Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

(333) Escritura por bulerías 11-01-2009 GTM 1 @ 08:27

bonhamled — Tags:

Construyo aquellas frases que casan al tresbolillo o dejando caminitos, riachuelos por donde escaparse.

Escribo y el tic tac o el fru fru del bolígrafo con la escritura marchita me deja un toque sutil pero grave de bulerías. Poco festeras.

El metrónomo de la lectura y del ritmo me devuelve campos sin horizonte o lluvias miopes, otras veces un sol de sencillez y variedad.

El amor, la muerte, la ira, el tiempo de todo hablo de mi fuera de mi, de todo quiero abarcar como redil o majada un no se que interior que me da y me connota. No siempre lo consigo, casi nunca en verdad.

Escribo y me vacío, tan, tan, tan, tarantantán canta la bulería de sangre, mientras el papel se llena de pequeñas mentiras, tremendos fraudes, espejismos que se desvaneces y, a veces, pequeñas facturas de alfarero aojadas en el correr del tiempo y el girar del viento. Con eso poco me vale.

(332) Estoy en casa 09-01-2009 GTM 1 @ 20:33

bonhamled — Tags:

Sinestesias conculadas, pequeñas amistades en el iracundo y granatado del día.

Pensamientos y sensaciones orgánicas, hormonales, vitamínicas.

Llego a casa y suena un dulce sonido de madera y aire.

Llego a casa y se oye una sinfonía de ruidos domésticos y queridos.

Llego a casa y escucho en mi interior una sinfonía de alfarero modelando.

Llego a casa y llego a casa.

Ayes y correteos, sonrisas y pequeñas conversaciones, un mundo caliente y objetivo como aquella magdalena.

Llego a casa y el mundo se desarma, se desparrama en sus superestructuras quedando el sencillo vivir y el sentir: es una brújula.

Pecusionado hasta el límite, escucho, en mi interior "Always with me, always with you" de Joey Satriani: Estoy en casa.

(331) Pelea en la gallera 06-01-2009 GTM 1 @ 15:27

bonhamled — Tags:

Se cruzan las últimas, penúltimas, apuestas, las últimas miradas al ojo del gallo, al espolón herrumbroso aguardando la pata con el amarillo del palenque como fondo. En la gris arena el rojo de la sangre pasada de otros gallos, poca, valiosísima, no muy lejos algunos gallos muertos, algunos hombres a punto de morir, otros gallos y hombres destinados a la muerte. Telas, vendas y alcoholes en un armarito junto a la plaza de gallos.

El gallo rojo nervioso de pastilla se mueve y amenaza con salir volando, el gallo negro tranquilo se sabe destinado como un Espartaco. La arena está manchada de tiempos, agujeros de pelea, algún trozo macabro: parece que allí hay un ojo. Fuera de ese círculo trascendente aparece el ruido, la tela de gallinero, los saltos, los bancos de madera, la premura de la redada,. Los hombres, las mujeres, las bestias y los gallos se revuelven  y parecen danzar al son de las apuestas dinero en mano, los alborozos asesinos, los niños que corren y buscan, las entradas y salidas, el olor de hombre y mujer.

El humo de tabaco amenaza la tenue bombilla que da luz a ese chamizo con tejado de calamina, abierto a ambos lados como si fuera porquera reconstituida o, quizás, para dar idea de huida fácil e interinidad clandestina de la gallera.

Pedro “el ojos”, el mulato, Maravedís “El hijo”, La cotorra, Juan muchacho, "Llegón" y otros muchos galleros se juegan el oro perdiendo hacienda, ganando cielos en la muerte de los animales, en el rubio brillo de un espolón, en la acaecedora sensación de victoria en un gesto,. Las músicas suenan en el arrebatar de trompetas y de clarines de torería de un gallo caribeño o montuno. Todos ellos, gallos, putas y galleros, conjuraban su mala suerte de lunes a sábado con estas peleas de gallo, de ron, muerte y vida. De tiempo, ron y muerte. De muerte, vida y desesperación.

El sudor cae, y los billetes se mueven, algunos entran y otros salen, algunos señoritos pierden capitales mientras mercachifles y engañadores “aconsejan” a algunos de ellos. "Ahora perderán más de mil", "luego perderán más de cuatrocientos". La ultima apuesta intenta agarrar la suerte como a cola de una cometa al vuelo, imposible, inasible, inaccesible, inmarcesible. Todo ello en el lugar gallinero de ilusiones negras y dineros perdidos bajo una bombilla de escasa potencia y el atardecer pintando rojos boteros.

Las mujeres, alquiladas, y parte de la gallera esperan la conclusión para desplumar alegres, para llenar los vasos con ron de calidad decreciente en la noche, con sueños de riqueza, prosperidad y deseo que no dejan de estar construidos de calamina y camino lleno de barro. La músicas suenan sin parar, el merengue, la salsa, la cumbia valsera ,que alegran y entristecen, llenando de melancolía tibia como la noche.el escaso tapiz luminoso que se escapa de la calamina En el fondo un rumiar "jingo" enlentece la sensación de sentencia cumplida con un demonio, por encima del verde, más allá del camino. Esta otra música solo se escucha callando mucho y en el fondo de las cabezas.

La pelea está a punto de principiar, si canta el gallo rojo, otro gallo cantará, si canta el gallo negro nada bueno se avecina. Ambos gallos gallan, ambos gallos gallean, ambos gallos se miran a los ojos, indecisos, determinados, ignorantes de la muerte atada en forma de cuchilla a sus espolones. Los espolones oxidados y  mil veces afilados con ternura asesina, reflejan un mundo abovedado, y de ojo de pez, de lo que le rodea, ánimos etílicos, ojos februlentos de avaricia, desesperaciones revolver en cinto, un mar de demonio verde apenas a unos metros de la gallera clandestina.

En el fondo, a lo lejos, casi fuera del tejado que todo lo cubre, se encuentra Ramón Monduela “El asturiano”, nacido aquí pero asturiano, con el habla destinosa, escarpada y arriesgada de la montaña, con el ánimo y el temple sin miedo, con más baleos y cuchilladas que res en fiesta. “

El asturiano” vigila con su único ojo, quizás el otro acabó también en la arena sucia de la gallera, el sutil arpegio de las voces antes de la pelea, las risotadas, los gritos, los tintineos de campanilla de los vasos, las inteligencias entre pícaros, la desesperación de pobres hombres o de ricos sin cabeza ante el dinero marchante. Mira y observa, una mano a la espalda, quizás guarda un cuchillo, otra escondida tras su camisa abierta que deja ver un tatuaje enorme en el pecho, el Santo Cristo de la montaña. Tras la camisa, y encima del Salvador , y escondida, una pistola negra, como la noche que se aviene amiga, para evitar otros males, probablemente tan escritos como el fin de la pelea gallera.

Junto al asturiano dos o tres cochinos de muladas esperando la orden del amo y, más allá, arribadas sin ancla en meses, el resto de las mujeres de la gallera acodadas en la triste barra de bar, otras en mesas conversando con suertones o cenizos, más allá aún unos cuartos tapados con cortinas sucias. Galleras y gallerías, lugares de ron, mujeres y suerte. Suerte, ron y mujeres, Mujeres, muerte y amor.

Los ayudantes, científicos y pulcros, sacan a los gallos de las jaulas de madera: aturdidos, encendidos. Se les enfrenta: se miran con irracionalidad de gallo y, mientras, se les atan los arcos de acero a sus espolones. El palenque silencioso por un instante cruza, casi en inteligencias, las últimas apuestas, promesas de riqueza, roturas de hogares, cruce de destinos, consabidas traiciones y conocidas alianzas de piel turbia y blanco de los ojos en el gris manchado de rojo del ron en la arena del combate. El juego de muerte y juego comienza.

Son los gallos, el gallo rojo y el gallo negro, en la arena. Un manantial de danzas y de cacareo tenue, de aspaviento de pavoneo y de amenaza sin fin se divisa. De repente, se encrespa jingo, el salto y el movimiento, la herida y el revolverse, el gallo que grita y el que canta, las plumas rojas y  negras flotando hasta el suelo, la gota de sangre que salta hasta un espectador avisado, un poco más de baile y el caerse uno de ellos, herido, el rojo o el negro.

El cacareo y la tranquilidad, las lesiones, las muertes, el gallo derrotado que muere con el pescuezo retorcido, suprema misericordia amarga, el vencedor casi indemne. El dinero que cambia de manos, los "ays" sufridos y suspirados y las sonrisas terceras.

Un mundo en la gallera. De repente el paroxismo de  jingo desaparece, solo sonaba en las cabezas, y sigue el dulzón valseo de los pasillos  del altoparlante ahora atemperado con otra armonia que comienza, también en la cabeza general de los que allí estan: el Danubio azul. Una música de entretiempos como de caja de música.

En diez minutos otra pelea, otro teatro, otra muerte en el escenario, otras gotas de sangre y otro pico, otra cresta y otra arrogancia gallera. Otros minutos que se roba a la policía, ya se le pagó, o a la vida y al tiempo., otro brillo que se le extrae al cuchillo oculto y preparado. Otros galleros que llegan, otros que se marchan. El fraseo del vals de Strauss que se mezcla con algunos rugidos de pelea, de desesperación, de nueva apuesta, tranquilidad tensa, de mujeres que vienen y van. De nuevo se enciende la mecha de la gallera, se calla Strauss, y vuelve el golpeo de tambor de jingo.

El asturiano toma un traguito corto de ron y fuma de su cigarro, rápido sus manos vuelven a su sitio: la pistola y el cuchillo. El humo se pierde hacia la selva.

(330) Guerra 04-01-2009 GTM 1 @ 21:17

bonhamled — Tags:

La guerra es una concatenación de malas suertes.

Con una, dos o tres se arruina la vida de una persona, un próspero profesional acaba siendo un yonqui en el arroyo, una casi imperfectible carrera acaba siendo un arrastrarse, un perder amistades, un negar la cabeza, un muera o mate más temprano que tarde.

La guerra son diez, cincuenta, cien malas suertes anidadas en ilación graciosa y macabra.

Pueden ser, por ejemplo, el estar en un sitio adecuado, no tomar conciencia del momento y servir de blanco para alguien o, quizás, estar en el punto de mira, ser el mejor objetivo periodístico y volver la cabeza. También es ir a por el pan en un lugar que no se debería, quizás vivir donde no era buena idea, creer en un líder tóxico o no tener posibilidad de huir o mil cosas más.

La suerte, esa que casi siempre viene casada con la palabra “mala”, se comporta así, busca un lugar donde anidar, donde se da el calor de los cuerpos que lo pierden y la humedad de la sangre derramada. Allí vive pequeña, esquinosa, dejándose caer sobre tal o cual persona, buscando el desastre para, salvar a alguien de manera sorprendente, cebándose en algunos para demostrar lo fútil de la vida, llenando de agua envenenada los aljibes cuando más sed hay, negando la comida cuando más hambre hay.Es esa la suerte que es pura herrumbre y subalterna opacidad, o se manifiesta fin función ni dueño en un acto inútil como no se presenta en una ocasión obvia. Esta aparente neutralidad, al fin y al cabo, crea una cadena de dolores que engarza lo peor, con lo más malo, con lo pésimo para dar lugar a esa mala suerte, ese lugar común del dolor, el escombro y el llanto seco: le llamamos guerra.

La guerra es un cúmulo de malas suertes, es una mano donde la primera mano es la muerte, la segunda, el hambre, la tercera el dolor, la cuarta la ignoración y la quinta es una nueva mano tras una esquina, en un mercado, en un paseo, en una huida. Todo suerte, todo azar, todo fortuna, todo nefas.

No valen augures ni conjuros, ni brujería ni suertes, La guerra es tan sinfonía de azares y casualidades adversas, aversísimas, que la muerte deviene con realidad estadística: 80%, 90%, 98%.

(329) Crimen en Malpaís de Almadormida 01-01-2009 GTM 1 @ 15:16

bonhamled — Tags:

Los periódicos llenaron columnas y referentes sobre el crimen de Aparicio, en la comarca castellana de Almadormida.

Aquellos jóvenes muertos, aquellos tufos insufribles y el olor a polilla quemada dieron que pensar a muchos en los comienzos de aquella dictadura, que no fue sino el preludio de otra que llegaría no mucho tiempo después.

Aún así y a pesar de lo escrito daba miedo hablar y nunca se dijo del veneno, del sueño del tren o de la visceralidad puesta a la luz de la cuchillada. Las hemerotecas así lo ocultan. Los muertos, jóvenes, bellos amantes del tiempo futuro se quedaron varados sonrientes de calavera y sorprendidos de vidrio en los ojos en aquel pasado. El abyecto Goush, aquel que llevó algún que otro descubrimiento y mucho dolor a la tierra de Aparicio, rebautizada como Malpaís de Almadormida, se quedó también allí, al menos hasta que muchos años después alguien rebuscaría en las tumbas sus polvos más miserables.

Los guardias de asalto se llevaron los cobardes cadáveres, las familias huyeron del pueblo ante el primer ímprobo suspiro del viento Rido. Las lágrimas quedaron; dejaron laguitos secos en las esquinas no barridas, en los recoletos lugares, donde las cruces desbarataban torbellinos simiescos y diabólicos, en las montoneras caballonas donde después el olvido y el tiempo, ambos voluntariosos, habrían de hacer crecer la mala hierba para aviso de transeúntes y consejos para todos . Era el intento de un verde borrón en el palimpsesto ya borrado de la historia.

El resto, nadie puede decir que lo vio, nadie que viva ahora,  quedó en noticia terrible de periódicos que hablaban de Aparicio como del África o de una parada remota del tren Transiberiano. Luego de los años aparecerían simuladores terribles, ladrones de huesos, y algún loco sin más apellidos . Casi todos ellos serían huéspedes del verdugo del garrote. Ya recientemente otros investigadores, como yo mismos, fueron expulsados  por los gritos importunadores, rotundos estentóreos del frío y de la soledad más que por las gentes, de las que ya no había.

Las sombras, los ruidos, los olores, el calor del fósforo, las moscas veraniegas, la sensación intuitiva e instintiva de lo que se cierne atrajeron a pocos y echaron a los que quedaban. Hoy es tierra yerma, yerta de calcáreas castellanas, llena de mareas del tiempo y embrutecedora hasta el adormecimiento. Quizás sea el legado de Goush, quizás sea el vértigo y el mareo terrible de la llanura de Castilla, quizás solo sea una sensación de escalofrío en la estepa fría de este invierno.

(328) Mujeres 26-12-2008 GTM 1 @ 10:10

bonhamled — Tags:

Esa mujer administra un mundo, aquella otra organiza un pequeño universo, la que apenas vemos en la distancia, gestiona un planeta.

Todas ellas, sinceras, temerosas, sonrientes, tristes, llevan en sus manos y en su cuerpo las cicatrices del gobernante, del hacer y de ser.

Miran en sus caras, sus manos un mundo externo, miran en sus ojos un mundo interno, ambos, como calcetín se vuelcan en el otro, hacen el otro, dan seguridad, realidad y esencia al otro, sin conversar con el azogue ni con las libreas de los edecanes de la metafísica masculina

Mientras tanto los hombres jugamos a ser dioses, no lo somos, y pretendemos fingir que todo esto que presenciamos con la envidia de no vivirlo no es una maravillosa cotidianedad revestida de oro.

(327) El muerto andante 24-12-2008 GTM 1 @ 18:07

bonhamled — Tags:

El humo sucio, la humedad pegada a las paredes y al suelo.

El sol que corriendo ya se fue, antes no se había levantado.

El sudor adherido a la piel y al agobio.

El día acaba sin haber comenzado de sol, las ilusiones se quedaron en los veinte.

Sin embargo el dolor, interno, lo divides entre el alcohol que te duerme poco

y el señalar a quien te acompaña.

Borracho, cansado, mal afeitado, gordo y ojeroso la noche mal empezada

El comienzo de un dolor sin fin, de una muerte que no te atreves a convocar.

Quizás ella es la culpable, quizás tu, quizás nadie pero alguien pagará..

El fuego no quema, todo es un enfado sin importancia pero la sangre no se reseca por nada: solo cuando mana y el tiempo la para se resquebraja en cuarterones de muerte.

Y me llaman maltratador cuando solo soy un muerto andante. SI tuviera un poco más de valor acababa con todo.

(326) La hora tatuada 21-12-2008 GTM 1 @ 19:35

bonhamled — Tags:

Toma notas en la reunión.

Los alemanes indican su punto de vista, los milaneses, por italianos indican otros puntos de vista. Projectos, inversiones, soluciones técnicas, tecnológicas y científicas.

El joven director técnico toma notas.

El avión de vuelta a Milán sale pronto. Primo se remanga rápido la manga para ver su reloj. En ese gesto los reunidos observan los números tatuados:174517.

La reunión es otra.

(325) Aviónica 19-12-2008 GTM 1 @ 05:23

bonhamled — Tags:

Lanzando un cuaderno de ejercicios infantiles por un enfado. La ventana observa como la calle se mancha con la poca habilidad aeronáutica del infante.

Un momento después quizás llevado por un Peter Pan invisible o por una ilusión el cielo del primer verano, al atardecer, remonta y vuela y vuela, y recorre la calle, y sube por encima de los edificios y caracolea como voluta de humo, o mejor, como hoja de acanto con destino predecible, el suelo pero con sueño consistente de etéreo.

Vuela y vuela y caracolea y esquiva arrecifes de terraza, y carteles luminosos altos, de zapatería en amarillo y sobre vuela un trocito de la ciudad, la que se ve por el cinemascope de la ventana. El enfado sublima, el verano se tiende, la noche cálida aparece y saliendo y entrando de escena, como un bufón, el avioncito acaba por caer. Con un algo de la ilusión, un poco de la vida y casi toda la infancia.

(324) Cuenta doña Credencia 16-12-2008 GTM 1 @ 18:24

bonhamled — Tags:

Habla con ganas de callarse Doña Credencia...escucho sus palabras e imagino aquellos momentos de luces sobresaturadas, calor y moscas:

"Recorre las calles de Almadormida el vendedor Goush.

Vende productos traídos de más allá de las fronteras, de las tierras hiperbóreas de Noruega y del corazón caliente de la Casiopea macedonia.

Arrebata a chiquillos con sus dulces de desconocido sabor y a mujeres con su sonrisa aria y arisca. Viene de más allá de Aparicio y ha mercado de largo, al menos tres o cuatro años, en Hería sin entrar en la comarca rica y principal. Viene alzado en coturnos insoportables que le levantan y le hacen visible. Viene siempre buscando rincones para aposentarse, parar el sol y hacer su habla lenta. Los cotes del monte bien le conocen, sabe oir al viento y recoger su enseñanza, sabe vislumbrar en oscuro, conoce los congostos caminos y sus polvaredas comentadoras de arriero aburrido.

Vende también en su camioncito venido a menos libros de interés que congregan atención en el siempre ilustrado pueblo de Almadormida. Incluso el alcalde baja a la calle para ver el revuelo del extranjero pelirrojo.

Luego, y después, sería común ver al pelirrojo de mala estampa por las calles, hasta aposentarse, junto con sus productos, cenefas, libros y parlas en una de las callejas del pueblo. Nunca se arrepintieron lo suficiente.

Libros como aquel de Stondheim sobre el veneno de los árboles, la literatura falsamente hasídica de un llamado Mathias Lubermuller y la Biblia apócrifa y protestante de un francés, Menard, que traía mas texto y menos explicación que la que portaba como devocionario Don Senén ,el pater algo descreído y muy mudo de la iglesia mayor de Almadormida.

En el sagrario de la iglesia junto con el cuerpo de cristo de cereal del que rodeaba Almadormida se encontraba una duda blanda, blanca, pertinaz en el corazón del páter Don Senén, como parte de su atalaje talar  Quizás de esa impiedad del pastor nació la duda que alimentó al pelirrojo vendedor, quizás todo fue pura casualidad de llanura, quizás solo el viento y el tiempo.

Goush era un "Snopes" de bajos instintos, revelador de una verdad ignara, atractor de moscas, mozuelas y mozos vírgenes, soliviantador de ánimos y congratulador de poderosos, el aciago Goush entró en Almadormida el mismo día en el que salieron los pocos ángeles y potencias existentes.

El llanto antes era salado y amargo a partir de ese momento fue ácido y seco...."

Despierto con el callado de Doña Credencia, tras el instante brocal de silencio sentencia: "No quisiera tener que contar más. NO quiero hablar más."

Se va Doña Credencia, hacia la iglesia como buscando santuario. Se va la anciana con la sensación de haber hablado de más.. de mucho más.