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Categoría: Susurros

(219) Paquito

bonhamled 28/12/2007 @ 22:12

Paquito ríe, Paquito es tonto, es listo, es vivo, pero es loco. Es tan cuerdo que sus aspavientos y tonterías auguran el futuro.

Paquito corre por las calles, sucio, riente, con la baba cayéndole, hablándoles a todos con su parla de media lengua y su mezquina mirada. Todo Aparicio le conoce, es Paquito, Paquito: el tonto.

Paquito ríe y ríe, y así andaba los días de antes de llegar el malvado Goush al pueblo. Reía y reía con esa sensación de Dixie y de Weimar que predecía algo malo.

El día que el viajante entró en el pueblo, con sus ideas, con sus moscas, con su verbo extranjero y fácil, Paquito dejó de reir, se escondió, huía tras las esquinas. Paquito, sin embargo, también murió aunque puede que no engañado como otros que se creían muy inteligentes y vislumbradores.

(218) Gaudio el torcido

bonhamled 26/12/2007 @ 18:33
Gaudio fue un buen extremo, casi vertiginoso como Gento, de los que encontraban la línea de fondo antes que nadie, de regate seco y torcido, a lo Garrincha. La gambeta le regaló el hipocorístico de "Gaudio el torcido" y con ella llegaba al final vital del pasto para enhebrar pases mortales de necesidad. Es lo que llamaban el pase de la muerte.
Si el delantero centro era hábil o vivo el resultado era gol. Tanto Faneca, como Ruíz o Lobo marcaron goles en sintonía y sociedad con el torcido Gaudio.
Gaudio era un corazón libre, libre del dinero, libre de responsabilidades y libre como el viento, enemistó y amistó entrenadores y presidentes que dependían de él más que de la recaudación. Enamoraba a la grada a la que trataba o con displicencia o con generosidad suicida. Cautivaba jóvenes y trasnochaba en previa de partido con una parsimonia e irresponsabilidad divina.

El pase, el disparo, la certera lanzada del venablo del gol se consumaba casi en cada jornada a pesar de la distracción. Era su don y su martirio, su virtud y su pecado.

Gaudio había vivido bien, muy bien, segundo hijo de un tendero español, gastó muchos años de su vida entre la sal de entrada y el vinagre de salida del colmado, gambeteando amarguras, ligando amores y sueños en la tiendita soñando entre cuentas de papel pautado con un día de gloria.
El día de la lesión que acabaría con su carrera deportiva había pasado la noche anterior con una mujer. Gaudio enamoradizo, noctarniego y bebedor fue robado por el caco del amor. Esa mujer, aquella, le robó el aliento y el pensamiento, quizás no durante todo el día pero si durante el segundo antes del regate de el gol. Era gol, se cantaba el gol.
El despiste y la pierna blanda en el choque con el defensa le regaló, como flecha del destino, la lesión de tripleta: némesis original del fútbol. Todo ello se convirtió en la negación del pase antieuclidiano, del regate, del tiempo estirado y del futuro de ricacho.
Se rompió como un sueño prometeico, como el dulce señor Stendt, como la fe de sus amigos. Volvió, entonces,al pueblo, al barrio, a la tienda. Y todo eso aconteció, olimpo, infierno, Dante, con solo veintidós años.

(216) Sección técnica nº 11. Instrucciones para odiarse

bonhamled 22/12/2007 @ 14:01

Algún día, alguna mañana de un martes, sobresaltado y zaherido de tiempo te levantas odiándote.

En un primer tiempo lo achacas al oleaje del subconsciente o a "queseyo" pero el caso es más profundo: siempre es más profundo.

Tu actuar, tu ser, el ver, mirar, el haber dicho o haber callado, el absurdo de verse en el espejo, se vuelven enemigos y torpes. Te ves como un fardo inútil que se mueve sin ritmo y sin gracia, algo así como el más tonto y feo de la fiesta o quizás como la aburrida que todo el mundo evita en el salón de baile.

Este odio interno y profundo suele desperezarse con el avanzar de la mañana, con un desayuno copioso, con una conversación amable o, lo mejor, con mucho silencio. La comparación silenciosa con los demás siempre llena de moral las faltriqueras vacias de por la noche.

Otras veces no, ese odio como un Patrick Bateman real que desearía acabar con el mundo solo por no acabar, egoísmo reconocible, consigo mismo. Si este odio avanza, describe círculos o caminos, se hace interno y crece como una planta parásita pero olorosa en el interior se encuentra uno abonado a la depresión o incluso a la dulcísima locura.

El estallido último puede ser el asesinarse, como si eso borrara el estigma de esa verguenza matutina, o, también enajenarse en otro, convertirse en otro, callarse en medio del ruido para que el tiempo, la farmacopea o el devenir encime y borre, como un alud, esa personalidad grotesca.

En estos caminos se encuentra un porcentaje alto de la población, me atrevería a decir que entre el 71% y el 88%. En ese pasillo terrible es donde habitan vampiros del otro, superhombres y supermujeres de pecho de paloma, arrastrados que dan más gloria que pena, ínfimos adictos a cualquier cosa, religiosos sin parangón y alegres.

De todos ellos los alegres sin más apellidos son los más peligrosos. ¿Porque?, porque hacen los días empezar antes y, por tanto, encontrarse con esa legión de fantasmas cada mañana.

(211) Ayer, en 1984

bonhamled 15/12/2007 @ 06:33

Ayer, en 1984 tenía miedo y hacía sol.

Ayer, en 1984 el miedo comía y se movía entre muebles y personas.

Hoy el miedo me rodea y asedia pero sigo mirando al sol.

Ayer, en 1984, el mundo era una cueva negra pero ilusionante.

Hoy, la incertidumbre se vuelve gris y usada, la ilusión se meteoriza.

Ayer el tiempo siempre era una oportunidad, hoy una gran traición.

Ayer las personas eran fuentes donde beber, hoy bebida ya digerida.

Ayer estar solo y estar triste era todo uno, hoy el estar solo es la simiente de dejar de estar triste.

Ayer estar mal acompañado incluso se agradecía, hoy el estar solo es la mejor, o peor, compañía.

Antes la verdad era matizable y clara, hoy es indiscutible y obtusa.

Ayeres y hoys, bastardos pensamientos de un deja vu eterno.

(209) El ocaso de las ideologías

bonhamled 12/12/2007 @ 05:46

Se pudo leer en el periódico el día siguiente:

"La reunión había sido muy dura, el dirigente principal de la sección marxista leninista pro rusa había pronunciado su discurso el primero. La respuesta a la intervención fue sorprendente por lo tibio y poco acorde a la unicidad de pensamiento, a la búlgara, anterior a ese congreso en el partido.
Los "tercermundistas", con la sección maoista y guevarista a la cabeza, realizaron la autocrítica de manera burda pero eficaz a la primera intervención. A todo esto, el sector troskista intentó intervenir en varias ocasiones, siendo acallado, desde su minoría, tildada de intelectual y, por tanto, burguesa. El jefe de la delegación disidente trostkista miraba al jefe de la sección marxista leninista rusa (visión Stalin, subsección Beria) y, sobre todo, a sus manos por miedo a un piolet tremebundo. Los visitantes esperandos: ni Berlinguer ni Cunhal, ni Carrillo ni Marchais ni ningún otro líder invitado pudo llegar a tiempo para consagrar la reprobación a la continua deriva socialdemócrata y revisionista que tenía el partido".
Mientras el comité central del partido comunista de almadormida (PCAL) discutía a voz en grito en la sede oficiosa de la bodega (los tres afiliados del partido sentados en la mesa), yo pasaba con algunos muchachos jóvenes camino de la era, a las afueras del pueblo, para jugar un partido de futbol en aquel día del principio, fresco aún, del verano.
Sabía, a ciencia cierta, que me perdía un momento glorioso de la crítica a Hegel por ..., o de la critica de Feuerbach por..., de la crítica de Marx por ..., o de la Crítica de Marcusse por ...., o a la Crítica de Heidegger por..... o de la Crítica de Sartre por..., o de la Crítica de Negri por..., pero cambié todas esas arquitecturas funambulistas por el vuelo de un portero a atajar una pelota (de un arquero para parar una bola) en un campo algo polvoriento pero que recordaba, en caballones, a la hierba y a las amapolas.
Mirando por la ventana de la tasca, al ver a la mocería encaminarse al campo de juego sin hacer caso a sus arengas, diatribas y discursos, los políticos supieron que el muro de Berlín había caído del todo y con ellas la mayoría de las ideologías que no fueran eclécticas y flexibles.

(208) Los colores

bonhamled 10/12/2007 @ 18:03

Los colores planos que llenan las vidas.

Los grises eternos mezclados con gris de forja que llenan la verdad de las amarguras saladas.

Los amarillos sucios que se cuelan por rendijas que son cicatrices escaras.

Los azules grisáceos que viven de una ilusión que no ha sido ni va a ser en el ocaso de la madurez.

Los verdes ofensivos donde todo es negro o blanco sucio.

Los colores, los colores como las mentiras poliedros fantasiosos

(209) El nudo Windsor

bonhamled 09/12/2007 @ 19:52

La vida es un nudo Windsor en quince segundos.

Demasiado bonito para lo corto que es.

Demasiado complejo para lo poco que sirve.

Demasiado lioso para hacerlo bien a la primera.

Demasiado sujeto al error como para no repetir.

Demasiado tiempo para algo tan nimio.

Demasiado corto para dar fe de como somos.

Demasiado demodé como para pensar que es trascendente.

Demasiado volátil como para no mancharse con cualquier nimiedad.

Demasiado oficial como para no ser provisional.

Demasiado de nosotros como para no ser mentira.

(205) Historias

bonhamled 05/12/2007 @ 05:28

Se enciende la luz:

El artificiero pone una bomba de tiempo en el estrado del Areópago.

Tiembla Moisés ajeno a gineceos. Espera entre taludes y bambalinas.

La tremenda pajarera albergará a Humbert, a Harry Haller, a Septimus, a Diego o a muerte.

El escritor quizás solo escribe el guión y da la luz.

(198) El actor que huye

bonhamled 26/11/2007 @ 20:02

Peñagaricano repetía el texto afable y diligente en su operación actoral:

- "Mirarse y no encontrarse" - Decía taciturno y torvo.

- "Reía como paloma al vuelo" - y, dando un salto, hacía un mohín hilarante.

Un papel por fín tras tanto tiempo, tras escapar a dos o tres infiernos y volver, viendo los alrededores de Florencia, a su Damasco particular.

- "Mirarse y no encontrarse".

- "Reía como paloma al vuelo".

Gracias tenía que dar por esa puerta reabireta al solar inmenso de su talento. Talento ennegrecido de vejez, deterioro y duda.

- "Mirarse...".

La función, la principal, el último gran ensayo, la eyaculación onánica postrera de nervios e inseguridades sería el jueves. Ensayos y repeticiones, angustias y falta de profesionalidad, entradas para amigos, primero negadas, luego goteadas, llamadas telefónicas, sonrisas y mariposas: Un clásico de las vísperas.

"Peñagaricano volvía", el tipo de letra del cartel anunciador le daba algún cícero de más que al resto de secundarios, los inminentes próximos primeros actores.

El teatro, la mentira bien contada que recrea, para crear, la verdad vive de egos pequeños, maquillaje, banbalinas que es una cosmogonía imperfecta o, mejor aún, una logomaquia de espaldas al mundo cotidiano.

Peñagaricano pidió adelantos, reconcilió personas, amistó directores de sucursal, reunió fuerzas, desdobló críticos.

El jueves por la mañana, dos horas antes del gran ensayo general, Peñagaricano veloz y nervioso tomaba un tren. El traquetreo le llevaría, sin duda, a la muerte.

(195) El precio de la sopa

bonhamled 22/11/2007 @ 19:50

- Menard no sea gritón, no confunda, no rapee, no mezcle hielo y barrotes negros, no me deje inconcluso en el final del relato.

- Ande, acabe y recibirá un nuevo plato de fragante Borshka.