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Categoría: Susurros

(285) Gatos de ciudad

bonhamled 17/06/2008 @ 17:53

Aquellos gatos, con mil errores y mil enfermedades

esperaban desde cachorros debajo de los coches o en huecos.

No eran mi mefistófeles elliotianos ni tampoco extrañas reencarnaciones

Eran el espíritu de una ciudad.

fría, azul iluminada por luces lejanas, entre hablares nocivos y cerca

de la muerte.

Miau, miau.

(284) Hacerse viejo

bonhamled 15/06/2008 @ 06:53

Pensaba en la necedad de segundero de ver hacerse viejo.

Pensaba en la rudeza de lija de observarse perdiendo, como aquel

jugador que todo lo dejó en Montecarlo pero sin la ética de la derrota.

Quizás el engaño de la cirugía, de atar en un gimnasio las carnes, de

tintes, potingues, mentiras para reconocerse hueso andante al fin.

Pensaba en la necesidad de un sendero por el que hacerse viejo.

Sin dudar tantísimo sin perder tanto el tiempo, como aquel

que dentro de un tonel, vacío y calvo, pero con una ética sin fisura, intacta.

Quizás el leer más, el respirar la vida, el singlar junto a lo que merece, alejado de iras, tergiversaciones, mentiras para reconocer un camino hasta el fin.

(282) Sección técnica 18. La falsa catársis del Mesías

bonhamled 11/06/2008 @ 07:15

Hamartia terrible: rotura de binza

(280) El cantante

bonhamled 06/06/2008 @ 06:59

Me fui corriendo hacia el, hacia Calamaro, si. Y cuando llegué a su altura. Todavía cansado del concierto recién terminado.

Le jalé de la chaqueta y le forcé a mirarme. Sorprendido ante la violencia pero esperando mi guiño, exabrupto o francachela.

Le espeté con algo de agresividad ingenua:

¡Pero, pero...no se da cuenta de que cuenta la realidad!

(279) El sueño recidivante

bonhamled 03/06/2008 @ 05:59

El sueño torvo de la comarca de Almadormida atenazaba mis sueños, repetitivo y recidivante contaminaba mis sueños con aquellas historias de traición e inquina, de tiempos de guerra y de absurdos que se tornaban en catecismos abruptos y ateos. Era el tiempo de la leyenda y de las eras perdidas. La era de una comarca rica, la era de unos poderosos, la era de una sonrisa y la era de las múltiples amenazas, la de la guerra civil, la de la guerra mundial, la del hambre, la del futuro.

Este cuento iniciático y algo hermético de la comarca de Almadormida y Hería con sus pueblos,: Aparicio, Metrestás, Hería, sus bosques de pino y madera, sus campos de cereal verde y sus gentes antes amantes del futuro, hurañas, taimadas o confiadas me llevaban a un sueño de una era desaparecida, tan del siglo XX que parecían que eran hijas del uno de enero de 1900.

Las leyendas que me contaron las del retrueco, las de aciago pelirrojo, la de las innumerables tertulias en casas o en bodegas, la de los gritos, la de los enterradores, la de un vivir acompasado y a veces premioso, la de la muerte como parte de la vida, la de la vida como trasunto de la muerte. Todos ellos llegaron a mi mucho tiempo después, muchísimo, con los pueblos casi abandonados y pútridos de hierba rastrojera. Con los sonidos casi apagados, con las canciones y las fes casi perdidas, con el tiempo dando vueltas de loco por las plazas y recovecos como demonio.

Hoy, al conocer de esta comarca, de esta comarca que pasó a los libros como una región unida pero maldita, mi mente se llena del viático de aquellos vinos y efluvios de tiempo pasado, de temores atávicos y ancilares a una vida que parece que solo porta luz. Ahí se inicia la historia y el problema: apariencia y falsedumbre.

Mi paseo por lo que queda de Almadormida, que en tiempos llegó a tener sus buenos ochocientos vecinos, deambula por sus calles y de pueblo perdido casi abandonado a la urbanización agresiva y donde su oremos se perdió entre la batuta de las copas insignes de los abedules, los pinos, los álamos, los cipreses y otros muchos árboles como robles, olivos, los menos, y haduras. Los árboles chamánicos de la región, mitad leyenda, mitad maldición.

Mis pasos llegaron a Almadormida como consecuencia de mi trabajo de ingeniero topógrafo. Aquella olvidada tierra necesitaba, por mor de un futuro que les trajo todo lo peor del mundo, nuevas carreteras, nuevas infraestructuras, gentes peinadas y relamidas que acarrearan al pesar de esa Castilla olvidada todo lo bueno del progreso. Como si el progreso, el avance, el adelantarse, la mejora fuera algo mejor que su vida tranquila, pobre pero de sueño grueso y bonancible como sus mantas de invierno.

Mis teodolitos marcaron lugares, tomaron cotas y elevaciones y generaron un mapa virtual de una tierra que conocía tanto de la realidad como para estar hecho trozo a trozo y hierro a hierro de ella misma: La canastilla temporal, intemporal y atemporal de los fines de siglo, siempre frontera, siempre puntos y seguidos, siempre víspera.

El anciano Alcalde de Aparicio, todavía orgulloso de un pasado del que mejor no hablar, el último hijo de leñero de Hería, con su silbante miedo en forma de viento Rido. El sacerdote, heredero de un enigma que fue crimen, y todos los ancianos a los que vi no me dieron mucha señal, miedosos, supersticiosos y plenos de gestos y signos conjuradores tras cada palabra, cada mención, cada danza, desconfiados en aquel invierno que pasé midiendo y dibujando.

Ojalá no hubiera ido a Almadormida, su tenebroso sueño mancha mis noches. Ojalá hubiera ido antes… un trozo de verdad se me dio en aquel pueblo perdido de Castilla.

(277) Sección Técnica 16. Zizek

bonhamled 27/05/2008 @ 05:46

zizek.jpg

(274) Carta a Chabuca Vargas

bonhamled 20/05/2008 @ 19:41

¿Quien le quita la razón a esa Chabuca declinada de Isabel?

¿Quien se atreve a ir del puente a la Alameda o, quizás, siendo mocita y rondada por un caballero de fina estampa, no recordarla?

¿Quien va al Perú sin cabalmente conmemorarla y tenerla en mente?

Es como dejar México sin llevarse algo de Chavela, otra Isabel declinada y reclinada.

Dejarse el tequila en tratos con una tal Macorina, en noches de llanto y hombría, en días de tristeza y femineidad, con cantos de rugido de revolución y de polvo del camino y de noches sin fin y de amores con fin de hierro.

Viajar y cruzar un océano de cuatro viajes desde la vieja Europa o, peor aún, cruzar un mar grandísimo con olor a motín sin traerse estas isabeles, declinadas, cantadas, hemistiquios de la realidad americana y real es un delito de lesa vida. Renegar de una vida de sal, alumbres y amarguras por una vida sosa como la calabaza jóven.

(269) La poesía.

bonhamled 13/05/2008 @ 19:54

La poesía quizás ese veneno indeseable, la poesía quizás esa herradura atada con un solo clavo. Ese verano que no debió empezar ni tiene con que acabar.

La poesía, aquel plato de lentejas de Jacob, aquel rayo al publicano de Tarso, aquel abrirse el cielo, aquel aroma mefítico pero clarificador.

La poesía, aquel mordisco en la parte baja del corazón, pulmones, higado. La poesía, aquella sensación transmitida a traves de la tela gruesa de cocina cuando se agarra una tetera bien caliente.

La poesía, el olor de la alcantarilla y de la muerte inmunda. La poesía: el hambre y la roña mientras el oropel y lo adiposo.

La poesía el amor cuando no es estático, cuando daña y duele, cuando no es felicidad que meliflua se escapa como cohete. La poesía excremento de bello color.

La poesía el reto aterrador al tiempo, a los poderes y a la injusticia: siempre molinos, siempre vientos, siempre aire, siempre éter.

(260) Numerologías

bonhamled 13/04/2008 @ 06:20

Un paso acompasado mientras el cielo me muestra sus nubes de tormenta.

Dos pensamientos se entrelazan con el ruido del andar: la justicia y el tiempo.

Tres días sin ver gente es demasiado tiempo o quizás demasiado poco.

Cuatro oraciones en una vida, mezcladas con ira, desesperación, dolor y fe.

Cinco veces en un mundo se abrió un poco la tierra y el cielo, luego se cerró.

Seis mil muertos al día en causas predecibles y evitables y sin embargo...

Siete días para cambiar un mundo falta una llamada o mil gritos de muecín.

Ocho, hereda lunático noche y vida, ignoro su porque, presiento su llegada.

Nueve, finisecular término de mi mano, sabe a tierra mojada y a debe/haber.

Diez, el final del camino, el final de la vida, el comienzo del sueño y del otro.

(258) Sección técnica nº 13. La casa

bonhamled 04/04/2008 @ 18:51

 

Mi noventa y ocho punto seis se llama el Hito, kilómetro 111, cifra que es como un peine que me adecentaba para estar cerca de los míos.