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Categoría: Susurros

(239) Sección técnica: Menos mal

bonhamled 14/02/2008 @ 06:32

La mujer y el hijo observaban la televisión con el arrobamiento antiguo del siglo XX. La televisión escupía con obscenidad datos de muerte, vísceras y sangres que se desparramaban, manchando, el hule de la mesa en el que comían. El padre entró por la puerta, y al verlos con los ojos abiertos, aprehendiendo el horror en el salón de su casa, preguntó asustado : ¿Que pasó?. La madre sin dejar de mirar responde: un avión ha chocado...., Sin dejar terminar el padre repregunta: ¿Aquí?. El padre se quita el abrigo y lo cuelga mientras resuena el "No, en.... El padre sorprende en el silencio de su mente el eco de frontón de un "menos mal" aburrido, absurdo y atemporal.

(238) Los tres revolucionarios. Un pequeño cuento de Almadormida

bonhamled 09/02/2008 @ 07:28

El primero, casi púber, entró asíendo con fuerza su párvulo carnet de jóven revolucionario. aparecía gemelo de su mismidad, con la fuerza irremediable de la juventud y el sabor de vino viejo cuando crea recuerdos imborrables. El segundo de los iluminados tenía la treintena mediada, y a pesar de los descalabros de la vida sostenía en su mano derecha un trozo de pan, pequeño y deleznado, y, cautiva en la mano izquierda, una orgullecida palma en advección que, sin embargo, era llena de callosidades apodicticas.

La terna acababa con el que, en verdad, erraba al acudir al tribunal. Un hedonista en busca de un Parnaso que no acababa de aparecer; vate, orador, excelente y picaflor con fantasismo florentino. También hortera de salón de abacería de tres al cuarto donde se le permitía cargar sal pero no despachar vinagre. Los tres arribaron, con miradas de soslayo entre sí, al estatuido tribunal, iniciático tras su creación por el Sr Goush, mostraron sus credenciales: la media sardineta de poeta, los endecasílabos con su correspondientes didascalias y codas, las pólizas y los dalles. Una vez se verificó el bagaje comenzó el diálogo y las falacias hasta construir, con el risueño pelirrojo tras los cortinones, arquitecturas de oblongas volutas de razonamiento, vacuas sin la catarsis de la razón ni el dulzor de malvasía o de la absenta de la fe: eran solo luces cegadoras. Goush escuchaba con interés, de hito en hito, a los candidatos invisibles; hacía gestos de mono loco, impostaba o atiplaba a ratos la voz por lo bajo con aspavientos mistéricos al cielo o al suelo postrándose de hinojos ante algunas combinaciones de palabras o de danzas numéricas. De los tres sólo uno superó el oráculo; los asertos perdían por Xaloc, por impericia o por capciosidad manifiesta renuente y contumaz. A pesar de los trabajos, los resultados no llegaron a saberse ya que las actas se perdieron tras el desastre, ya por el fuego en la legación, ya por la furia disipada de los pocos que quedaron o por la torpeza venerable, y discreta, de los que vinieron a investigar.

Se prefirió dar el pueblo entero al olvido y al abandono de la hierba rastrojera, para desconocer por siempre el nombre del destinado y el de los dos adláteres coadyuvantes, manchados de sangre de tierra roja y de atardeceres sordos. Decían quienes no olvidaron que fue lo mejor para todos, menos para historiadores y preguntadores de lo que a nadie le interesa. Los muertos quedaron tranquilos con su verdad falsa. Los ajenos no ahondaron en una curiosidad escarpada. Los blasfemos no recordaron palabras ocultas ni rayos salidos del cielo y los lejanos ni siquiera pudieron conocer lo que nadie debía haber visto.

(235) Ya está bien, Señor mío

bonhamled 02/02/2008 @ 06:06

"Quousque tandem abuteris, Catilina, patientia nostra?

Esa era la frase sentenciativa que rezumabla la totalidad de la sociedad. Por eso mismo lo mataron en un callejon, porque abusó de la paciencia mucho.
Pequeños delitos, luego algo mayores al final. Se mofaba de las señoras cuando iban a comprar y, de vuelta de farra, se cachondeaba de los currantes. Una vez le quito un caramelo a un niño para verificar lo sencillo que era, le robo el perro a un ciego, puso un bizcocho a la puerta de un colegio para comprobar el revuelo y, a veces, solia echarle arroz, sin venir a cuento, al parroco. Las últimas veces de sus bromas se encimaba de forma arrecha sobre las jovencitas que veía, algunas veces por broma otras por ímpetu faltón.
Por todo y por algunas otras trazas de mal, que entre todos pudimos ver y convenir que hacian de su naturaleza inconvertible, decidimos deshacernos de él. Una noche según venía, drogado, borracho, ambas o quizas ninguna, ya que que no era el caso delimitar su grado de consciencia entre algunos, comisionados al respecto por la asociacion de vecinos, decidimos espetarle con esa frase latina.
El porque de decirle a un ser semi inconsciente y tambaleante esa frase tan absurda no lo supe jamas, ni se si Ciceron estaria muy contento pues diez segundos después empezo la golpiza tumultuosa que acabaria con el. No se quien la pronuncio, pudiera ser que tras esa frase oscuro recuerdo de los años de colegio donde el saber o el aprender era un nuevo amanecer, se avino un fin: como contraposicion filologica y metaforica en la primera parte y real y consecuente la segunda, que acabo con el.
Como la misa en latin de la que a veces solo el Ite Misa Est era reconocido como tiempo de estampida y el resto una letania sorda e incongruente pero que "arrimaba" a Dios, en este caso solo era la clave para el inicio de la golpiza, en algun momento se escucho decir al borracho moribundo: ¿Catalina?, ¿que Catalina?, ¿La de los pilares? Evidentemente eso arrecio el final, que sobrevino al poquisimo tiempo, y pudimos irnos a casa sabiendo que nadie nos indicaría a voces el amanecer ni nos pondria en evidencia ante lo ridiculo de las liturgias sociales que seguiamos como una cantinela cansada, sorda e incongruente.
En realidad la idea inicial no fue esa, la de matarle entre todos, pero visto la ventaja de que quedara sin moraleja el asunto decidimos que nadie nos echarímos en cara el abuso.

(228) Elegía por Nagasaki

bonhamled 19/01/2008 @ 14:45

Yukio recuerda el sagrado monte Fuji.

Sus pies mojados recuerdan lo seco.

El tiempo pasa en estaciones y en vida.

Yukio Hasazawa ara, siembra, recoge arroz y lo carga.

El tiempo también es arado.

De repente, el mundo se para y en la lejanía

unaenorme rosa de humo se levanta:

Una seta gigante.

Yukio se sorprende cuando un leve grito suena.

El tiempo, el arroz y la vida desaparecerán.

Los haikus son tijeras.

Será llamado solo Yukio Hibakisha.

(226) La era del guerrero

bonhamled 13/01/2008 @ 16:37

Mira el guerrero del largo cabello rubio el sol poniente y mesándose la cabeza augura un día venidero doloroso. Los congostos se hacen aún más estrechos y la vida es un camino pino hacia un precipicio.

El viento fuerte y duro le araña la cara y el guerrero, el hombre con la espada en la mano, piensa por un instante en el porqué del andar, el para qué y en el fin. Quizás esperar sería lo mejor o, mejor aún acabar ya sin caer en la cobardía del aferrarse sin dignidad a la vida.

El acabar vendrá pero el sufrir puede evitarse.

Mira el guerrero el sol poniente, se observa de forma nueva las manos, sin embargo aprieta la cabalgadura y sigue avanzando hacia la fatalidad, la incertidumbre y la mala fortuna. A fin de cuenta es un guerrero que vive para hacer la guerra, aunque sea a la propia vida y no cede ante lo predispuesto aunque sea por el destino escrito.

El tímido y pequeño oficinista despierta de la ensoñación instantánea en ese instante y da un paso atrás: El tren está demasiado cerca y ciñe la brida de su montura inexistente con una mano y con la otra el pomo de la espada herida en mil batallas que no está: Se siente dueño de su día.

(219) Paquito

bonhamled 28/12/2007 @ 22:12

Paquito ríe, Paquito es tonto, es listo, es vivo, pero es loco. Es tan cuerdo que sus aspavientos y tonterías auguran el futuro.

Paquito corre por las calles, sucio, riente, con la baba cayéndole, hablándoles a todos con su parla de media lengua y su mezquina mirada. Todo Aparicio le conoce, es Paquito, Paquito: el tonto.

Paquito ríe y ríe, y así andaba los días de antes de llegar el malvado Goush al pueblo. Reía y reía con esa sensación de Dixie y de Weimar que predecía algo malo.

El día que el viajante entró en el pueblo, con sus ideas, con sus moscas, con su verbo extranjero y fácil, Paquito dejó de reir, se escondió, huía tras las esquinas. Paquito, sin embargo, también murió aunque puede que no engañado como otros que se creían muy inteligentes y vislumbradores.

(218) Gaudio el torcido

bonhamled 26/12/2007 @ 18:33
Gaudio fue un buen extremo, casi vertiginoso como Gento, de los que encontraban la línea de fondo antes que nadie, de regate seco y torcido, a lo Garrincha. La gambeta le regaló el hipocorístico de "Gaudio el torcido" y con ella llegaba al final vital del pasto para enhebrar pases mortales de necesidad. Es lo que llamaban el pase de la muerte.
Si el delantero centro era hábil o vivo el resultado era gol. Tanto Faneca, como Ruíz o Lobo marcaron goles en sintonía y sociedad con el torcido Gaudio.
Gaudio era un corazón libre, libre del dinero, libre de responsabilidades y libre como el viento, enemistó y amistó entrenadores y presidentes que dependían de él más que de la recaudación. Enamoraba a la grada a la que trataba o con displicencia o con generosidad suicida. Cautivaba jóvenes y trasnochaba en previa de partido con una parsimonia e irresponsabilidad divina.

El pase, el disparo, la certera lanzada del venablo del gol se consumaba casi en cada jornada a pesar de la distracción. Era su don y su martirio, su virtud y su pecado.

Gaudio había vivido bien, muy bien, segundo hijo de un tendero español, gastó muchos años de su vida entre la sal de entrada y el vinagre de salida del colmado, gambeteando amarguras, ligando amores y sueños en la tiendita soñando entre cuentas de papel pautado con un día de gloria.
El día de la lesión que acabaría con su carrera deportiva había pasado la noche anterior con una mujer. Gaudio enamoradizo, noctarniego y bebedor fue robado por el caco del amor. Esa mujer, aquella, le robó el aliento y el pensamiento, quizás no durante todo el día pero si durante el segundo antes del regate de el gol. Era gol, se cantaba el gol.
El despiste y la pierna blanda en el choque con el defensa le regaló, como flecha del destino, la lesión de tripleta: némesis original del fútbol. Todo ello se convirtió en la negación del pase antieuclidiano, del regate, del tiempo estirado y del futuro de ricacho.
Se rompió como un sueño prometeico, como el dulce señor Stendt, como la fe de sus amigos. Volvió, entonces,al pueblo, al barrio, a la tienda. Y todo eso aconteció, olimpo, infierno, Dante, con solo veintidós años.

(216) Sección técnica nº 11. Instrucciones para odiarse

bonhamled 22/12/2007 @ 14:01

Algún día, alguna mañana de un martes, sobresaltado y zaherido de tiempo te levantas odiándote.

En un primer tiempo lo achacas al oleaje del subconsciente o a "queseyo" pero el caso es más profundo: siempre es más profundo.

Tu actuar, tu ser, el ver, mirar, el haber dicho o haber callado, el absurdo de verse en el espejo, se vuelven enemigos y torpes. Te ves como un fardo inútil que se mueve sin ritmo y sin gracia, algo así como el más tonto y feo de la fiesta o quizás como la aburrida que todo el mundo evita en el salón de baile.

Este odio interno y profundo suele desperezarse con el avanzar de la mañana, con un desayuno copioso, con una conversación amable o, lo mejor, con mucho silencio. La comparación silenciosa con los demás siempre llena de moral las faltriqueras vacias de por la noche.

Otras veces no, ese odio como un Patrick Bateman real que desearía acabar con el mundo solo por no acabar, egoísmo reconocible, consigo mismo. Si este odio avanza, describe círculos o caminos, se hace interno y crece como una planta parásita pero olorosa en el interior se encuentra uno abonado a la depresión o incluso a la dulcísima locura.

El estallido último puede ser el asesinarse, como si eso borrara el estigma de esa verguenza matutina, o, también enajenarse en otro, convertirse en otro, callarse en medio del ruido para que el tiempo, la farmacopea o el devenir encime y borre, como un alud, esa personalidad grotesca.

En estos caminos se encuentra un porcentaje alto de la población, me atrevería a decir que entre el 71% y el 88%. En ese pasillo terrible es donde habitan vampiros del otro, superhombres y supermujeres de pecho de paloma, arrastrados que dan más gloria que pena, ínfimos adictos a cualquier cosa, religiosos sin parangón y alegres.

De todos ellos los alegres sin más apellidos son los más peligrosos. ¿Porque?, porque hacen los días empezar antes y, por tanto, encontrarse con esa legión de fantasmas cada mañana.

(211) Ayer, en 1984

bonhamled 15/12/2007 @ 06:33

Ayer, en 1984 tenía miedo y hacía sol.

Ayer, en 1984 el miedo comía y se movía entre muebles y personas.

Hoy el miedo me rodea y asedia pero sigo mirando al sol.

Ayer, en 1984, el mundo era una cueva negra pero ilusionante.

Hoy, la incertidumbre se vuelve gris y usada, la ilusión se meteoriza.

Ayer el tiempo siempre era una oportunidad, hoy una gran traición.

Ayer las personas eran fuentes donde beber, hoy bebida ya digerida.

Ayer estar solo y estar triste era todo uno, hoy el estar solo es la simiente de dejar de estar triste.

Ayer estar mal acompañado incluso se agradecía, hoy el estar solo es la mejor, o peor, compañía.

Antes la verdad era matizable y clara, hoy es indiscutible y obtusa.

Ayeres y hoys, bastardos pensamientos de un deja vu eterno.

(209) El ocaso de las ideologías

bonhamled 12/12/2007 @ 05:46

Se pudo leer en el periódico el día siguiente:

"La reunión había sido muy dura, el dirigente principal de la sección marxista leninista pro rusa había pronunciado su discurso el primero. La respuesta a la intervención fue sorprendente por lo tibio y poco acorde a la unicidad de pensamiento, a la búlgara, anterior a ese congreso en el partido.
Los "tercermundistas", con la sección maoista y guevarista a la cabeza, realizaron la autocrítica de manera burda pero eficaz a la primera intervención. A todo esto, el sector troskista intentó intervenir en varias ocasiones, siendo acallado, desde su minoría, tildada de intelectual y, por tanto, burguesa. El jefe de la delegación disidente trostkista miraba al jefe de la sección marxista leninista rusa (visión Stalin, subsección Beria) y, sobre todo, a sus manos por miedo a un piolet tremebundo. Los visitantes esperandos: ni Berlinguer ni Cunhal, ni Carrillo ni Marchais ni ningún otro líder invitado pudo llegar a tiempo para consagrar la reprobación a la continua deriva socialdemócrata y revisionista que tenía el partido".
Mientras el comité central del partido comunista de almadormida (PCAL) discutía a voz en grito en la sede oficiosa de la bodega (los tres afiliados del partido sentados en la mesa), yo pasaba con algunos muchachos jóvenes camino de la era, a las afueras del pueblo, para jugar un partido de futbol en aquel día del principio, fresco aún, del verano.
Sabía, a ciencia cierta, que me perdía un momento glorioso de la crítica a Hegel por ..., o de la critica de Feuerbach por..., de la crítica de Marx por ..., o de la Crítica de Marcusse por ...., o a la Crítica de Heidegger por..... o de la Crítica de Sartre por..., o de la Crítica de Negri por..., pero cambié todas esas arquitecturas funambulistas por el vuelo de un portero a atajar una pelota (de un arquero para parar una bola) en un campo algo polvoriento pero que recordaba, en caballones, a la hierba y a las amapolas.
Mirando por la ventana de la tasca, al ver a la mocería encaminarse al campo de juego sin hacer caso a sus arengas, diatribas y discursos, los políticos supieron que el muro de Berlín había caído del todo y con ellas la mayoría de las ideologías que no fueran eclécticas y flexibles.