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(373) Barro 01-09-2009 GTM 1 @ 10:45

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Barro en el suelo que siembra en la calle

Lugares nuevos, sitios, comisarias, locales.

Muertes digeridas, hechos, carreras y vidas.

Un día es una noche, una noche es una vida

Una sonrisa, un mundo, un paraíso, un cielo

un olor nauseabundo de vida, de muerto.

La calle nunca es blanda, y lija el espíritu

manda ¿para que seguir corriendo? si siempre van en coche.

Porque mirar al futuro, anda, vete yendo hacia la noche.

Barro en el alma, roña en la mente, triste exigente, yerma simiente.

Sintiendo, duro, hija del huracán y de la gente.

Mira hacia las ideas, melífluas, inconsistentes.

Mira hacia el vecino, enemigo silente.

Reduce suplerflua, la vida transigente

Inquino, marea, caduca vida formidable.

Alcaldable, Asesino, inteligente, volable.

Mientes divino, sintiente, haragán, lugar inconfesable.

(372) El olvido según Almadormida 29-08-2009 GTM 1 @ 20:33

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La enfermedad del olvido se extendió por toda Almadormida. No fue aquella enfermedad insustanciada de Macondo, un olvidar por no conocer. Almadormida olvidó las muertes, olvido las calles, el viento Rido, al tibio y crespo gritar de los aires tras las esquinas, el ruido de las conversaciones taciturnas por el dolor.

Almadormida siguió olvidando, al alcalde, a los que hacían al pueblo el más amigo del futuro, a las novedades, a los libros, a las ideas nuevas, al correr a la plaza al sonido del campanil. Siguió olvidando, se olvidó el dolor sin dejar de sentirlo sordo en el interior, inmanente, se olvidó el cultivo de algunos campos, muchos, todos, se olvidaron de abrir las tiendas. La emigración aquella que alimentó a los hijos de los hijos de los que vieron al terrible Goush llegar al pueblo con su cuerpo de alfeñique y sus ideas de veneno verde, se ocupó de olvidar el pueblo, la región. Al principio mudando casa, luego pensamiento y al final ni apareciendo para los pocos entierros que, por cierto al poco fueron olvidados.

El tiempo y el olvido con su pátina se posó sobre el pueblo como un baño de cariz oscuro y ajeno sin esa añosidad amable de los libros o los maestros.

El olvido dejó atrás a Almadormida con sus leyendas, con sus malvados, con sus víctimas, con sus lágrimas, algunas palpitantes y traidoras a la obliteración obligada por la voluntad. Un olvido hecho pueblo, hito, malecón, punto en el mapa, color en un lugar. Olvido, olvido...hecho de carne de lagarto de Atxaga.

(371) Psicomaquias 24-08-2009 GTM 1 @ 19:32

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Psicomaquías mentales que al final se resuelven en matices parduzcos, grisáceos, "color panza de burra", nada claro, nada evidente, todo discurso.

(370) Las fotos 12-08-2009 GTM 1 @ 18:05

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Las fotos, los pasos, las palabras, los gestos de los que no vinieron.

Aquellos eternamente jóvenes que de pura flor no fueron capaces de madurar.

Aquellos muertos perfectos imperfectible, inmarcesibles, erróneos y rocosos del tiempo

Aquellos a los que la mala suerte, el despropósito o la i mprudencia condenaron a vagar jóvenes.

Todos esos que murieron y se quedaron con esperanzas inconclusas, no empezadas, en un alero del tiempo por el que no pasan estaciones

(369) La feria de las flores 10-08-2009 GTM 1 @ 16:36

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La feria de las flores congregaba en los stands a empresas y distribuidores importantes, holandeses, colombianos, argentinos, noruegos. Era el lugar limpio y fragante donde buscar el negocio y la representación. También servía para el contacto, el apretón de manos, para copiar ideas luminosas o abtrusas y, al fin y al cabo, ver y ser visto, invitar y ser invitado por unos y otros.

Los puestos iluminados, algunos con toda la potencia del marketing en quince metros cuadrados, enseñaban flores, nuevas, antiguas, de novedosa presentación pero ninguna marchita. Olores de aquí y allá, algunos sorprendentes, otros en la frontera de lo dudable, presentaciones y aditamentos para todo uso, fertilizantes y embellecedores, servicios y novedades. Todo ello se unía allí ciencia y economía, poesía y flatulencia, aroma y personas, mezclados en el lugar del comercio, el mercado pero también en el templo del areópago de la flores.

Juan Enterría representaba a Florpasión, la delegación española de “Flores del Chile”. Su pasión por las flores, morigerada a fuerza de escalafón profesional, renacía en estas reuniones entre negociadores, comerciales y vendehumos, españoles, holandeses, belgas, franceses, británicos, americanos. Como un milagro de la vida volvía a sus tiempos tímidos, tiernos de sus años en la escuela de Horticultura de Leuven. Nuevos floristeros, nuevos cultivadores de tal o cual especie, de tal o cual efecto, de tal o cual variedad. En esas ocasiones sus ojos, entrados en la cuarentena, brillaban en un segundo pirotécnico y luego, con la verdad marcersible de las ilusiones volvía a su redil cuadriculado de las necesidades de distribución y los volúmenes de venta marcados en deliciosos fustes.

Claveles, peonías, bouquets ordenados y estéticos de gerberas, rosas de Fui, azaleas exóticas de Tailandia o poinsetias de Birmania llenaban los ojos de colores, olores, sinestesias que casaban, como de cuadro de anuncio en televisión, con unas músicas previsibles y de lounge de aeropuerto. Este matrimonio reconvenido y reconocible amargaba el suave dulzor del olor perfecto de mil maderas, de mil, lugares, de mil personas a Enterría y creaba la sensación verdadera de ser un mercado sin ilusión donde se paga dinero por ver la última agonía real de las flores perfectas del campo, por conocer el follaje más agreste y más amigo, por comprar los esquejes y almacigas más eficientes y por ver las flores en maceta con mayor porcentaje de éxito.

Juan Enterría tenía una reunión a la una, que probablemente acabaría en comida, y, mientras tanto, deambulaba por su stand, y el de los alrededores observando algunos cambios importantes, Dumech ha cambiado la tendencia en la búsqueda de la azucena (Calendula oficialis) más florada. Los japoneses vuelven reeditados con sus lirios y crisantemos perfectos de piel de Geisha. Las orquídeas este años son más grandes y coloridas pero parece que su olor se opaca rápido, muy interesante esas presentaciones ornamentales Kenyaflowers, esta tarde procuraré establecer un contacto.

Mozos entran y salen, escaleras, cuchillas, cubos, galanterías gazmoñas susurradas, claveles que no son sino trajes de faralaes al viento, entre el negocio que solo refleja entre humedad y aromas la futilidad del tiempo, el amor a la vida.

Enterría bosteza, con discreción, mira al horizonte de semovientes vendedores y compradores en el gris marengo, el marrón de temporada y el azul marino, un mar blando y abigarrado enseña el moverse que representa la industria.

De repente en el fondo, débilmente ilustrado por sus discretos guardaespaldas algo llama la atención. Un anciano, puede que tuviera más de noventa años, avanzaba en su silla de ruedas automática empujada por un auxiliar en dirección al centro de la exposición. Fuera el frío de Hamburgo aniquilaba esta falsa sensación de epifanía interior de la primavera.

Era Schrader, el padre de esas prímulas negras sutiles y amenazante, el comerciantes alemán perdido en el tiempo del siglo XX que abandonaba su sueño cartujo en la Argentina para presentar quizás su última flor, quizás su último hálito de vida. El trasiego de gente y la música ambiental neutralizante no acababan de esconder algunos gritos de fuera: Asesino, asesino.

(368) Escribo poesía mientas de cuando en cuando veo el resultado del futbol 22-07-2009 GTM 1 @ 19:37

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Escribo poesía, pequeña, matizosa, con señas sin dirección, buscándome.

Escribo eso que es poesía solo porque yo la llamo pero son fusas sin pentagrama, ajenísimos toques pequeños de un laud pequeñísimo.

Escribo, en eso estaremos más de acuerdo, y hablo sobre mi, sobre ese insignificante ser que está bajo el sombrero del hijo del hombre de Magritte. Ese ser dulzón como la pólvora y tristancho que me acompaña por la parte interior de mi sombra.

Y de cuando en cuando, mientras navego por la tristeza, la alegría, la ira y una columnata de principios morales e ideológicos a los que someto a vaivenes quirúrgicos y sísmicos con el escribir, miro el resultado del fútbol.

Como Picasso, como Neruda, como Pessoa, como Stephen King. Ciñéndome el día a día, negándole su papel de verano caluroso en el séptimo infierno de Dante. Es el día a día del cual extraer una idea, un mundo, un grito, una pequeña llave con la que entreabrir el mundo que ya de antemano desconozco y desconoceré.

Taño un laud y miro de reojo a los molinos que se que son duros como la piedra de los cuarteles contra los que chocaba y al final chocó Roque Dalton.

(367) El pájaro Dodó 12-07-2009 GTM 1 @ 20:23

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Mauriciano como el agua o la poca profundidad de aguas. El pajaro dodó se siente a veces albatros otras veces gorrioncillo o cuco. En alguna ocasión deseó ser gigüeña volviendo o yendo a otros lugares.

El pájaro Dodó conocía de su inexistencia futura por esa sensación sinestésica del dolor futuro. Por esa tendencia torpe a dejar de sentir ahora para dejar de hacerlo en el futuro. Almacenar recuerdos hoy para construir un futuro aparentemente más amable. Tamaña tontería, si en el pasado no fuimos nosotros y en el presente, esa línea geométrica imposible, tampoco lo somos ¿Quien nos dice que proyectar nuestros deseos procrastrinadores del hoy al mañana vaya a solucionarnos algo?.

El Dodó vive, hoy no, con esa sensación de posposición para un mañana que no llegará, que no será. Puede que el cambio de las costumbres, los animales humanos o las aristas que pueblan cada recodo de los minutos sean quienes acaben con ellos pero la verdad es que ya están muertos.

Muertos en ese vivir un futuro inexistente añorando una melancolía del futuro que no es. Esa trampa, esa vaciedad huera y torpe solo lleva a encallar el estrave en la rada más rara, la del pasado inexistente, el presente pospuesto y el futuro nostálgico. Un dolor que desemboca, sin cauterización, en la eliminación, la extinción, la muerte hace tiempo.

(366) La noche más larga 04-07-2009 GTM 1 @ 20:12

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Ojalá esta noche en Ítaca no acabara

Ojalá el sol no volviera, los amigos no marcharan, los amores no se ocultaran de su epifanía.

Quizás si la noche se atara con cuerda de globo....

Puede que si los amigos lo fueran con las vísceras fuera...

Así sería aunque el mundo nos moldeara y ya no nos topáramos y tropezáramos con sus esquinas feraces y agudas.

El vino será más dulce, la verdad más amable, esa noche.

Los amigos más sinceros, los amores más duraderos, todo por esta noche, para esta noche, para acabar con esta noche.

Si esto fuera así las calles serían dulces, los momentos agrios del pasado no olerían tan amargos. El tiempo no sería ese enemigo paranoico. Sería la noche más larga, un título nobiliario, una verdad sin otro cuele, una mina de la que sacar segundos.

La noche más larga donde hablar y decir, donde enfadarse poco y reír mucho, donde encontrar y andar, donde buscar sin sentir. La música caliente y pulsante llamaría a la danza, al placer, a la risa, a la mezcla, a la confusión, a la sinceridad.

Si esa noche existiera, mi nariz inválida algunas vez se ha topado con su olor dorado, quizás todo lo demás volvería a su ser, como si fuera la dovela epicúrea de esta vida gris. La noche más larga veneno y antídoto.

La noche que se tiñe de frío o calor pero no destempla, la que comienza de oscuro o de blanco pero no mancha, la que se agrega poco a poco o genera un ejercito pero no abunda en males.

Esa noche, la más larga, la del amor, la de la amistad, la de la vuelta a la casa sin dejar la calle, la del pensamiento abierto y dormido, la de aquellos que jamás fueron así y jamás serán de nuevo porque se caen por el precipicio del reloj engañándote sinceros.

La noche más larga por la que no me importaría pasar, aún con dolor de su fin, aunque supiera que tras ellas me espera el barquero y su laguna.

(365) Coche hacia el amanecer 26-06-2009 GTM 1 @ 06:29

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Se abre la masa boscosa del horizonte y entre las nubes asoma el sol del día. Vano, real, etéreo, amanecedor.

El día amanece con los kilómetros de carretera reflejándose ligeramente en ese espejo imperfecto que es el alquitran desgastado, brillante, y algo pintado. La ventana deja entrar, por la rendija insobornable , de un frío de madrugada, de trassnoche, de tiempo que se gana al día y a la noche aunque el cuerpo se rebele.

Hoy es el día del resto de la vida, es el día donde aquellos augirios de muerte y de dolor se tenían que haber cumplido. La livertad, sin embargo, se ha manifestado como una flor, a veces, fétida, de un color sorprendentemente verde y fea pero exquisita en el aura queproyecta sobre los que le rodean. El futuro se viste con el anaranjado sonriente del amanecer.

(364) Llorón 18-06-2009 GTM 1 @ 05:44

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Cuando ella murió, se fue, siguió viviendo en otro lado, quizás otra dimensión, quizás la próxima esquina comenzó a llorar.

Fue un llanto torrencial de monzón, fue tormenta de verano, fue ciclón caribeño, fue huracán de sensaciones y lluvias saladas. Las lágrimas se secaron, los segundos de llanto pasaron y se convirtieron en meses pero el llanto seguía como un Guadiana esperando un brotar aquí o allí.

Siguió llorando lágrimas secas, rocas lunares del dolor que arañaban su lagrimal y su corazón antes tocado de ala de libélula. Siguió llorando aunque seguían levantándose, desayunando, trabajando, comiendo, dormiendo.

Un día volvió a brotar ese llanto pero ya no fue tormenta sino leve llovizna, que provenía de arriba, de abajo, de lado, movida por el viento desconocible del tiempo, de la situación, del mundo. Dable a la autocompasíon y al daño, el dolor se hizo caracola inmarcesible en su interior, caverna dentro de una cascada de agua sutil y sucia.

Seguía llorando, orvallo, txirimiri, lejano, con un rugido pulmonar, en las tardes de bombillas de poca potencia en otoños en calles estrechas de barrios populares. Gastó su llorar aquí y allá, dejando charquitos junto a las paredes, dentro de la bañera llena de agua, en un instante de lejanía entropica.

Siguió llorando y siguió llorando hasta el día en el que decidió dejar de llorar. En ese momento, se paró un instante y se quedó quieto. La gravedad y el puente hicieron el resto.

En ese momento otra persona comenzaba a llorar.