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Categoría: Vicios, Virtudes y Venturas

(378) Gin Fizz

bonhamled 12/10/2009 @ 08:58

EL Gin Fizz tiene el sucio tracto de la resaca, el día después, ese sabor ácido, ácimo, salado y desterrado de la bilis. Negra, siempre bilis negra.

El Gin Fizz se pide con voluntad de terminar de perder que no dejar de perder, de acabar de perder para volver a perder.

El Gin Fizz siente en su tibio corazón levemente verdoso un fulgir de pena irradiante, de tristeza plena, de desconsideración hacia si mismo por atacarse, dañarse, destruirse pero con la lentitud y la parsimonia de un absurdo repetido.

Tintinea el vaso, tintinea el tiempo y tintinean las causas por las que beber sin parar, vuelto a las burbujas que hacen daño, Esa maldita ginebra de tiempos remotos, de sabor de roca, de grieta en molino, de tiempo perdido, de locura de spleen, de sudor frío, de trasnoche frío, de chaqueta grande y delgadez enferma.

Bebo Gin Fizz y me siento como un Marlowe perdido o, quizás, como un Septimius Smith nuevo. Miro al aire y es suavemente denso tras el gran cristal una ciudad de noche que en sus luminarias de polilla atrae las tristezas burbujeantes de un día que siempre te atropella. El cielo está lejos, encapotado y blanquecino, como la verdad y como la verdad que se encuentra en el fondo de un Gin Fizz, en el surco de un disco de Miles Davis y en una sonrisa que se va separando, desvaneciendo, alejando.

(375) 21/6/07

bonhamled 20/09/2009 @ 13:05


Esa iba a ser una fecha de falta de apuros, de falta de afanes y fatigas.

Una fecha en la cual solo preocuparse del futuro y de la salud y de los hijos, los nietos.

Un día en el que cada día serviría para rendirse ante el fuego del día a día y  no quemarse sino cabalgar a su lado.

Un día en el que el frío del invierno y el calor dulzón del verano serían amables.

Hacer favores, ayudar a cercanos, quizás a algunos más lejano, un dia de origen de la vida sin trabajar.

Ese sería el día en el que mi padre se hubiera retirado.. si no hubiera muerto siete años antes.

(374) El perro de segunda mano

bonhamled 17/09/2009 @ 18:02

Quien no mira a las marquesina de los autobuses, transparentemente translúcidas en su suciedad y ve a las personas, el devenir de la sociedad mientras nos zambulllimos en ese vórtice que se llama aburrimiento de la cotidianeidad.

Incluso ese espejo imperfectísimo nos devuelve unas líneas pequeñas reflejadas de nosotros mismos, esperpento en el callejo del gato de la vida, y ahí nos coloca entre los otros, prescindibles "otros", esperando una corchea que desentone, un agujero negro que absorba o un milagro que encandile.

En esos instantes me sobreviene a la mente, azorada de angustias que son cadenas y depresiones que son anclas, si la vida no será como comprar un perro de segunda mano. Un perro al que ya han querido y al que los amores actuales siempre serán interinos, secundarios, menestrales. Un amor que ya ha conocido el desvirgamiento del reconocerse, del hacerse y ahora solo entiende de un algo ya poseido, un amor ya constreñido en los pliegues rígidos del pasado donde las virtudes se han desgastado y los vicios cortan como aristas.

El perro de segunda mano, bello, pero viejo, solícito, pero a otras fidelidades, es un trasunto parduzco de la vida, que parece que ha querido a otros antes que a nosotros y que solo nos quiere como obligación consecuente con el hecho de comprarnos, sospechosa de necesitar un amo/esclavo al que vincularse con el fin de vampirizarle, con ese tufillo fétido de color verdoso claro, la vida, las ilusiones, el tiempo, las ganas.

(371) Psicomaquias

bonhamled 24/08/2009 @ 19:32

Psicomaquías mentales que al final se resuelven en matices parduzcos, grisáceos, "color panza de burra", nada claro, nada evidente, todo discurso.

(365) Coche hacia el amanecer

bonhamled 26/06/2009 @ 06:29

Se abre la masa boscosa del horizonte y entre las nubes asoma el sol del día. Vano, real, etéreo, amanecedor.

El día amanece con los kilómetros de carretera reflejándose ligeramente en ese espejo imperfecto que es el alquitran desgastado, brillante, y algo pintado. La ventana deja entrar, por la rendija insobornable , de un frío de madrugada, de trassnoche, de tiempo que se gana al día y a la noche aunque el cuerpo se rebele.

Hoy es el día del resto de la vida, es el día donde aquellos augirios de muerte y de dolor se tenían que haber cumplido. La livertad, sin embargo, se ha manifestado como una flor, a veces, fétida, de un color sorprendentemente verde y fea pero exquisita en el aura queproyecta sobre los que le rodean. El futuro se viste con el anaranjado sonriente del amanecer.

(362) Aquí, ahora

bonhamled 08/06/2009 @ 05:47

Pasa el tiempo y, de repente, ya me encuentro aquí.

La puerta está allí y aunque me duele un poco el costado, es más un recuerdo presente que un dolor real.

Difumino lo que veo y veo lo que no estoy mirando. La situación es extraña.

Sin embargo parece que este tiempo eterno del narrador en primera persona se acaba.

Pienso y miro, callo y escucho mi respiración lenta, quieta, tenue, escasa, silbante y percusionada de negros caballos al galope

Me voy escapando tranquilo y pienso de nuevo.

Queda poco y pienso: ¿tengo que temer?

Nunca hice a nadie daño, casi nunca me traicioné y cuando lo hice yo lo sufrí.

Me mantuve quieto y firme junto a lo justo. Me levante y mantuve la frente de cara al futuro sin el miedo que, ahora se manifiesta casi infantil.

Miro al presente y al pasado y, tranquilo, sospecho algo bonancible.

Nada he de temer, lo que encuentre o vea no habrá de ser perjudicial. Si así fuera se demostraría, ya lo sosprecho, que todo lo anterior es falso.

Me esperan conocidos, personas que me quisieron mucho y que yo seguí queriendo aun cuando se fueron.

Quizás hacer lo que se debe merece la pena, quizás no hacer lo que se piensa es una traición mayor que marcharse sin quererlo.

Quizás mantener la cabeza firme solo sirva para poder contar sin un miedo pánico, sin una desesperanza cinética y tremolante: cinco, cuatro, tres, dos, uno.

(349) Maltrato

bonhamled 22/03/2009 @ 13:27

- "...pero..¿porqué le mató?" - Le pregunto inquisitorial el fiscal.

- "Por la pérdida de la voz" - constesto algo absurdo.

- "¿Como es eso?, expliquese".

- "Yo perdi la voz por un resfriado invernal, de esos de los que se cuelan por debajo de la puerta. Cuando recibí aquel día en la oficina la llamada de mi mujer, me di cuenta que no podia indicarle que volvería tarde puesto que tenia mucho trabajo. Le pedi ayuda a Aparicio para que le trasladase ese mensaje". - "¿Le mato por dar un mensaje que usted le pidió dar?" - Preguntaba sorprendido el fiscal.

- No, no fue por eso, fue ver a mi mujer comprensiva con la llegada tarde de otro hombre, con la naturalidad de un matrimonio, que era el mio pero que no era yo, la vi engañandome en ese instante, la vi con Aparicio yaciendo. .. por eso, por los celos, por un ataque de celos, le mate.

(345) El placer enfermizo y fétido del paso del tiempo

bonhamled 02/03/2009 @ 20:03

Ese placer del tiempo que nos hace recuperar objetos como si fueran reliquias, pensamiento y recuerdos aflorados como petróleo valioso o sensaciones dejadas en el baúl de otro tiempo.

Es un monumento a la nostalgia y la melancolía, un sentimiento que niega el espejo y nos vende como nuevo el más pútrido tiempo. Maldito sea y bienvenido esté.

(344) Acción, represión, acción

bonhamled 27/02/2009 @ 20:11

La radio no dejaba de emitir "Sa telefonando", su potencia sonora llenaba la pequeña habitación al fondo del bar. En el pequeño y sucio pasillo, que compartía con una puerta cerrada y unos aseos de letrina, compartía paso, serrín y música con la que provenía del salón.

Existía al fondo otra puerta, siempre cerrada, que daba a una calle oscura, casi cerrada y donde los múltiples carteles habían creado una ilusión de muro tras la puerta.

Llegar al país, sorteando carreteras y segmentos, acabar en la capital, esperar un destino, un contacto, un enlace que le llevara a esta sucia estación terminal previa a su gran día.

Se miró en el espejo, miró sus documentos, ya memorizados, y recordó su promesa de esperar hasta recibir noticias. En Francia le indicaron que el periodo máximo de espera no sería superior a dos días, en caso contrarío debería andar absolutamente solo. Seguramente no esperaría ese tiempo.

Revisó su equipaje, aburridamente conocido, un par de camisas nuevas con aspecto de antiguas, unos zapatos algo usados, un par de novelas del oeste, usados como clave, y una cartera donde escondía algunas fotos de novias falsas, una falsa madre y una carta de ésta, también falsa. Miró en un bolsillo interior el dinero, doce mil pesetas, un pequeño tesoro para aquellos años.

Volvió a recordar su objetivo, la calle desierta, la forma de salir del país, buscar una vía de salida, encontrar un canal de comunicación nuevo y, todo ello, sin agotar ni marcar ninguno de los otros canales del partido. No era sencillo, tampoco complicado.

Llegó hasta Pamplona escondido en un hueco en un coche de una familia francesa simpatizante y, una vez allí, comenzó el ajetreo de trenes, pensiones, caminos y casas. Llegó a Madrid, cansado por el movimiento incesante y continuo, dolorido por las malas posiciones pero con la voluntad intacta: había sido entrenado y adoctrinado para ello.

El verdadero lugar de la misión se acercaba, quizás tras los próximos pasos que se acercaban dubitando o borrachos al servicio de ese bar triste y pobre de una barriada alejada y escondida. Quizás solo fuera un truco para dar con él, para matarle, para obligarle a renunciar y a ser un Judas. No lo permitiría

Volvió a mirar la maleta y, de soslayo apareció la culata de su pistola y una caja de balas, mezclada en bodegón no excesivamente sorprendente con el resto del aburrido paquete de equipaje. El tiempo daría el resto de las claves del diapasón del viajero con una meta.

En un instante sonó un portazo, y carreras, de repente asió la pistola y se colocó de cara a la puerta dispuesto a vender cara su vida. Era una broma de chiquillos y entre los fríos de aquel Diciembre en el extrarrado había sonado un petardo, unas carreras de gamberros en la puerta y unos gritos de reprobación divertida entre la parroquia del bar.

Unos pasos suaves y sibilinos llegaron a la puerta, todavía tenía la pistola amartillada en su mano y un nerviosismo de acero en su semblante, se tocó la cara, raspaba ligeramente, habría de afeitarse. En ese instante un toque conocido en la puerta, repitiendo un fraseo de estribillo cantante y una clave de la que no había duda. ¿Llegó Mambrú a Cartagena?, la seña correspondiente debía ser "Mambrú no llegó, se fue al frente", la contraseña final que acabaría con el enigma debía ser, la que fue, "Amigo, suerte tiene quien a la guerra va y puede volver a Cartagena".

Donoso abrió la puerta y, detrás, estaba Cuchillería, aquel que perdió la pista en 1947 y que veinte años después y mil andanzas despúes seguía de contacto y de guerrillero interior. Ahora encargado de logistica y de publicaciones. Se dieron un abrazo. Cuchillería miró sorprendido, quizás por lo nervioso del momento, la pistola en la mano, Donoso la soltó mientras comenzaba a pensar.

Cuchillería aquí conmigo, la cosa debe estar mal si el mismo ha de acercarse o, quizás, la traición es tan cercana que no se ha atrevido a enviar a ningún otro.

Hablaremos durante la cena.

En ese momento, salieron ambos, abrigo escaso y cuellos arriba y se dirigieron hacia la esquina, una moto aparcada le indicaba la flecha de su dirección, más tarde, en una tasca del centro de la ciudad hablarían entre murmullos de inteligencia y entre chascarrillos de camuflaje.

Acción, represión, acción.

 

(343) Callo la voz pero no la música

bonhamled 21/02/2009 @ 21:39

Callo mi canción, y dejo el silencio fluir.

Como un río turbulento y tráfago de vidas.

Callo y sigo tocando las músicas que golpean como caballos del apocalipsis.

 

Y callo pero no dejo de cantar, porque el canto sigue.

Cantan aquellos que fueron futuro en el pasado,

Y allí quedaron.

 

Quizás Elda Estañares o Isidro Lobo.

Puede que Jorge Muñoz o Cardenio Ancacura.

Estudiantes, panaderos, abogados, mecánicos.

Caras abandonadas en el tiempo pasado.

 

Todos ellos encendieron el futuro sin querer,

luego apagados en un mar proceloso de la noche negra.

Negado, hasta la mayor negación:

Potencia n matemática.

Pacto ominoso de cono sur.

Relato de despacho oval, rancio olor a podredumbre y humedad.

Esencia terminal.

 

Sin embargo todos ellos cantan, con un canto armonioso y cercano.

Dotado del silencio, antes alambrada de dictadores.

Ahora recuerdo necesario de los que no están pero sigue esperándoseles.

 

Sin ambages, sin infidencias, sin acechanzas

Un silencio rico que fructificara de nuevo

 

Miro a mis hijos detrás, mi futuro, y veo mi pasado, el de ayer.

No niego ni afirmo, solo callo, callo para cantar:

 

Sigamos cantando y no dejemos de cantar aún en silencio. El silencio habiendo ganado a la melodía podría ser tan total como el desierto interno que de eco llenó los años de luces escasas y pasos de miedo.