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Categoría: Susurros

(382) Vida en otoño

bonhamled 08/11/2009 @ 07:05

Las hojas del otoñal año caen al suelo y lo manchan como en arrebatada sinfonía de violinista sudoroso. Se cuelgan de las nervaduras ocres, rojas, amarillas las fusa y semifusas todavía clorofílicas del paso del tiempo. Ese tiempo que es como fuelle de acordeón, un tiempo que se repite.

El humus que ese tiempo crea, como las hojas propias, servirá para ser podrido, fuente, sementera de otros tiempos u otros recuerdos.

Es un parque desierto, apenas alguien y además lejos. Es lo que damos en llamar, en algunas ocasiones optimistas, vida y casi siempre desgaste.

(380) La puta tos

bonhamled 23/10/2009 @ 19:48

Llevo casi tres días tosiendo sin parar, antes, mucho antes, un constipado mal curado, puede que bronquitis me tuvo dos semanas moqueando, con frío y algo de fiebre. La calle gría y gris no ayuda.

Paso el día tosiendo aquí y allá, tosiendo camino del trabajo, tosiendo sobre la mesa y frente al ordenador, tosiendo en los pasillos y ascensores, en las reuniones, en las comidas y en el metro. Es una tos terrible que a veces se engarza, como cerezas o, mejor aún, como cuentas de un rosario y me llegan a hacer vomitar, pretendiendo sacarme los ojos de sus órbitas.

Toso de día y me crispa los nervios pero de noche, además de dormir sentado y con esa sensación de no tragar que me rebela, una sinfonía de pitos parásitos envenena el silencio dulce y rígido de la noche. Violines perversos, trompetas desgastadas, arpas disonantes, un concierto de alegoría siniestra que desde dentro del fuelle de mi pulmón desequilibra mi sueño, mezcla como en mal combinado, el mundo onírico y la realidad sorda, tosiente y nocturna.

Paso la noche levantándome, sentándome, desesperándome, cansado y, sobre todo tosiendo. Toso... ahora mismo he tenido que parar porque toso. Este episodio dura más de un mes y no acaba. Mi natural renuencia a los médicos y las medicinas han sido el inicio de todo esto. El no conjurar esta pequeña maldición con una medicina y el estrés de un trabajo que no me deja respirar, nunca mejor dicho.

Respiro y oigo carracas extranjeras, pitidos metálicos y rechinares de engranajes que no engranan al estar llenos de arena. Escucho, rugidos de león y bisbiseo de serpiente. Los escucho a cada momento, cada inspiración, trece por minuto como decía aquel poeta, trece cada segundo como el avatar de ola rompiente me lleva a pensar en mi mente cansada por el poco sueño y la mala sensación.

(377) La primavera otoñal

bonhamled 08/10/2009 @ 19:45

Bien lo conocía Pou en su reducto anarquista y antiguo de París: los cambios son así, pequeños irremediables, sospechosos.

Pou conocía que un día un leve resquebrajamiento, dudoso, aparececría La superficie se quebraba ligeramente, muy poco. Casi todos dudaban que fuera, todos esperaban una reacción indolora e inmediata pero con sorpresa de esa grieta surgía luminosa el fulgor del cambio, como la binza del huevo que surge tras la rocosa, calcárea, resistencia de la cáscara.

Pou esperaba ese leve grito de luz, ese resquebrajamiento que los más involucionistas, carcunda estéril para él, no detectarían jamás. Era el origen pionero de un vegetal novedoso entre los adoquines del tiempo y la historia, una flor, quizás atomizada e instantánea. Los ochenta años de Pou eran una esperanza por un rayo de luz de esa calidad, de este tipo, de ese tiempo.

Esperaba que la rugosa y empedernida superficie se rompiera un poco, cediendo. Cejara la presión de las junturas y acuerdos, la tibieza de egoísmos e intereses yermos para surgir ese agujerito, esa arista asomada, ese desgaste ajado que dejara ver la debilidad de la barrera, la cárcel, la pared que fuera susurro, murmullo, palabra, grito, eco.

Pou soñaba, viejo jóven de ideas redentoras, con ese día, que podría ser, no le importaba, el previo a su muerte, pero era el día que quería vivir, el del comienzo de la caída, ralentizada, lenta, dubitando, oscurecida por la sorpresa pero buscando la velocidad como depredador al ataque. Sería el inicio de la primavera, de su primavera otoñal.

(375) 21/6/07

bonhamled 20/09/2009 @ 13:05


Esa iba a ser una fecha de falta de apuros, de falta de afanes y fatigas.

Una fecha en la cual solo preocuparse del futuro y de la salud y de los hijos, los nietos.

Un día en el que cada día serviría para rendirse ante el fuego del día a día y  no quemarse sino cabalgar a su lado.

Un día en el que el frío del invierno y el calor dulzón del verano serían amables.

Hacer favores, ayudar a cercanos, quizás a algunos más lejano, un dia de origen de la vida sin trabajar.

Ese sería el día en el que mi padre se hubiera retirado.. si no hubiera muerto siete años antes.

(368) Escribo poesía mientas de cuando en cuando veo el resultado del futbol

bonhamled 22/07/2009 @ 19:37

Escribo poesía, pequeña, matizosa, con señas sin dirección, buscándome.

Escribo eso que es poesía solo porque yo la llamo pero son fusas sin pentagrama, ajenísimos toques pequeños de un laud pequeñísimo.

Escribo, en eso estaremos más de acuerdo, y hablo sobre mi, sobre ese insignificante ser que está bajo el sombrero del hijo del hombre de Magritte. Ese ser dulzón como la pólvora y tristancho que me acompaña por la parte interior de mi sombra.

Y de cuando en cuando, mientras navego por la tristeza, la alegría, la ira y una columnata de principios morales e ideológicos a los que someto a vaivenes quirúrgicos y sísmicos con el escribir, miro el resultado del fútbol.

Como Picasso, como Neruda, como Pessoa, como Stephen King. Ciñéndome el día a día, negándole su papel de verano caluroso en el séptimo infierno de Dante. Es el día a día del cual extraer una idea, un mundo, un grito, una pequeña llave con la que entreabrir el mundo que ya de antemano desconozco y desconoceré.

Taño un laud y miro de reojo a los molinos que se que son duros como la piedra de los cuarteles contra los que chocaba y al final chocó Roque Dalton.

(361) Champagne antidespedidas

bonhamled 03/06/2009 @ 18:48

Cuando la noche es ya vieja para iniciar aventuras y demasiado joven para pensar un nuevo día pide una botella de Champagne.

Rico, rosa, caro, burbujeante, sonriente para tomarlo solo, en la habitación cara, lujosa, aséptica y sola. El champagne como la dovela eterna del arco celestial de la soledad ya cimentada. Atrás gritos de sal, lágrimas de roca, quejidos de viscera eviscerada, miedos de soledad con enuresis. Todo eso detrás.

Las llamadas no respondidas, los mensajes, el rondar sin ser visto, el odiar para amar para odiar para amar, el no comer y el sentirse desdichado por sentirse desdichado, aquella autocompasión y autocomplacencia, de meses han dejado paso a este entrar al hotel y esperar a la noche en soledad para, en lujo, en soledad, en crujido de sentirse solo esperar el céfiro de esa soledad agradable.

Quizás a la siguiente botella.

(360) Láminas de pájaros

bonhamled 26/05/2009 @ 04:31

Observo láminas de pájaros

Con todo su detalle vano de plumajes, tamaños y características

Su linneico nombre me lleva a pasados de oscuridad y negación.

Por eso prefiero el vuelo

a la plasmación cobarde del dibujo aterrado.

(359) Yuri

bonhamled 19/05/2009 @ 18:08

Estaba cansado y deseaba ver a su familia pero sabía que no podría escaparse, le esperaban los mandatarios para hacerse una foto y alimentar la propaganda. El no era ajeno a todo eso, era miembro creyente y ferviente del partido. Terminaba de mirar por la ventana, antes de iniciar la caída controlada hacia la tierra cuando miró al horizonte negro y sin línea, el futuro.

La atmósfera grisácea y algo blanquecina, como una medusa sólida o como una niebla dnsa sería la lija tremenda que amenazaba con su calor su estancia tranquila pero apneica en el espacio. Yuri miraba al horizonte inexistente a la bellísima bola redonda azul, verde, roja, marrón.

Pensó durante un instante en la fatuidad de los afanes, luchas, tensiones que eran del día a día en aquella bola que se creía plana al andar sobre ella pero que solo era una gota de vida sorprendente en aquel océano azul lejano y desconocido.

Miró de nuevo a la tierra, giraba casi imperceptiblemente, miró al estático mundo de las estrellas lejanas. Pensó en las raices de los árbones, atadas a una tierra redonda y móvil, pensó en las ideas de los hombres claras y efectivas pero, al tiempo, matizables solo con huir de la tierra unos pocos miles de kilómetros.

¿Le verían desde la tierra?, el no cabe duda que echaba de menos ese lugar arbóreo, prosaico, terrenal y telúrico donde nació y salvo estas pocas horas seguiría estando toda su vida. Deseaba volver pero, al tiempo, el cosmonauta, deseaba estar en esa clarividencia de pensamiento, por un lado lo evidente de la tierra, con su matiz inexpugnable en la altura, y por otro el horizonte que no parecía tener ley, ni Dios, ni ideología ni siquiera tiempo.

En pocos minutos comenzaría la maniobra de entrada a la atmósfera, la radio, cuyo chisporroteo instantáneo solo había callado apenas esos dos minutos de tranquilidad. Volvía a la realidad linear de la curvilinea tierra.

(348) La hora

bonhamled 15/03/2009 @ 09:48


Resistente
como una fría y corta barra de acero en la madrugada.
Amarillo como Hung en bicicleta un martes (con comida hirviente detrás).
Miedoso como el vagón vacío en el último trayecto.
Chirriante como la razón y la justicia, la razón y la sociedad, la justicia y la sociedad

(341) La vida sobre

bonhamled 15/02/2009 @ 19:58

La vida es una carta, un contrato, o un libro inacabado, un oblongo sueño que adivina por estar tan privado de comida y de afecto. La vida es un documento guardado en un sobre, o quizás el mismo sobre. Por eso la vida es sobreviviente, sobreseída, sobrexpuesta, la vida es un sobre, una plica eternal y verdadera que, sin querer, se agota en pequeñas gotas instantáneas como aquella paradoja: gota a gota el tiempo cae como grano aunque no haga ruido.