Esta es la historia de un deambulante por la ciudad mientras ve, parcelas potenciales, clientes futuros, financiaciones ,etc...
Andaba por la calle Preciados, por la calle Serrano, por las calles que rememoran un pasado cercano de virulencia comercial.
Veía aquellas señoras con necesidad de compra de cosméticos o de bella ropa de celebración. Aquellos señores querrían, sin duda, uno de mis artículos, productos para el vehículo, interesantes colecciones de libros o incluso zapatos italianos de importación. No se nos olviden los niños, educativos juegos, didascalias estupendas que signifiquen alfaguaras de conocimiento para su mente párvula.
El señor adulto, la mujer mayor, el militar con graduación necesitado de un producto para limpiar su sable, el jovencito para regalo de novia, los vehículos para mejorar sus neumáticos, su motor, sus prestaciones, la calle que precisa, sin duda más papeleras, bancos, lugares. El bar que carece de las nuevas unidades de vasos de diseño para distinguirse de los demás, aquella floristería que precisa de nuevas remesas de flores exóticas y utópicas con el que hablar y hablarse con las personas.
Veo y miro, desde mi actual poquedad, un mundo donde comprar y vender.
Un mercado eterno y contante donde nos ubicamos y nos colocamos todos como en un juego.
La pena es que ya no vendo nada. Perdí mi negocio, mi vida y ahora deambulo por las calles del comercio Vvendo negocios que no haré porque, ya nadie me compra a mi en mi consunción irremisible.
Aún así, pobre, desarraigago y sucio, sigo creyendo: vendo, vendo, vendo.