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Categoría: Pensamiento

(205) Historias

bonhamled 05/12/2007 @ 05:28

Se enciende la luz:

El artificiero pone una bomba de tiempo en el estrado del Areópago.

Tiembla Moisés ajeno a gineceos. Espera entre taludes y bambalinas.

La tremenda pajarera albergará a Humbert, a Harry Haller, a Septimus, a Diego o a muerte.

El escritor quizás solo escribe el guión y da la luz.

(197) Ucranio

bonhamled 25/11/2007 @ 08:05

Roja nariz en la cara

Ojillos claros, pequeños y burlones.

Polaco, ucranio o lejano.

Del trabajo al escorbuto.

De la distancia al llanto.

Emigrante: siempre próximo, siempre ajeno nunca prójimo.

(196) Pelea

bonhamled 23/11/2007 @ 20:32

El golpe, el desmayo.

La malvada hacienda de vacíos y aires.

La finta, el odio, el universo absuelto del todo o de la nada.

La vida, la muerte, la pelea como reconciliación olímpica, emancipación , revelación, redención.

El todo y la nada, la victoria, el denuedo, lo concertado y los yerros.

(192) Verdades

bonhamled 18/11/2007 @ 06:31

¿Tu verdad? No, la Verdad,

y ven conmigo a buscarla,

la tuya, guárdatela”

Antonio Machado

(182) La separación

bonhamled 24/10/2007 @ 05:08

Se miraban sorprendidos, iguales en su desconfianza y mirada, llegaban a las grandes naves donde, rápidamente eran seleccionados.

Unos aquí, otros allá. Las leyendas les decían que tal grupo, el de los jóvenes, iba directo a la muerte, o quizás las mujeres, o puede que tal o tal cual, quizás aquel que ponían más lejos.

Llegaban a su lugar de esperanza, de espera, donde deberían aguardar algún hecho ignoto y amenazante.

Miraban al cielo, cerrado de chapa y el ruido de la maquinaria industrial. Su cuerpo, su cabeza, su traje sería aprovechado, todo sería aprovechado.

Los hombres que les tomaban, les movían, les golpeaban incluso tenían la cara impermeable de la repetición burocrática de nada valían los gritos y las preguntas. Si acaso solo para que un grito energúmeno o un golpe acallase el cacareo de las dudas.

La familias unidas se desunían, aquí los padres, sufrientes, allí los hijos desconocidos e inseguros, en general una muerte les esperaba.

Pocos días después, el infierno terrible de la muerte, la colocación en cajas y el acabar en un asador de pollos sería el futuro de casi todos: era el futuro de las gallináceas pobres.

(174) El ángel desesperado

bonhamled 12/10/2007 @ 08:00

Escribía, en un acceso de lucidez, El ángel negro, abandonados sus negocios, solo su cuenta bancaria servía para apagar los fuegos fatuos que a su mente interesaban. Su medico, terrible, le seguía en su vesania de diamante loco.

Le sorprendió verle escribiendo, sin embargo el escrito arañado en el papel era solo de un epitafio.Añoraba la muerte.

(169) Botellas agrías

bonhamled 01/10/2007 @ 05:11

Para Pedro la distancia enciende luces nocturnas y llena botellas. Enciende luces mortecinas de soledad y llena botellas de amargura: Amargura de nostalgia y llanto, soledad y frío.

El llegar cada noche a casa sabiendo que allí es de día. Sentirse solo, ajeno, desbaratado y candado en un país que no es el tuyo, en una humanidad que no es la tuya, en una casa que parece tuya pero que es mentira.

Por eso y por añorar Guayaquil Pedro llora lágrimas agrias como el agua regia. Son lágrimas de lejanía, gotas saladas y acibaradas de bilis negra, melancolía de los suyos: su aire, su suelo, su sol, sus nubes, su familia, su habla.

Especularmente Pedro siente, como en una simétrica clepsidra, caer gotas saladas y ácidas del otro lado del océano. Esas lágrimas, todas esas lágrimas de uno y otro lado se cambian por una plata inminente que compra ilusiones pero no paga consuelos.

Por eso Pedro ajado, cansado en tierra enemiga y casi siempre extraña llora y toma. Cada botella vacía de su tomar, llena de amargura, representa una semana de soledad y un brindis al futuro. Ve la televisión, otra, sentado compartiendo casa y ve, encima del aparador, las botellas vacías de la distancia, de la emigración, del desespero esperanzado una vuelta que se toma más tiempo que mil hormigoneras de concreto en fraguar.

Son botellas vacías llenas de lágrimas que se han mandado con la plata, es el dolor y la vida emigrante, ninguna de las dos mentira, ninguna de las dos sucedánea.

(168) Instrucciones para morir dolorosamente

bonhamled 28/09/2007 @ 14:28

Suena el despertador:

  • Levantarse
  • Asearse y vestirse
  • Desayunar
  • Salir a la calle
  • Tomar el coche.
  • Avanzar por las calles y el tráfico.
  • Trabajar hasta la hora de la comida
  • Comer.
  • Trabajar hasta bien entrada la tarde
  • Salir del trabajo
  • Tomar el coche y zambullirse en el atasco
  • Llegar a casa
  • Hablar pocas palabras
  • Ver mucha televisión.
  • Irse a acostar.

Repetir la receta no menos de 25.000 veces, engañándola, de cuando en cuando con pequeños singulares, ajenísmos viajes, incómodos pasatiempos, desacompasadas risas.

Tras veinticinco mil veces, mirar el reloj, primero, un espejo, después y observar como la dama de la guadaña ha estado sonriendo y riendo: no podremos correr.

(164) Fábula del andante

bonhamled 15/09/2007 @ 05:52

Esta es la historia de un deambulante por la ciudad mientras ve, parcelas potenciales, clientes futuros, financiaciones ,etc...

Andaba por la calle Preciados, por la calle Serrano, por las calles que rememoran un pasado cercano de virulencia comercial.

Veía aquellas señoras con necesidad de compra de cosméticos o de bella ropa de celebración. Aquellos señores querrían, sin duda, uno de mis artículos, productos para el vehículo, interesantes colecciones de libros o incluso zapatos italianos de importación. No se nos olviden los niños, educativos juegos, didascalias estupendas que signifiquen alfaguaras de conocimiento para su mente párvula.

El señor adulto, la mujer mayor, el militar con graduación necesitado de un producto para limpiar su sable, el jovencito para regalo de novia, los vehículos para mejorar sus neumáticos, su motor, sus prestaciones, la calle que precisa, sin duda más papeleras, bancos, lugares. El bar que carece de las nuevas unidades de vasos de diseño para distinguirse de los demás, aquella floristería que precisa de nuevas remesas de flores exóticas y utópicas con el que hablar y hablarse con las personas.

Veo y miro, desde mi actual poquedad, un mundo donde comprar y vender.

Un mercado eterno y contante donde nos ubicamos y nos colocamos todos como en un juego.

La pena es que ya no vendo nada. Perdí mi negocio, mi vida y ahora deambulo por las calles del comercio Vvendo negocios que no haré porque, ya nadie me compra a mi en mi consunción irremisible.

Aún así, pobre, desarraigago y sucio, sigo creyendo: vendo, vendo, vendo.

(163) La mesa del café

bonhamled 13/09/2007 @ 05:38

Una mesa sucia, unos restos de pastas, no caras, apenas migas aquí y allá que no denotan suciedad sino falta de presteza al recogerlo.

Dos tazas de cafés, una algo más terminado que el otro. Ambos fríos. Ambas tazas tienen ese velo en el cafe que indica el tiempo transcurrido que es más que el instante y menos que las horas.

La mesa pobre pero urgente, sin tenebrosidad pero lóbrega como cualquier mesa camilla de las casas, por la ventana, mientras el estruendo del grito se produce un frío gris se deposita mientras anochece.

La mantilla de la mesa, mientras los gritos hienden las paredes y las personas como acerico,tiene el desgaste del mucho uso y del cariño en su confección. Pobre y usada como la vida en general.

En una esquina una señora llora, en otra un hombre gesticula con inquina y locura.

En la mesa el azucarero, barato y antiguo, guarda el azúcar con algunos grumos y, algo derramado, unos infinitesimales cubos de azúcar resbalan en la superficie cristalina que separa las tazas, la cafetera, el azucarero, el plato con las pastas y las migas, de la orfebrería artesanal del paño. Antañón recuerdo de obras pías y trabajos para señoritas.

El ruido, el grito, desparece, de repente, el golpe de borbotón, tremendo, seco y reverberando en eco en la pequeña habitación.

Dos o tres gotas de sangre caen al cristal, manchan algo la mantilla, caen, despistada sobre una de las tazas, no se cual, y mancha como un brochazo de impresionista alguna de las pastas viejas.