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Categoría: Pensamiento

(169) Botellas agrías

bonhamled 01/10/2007 @ 05:11

Para Pedro la distancia enciende luces nocturnas y llena botellas. Enciende luces mortecinas de soledad y llena botellas de amargura: Amargura de nostalgia y llanto, soledad y frío.

El llegar cada noche a casa sabiendo que allí es de día. Sentirse solo, ajeno, desbaratado y candado en un país que no es el tuyo, en una humanidad que no es la tuya, en una casa que parece tuya pero que es mentira.

Por eso y por añorar Guayaquil Pedro llora lágrimas agrias como el agua regia. Son lágrimas de lejanía, gotas saladas y acibaradas de bilis negra, melancolía de los suyos: su aire, su suelo, su sol, sus nubes, su familia, su habla.

Especularmente Pedro siente, como en una simétrica clepsidra, caer gotas saladas y ácidas del otro lado del océano. Esas lágrimas, todas esas lágrimas de uno y otro lado se cambian por una plata inminente que compra ilusiones pero no paga consuelos.

Por eso Pedro ajado, cansado en tierra enemiga y casi siempre extraña llora y toma. Cada botella vacía de su tomar, llena de amargura, representa una semana de soledad y un brindis al futuro. Ve la televisión, otra, sentado compartiendo casa y ve, encima del aparador, las botellas vacías de la distancia, de la emigración, del desespero esperanzado una vuelta que se toma más tiempo que mil hormigoneras de concreto en fraguar.

Son botellas vacías llenas de lágrimas que se han mandado con la plata, es el dolor y la vida emigrante, ninguna de las dos mentira, ninguna de las dos sucedánea.

(168) Instrucciones para morir dolorosamente

bonhamled 28/09/2007 @ 14:28

Suena el despertador:

  • Levantarse
  • Asearse y vestirse
  • Desayunar
  • Salir a la calle
  • Tomar el coche.
  • Avanzar por las calles y el tráfico.
  • Trabajar hasta la hora de la comida
  • Comer.
  • Trabajar hasta bien entrada la tarde
  • Salir del trabajo
  • Tomar el coche y zambullirse en el atasco
  • Llegar a casa
  • Hablar pocas palabras
  • Ver mucha televisión.
  • Irse a acostar.

Repetir la receta no menos de 25.000 veces, engañándola, de cuando en cuando con pequeños singulares, ajenísmos viajes, incómodos pasatiempos, desacompasadas risas.

Tras veinticinco mil veces, mirar el reloj, primero, un espejo, después y observar como la dama de la guadaña ha estado sonriendo y riendo: no podremos correr.

(164) Fábula del andante

bonhamled 15/09/2007 @ 05:52

Esta es la historia de un deambulante por la ciudad mientras ve, parcelas potenciales, clientes futuros, financiaciones ,etc...

Andaba por la calle Preciados, por la calle Serrano, por las calles que rememoran un pasado cercano de virulencia comercial.

Veía aquellas señoras con necesidad de compra de cosméticos o de bella ropa de celebración. Aquellos señores querrían, sin duda, uno de mis artículos, productos para el vehículo, interesantes colecciones de libros o incluso zapatos italianos de importación. No se nos olviden los niños, educativos juegos, didascalias estupendas que signifiquen alfaguaras de conocimiento para su mente párvula.

El señor adulto, la mujer mayor, el militar con graduación necesitado de un producto para limpiar su sable, el jovencito para regalo de novia, los vehículos para mejorar sus neumáticos, su motor, sus prestaciones, la calle que precisa, sin duda más papeleras, bancos, lugares. El bar que carece de las nuevas unidades de vasos de diseño para distinguirse de los demás, aquella floristería que precisa de nuevas remesas de flores exóticas y utópicas con el que hablar y hablarse con las personas.

Veo y miro, desde mi actual poquedad, un mundo donde comprar y vender.

Un mercado eterno y contante donde nos ubicamos y nos colocamos todos como en un juego.

La pena es que ya no vendo nada. Perdí mi negocio, mi vida y ahora deambulo por las calles del comercio Vvendo negocios que no haré porque, ya nadie me compra a mi en mi consunción irremisible.

Aún así, pobre, desarraigago y sucio, sigo creyendo: vendo, vendo, vendo.

(163) La mesa del café

bonhamled 13/09/2007 @ 05:38

Una mesa sucia, unos restos de pastas, no caras, apenas migas aquí y allá que no denotan suciedad sino falta de presteza al recogerlo.

Dos tazas de cafés, una algo más terminado que el otro. Ambos fríos. Ambas tazas tienen ese velo en el cafe que indica el tiempo transcurrido que es más que el instante y menos que las horas.

La mesa pobre pero urgente, sin tenebrosidad pero lóbrega como cualquier mesa camilla de las casas, por la ventana, mientras el estruendo del grito se produce un frío gris se deposita mientras anochece.

La mantilla de la mesa, mientras los gritos hienden las paredes y las personas como acerico,tiene el desgaste del mucho uso y del cariño en su confección. Pobre y usada como la vida en general.

En una esquina una señora llora, en otra un hombre gesticula con inquina y locura.

En la mesa el azucarero, barato y antiguo, guarda el azúcar con algunos grumos y, algo derramado, unos infinitesimales cubos de azúcar resbalan en la superficie cristalina que separa las tazas, la cafetera, el azucarero, el plato con las pastas y las migas, de la orfebrería artesanal del paño. Antañón recuerdo de obras pías y trabajos para señoritas.

El ruido, el grito, desparece, de repente, el golpe de borbotón, tremendo, seco y reverberando en eco en la pequeña habitación.

Dos o tres gotas de sangre caen al cristal, manchan algo la mantilla, caen, despistada sobre una de las tazas, no se cual, y mancha como un brochazo de impresionista alguna de las pastas viejas.

(158) La maricona muere

bonhamled 06/09/2007 @ 05:45

Muere capturada de saetas, coronas de espinas y pequeños dolores que aquejan matando pero sin herir.

La maricona vivió, es claro que vivió, sobreponiéndose a los amaneceres que no debían ser y a los atardeceres que no pudo evitar. Pasó sus años entre el desdén y el sentirse desdeñada no por el comportarse ni por el estar sino por el siniestro ser. Y siendo no podía dejar, metafísicamente, de ser.

Murió la maricona habiendo amado menos de lo que hubiera querido, habido sido amada menos de lo que hubiera querido pero habiendo construido todo un catálogo de ocultaciones, escondites, teatrillos, componendas y pequeños complots que herían más que el INRI del galileo.

Ahora en esos instantes del proscenio de la muerte llora su desgracia o su ventura, su amor a contracorriente y la historia que le ha tocado vivir: Demasiada realidad para su gusto. Demasiado arrebato para su forma de ser. Demasiada maldición para quien solo buscaba el amor.

(156) Instrucciones para (re)encontrarse

bonhamled 04/09/2007 @ 06:06

Después de haber atesorado un poco de cansancio en las piernas, otro poco de sol en el gesto y en el semblante, un poco de sudor en axilas y pecho y un mucho de silencio y de ese bisbiseo amigo del silencio que se trae el viento, con juegos, en copas, cumbres y riscos vuelvo y me veo.

Esta anábasis hacia mi mismo es buena, tanto que merece la pena volverse a quemar en el mismo fuego.

(154) Hagiografías y martirólogos

bonhamled 02/09/2007 @ 07:25

Muere Francisco Umbral y todo el mundo le reconoce la calidad como escritor y como periodista.

Muere Francisco Umbral y todo el mundo reconoce la escasa calidad humana sorprendente en comparación con la calidad humana y de periodista.

Como si algo tuvieran que ver.

(152) Instrucciones para una justicia tendenciosa

bonhamled 31/08/2007 @ 06:06

"No me gusta que maten a gente inocente"

Era sorprendente pero la frase, en su instante y después, guardaba una sindéresis casi de libro pero cuanto más se pensaba más absolutisto, autoritarismo, muerte, falsedad y mendicidad moral arrostraba y arrojaba:

"No me gusta que maten a gente inocente"

Para evitar dudas resalto: Gustar, matar, gente, inocente.

En el qué, cómo, porqué, y de que manera de cada justificación hay mucho miedo y mucho desatino.

(134) Instrucciones para tratar a las putas

bonhamled 17/07/2007 @ 05:00

Robando una frase, siempre boutade, de Joaquín Sabina que, a su vez, la roba de Fernando Fernan Gómez, me pongo de hinojos y clamo en dirección al cielo:

  • "Las señoritas putas siempre cobran poco por todo lo que dan".

Sirva de enseñanza categórica principal acerca del amor, el sexo, la sociedad, la economía y la hipocresía.

(128) El, yo

bonhamled 11/07/2007 @ 04:42

yo-grande.PNGComo en aquella poesía de Eugenio D'Ors, pudiendo haber sido tal o cual, haber vivido tal guerra, tal venganza o tal aburrimiento me he visto resignado a ser yo. No aquel, ni aquel otro, ni un estibador muerto borracho en el puerto de Londres en 1817, ni un boxer inmolado en China. Soy yo.

Es un premio envenenado de mi mismo porque, al tiempo que soy yo, me desdigo de ser yo mismo: consecuencia y acto de mi ser.

Miro al cielo y al infierno, al terrible espejo y al tiempo y sigo viendo que soy yo. ¿Como me desyoificacría? y, sobre todo ¿Donde aterrizaría un yo sin yo que quiere ser otro yo?.

Es una cadena que cae, eslabón a eslabón por una catarata plena de agua. Llamémosle pensar  inusual o, quizás, angustia que atenaza. (más lo segundo).

Este querer reinventarse el yo para estár más cerca de la voluntad schopenhaueriana del propio yo es parte de la grandeza, del ocaso, de la muerte y, también del dolor de alambre de espino del ser humano.