeño, el más pequeño, entraría a la sala, pidiendo permiso, nadie pudo negar, sobre pasó el control, llegó a la habitación, respiraciones fuertes, heces, sudor, frío, ojos blancos, baba en la comisura de los labios del cuerpo del que fue su padre y ahora era un cadáver todavía no finalizado.

 

- Hijo, dijo en su última lucidez, mi hijo.

 

- El hijo con su gesto serio, con una voz profunda y desconocida, le habló a su padre ya marchante: Padre, ve sin miedo, donde irás nada te pasará, hazme caso.

 

- El padre sorprendido no veía a su adolescente hijo sino a un hombre alto, joven, fuerte, con la mirada clara y la piel tersa,con una voz completa gruesa con reminiscencias de eco

 

El moribundo sorprendido miraba a su hijo sabedor de su muerte no sabiendo si esa metamorfosis del hijo adolescente era verdad o juego de su mente.

 

El hijo, el angel, se dirigió a la puerta, su cara ya no era madura y vivida sino adolescente, sus lágrimas caían al suelo. En su espalda, y para que su padre lo viera, desplegó unas grandes alas blancas puede que el tampoco lo supiera pero el padre murío, al menos, guiado.

 

El dolor del ángel fue ninguno, el dolor del muerto algo menos y el del jóven un océano, incluso añadiendo una leve falta a su cometido en el mundo.

 

http://www.haciaeldespertar.org/galeria/hacia-el-despertar/Angel%20Guia.jpg

(101) La vida

bonhamled 01/06/2007 @ 04:15

Cruzó maravilloso y malvado la calle en lo lejos de la noche se veían las luces de los vehículos en la salida del semáforo reflejándose imperfectísimas en el asfalto nocturno.

Llegó a la otra acera, oceánica, de la gran avenida y esperaría, una vida, un segundo. El tiempo nunca era un problema.

Un tic nervioso imperceptible le indicaba que no estaba tranquilo, un presentimiento le turbaba. La noche, su medio natural, no le era amiga, puede que todo fuera mentira, que solo hubiera concurrido a una trampa.

walther_pp_proto.jpgAún así espero y cuando vio salir a la persona que coincidía con la foto que le habían entregado, dirigirse a la oquedad de la gran ciudad desde un un portal oscuro dulce y ratonil apretó los puños, se ajustó el pañuelo del cuello y se caló el abrigo en la fría noche madrileña de enero. La lluvia todo lo convertía en más difuso y más lejano como amparado por toneladas de aire concentrado correspondientes a kilómetros de campos elípticos.

Se oía el ruido de la gran avenida, un ruido de personas yendo y una musiquilla ronca. El muerto, todavía no, vestía correcto pero sin riqueza ni ostentación. El matador en el todavía lejano gesto de arruga en su cabeza supo que el asesinato, como muchos otros, era tremendamente injusto pero su trabajo y su vida era esa: sin juicio y sin preguntas.

Se acercó al tibio magnate con pinta de contable le apuntó con su Walther PPK, disparó tres veces en el chirrido de arranque de coches, cambio de semáforos y lejanías. El muerto cayó exangüe en el suelo, se marchó y no volvería.

El asesino pagado se acercó para verificar la muerte, volvió a comprobar que era la persona buscada, algún error había cometido en el pasado, y calándose el sombrero para ocultar sus ojos se marchó a un paso tranquilo hasta su motocicleta, aparcada en la siguiente esquina concurrida de la noche lluviosa.

Andaba y soportaba el aguacero descuidado, tomó de nuevo la foto del muerto, la rompió en pequeños trozos mientras pensaba en el dinero cobrado. Una papelera oportuna junto a la calle le sirvió para desembarazarse de esa muesca en su revolver, que no era tal, sino la sospecha, no concretada, de una muerte que sería la suya.

Arrancaba la moto anónimo mientras se oía, casi adivinada, una sirena de policía a lo lejos.

Foto: http://world.guns.ru/handguns/hg13-e.htm