(157) La paja y la viga
Una leyenda, una sorpresa, una mala interpretación, ojalá, un disparo en la nuca, una miseria que se escapa por la calle y se deposita en huecos y esquinazos
Microcuentos, pensamientos, ideas y descalabros en este camino sin luz hacia Damasco.
Una leyenda, una sorpresa, una mala interpretación, ojalá, un disparo en la nuca, una miseria que se escapa por la calle y se deposita en huecos y esquinazos
Un día, frío y no muy lejano, sentí un golpe de maza en la cabeza. En realidad fueron dos golpes que por suerte y desgracia sentí vívidos y eternos de eco en mi cuenco de huesos que es la cabeza.
Un golpetazo en el parietal y en la parte superior del frontal me robó el sentido durante unos buenos meses, años, y el aire quedó capturado en algún neumotorax sin prognosis. Sin buen sentido y sin aire anduve por el mundo durante mucho tiempo buscando una redención o una perdida irremisible del alma; ninguna de las dos me fue concedida.
El martillo, la maza, era de madera astillada quizás, se clavaron en la cabeza con esa inoportunidad de lo que no viene a cuento. Puede que fuera de goma falsamente blanda o, quizás de acero terrible y machacado pintado de un color azul metálico desgastado y orillado de óxido.
El golpe resonó, retumbó, redundó, rompió, rasgó y se repitió en mi cabeza y me dejó un resabio amargo como de boca cerrada de borracho. Heredé del golpetazo una sensación reverberante de tañido terrible, volteando mi cabeza, como melena de campana, y moviendo mi cuerpo como triste accesorio de una vida golpeada.
Aquel día, el del golpe, era un día como otro cualquiera, se acercaba, arracimada de frío, la navidad. La noche era enemiguísima, el día apenas inocente. El mazazo, el dolor, se apuntó, se sugirió, se sintió leve como picadura pero, luego y al poco, agudo para abrirse como una flor de daño estupenda.
Y sorprendente, maldito y maravilloso se abrió como un abanico para dejarme un dolor que era fractal; generando más y más estructuras, raíces, víboras e hidras de dolor que desde la cabeza, lugar del golpe, se dirigían al corazón, a la razón, a las vísceras, a la sombra y al nadir del ser. Era el desarrollo de aquel duelo nacido del mazazo de metal, era una cueva de podredumbre que se escondió en mi ser, era un yo al que abominaba, era un otro que nació en mi como una alfaguara sin parada.
El frío debió acordonar y atosigar a la sangre, no se vio, también a la vista, al cielo y al futuro y, así, me quedé casi ciego, mirando un cielo vacio que nunca escuchó y con un pie en una nave que se escapaba corriendo hacia el pasado.
Era un día como otro cualquiera, un catorce de diciembre anónimo, un día de mucho frío y mucho desasosiego, un día normal, bueno, en realidad no tan común ni anodino, coincidió con el día en el que murió mi padre.
Por el centro del ojo veo un quebrarse de espejo, una rotura difusa de la realidad, un avenirse un dolor dañino, una confusión que rápido se disipa.
En pocos minutos, en apenas un suspiro, el cuerpo se me rebela, se me vuelve enemigo. Se desata un dolor intenso con la pasión de un tormenta. Le veo acercarse por el extremo del ojo, una estrella de daño que brilla y duele, como un golpe de látigo o una magia malvada.
Luego el despropósito, el dolor como de golpeteo de yunque, el daño de la luz, el sonido, las personas, la existencia, un dolor explosivo que anula. Golpeteo, respiración, calor y frío, vómito y ganas hasta la úlcera, algia y nerviosismo, crispación.
Migraña o quizás vida ¿Quien lo sabría diferenciar?
Mira a derecha e izquierda y es soeprendido por el ojo del niño que juega, desde la distancia esconde su ser porque envidia el ojo, el niño y la vida. Sonríe mientras en su alma mana un caudal de cascada de dolor negro.
Mira a lo lejos a la madre y al padre, ignorante y sorprendidos ante la estupenda oferta de su empleado. El ángel negro les toma bajo su cobijo y les entrega un cheque. El cheque resolverá sus problemas, su vida se endereza, la falta de trabajo y la depresión huyen. El ángel negro mirando al cielo que tanto le niega firmó el cheque, no volverán a pasar penurias, ni a vivir en un coche, ni a pasar frío y hambre.
Corretea y juega con el niño, pequeño, por el jardín de la casa, sorprendido y sonriente, el niño corretea y riendo, cae, el padre haciéndose el asustado le recoge y le envía al cielo, este le devuelve al hijo entre risas de hijo y de padre.
Recuerda el hombre ajado, con surcos que no son de edad en sus ojos, aquellos días de sonrisas posibles y futuro amigo. Hoy todo al revés, el dolor se le cuela por el cedazo de la vida hasta asaetearle, como acerico, en cada momento. Solo en el momento absurdo de firmar el cheque por los trescientos mil euros vio aletear junto a el, cerca de sus asesores, abogados, médico, mayordomo, un halo eterno y hermético que en algo le recordaba su pasado ya cumplido y caducado.
El hálito verde le persiguió con la prestancia de la locura diagnosticada y, también superada, a su pesar. Perseguía esa idea del pasado enfermiza y dañina como un cazador de mariposas corriendo por las estancias hasta llegar, arribar, a la habitación del niño muerto. Allí el traje que le veía vestir, blanco como el día del pasado, se vuelve a tornar rojo sangre, azul, muerte, verde ponzoña, gris lápida para ser, por fin, negro. El negro de un ángel que solo querría otro hoy y otro ayer, el ángel sin alas y sin futuro que busca la gran verdad dentro de las piedras de las pequeñas mentiras.
Volvió a casa, tras la sinfonía de agradecimientos incómodos y de locura que busca la alfaguara de la felicidad, clamó al cielo, enemigo, por su desdicha, lágrimas que dejaron de ser líquidas y son solo rocas - legañas que le hieren más que ayudan.
"Siento muchísimo esa perdida, singular, interna, que menoscaba los cimientos más personales del andante, que hace perder brújula, manta, agua y destino.
Lo lamento mucho y espero que pronto puedas recuperarte: "una madre es una madre y a ti, aplicable a todo el mundo, te encontré en la calle".
Espero que mañana, superado, escribas y de ese pozo negro de infinita quietud y daño obtengas oro o savia para seguir en la vida, a mi me costó tiempo.
Benedetti en palabras suyas: http://es.youtube.com/watch?v=FLPugWacbqI
Era sustancia ya juzgada que todos los votos valieran lo mismo en las elecciones de Aparicio y sus pedanías. Era injusto, no tanto por que la cultura o instrucción, patrimonio o matrimonio marcaran sino para tener en cuenta la sabiduría de la edad y también de la experiencia, lo viajado que estuviera cada uno, la experiencia democráctica y el amor por el progreso e innovación.
El Alcalde de Aparicio, el vernista Don Celio Arrasanz, apellido común y de blasón en la comarca, acarició en el círculo de amigos del país fundado por el, un compendio de matemática parlamentaria que reflejase todas estas sensaciones.
El dulce lider del partido conservador agrario Don Arturito, siempre fue diminutivo, Arrasate Manz estuvo de acuerdo con todo lo que tuviera que ver con la posesión y la intrucción pero no tanto con el hecho de haber viajado o experiencia democrática como valores para ponderar el uso del sufragio.
Por otro lado el iniciático partido comunista libertario de la comarca-sección de Almadormida (Castilla) estuvo muy de acuerdo con el peso de la instrucción, entraba en sus planes sus propias escuelas y refectorios de adoctrinamiento por la proteina para los pobres. Sin embargo el primo del secretario general en la localidad, primo segundo de Arturito Arrasate, Don Tobías Manz y Arrasate desquería el sufragio censitario por la misma razón que Su familiar lo quería. El porque, desconocído.
Don Celio del partido radical democrático encontró en esas diferencias democráticas la piedra de toque de la bondad del sistema.Los diferentes errores de las diversas concepciones daban un horizonte, universo o ideario de igualdad liberal muy valorable.
Tras mucho estudiar, tras consultar libros de psicología, sociología, estadística pro y antimaterialista y todo cuanto se pudo saber, en aquellos tiempos sobre paradojas y teoremas, entre ellos el de Gödel, llegaron a la siguiente conclusión.
El número de votos equivalentes de cada uno de los votantes de la comarca, incluyendo los adustos y lejanos leñadores de Hería sería el siguiente:
Nº de votos equivalentes = la unidad + nivel de instrucción alcanzado (y verificado)+ Nivel económico, demostrado, del votante dividido entre la media de renta en la región + Nivel de renta y patrimonio dividido entre la media del país + edad / edad media de la comarca + Nº de intervenciones en actos democráticos o electorales / número de actos registrados en el ayuntamiento de Aparicio + Nº de países extranjeros o nacionales conocidos / media registrada en el ayuntamiento + la publicación, introducción de artículos, productos, servicios de valor desconocidos en el pueblo/ nº de artículos aprobados y registrados en el ayuntamiento.
Todas estas aritméticas particulares tenían diferentes repercursiones que no eran, como comentaba Don Celio Fontanarrosa a quien se le pusiera a tiro, no del todo negativas, obligó a una mayor actividad política, en ratos frenética en el pueblo, de actos, reuniones, manifiestos, interpelaciones, también a la creación de un cuerpo de estadísticos, burócratas y notarios para revisar y actualizar los valores de votos equivalentes del pueblo y, por último la imperecedera sensaión de estudiar, volar, conocer, abrirse. En esa semilla taumatúrgica es donde se aposentaría el tímido, primero, y luego aciago Goush para atraer el peor mal.
Ese era el fundamento último de la sociedad vernista del pueblo, crear una vivencia particular que sirviera para generar el mayor diálogo directo democrático. Por otro lado como fe y razón se dan de golpes tras cada esquina no acabó de gustar al párroco aunque tampoco le dejó enemigo ya que entre su parroquia tenía casi un poco de cada casa, incluyendo al secretario del partido comunista libertario con el que jugaba dominó al menos dos tardes por semana.
Esas iniciativas y muchas otras dieron a Almadormida una sonoridad curiosa e independiente en la provincia y fue motivo tanto de chanza diligente como de admiración no disimulada por la bondad de sus logros en materia de conciencia social, mejora de condiciones y cercanía de los políticos.
Como curiosidad última debemos indicar que el mayor de los votantes, esto es el votante con mayor peso, fue el coronel retirado de artillería Don Luis Buzones de Manz cuyo voto valía la soberana cantidad de 4,6 votos y el voto de menor importancia correspondía al enterrador de Hería cuyo voto por ignorancia, estrechez de miras, desconocía casi todo, y abotargamiento adocenado solo valía 1,25 votos.
De esta suerte las 1342 almas que poblaban Almadormida en los finales de aquella segunda década del siglo se convirtieron en 2950 seres etéreos que convertir, regalar, convencer, discutir pero también educar, dotar, y administrar.
La turbamulta o la masa democraticoide se convirtío en el experimento de sociedad electoral de Almadormida en una democracia perfecta donde todos no eran iguales.
tiny little toy
cuando el lobo anda suelto
jugamos en el bosque
Robado de Vértigo y cornisas.
Agonizaba su vida en estertores ácidos y de bramido respiratorio, Su vida, sus hijos, fuera de la sala médica respondían al eco final con unos llantos desangrantes, alaridos torvos de injusticia repetida.
Moriría en breves instantes, moría dubitativo como toda su vida, se enfrentaría al paso sin mano, como nació.
Encontraría el futuro en un vago que abandonaba, una estación que llegaba.
Su familia, única, unida, repetida, qu
erida, llorada, añorada, repetía sus desesperanza fuera, el hospital está cansado de oir llantos, pequeñas alegrías entreveradas de duelos, más que dolores.
El hombre moría, justo, joven, pensador, su vida buscando acababa temprano con su familia en el pasillo impertinente e interino del hospital.
De repente un hijo, uno de ellos, el pequeño, el más pequeño, entraría a la sala, pidiendo permiso, nadie pudo negar, sobre pasó el control, llegó a la habitación, respiraciones fuertes, heces, sudor, frío, ojos blancos, baba en la comisura de los labios del cuerpo del que fue su padre y ahora era un cadáver todavía no finalizado.
- Hijo, dijo en su última lucidez, mi hijo.
- El hijo con su gesto serio, con una voz profunda y desconocida, le habló a su padre ya marchante: Padre, ve sin miedo, donde irás nada te pasará, hazme caso.
- El padre sorprendido no veía a su adolescente hijo sino a un hombre alto, joven, fuerte, con la mirada clara y la piel tersa,con una voz completa gruesa con reminiscencias de eco
El moribundo sorprendido miraba a su hijo sabedor de su muerte no sabiendo si esa metamorfosis del hijo adolescente era verdad o juego de su mente.
El hijo, el angel, se dirigió a la puerta, su cara ya no era madura y vivida sino adolescente, sus lágrimas caían al suelo. En su espalda, y para que su padre lo viera, desplegó unas grandes alas blancas puede que el tampoco lo supiera pero el padre murío, al menos, guiado.
El dolor del ángel fue ninguno, el dolor del muerto algo menos y el del jóven un océano, incluso añadiendo una leve falta a su cometido en el mundo.
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