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Categoría: Susurros

(185) Goush Skoptzy

bonhamled 30/10/2007 @ 04:56

El rubicundo Goush llegó al pueblo con su camioncito de baratillo. Enbelesaba por sus rojos cabellos y su casi albinismo.

Sus ojos azules recordaban el cielo que tanto que parecía encarnar e, incluso, campeonar pero, sin embargo dejaban en el último fondo una luz blanca, vivaz, fría e impertérrita que daba miedo.

No solo a los mayores sino a los niños. Su grito "Skoptzy" llenaba de terror y de mesianismo arrebatado.

Su fin, el fin, el fin de la comarca de Almadormida y de los sueños de los habitantes de Aparicio sería el fin de una era. El del conocimiento y la apertura. El de la ingenuidad y la vida. El del pensamiento y la luz. Otra luz más fuerte y más oscura lleno la región de malos sueños. La edad media volvió.

(182) La separación

bonhamled 24/10/2007 @ 05:08

Se miraban sorprendidos, iguales en su desconfianza y mirada, llegaban a las grandes naves donde, rápidamente eran seleccionados.

Unos aquí, otros allá. Las leyendas les decían que tal grupo, el de los jóvenes, iba directo a la muerte, o quizás las mujeres, o puede que tal o tal cual, quizás aquel que ponían más lejos.

Llegaban a su lugar de esperanza, de espera, donde deberían aguardar algún hecho ignoto y amenazante.

Miraban al cielo, cerrado de chapa y el ruido de la maquinaria industrial. Su cuerpo, su cabeza, su traje sería aprovechado, todo sería aprovechado.

Los hombres que les tomaban, les movían, les golpeaban incluso tenían la cara impermeable de la repetición burocrática de nada valían los gritos y las preguntas. Si acaso solo para que un grito energúmeno o un golpe acallase el cacareo de las dudas.

La familias unidas se desunían, aquí los padres, sufrientes, allí los hijos desconocidos e inseguros, en general una muerte les esperaba.

Pocos días después, el infierno terrible de la muerte, la colocación en cajas y el acabar en un asador de pollos sería el futuro de casi todos: era el futuro de las gallináceas pobres.

(176) Los vikingos

bonhamled 16/10/2007 @ 04:43

Las hogueras múltiples por doquier, llenas de alegría y del chisporroteo vibrante, expresan demonios danzantes de baile y risa.

Bueyes enteros, carneros, vacas y cerdos se han asado para los vikingos que volvieron a casa. Trajeron esclavos y mujeres para vender, grano, animales, y armas de más allá del mar.

En las hogueras bailan las mujeres, los niños prestos a la fiesta de los mayores y algunos hombres borrachos. La mayoría de los vikingos remantes y luchadores se sientan mirando ese fuego eterno. Solo el cuerno lleno de vino o de cerveza les saca de su ensimismamiento. La alegría del camaraga regocijándose se contagia durante un instante pero se apaga como la brizna seca de hierba en el fuego.

Piensan los fieros peludos en la sangre; la derramada al enemigo, la derramada en el hermano, el padre, la sangre que queda por derramar en el hijo, riente en la fiesta junto a sus amigos todavía niños, en el amigo de su propia carne. Se piensa en esa sangre roja y oro de la lucha, incluso su propia sangre. Un escalofrío les recorre la columna vertebral mientras las mujeres celebran la bonanza, y algunas, las menos, escondidas lloran su desgracia y su fortuna para el invierno según la ley vikinga.

Los vikingos miran tranquilos al fuego y piensan en el próximo viaje, el próximo grito a Odín, el camino imperturbable al Valhalla y sienten frío, o , quizás, alguien confundiera al lado del fuego esa mirada al infinito con el miedo.

(175) El pésame

bonhamled 14/10/2007 @ 07:33

La mano se convierte en nervuda y por la boca de la manga caen, como agujas de pino, la tristeza del momento solemne.

En la mano receptora, fría como mármol, callada como mármol, pétrea como mármol, solo un tañido casi oculto de frío latido batiente recuerda la vuelta de la ola de la vida.

La tez mortecina, el cansancio, la situación, los ojos hundidos en cuévanos sin tesoro, la boca en rictus de nervio y el cuerpo desbaratado en un nervio eléctrico.

Una lágrima nostálgica cae, un grito apagado calla, una mirada, agresiva mira al yaciente.

En las manos que se entrecruzan en el baile del cabeceo y la jaculatoria unas gafas.

Quizás eso sea la vida donde se entrecruza lo pragmático y lo desconocido.

(171) El otoño

bonhamled 05/10/2007 @ 05:15

El hombre de otoño entra en la habitación oscura y gris con esa mortecina y punteada realidad de ocasos.

Gira mundos, como picaportes, estrangula aires e ilusiones y captura, aprehende, marchita, esclaviza para devolver chupado y con saliva medio digerido y bastante deteriorado, regurgitado después.

Este general invierno que llamamos otoñoo maiour gloria tempus, es el originador del ancla en tierra. De ese descocado y gravitacional arranque negativo para cada uno de nuestros actos, esa resitencia sin acción, ese imposibilitar el hacer.

La negación vestida de estruendo y retumbe.

(165) El ansía del angel negro

bonhamled 19/09/2007 @ 05:26
Angeologías y demonologías, bestiarios tremendos del imaginario perturbado del ángel negro se mezclan con sus bilis, su melancolía le lleva al arrebato. El alcohol en el que busca consuelo y olvido hace daño en su interior. Derramado, alcohol y persona, en la calle se encuentra solo, abandonado, tirado.

Pasó un tiempo comiendo la tierra que supuraba dolores en el cementerio, sus lágrimas formaban con el polvo del paso y de la sombra de los nichos pequeños una pasta que se formaba en su boca y en sus sienes. Los guardaespaldas, a veces, tenían que llevárselo ahito y desmejorado a casa tras un día entero frente a la lápidas. Desearía estar al otro lado. Se buscaba y moría, moría cada instante deseando morir.

Lamiendo las lápidas, viviendo una existencia de dolor agudo sin esperanza, buscando sin encontrar, encontrando aristas en cada instante, sintiendo la muerte jugueteando pero sin el impulso fatal para tomarle. Retaba a la tormenta atado al palo mayor.

(162) Instrucciones para ser platónico

bonhamled 12/09/2007 @ 05:04

A veces lo bonito, es bueno, lo bueno, es justo, lo justo, es acertado, lo acertado, es congruente, lo congruente, es excelso, lo excelso, es bello, lo bello es bonito.

(159) Instrucciones para que Euterpe sorprenda

bonhamled 07/09/2007 @ 05:40

Estaba sentado, esperando en el ocre o beige cotidiano el trabajo vinente, marchante, en estadía o en rebeldía de retraso, de repente, un instante, un rayo. Oigo “Feel so good” de Chuck Mangioni.

El mundo se para, imperceptible y mísero en su girar vago y aprovecho, por una vez, el instante repetido para cerrar los ojos. La profusión de personas grises, ruidos bruscos, objetos inútiles, gestos ociosos o agresivos se funden en un negro cinematográfico y se abre, como al apretarse los ojos de niño, un celeste eterno alejado del gris o del pardo del devenir diario.

Oigo guitarras que no son, clarinetes que no son, baterías que no son y jazz que no es porque en realidad escucho lo que quisiera que fuera el mundo.

Espero un instante, de casi nueve minutos, como en aquellos años de más juventud, más personas cerca, más estudio y más cansancio donde todavía nada se había convertido en dinero y despierto, nuevo descansado, vívido y egregio casi como un Kavafis paseando por Alejandría o como un Oscar WIlde una tarde placentera en un parque rodeado de acólitos efébicos. En la verdad es mucho más menestral y funcionarista pero es el sueño de la musa, la catarsis en pequeñísimas minúsculas. Un mundo revivido en un pequeño, otra vez, Aleph.

(155) Afirmación de Desmond Abarra

bonhamled 03/09/2007 @ 05:38
Con cansancio, algo de hambre pero viendo el futuro como colgado de un alambre que entre dos palos en un campo o era plena de vacío está a la espera de una actividad vivaz y promovida de campesino que ya solo existe en la mente y en el recuerdo.
Ese es mi estado, expectante, reinventándome, una vez más, pero escuchando y reconociéndome. Es una nueva sensación de espera ante el futuro y las personas. Cansado quedé de ser el primero en actuar, en ser el primero en dar y en recibir, de ser el que corre, anda, sube y baja mientras el tiempo ejerce y ejecuta su posición de dictador malquerido. Ahora las circunstancias me marcan el compás de vals, tres por cuatro, en el que bailamos, a veces con fe otras sin convicción. Es el baile de todos los malditos que vivimos en esta era de oscuridad brillante.

(153) Instrucciones para discriminar racialmente al prójimo

bonhamled 01/09/2007 @ 20:35

Salgo a la calle y veo un banco, noto su aspereza limada de traseros, veo su limpieza algo aterida y dejada, y, por último y antes de entrar en faena, reconozco su utilidad.

Miro a la gente, primero tranquilo, luego ofuscado, al final clarividente y linneico y cuento:

Fama, Fama, Fama, Cronopio (aparente), Fama, Fama, Esperanza (en apariencia), Esperanza, cronopio, cronopio...

Marco en un papelito rayitas que se van convirtiendo en grupo de cinco. Al cabo de diez minutos con el sol agradable y un poco de aire justo en el punto de ser escaso, miro el papel y me percato. Más de cinco veces más famas que cronopios. Mi único anhelo se ancla en las esperanzas detectadas, que apenas hacen que se equilibre la balanza.

Por si fuera poco la cosa y hegeliano compro el periódico.