(286) Sección técnica 16. Lo prestado.
Todos estamos de prestado, tan de prestado que no nos llevaremos ni siquiera lo que trajimos: fuerza, juventud y futuro.
Microcuentos, pensamientos, ideas y descalabros en este camino sin luz hacia Damasco.
Todos estamos de prestado, tan de prestado que no nos llevaremos ni siquiera lo que trajimos: fuerza, juventud y futuro.
Hamartia terrible: rotura de binza
¿Y si el bueno no fuera tan bueno?
¿Y si el malo no fuera tan malo?, e, incluso, ¿y si el malo no fuera malo en absoluto?
Extracto del evangelio apócrifo y perseguido de Manes (S III DC.).
Mi noventa y ocho punto seis se llama el Hito, kilómetro 111, cifra que es como un peine que me adecentaba para estar cerca de los míos.
Señor mío, pero como va a ser eso posible? - preguntó el presunto comprador.
Se lo digo de verdad, el reloj que le vendo, sencillo y simple tiene una característica principal la posibilidad de acelerar o adelantar el tiempo - respondía tranquilo el portador de la luz.
El sol llena hasta tal punto el cielo que impide mirar y ver. Es luz portadora de verdad y no permite ver otra: no hay otra.
El aire se licua de calor, frío o intermedia laxitud que es difícil respirar: no se respira se deja la vida poco a poco en déficits anóxicos.
Las voces solo indican un camino, un paso, una alegría de fe que querrían quienes albergan la oquedad de la libertad: la duda es su sitio. El silencio cuchicheado, secretista, víspera de mucho... al final solo es pobreza y tristeza. Tristeza al sol.
Los claros portadores de esa antorcha no dudan y lo saben, sus fines son tan loables que todo lo pueden. El sol tanto les ilumina que su claridad es insoportable.
Este sol frío, amarillo, luminoso y terrible es la dictadura: una apnea de dolor insoportable al tacto y un escondite.
A ver si comienza a llover y todo ello acaba. Quizás cuarenta años íberos, quizás cincuenta años cubanos, setenta rusos, mil chinos, un millón de los esclavos negros o de los falsamente manumitidos indígenas.
Tarareo: "Llegará, llegará ..la tormenta que anuncia el cielo".
Dice Homer Simpson:
"Soy de esa religión de muchas buenas intenciones pero que quedan en nada. Ah, si cristianismo".
La mujer y el hijo observaban la televisión con el arrobamiento antiguo del siglo XX. La televisión escupía con obscenidad datos de muerte, vísceras y sangres que se desparramaban, manchando, el hule de la mesa en el que comían. El padre entró por la puerta, y al verlos con los ojos abiertos, aprehendiendo el horror en el salón de su casa, preguntó asustado : ¿Que pasó?. La madre sin dejar de mirar responde: un avión ha chocado...., Sin dejar terminar el padre repregunta: ¿Aquí?. El padre se quita el abrigo y lo cuelga mientras resuena el "No, en.... El padre sorprende en el silencio de su mente el eco de frontón de un "menos mal" aburrido, absurdo y atemporal.
Algún día, alguna mañana de un martes, sobresaltado y zaherido de tiempo te levantas odiándote.
En un primer tiempo lo achacas al oleaje del subconsciente o a "queseyo" pero el caso es más profundo: siempre es más profundo.
Tu actuar, tu ser, el ver, mirar, el haber dicho o haber callado, el absurdo de verse en el espejo, se vuelven enemigos y torpes. Te ves como un fardo inútil que se mueve sin ritmo y sin gracia, algo así como el más tonto y feo de la fiesta o quizás como la aburrida que todo el mundo evita en el salón de baile.
Este odio interno y profundo suele desperezarse con el avanzar de la mañana, con un desayuno copioso, con una conversación amable o, lo mejor, con mucho silencio. La comparación silenciosa con los demás siempre llena de moral las faltriqueras vacias de por la noche.
Otras veces no, ese odio como un Patrick Bateman real que desearía acabar con el mundo solo por no acabar, egoísmo reconocible, consigo mismo. Si este odio avanza, describe círculos o caminos, se hace interno y crece como una planta parásita pero olorosa en el interior se encuentra uno abonado a la depresión o incluso a la dulcísima locura.
El estallido último puede ser el asesinarse, como si eso borrara el estigma de esa verguenza matutina, o, también enajenarse en otro, convertirse en otro, callarse en medio del ruido para que el tiempo, la farmacopea o el devenir encime y borre, como un alud, esa personalidad grotesca.
En estos caminos se encuentra un porcentaje alto de la población, me atrevería a decir que entre el 71% y el 88%. En ese pasillo terrible es donde habitan vampiros del otro, superhombres y supermujeres de pecho de paloma, arrastrados que dan más gloria que pena, ínfimos adictos a cualquier cosa, religiosos sin parangón y alegres.
De todos ellos los alegres sin más apellidos son los más peligrosos. ¿Porque?, porque hacen los días empezar antes y, por tanto, encontrarse con esa legión de fantasmas cada mañana.