(34) Sección técnica nº 2 La vuelta
Imaginaba su casa, sus hijos, su amor, sus posesiones, no muchas, no caras pero siempre queridas.
Imaginaba en su viaje de vuelta de un trasiego cotidiano la llegada a la casa, intempestiva y adelantada, la alegría del reencuentro tras el viaje de trabajo, los hijos vestidos de sonrisa, la mujer sorprendida.
Imaginaba, en su vehículo por la autopista, y, de repente, pensó que bien pudiera ser mentira. Su mujer podría engañarle con su peor amigo, con su mejor enemigo, vivir una vida de cubrición y engañifa, y sus hijos pudieran no estudiar y ser solo un conchabeo cobarde para hacerle seguir trabajando de forma intensa, para seguir teniéndole lejos, para hacerle vivir en cortos episodios controlables.
Si la verdad fuera esa, si todo fuera pantomima vertiginosa y cruel, su llegada antes de tiempo, como en teatro, descomprondría la función, desbarataría a los actores, arruinaría, como los hacen los largos entreactos, la sintonía líquida y tensa de la obra de ficción.
Quería tanto a su mujer que verla yaciendo con un desconocido, un conocido culpable, un amigo alevoso sería una cuchillada seca y sin sangre dejada al oreo del dolor. Sus hijos carnes propias por las que extendía el día y renunciaba al cansancio no podrían zaherirle con la mentira montada, era imposible. Imposible pero como pecado recurrible en la nocturnidad del insomnio perenne en los kilómetros que pasaban.
Avanzaba y se acercaba a su hogar, eran apenas tres horas antes, podrían estar todos fuera y no verlos, y todo ese maquiavelismo imaginario desvanecerse como nube en viento. Pudiera ser que todo fuera su imaginación guisado al devenir tristón de la soledad al volante con una radio ínfima susurando músicas efímeras. Pudiera ser eso y mucho más, pero rebajó la velocidad y buscó un bar de carretera donde gastar tres horas. Tres horas invertidas en dejar todo como estaba.

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