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Categoría: Susurros

(195) El precio de la sopa

bonhamled 22/11/2007 @ 19:50

- Menard no sea gritón, no confunda, no rapee, no mezcle hielo y barrotes negros, no me deje inconcluso en el final del relato.

- Ande, acabe y recibirá un nuevo plato de fragante Borshka.

(191) Biografía maliciosa de un ser aburrido: Antonio Bardají

bonhamled 11/11/2007 @ 04:22
En el tiempo en el que le conocí, triste, educado y sibarita, su oficio de contable/registrador le ocupaba el día entero y, si bien su sueldo como pude comprobar era exiguo, sus modales eran de exquisitez florentina.

Después de estos años apenas he vuelto a pensar en él aunque nuestra relación fue bastante intensa. Pero hubiera sido bastante menor de haber sabido entonces lo que hoy se o quizás entonces no me hubiera prestado a ciertas bromas.

El departamento en el que trabajábamos, administración y contabilidad, contaba y medía los cambios y conciliaciones en las diferentes sucursales de "Ahumados Pereyra".

Esa nobilísima casa fue creada allá en los estertores del siglo XIX por Don Dioscórides Pereyra, de profesión primera maestro y después propietario la pequeña tienda en la Calle Oximorones, nº 22 donde, como ultramarinos, vendía, tras el periodo primerrepublicano, todo tipo de ahumados y salazones a las almas de la ciudad.

El negocio avanzaba sin opulencia y con mando firme hasta el día en el que Don Dioscórides confundido, o no, con un peligrosísimo sindicalista de leontina y traje de paño, fue abatido por los guardias de asalto en las algaradas que sacudieron la ciudad en 1912 ó 13. Estas rebeliones eran cíclicas reverberaciones del antiguo motín de Esquilache; que fue el origen de la aversión anidada y atildada por los gobernantes o próceres del país.

La empresa nacida de la herencia de don Verecundo Pereyra y Martianez, padre de Don Dioscórides, que era viajante por la comarca perdidísima de Almadormida crecía gracias al talento fenicio de este último. En el inicio fueron divididos los cuartos del difunto Don Verecundo según el ánimo contemporáneo en alícuotas partes entre sus cuatro hijos, Don Dioscórides era el segundo. Y todo ello resultó la simiente de la riqueza y del abandono de la malponderada docencia sacramental en la que malperdía el tiempo don Dioscórides.

El contable/registrador Antonio Bardají, cuidaba su vida, ordenadísima de trabajo y mesura, con afeites y aceites de todo pelo y añadía a su comportamiento un amaneramiento blando, laxo y algo vergonzante.

Todo ello además de su falta de virulencia viril, era conocido y avanzado al nuevo que llegaba: yo, y resultaba en acicate de frecuentes chanzas por parte de repartidores y dependientes de tienda. Estas mofas y choteos eran severas, pero reprimidas de manera dulce por Don Dioscórides, en el inicio de los tiempos. En la etapa de los hechos, con el señor Bardají en su última etapa profesional, las bromas eran en parte permitidas e incluso a veces alentadas por Don Hugo Pereyra y Quiñones (heredero en la meseta de la vida).

Antonio Bardají soportaba, en recocimiento, más de tres décadas de burlas sobre su amaneramiento y falta de hombría. Sobre este particular ningún dato puedo aportar puesto que aunque me invitó a comer en alguna ocasión más vi amistad de compañero que amor contra natura o al menos contra “empresa”. Tampoco observe esa bilis negruzca que llenó su discernimiento y que le hizo huir como forajido hasta que fue abatido y  prendido, herido, cerca de Ridiera. Acabaría occiso sus días en el garrote más vil con su sonrisa blandona tornasolada de azogues de locura.

En aquellos tiempos perdidos, los granos, las bayas, las ranas e incluso los renores de Almadormida eran muy apreciados en las grandes mesas y eso justificaba la continuación de la viajantía a la cerrada Castilla. Don Dioscórides en sus viajes trajo más de materia, grano y anca que de conocimiento y virtud, sobre todo el día que presentó a Paulino, hijo natural suyo y de una moza de Aparicio, que entró como hijastro admitido en los portones de desembarco de materias.

Años después, hoy, recordé el nombre del pueblo al leer la noticia blasfema y tremenda del periódico y, como un cantarazo, aparecieron el resto de nombres hasta urdir o tejer la historia que cuento, la del pobre y terrible señor Bardají.

A principio de los años treinta, los de los grandes cambios y los grandes arrepentimientos, la pequeña empresita familiar era un pequeño emporio que tenia siete tiendas en Madrid y una en Segovia así como almacenes propios donde se mezclaban las tibias sedas del ahumado noruego (proveniente del puerto de Bilbao), la anchoa de Arencibia o las sardinas arenques de muy diferentes lugares.

En este tiempo y por mor del volátil mercado se perdió el interés y con ello el comercio y contacto con las comarcas de Almadormida y Heria.

El universo de sabores en pequeña salazón fue dulcería dadivosa en comparación con lo que ocurriría cada tarde y cada noche en la ciudad en aquellos tiempos aunque algo de ello se translucía en el día a día de la propia tienda. En este entorno cambiante, recién tomada la dirección por Don Hugo Bardají, fue cuando ingresé en al empresa como contable.

Don Hugo Bardají, algo premioso y muy dicharachero se jactaba de permitir "una libertad y un ambiente”, palabras literales que casaban con su aspecto de figurín, bigote engominado, estupendo chaleco y plastrón y zapatos de diamantina. En esa olla se requemaban las bromas socarronas al Sr. Bardají por parte de todos los allí presentes e incluso del primer mequetrefe que entraba por la puerta o por el portón de cargas. Ni que decir tiene que Don Hugo de manera subrepticia e insincera reprimía sutil con aparentes sonrisas.

Antonio Bardají era un trabajador nato, meticuloso y favorable a la empresa, siempre tomaba las bromas con risa, silenciosa y solo un brillo malicioso, un fulgor que resplandecía incandescente un instante y se apagaba, delataba una perversa procesión interior que huía de iglesias y de fieles (se supo por boca del fiscal después) y que le llevaba por los caminos de caballón y de hierbas gritadoras. De si los sucesos fueron ocasionados por las bromas, bastante consentidas, o por la supuesta relación con el niño Paulino, flor en hoja, no lo quise saber.

Los chicos que cargaban recados, los encargados de bata azul así como los locuaces dependientes de la sede central reían bromas, miraban de soslayo y se hacían aspavientos, cucos y gestos cuando llegaba el Sr. Bardají o, después supe, Paulino.

Se divisaba el almacén desde la oficina de Don Hugo en alto y anexa al portón de entrada. En ese pequeño lugar es donde el Sr Bardají y yo mismo trabajábamos separadas por un mamparo de baja altura. . En ese ambiente y con silencio de misa vigilábamos cuadrantes, tarjetas, billetes y libros contables con la ausencia casi perenne de Don Hugo.

El Sr. Bardají encontraba los descuadres de los balances con inteligencia y rapidez, en verdad es que las fabricas de Toja o de Avilés tampoco se lo ponían difícil, incluso era capaz de vender a los ultramarinos "Serena", “la flor de Andalucía para usted”, con severidad y con presteza muchos materiales rechazados por la villa y corte.  Tal era su maña con pedidos y  facturas.

No se le escapaba ni una broma ni una risa del gesto adusto pero cercano, mascullaba, segaba y callaba. Su edad, indefinida por encima de los sesenta años, dejaba un regusto de cera en su cara, un vitíligo incipiente, una calvicie avanzada y una sensación de tristeza burlona y sorda que no se manifestaba sino por el brillo de sus ojos. Sus manos de garrote, en fase artrósica inicial, tenían algo de escaso en carne y de rapaz que daba miedo ¿Quién iba a suponer que con tan pocos indicios y medios….?

El día víspera del asunto, salí temprano del trabajo y no pude ver como el Señor Bardají se quedaba hasta tarde con Don Hugo. Según los indicios policiales sabidos mucho después cuando terminaron de revisar las cuentas en el soto almacén fueron a cenar juntos a una tasca cercana a pesar de que Don Hugo Pereyra vivía cerca.

Todos temimos que alguna banda de extremistas desalmados con pretensiones radicales de diferente corte hubiera raptado a Don Hugo a tenor por lo que ocurrió después . Sin embargo la huida, la aprensión cerca de Aparicio del Sr. Bardají desbaratado, demenciado y con trozos y pertenencias del finado en sus bolsillos abrió a la policía el gran caso de primer antropófago vengativo de la historia, quizás de la ciudad, quizás del mundo que he vivido y, sin duda, del mundo del encurtido y los ultramarinos del siglo veinte.

De todo lo demás que se habló, del pujo mental que le abotargó, que si endemoniamientos, que si  aficiones contra la iglesia, que amores uránicos o conjuras anarquistas nada se sacó, solo un leve y tenue hilillo de sangre que manchó la silla y el suelo y que le nacía en el muy menguado cuello garrotado de Don Antonio Bardají.

(185) Goush Skoptzy

bonhamled 30/10/2007 @ 04:56

El rubicundo Goush llegó al pueblo con su camioncito de baratillo. Enbelesaba por sus rojos cabellos y su casi albinismo.

Sus ojos azules recordaban el cielo que tanto que parecía encarnar e, incluso, campeonar pero, sin embargo dejaban en el último fondo una luz blanca, vivaz, fría e impertérrita que daba miedo.

No solo a los mayores sino a los niños. Su grito "Skoptzy" llenaba de terror y de mesianismo arrebatado.

Su fin, el fin, el fin de la comarca de Almadormida y de los sueños de los habitantes de Aparicio sería el fin de una era. El del conocimiento y la apertura. El de la ingenuidad y la vida. El del pensamiento y la luz. Otra luz más fuerte y más oscura lleno la región de malos sueños. La edad media volvió.

(182) La separación

bonhamled 24/10/2007 @ 05:08

Se miraban sorprendidos, iguales en su desconfianza y mirada, llegaban a las grandes naves donde, rápidamente eran seleccionados.

Unos aquí, otros allá. Las leyendas les decían que tal grupo, el de los jóvenes, iba directo a la muerte, o quizás las mujeres, o puede que tal o tal cual, quizás aquel que ponían más lejos.

Llegaban a su lugar de esperanza, de espera, donde deberían aguardar algún hecho ignoto y amenazante.

Miraban al cielo, cerrado de chapa y el ruido de la maquinaria industrial. Su cuerpo, su cabeza, su traje sería aprovechado, todo sería aprovechado.

Los hombres que les tomaban, les movían, les golpeaban incluso tenían la cara impermeable de la repetición burocrática de nada valían los gritos y las preguntas. Si acaso solo para que un grito energúmeno o un golpe acallase el cacareo de las dudas.

La familias unidas se desunían, aquí los padres, sufrientes, allí los hijos desconocidos e inseguros, en general una muerte les esperaba.

Pocos días después, el infierno terrible de la muerte, la colocación en cajas y el acabar en un asador de pollos sería el futuro de casi todos: era el futuro de las gallináceas pobres.

(176) Los vikingos

bonhamled 16/10/2007 @ 04:43

Las hogueras múltiples por doquier, llenas de alegría y del chisporroteo vibrante, expresan demonios danzantes de baile y risa.

Bueyes enteros, carneros, vacas y cerdos se han asado para los vikingos que volvieron a casa. Trajeron esclavos y mujeres para vender, grano, animales, y armas de más allá del mar.

En las hogueras bailan las mujeres, los niños prestos a la fiesta de los mayores y algunos hombres borrachos. La mayoría de los vikingos remantes y luchadores se sientan mirando ese fuego eterno. Solo el cuerno lleno de vino o de cerveza les saca de su ensimismamiento. La alegría del camaraga regocijándose se contagia durante un instante pero se apaga como la brizna seca de hierba en el fuego.

Piensan los fieros peludos en la sangre; la derramada al enemigo, la derramada en el hermano, el padre, la sangre que queda por derramar en el hijo, riente en la fiesta junto a sus amigos todavía niños, en el amigo de su propia carne. Se piensa en esa sangre roja y oro de la lucha, incluso su propia sangre. Un escalofrío les recorre la columna vertebral mientras las mujeres celebran la bonanza, y algunas, las menos, escondidas lloran su desgracia y su fortuna para el invierno según la ley vikinga.

Los vikingos miran tranquilos al fuego y piensan en el próximo viaje, el próximo grito a Odín, el camino imperturbable al Valhalla y sienten frío, o , quizás, alguien confundiera al lado del fuego esa mirada al infinito con el miedo.

(175) El pésame

bonhamled 14/10/2007 @ 07:33

La mano se convierte en nervuda y por la boca de la manga caen, como agujas de pino, la tristeza del momento solemne.

En la mano receptora, fría como mármol, callada como mármol, pétrea como mármol, solo un tañido casi oculto de frío latido batiente recuerda la vuelta de la ola de la vida.

La tez mortecina, el cansancio, la situación, los ojos hundidos en cuévanos sin tesoro, la boca en rictus de nervio y el cuerpo desbaratado en un nervio eléctrico.

Una lágrima nostálgica cae, un grito apagado calla, una mirada, agresiva mira al yaciente.

En las manos que se entrecruzan en el baile del cabeceo y la jaculatoria unas gafas.

Quizás eso sea la vida donde se entrecruza lo pragmático y lo desconocido.

(171) El otoño

bonhamled 05/10/2007 @ 05:15

El hombre de otoño entra en la habitación oscura y gris con esa mortecina y punteada realidad de ocasos.

Gira mundos, como picaportes, estrangula aires e ilusiones y captura, aprehende, marchita, esclaviza para devolver chupado y con saliva medio digerido y bastante deteriorado, regurgitado después.

Este general invierno que llamamos otoñoo maiour gloria tempus, es el originador del ancla en tierra. De ese descocado y gravitacional arranque negativo para cada uno de nuestros actos, esa resitencia sin acción, ese imposibilitar el hacer.

La negación vestida de estruendo y retumbe.

(165) El ansía del angel negro

bonhamled 19/09/2007 @ 05:26
Angeologías y demonologías, bestiarios tremendos del imaginario perturbado del ángel negro se mezclan con sus bilis, su melancolía le lleva al arrebato. El alcohol en el que busca consuelo y olvido hace daño en su interior. Derramado, alcohol y persona, en la calle se encuentra solo, abandonado, tirado.

Pasó un tiempo comiendo la tierra que supuraba dolores en el cementerio, sus lágrimas formaban con el polvo del paso y de la sombra de los nichos pequeños una pasta que se formaba en su boca y en sus sienes. Los guardaespaldas, a veces, tenían que llevárselo ahito y desmejorado a casa tras un día entero frente a la lápidas. Desearía estar al otro lado. Se buscaba y moría, moría cada instante deseando morir.

Lamiendo las lápidas, viviendo una existencia de dolor agudo sin esperanza, buscando sin encontrar, encontrando aristas en cada instante, sintiendo la muerte jugueteando pero sin el impulso fatal para tomarle. Retaba a la tormenta atado al palo mayor.

(162) Instrucciones para ser platónico

bonhamled 12/09/2007 @ 05:04

A veces lo bonito, es bueno, lo bueno, es justo, lo justo, es acertado, lo acertado, es congruente, lo congruente, es excelso, lo excelso, es bello, lo bello es bonito.

(159) Instrucciones para que Euterpe sorprenda

bonhamled 07/09/2007 @ 05:40

Estaba sentado, esperando en el ocre o beige cotidiano el trabajo vinente, marchante, en estadía o en rebeldía de retraso, de repente, un instante, un rayo. Oigo “Feel so good” de Chuck Mangioni.

El mundo se para, imperceptible y mísero en su girar vago y aprovecho, por una vez, el instante repetido para cerrar los ojos. La profusión de personas grises, ruidos bruscos, objetos inútiles, gestos ociosos o agresivos se funden en un negro cinematográfico y se abre, como al apretarse los ojos de niño, un celeste eterno alejado del gris o del pardo del devenir diario.

Oigo guitarras que no son, clarinetes que no son, baterías que no son y jazz que no es porque en realidad escucho lo que quisiera que fuera el mundo.

Espero un instante, de casi nueve minutos, como en aquellos años de más juventud, más personas cerca, más estudio y más cansancio donde todavía nada se había convertido en dinero y despierto, nuevo descansado, vívido y egregio casi como un Kavafis paseando por Alejandría o como un Oscar WIlde una tarde placentera en un parque rodeado de acólitos efébicos. En la verdad es mucho más menestral y funcionarista pero es el sueño de la musa, la catarsis en pequeñísimas minúsculas. Un mundo revivido en un pequeño, otra vez, Aleph.