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Categoría: Susurros

(269) La poesía.

bonhamled 13/05/2008 @ 19:54

La poesía quizás ese veneno indeseable, la poesía quizás esa herradura atada con un solo clavo. Ese verano que no debió empezar ni tiene con que acabar.

La poesía, aquel plato de lentejas de Jacob, aquel rayo al publicano de Tarso, aquel abrirse el cielo, aquel aroma mefítico pero clarificador.

La poesía, aquel mordisco en la parte baja del corazón, pulmones, higado. La poesía, aquella sensación transmitida a traves de la tela gruesa de cocina cuando se agarra una tetera bien caliente.

La poesía, el olor de la alcantarilla y de la muerte inmunda. La poesía: el hambre y la roña mientras el oropel y lo adiposo.

La poesía el amor cuando no es estático, cuando daña y duele, cuando no es felicidad que meliflua se escapa como cohete. La poesía excremento de bello color.

La poesía el reto aterrador al tiempo, a los poderes y a la injusticia: siempre molinos, siempre vientos, siempre aire, siempre éter.

(260) Numerologías

bonhamled 13/04/2008 @ 06:20

Un paso acompasado mientras el cielo me muestra sus nubes de tormenta.

Dos pensamientos se entrelazan con el ruido del andar: la justicia y el tiempo.

Tres días sin ver gente es demasiado tiempo o quizás demasiado poco.

Cuatro oraciones en una vida, mezcladas con ira, desesperación, dolor y fe.

Cinco veces en un mundo se abrió un poco la tierra y el cielo, luego se cerró.

Seis mil muertos al día en causas predecibles y evitables y sin embargo...

Siete días para cambiar un mundo falta una llamada o mil gritos de muecín.

Ocho, hereda lunático noche y vida, ignoro su porque, presiento su llegada.

Nueve, finisecular término de mi mano, sabe a tierra mojada y a debe/haber.

Diez, el final del camino, el final de la vida, el comienzo del sueño y del otro.

(258) Sección técnica nº 13. La casa

bonhamled 04/04/2008 @ 18:51

 

Mi noventa y ocho punto seis se llama el Hito, kilómetro 111, cifra que es como un peine que me adecentaba para estar cerca de los míos.

(255) El espiritu de la lumbre

bonhamled 29/03/2008 @ 08:51

El espíritu de la lumbre, burlón, bailarín, rojizo, amarillo. Marrón de tierra, blanco de sol.

Tiene de demonio djinn y de sátiro su danzar concernido, su hipnosis hermética, su crepitar que es sueño y secreto.

La lumbre se convierte en polvo, como el tiempo y los hombres, pero da calor, da vida y convierte lo cercano en inminente. Es señal, icono y signo de vida.

La lumbre a veces pacta con el Demonio pero no siempre, otras con Dios al que tiene poco que pedir.

La lumbre baila sin música, roba atenciones y llena cabezas de libertad, libertad de aire y de millas.

La lumbre no deja sombra, no busca redención, ni roba. Es lumbre, solo lumbre. Pero lumbre que es repositorio febril de sueños, viático de mañanas.

(253) El amor dulce

bonhamled 19/03/2008 @ 06:43

Muchas cositas ricas: muchos dulces de ambrosía, de esos que nos gustan tanto, con almendra, mazapán suavísimo, delicado al paladar, !Cómo se deshace!, como esos otros, puro visillo de hojaldre con natas batidas y con cremas sabrosas, pestiños con sabor a la Meca. También dulces de ocasión, eternas yemas, fantásticas milhojas, centeniales dulces de batata o de boniato, queridas castañas caramelizadas degradadas del marrón glacé.

Buenísimos panettones y dulces de mora, los otrora infantiles arroces con leche, etéreos y ya actuales, chocolates curales con palentinas, trufas de chocolate con algo de su calentura tropical amasada por las manos blancas de las monjas. Brownies de chocolate africano que lleva a la locura del spleen (y del hígado), mascarpone revertido en dulce tiramisú, torrijitas fritas con canela olorosa, vinos de jerez y moscatel que liban almíbares y saliva, dulce de leche americano con herreruelas de Martín Fierro.

También se cuenta con alfajores de los que vienen los niños a comer corriendo y sorteando cuestas pinas en días soleados de invierno, donde, al solaz de la despensa y la alacena se difuminan los cansancios. Flanes, púdines y nubes condensadas que fueron líquidas para ser ahora sólidas, o vivir en el terreno fronterizo entre el suave tacto sólido a la lengua, la untuosidad material del líquido y la divina esencia gaseosa de los olfatos y gustos.

Ensaimadas con cabello de ángel que lian al seguir su trayectoria, petisús insufribles si no fueran ..lo que son, Roscones de reyes del 7 de enero al la víspera de los regalos. Heladitos de barquillo del Señor Rossi, estupenda sorpresa fría de dulce y alimento al espíritu, galletitas de horno tan calientes que casi dañinas para el estómago, pan de higo energético, vivas y diretes de azúcar y sueños, tarascadas de almíbar o caramelo, zurriagos de dulzor al hipotálamo, tartaleta riquísima de manzana reineta, canutillos de manzana, huesos de santo rellenos de.. Turrones moriscos de almendra dulce, azucar y laboriosidad roma, mousses robadas a las nubes y al "cocholate" infantil, camaroncitos de dulce y arcebías de malandrines golosos, Monas escondidas de Pascuas Ouvallas en catedrales condales, Stendhals mojados en magdalenas con recuerdos de Abate Faría, voluptuosos dátiles del desierto, uvas pasas de sacristía, orejones secados al primer primor de las monjas, frutos secos con la aspereza ritual del aceite dulce.

Olores calientes de pan dulce recién horneado una mañana invernal. Naranjas ácidas y algo amargas previendo el destino fatídico y sabroso de la vida.

Todas estas cosas juntas y al mismo tiempo siento cuando estoy con ella. Es por ello, y por resumir la receta, que solo digo: "Te quiero".

(246) Tozeur

bonhamled 01/03/2008 @ 19:01

En la medina de Tozeur pienso sobre ese viejo pueblo, sabio, inteligente, cuna y vía de comunicación entre los mares: el del centro del mundo y el del arena que nos rodea que fue llamado Taf. Asesinado, asediado o simplemente olvidado por el tiempo murió y con el algunos secretos del norte y del sur, de oriente y de occidente.

Miro sorprendido a través de la ventana del hostal que es llamado hotel caer los primeros copos de nieve en este 14 de diciembre en el desierto.

(239) Sección técnica: Menos mal

bonhamled 14/02/2008 @ 06:32

La mujer y el hijo observaban la televisión con el arrobamiento antiguo del siglo XX. La televisión escupía con obscenidad datos de muerte, vísceras y sangres que se desparramaban, manchando, el hule de la mesa en el que comían. El padre entró por la puerta, y al verlos con los ojos abiertos, aprehendiendo el horror en el salón de su casa, preguntó asustado : ¿Que pasó?. La madre sin dejar de mirar responde: un avión ha chocado...., Sin dejar terminar el padre repregunta: ¿Aquí?. El padre se quita el abrigo y lo cuelga mientras resuena el "No, en.... El padre sorprende en el silencio de su mente el eco de frontón de un "menos mal" aburrido, absurdo y atemporal.

(238) Los tres revolucionarios. Un pequeño cuento de Almadormida

bonhamled 09/02/2008 @ 07:28

El primero, casi púber, entró asíendo con fuerza su párvulo carnet de jóven revolucionario. aparecía gemelo de su mismidad, con la fuerza irremediable de la juventud y el sabor de vino viejo cuando crea recuerdos imborrables. El segundo de los iluminados tenía la treintena mediada, y a pesar de los descalabros de la vida sostenía en su mano derecha un trozo de pan, pequeño y deleznado, y, cautiva en la mano izquierda, una orgullecida palma en advección que, sin embargo, era llena de callosidades apodicticas.

La terna acababa con el que, en verdad, erraba al acudir al tribunal. Un hedonista en busca de un Parnaso que no acababa de aparecer; vate, orador, excelente y picaflor con fantasismo florentino. También hortera de salón de abacería de tres al cuarto donde se le permitía cargar sal pero no despachar vinagre. Los tres arribaron, con miradas de soslayo entre sí, al estatuido tribunal, iniciático tras su creación por el Sr Goush, mostraron sus credenciales: la media sardineta de poeta, los endecasílabos con su correspondientes didascalias y codas, las pólizas y los dalles. Una vez se verificó el bagaje comenzó el diálogo y las falacias hasta construir, con el risueño pelirrojo tras los cortinones, arquitecturas de oblongas volutas de razonamiento, vacuas sin la catarsis de la razón ni el dulzor de malvasía o de la absenta de la fe: eran solo luces cegadoras. Goush escuchaba con interés, de hito en hito, a los candidatos invisibles; hacía gestos de mono loco, impostaba o atiplaba a ratos la voz por lo bajo con aspavientos mistéricos al cielo o al suelo postrándose de hinojos ante algunas combinaciones de palabras o de danzas numéricas. De los tres sólo uno superó el oráculo; los asertos perdían por Xaloc, por impericia o por capciosidad manifiesta renuente y contumaz. A pesar de los trabajos, los resultados no llegaron a saberse ya que las actas se perdieron tras el desastre, ya por el fuego en la legación, ya por la furia disipada de los pocos que quedaron o por la torpeza venerable, y discreta, de los que vinieron a investigar.

Se prefirió dar el pueblo entero al olvido y al abandono de la hierba rastrojera, para desconocer por siempre el nombre del destinado y el de los dos adláteres coadyuvantes, manchados de sangre de tierra roja y de atardeceres sordos. Decían quienes no olvidaron que fue lo mejor para todos, menos para historiadores y preguntadores de lo que a nadie le interesa. Los muertos quedaron tranquilos con su verdad falsa. Los ajenos no ahondaron en una curiosidad escarpada. Los blasfemos no recordaron palabras ocultas ni rayos salidos del cielo y los lejanos ni siquiera pudieron conocer lo que nadie debía haber visto.

(235) Ya está bien, Señor mío

bonhamled 02/02/2008 @ 06:06

"Quousque tandem abuteris, Catilina, patientia nostra?

Esa era la frase sentenciativa que rezumabla la totalidad de la sociedad. Por eso mismo lo mataron en un callejon, porque abusó de la paciencia mucho.
Pequeños delitos, luego algo mayores al final. Se mofaba de las señoras cuando iban a comprar y, de vuelta de farra, se cachondeaba de los currantes. Una vez le quito un caramelo a un niño para verificar lo sencillo que era, le robo el perro a un ciego, puso un bizcocho a la puerta de un colegio para comprobar el revuelo y, a veces, solia echarle arroz, sin venir a cuento, al parroco. Las últimas veces de sus bromas se encimaba de forma arrecha sobre las jovencitas que veía, algunas veces por broma otras por ímpetu faltón.
Por todo y por algunas otras trazas de mal, que entre todos pudimos ver y convenir que hacian de su naturaleza inconvertible, decidimos deshacernos de él. Una noche según venía, drogado, borracho, ambas o quizas ninguna, ya que que no era el caso delimitar su grado de consciencia entre algunos, comisionados al respecto por la asociacion de vecinos, decidimos espetarle con esa frase latina.
El porque de decirle a un ser semi inconsciente y tambaleante esa frase tan absurda no lo supe jamas, ni se si Ciceron estaria muy contento pues diez segundos después empezo la golpiza tumultuosa que acabaria con el. No se quien la pronuncio, pudiera ser que tras esa frase oscuro recuerdo de los años de colegio donde el saber o el aprender era un nuevo amanecer, se avino un fin: como contraposicion filologica y metaforica en la primera parte y real y consecuente la segunda, que acabo con el.
Como la misa en latin de la que a veces solo el Ite Misa Est era reconocido como tiempo de estampida y el resto una letania sorda e incongruente pero que "arrimaba" a Dios, en este caso solo era la clave para el inicio de la golpiza, en algun momento se escucho decir al borracho moribundo: ¿Catalina?, ¿que Catalina?, ¿La de los pilares? Evidentemente eso arrecio el final, que sobrevino al poquisimo tiempo, y pudimos irnos a casa sabiendo que nadie nos indicaría a voces el amanecer ni nos pondria en evidencia ante lo ridiculo de las liturgias sociales que seguiamos como una cantinela cansada, sorda e incongruente.
En realidad la idea inicial no fue esa, la de matarle entre todos, pero visto la ventaja de que quedara sin moraleja el asunto decidimos que nadie nos echarímos en cara el abuso.

(228) Elegía por Nagasaki

bonhamled 19/01/2008 @ 14:45

Yukio recuerda el sagrado monte Fuji.

Sus pies mojados recuerdan lo seco.

El tiempo pasa en estaciones y en vida.

Yukio Hasazawa ara, siembra, recoge arroz y lo carga.

El tiempo también es arado.

De repente, el mundo se para y en la lejanía

unaenorme rosa de humo se levanta:

Una seta gigante.

Yukio se sorprende cuando un leve grito suena.

El tiempo, el arroz y la vida desaparecerán.

Los haikus son tijeras.

Será llamado solo Yukio Hibakisha.