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Categoría: Sección técnica

(52) Sección Técnica nº 6 Manifiesto contra la lectura

bonhamled 24/04/2007 @ 08:48

Recupero del blog hermano "Recuerdos del día de mañana" esta nota enfrentada al vicio impudendo de la lectura:

  • La lectura es un mal innecesario para la sociedad y, por tanto, prescindible.
  • La lectura y su adláter: el pensamiento hace a las personas más infelices deseando lo que no se puede y pretendiendo lo que no se debe.
  •  La lectura lleva a subvertir el orden al preguntarse porqué.
  • La lectura abre los ojos a las cosas que ocurren invalidando la versión oficial.
  • La lectura permite que se cambie de opinión y se refuerce el pensamiento a pesar de ideologías.
  • La lectura lleva a la locura: "La razón de la sinrazón que a mi razón....
  • La lectura hace presentes y cercanas teorías dañinas.
  • La lectura hace amigo al extranjero, hace semejante al extraño, y prójimo al adversario, común al oponente lo cual es en esencia incorrecto.
  • La lectura hace discutir otros libros tomados como dogma.
  • La lectura de nutre de libros, icono blasfemo de destrucción de la tierra.
  • La lectura crea autores que son gurúes de una religión falsa.
  • La lectura crea momentos de silencio donde el pensamiento resuena en la caverna de la cabeza y el ruido de las consignas y los mensajes se ve difuminado hasta la desaparición.

 Por esto y algunas cosas más pido la eliminación de la lectura, y la destrucción, masiva y general, de todo tipo de libros, para buscar, después, el encarcelamiento de esos juglares falsarios y mendaces que son los escritores

Se ve en: Recuerdos del día de mañana.
Añado: La lectura nos hace interesarnos, inmiscuirnos, inquisitorialmente inquirir sobre hechos que no nos afectan, que nos son lejanos, que no nos dicen y que no nos obligan.

(42) Sección técnica 5. Las cosas bien hechas

bonhamled 19/04/2007 @ 11:29

Tomó la cuerda, el suicida, y se acercó al árbol como un Judas en el hostigo horrible de una traición necesaria. El árbol no era olivo.

medium_ahorcado2.jpgBuscó una rama, fuerte, dura, homicida donde colocar la soga áspera tanteo una primera, muy cerca del suelo, una segunda, que daba una buena altura, sin molestias de sol salomónico, sin exceso de relente, y con una buena vista final. En esa rama echaría la cuerda para cruzar la laguna Estigia con sus propios remos.

Un rayo translúcido como una aguja o como un venablo supero la barrera movida de las ramas y hojas. Ese instante, luego huidizo por el ajedrezado de sombra y sol cambiante del suelo, le sopló un halo de esperanza, un algo en lo que pensarse y trascenderse, una fina nube o visillo de esperanza en el bisbiseo del viento rido, el del cerro.

Enfadado y ceñudo, cual asno, se enrocó en su propósito, maldijo la perdida de tiempo y quien se lo había hecho perder. Tomo una rama más alta aún que la dulce elegida, ascendió rapido, nervudo y se colgó muriendo ahorcado, tenso, vena, con un hilillo de saliva corriendo por la comisura, o herida, de su boca. Los estertores terribles le dieron una lección de justicia que, a lo peor, era lo que buscaba.

Imagen: http://cafehumanista.blogspirit.com/images/medium_ahorcado2.jpg

(38) Sección técnica nº 3 La mentira

bonhamled 17/04/2007 @ 06:17

Hugo Smertz era un matemático en ciernes, brillante, algo calvo y muy ceñido a su mundo de lenguaje críptico pero evidente: la matemática. Se alegraba encontrando ecuaciones en el vuelo gregario de pájaros, en el andar convulso de las gentes, al tirar absurdo de la caja de cerillas en el suelo de la cocina. Smertz vivía para la matemática pero no absorbiéndole sino absorbiéndola como una religión necesariamente verdadera.

Los amigos de Hugo, la mayoría matemáticos menos brillantes, eran su diversión fuera de los números y sus realidades de saltimbanqui. Entre ellos uno, Afasías Falúa, un chileno aficionado al fútbol y a las apuestas deportivas, era con el que más compartía esos momentos alejados del papel pautado de la matemática.

futbol2.gifEl día del que hablo, el día en el que Ismael empezó a contar una historia, Afasías Falúa acompañaba a Hugo a su primer partido de fútbol. Afasías contaba con un receptor de radio que en el lenguaje vertiginoso y lleno de meandros de los locutores radiofónicos le describía una miriada de detalles del partido, la mayoría nimios, casi todos imprescindibles.

Afasías Falúa revisaba una pequeña lista con resultados, matemáticas y pruebas mientras Hugo Smertz miraba con sorpresa la liturgia de histerismo, ira y asimilación de las gradas. Sospechaba Hugo que aquella gran mentira teatralizada no dejaba de ser un entremés o proscenio intimidatorio pero simplificado de la verdadera pesadilla más allá de las puertas del estadio, la vida.

Ignoraba casi todo del juego Smertz, y Falúa explicaba los detalles pequeños parsimonioso, entendido y algo engreído ya que había sido lo contrario mil veces. A ratos Afanías paraba para contar, recontar, reoir o volver a escuchar un dato, un número, una característica.

Hugo se sorprendía de la complejidad humana en aquel mar arrebatado de griterío, hombres, mujeres y niños descompuestos por la tensión y violencia. Latían como un corazón puro y común frente al trotar variado tras la pelota.

Sonreía Hugo ante la sencillez del espectáculo cuando Afanías sorprendió buscando aquiescencia: "Creo que tengo un sistema para predecir este juego. Creo que he acertado todos los resultados de la apuesta".

Hugo Smertz, matemático, filólogo aficionado y amigo de las filosofías no regladas miró a Afanías, su amistad se eclipsó en ese momento, y con un entreojo en el papel mil veces doblado contestó:

"Si es así de sencillo, este juego no me interesa".

Smertz se marchó sin terminar los últimos diez minutos, el equipo local vapuleaba por tres a cero a unos inocentes visitantes, se encaminó a sus permutaciones y matemáticas esquivas por no tener que dirigirse a una multitud cruel, terrible pero, sobre todo, predecible.

http://www.geocities.com/sociemartelli/futbol.htm

(34) Sección técnica nº 2 La vuelta

bonhamled 15/04/2007 @ 07:06

Imaginaba su casa, sus hijos, su amor, sus posesiones, no muchas, no caras pero siempre queridas.

Imaginaba en su viaje de vuelta de un trasiego cotidiano la llegada a la casa, intempestiva y adelantada, la alegría del reencuentro tras el viaje de trabajo, los hijos vestidos de sonrisa, la mujer sorprendida.

Imaginaba, en su vehículo por la autopista, y, de repente, pensó que bien pudiera ser mentira. Su mujer podría engañarle con su peor amigo, con su mejor enemigo, vivir una vida de cubrición y engañifa, y sus hijos pudieran no estudiar y ser solo un conchabeo cobarde para hacerle seguir trabajando de forma intensa, para seguir teniéndole lejos, para hacerle vivir en cortos episodios controlables.

Si la verdad fuera esa, si todo fuera pantomima vertiginosa y cruel, su llegada antes de tiempo, como en teatro, descomprondría la función, desbarataría a los actores, arruinaría, como los hacen los largos entreactos, la sintonía líquida y tensa de la obra de ficción.

Quería tanto a su mujer que verla yaciendo con un desconocido, un conocido culpable, un amigo alevoso sería una cuchillada seca y sin sangre dejada al oreo del dolor. Sus hijos carnes propias por las que extendía el día y renunciaba al cansancio no podrían zaherirle con la mentira montada, era imposible. Imposible pero como pecado recurrible en la nocturnidad del insomnio perenne en los kilómetros que pasaban.

Avanzaba y se acercaba a su hogar, eran apenas tres horas antes, podrían estar todos fuera y no verlos, y todo ese maquiavelismo imaginario desvanecerse como nube en viento. Pudiera ser que todo fuera su imaginación guisado al devenir tristón de la soledad al volante con una radio ínfima susurando músicas efímeras. Pudiera ser eso y mucho más, pero rebajó la velocidad y buscó un bar de carretera donde gastar tres horas. Tres horas invertidas en dejar todo como estaba.

(18) Sección técnica nº 1

bonhamled 10/04/2007 @ 05:47

El estruendo del metro, de reloj cortazariano, escondía todos los detalles que se superponían como tejas romanas.

Salir corriendo, llegar corriendo, pararse corriendo.

Miraba por encima de las cabezas a la muchedumbre que se tocaba sin querer y que expresaba con gestos sinceros y no ocultos, al menos no mucho, la incomodidad del vagón lleno.

El llegar a una estación, el cambiar de vecinos y el salir y el entrar en un balance casi conocido, daba un lugar a la novedad pero siempre en la molestia inevitable.

Cuando la señora salío con su niño pequeño en brazos observé, acompañado de mi terno suave y mi loden azul, como se desprendía y caía del escarpe innecesario de su bolso un papel, un documento con alguna compulsa.

Hubiera debido avisarla, hubiera debido llamarla, quizás el viaje incómodo a la hora intemestiva era justificado por ese papel pero, sin embargo, nada hice. Miré el papel al que se le translucía algún sello oficial, doblado parecía un pequeño trozo de pastel o una ración de pensamiento de entrevía. Miré alrededor y nadie se percató de la mezquindad; las puertas se cerraron, la mujer y el niño fueron quedando atrás hasta ser engullidos por el agujero negro del túnel y el papel quedó en el suelo, ya perteneciente a la masa desidiosa e impertérrita de los que marchamos sin ganas al trabajo.

(3) Sección técnica

bonhamled 07/04/2007 @ 07:36

Leí, en algún momento, que los grupos terroristas antes de "creerse" con la misión mesiánica de salvar al mundo estudian, valoran, definen la posibilidad física de convertirse en vectores de cambio. Eufemismo gracioso de pistola y bomba. En ese momento y antes de pasar a mancharse el alma de sangre es cuando crean "secciones técnicas".

Son lugares donde la revolución, la involución, el sobrepasar tal o cual estado o el "reivindicar derechos inalienables" se mezcla con el oficio del matarife o del desdeñable pirotécnico.

En el blog Recuerdos del día de mañana recopilé, bajo este epígrafe, algunas de las ideas primeronas y de más iniciático aluvión para afrontar con el fusil cargado de letras un futuro color plomo. Necesito recordarl algunas:

"La mujer y el hijo observaban la televisión con el arrobamiento antigüo del siglo XX. La televisión escupía con obscenidad datos de muerte, vísceras y sangres que se desparramaban, manchando, el hule de la mesa en el que comían. El padre entró por la puerta, y al verlos con los ojos abiertos, aprehendiendo el horror en el salón de su casa, preguntó asustado : ¿Que pasó?. La madre sin dejar de mirar responde: un avión ha chocado...., Sin dejar terminar el padre repregunta: ¿Aquí?. El padre se quita el abrigo y lo cuelga mientras resuena el "No, en.... El padre sorprende en el silencio de su mente el eco de frontón de un "menos mal" aburrido, absurdo y atemporal."

Iré recuperando más con el tiempo.