(38) Sección técnica nº 3 La mentira
Hugo Smertz era un matemático en ciernes, brillante, algo calvo y muy ceñido a su mundo de lenguaje críptico pero evidente: la matemática. Se alegraba encontrando ecuaciones en el vuelo gregario de pájaros, en el andar convulso de las gentes, al tirar absurdo de la caja de cerillas en el suelo de la cocina. Smertz vivía para la matemática pero no absorbiéndole sino absorbiéndola como una religión necesariamente verdadera.
Los amigos de Hugo, la mayoría matemáticos menos brillantes, eran su diversión fuera de los números y sus realidades de saltimbanqui. Entre ellos uno, Afasías Falúa, un chileno aficionado al fútbol y a las apuestas deportivas, era con el que más compartía esos momentos alejados del papel pautado de la matemática.
El día del que hablo, el día en el que Ismael empezó a contar una historia, Afasías Falúa acompañaba a Hugo a su primer partido de fútbol. Afasías contaba con un receptor de radio que en el lenguaje vertiginoso y lleno de meandros de los locutores radiofónicos le describía una miriada de detalles del partido, la mayoría nimios, casi todos imprescindibles.
Afasías Falúa revisaba una pequeña lista con resultados, matemáticas y pruebas mientras Hugo Smertz miraba con sorpresa la liturgia de histerismo, ira y asimilación de las gradas. Sospechaba Hugo que aquella gran mentira teatralizada no dejaba de ser un entremés o proscenio intimidatorio pero simplificado de la verdadera pesadilla más allá de las puertas del estadio, la vida.
Ignoraba casi todo del juego Smertz, y Falúa explicaba los detalles pequeños parsimonioso, entendido y algo engreído ya que había sido lo contrario mil veces. A ratos Afanías paraba para contar, recontar, reoir o volver a escuchar un dato, un número, una característica.
Hugo se sorprendía de la complejidad humana en aquel mar arrebatado de griterío, hombres, mujeres y niños descompuestos por la tensión y violencia. Latían como un corazón puro y común frente al trotar variado tras la pelota.
Sonreía Hugo ante la sencillez del espectáculo cuando Afanías sorprendió buscando aquiescencia: "Creo que tengo un sistema para predecir este juego. Creo que he acertado todos los resultados de la apuesta".
Hugo Smertz, matemático, filólogo aficionado y amigo de las filosofías no regladas miró a Afanías, su amistad se eclipsó en ese momento, y con un entreojo en el papel mil veces doblado contestó:
"Si es así de sencillo, este juego no me interesa".
Smertz se marchó sin terminar los últimos diez minutos, el equipo local vapuleaba por tres a cero a unos inocentes visitantes, se encaminó a sus permutaciones y matemáticas esquivas por no tener que dirigirse a una multitud cruel, terrible pero, sobre todo, predecible.
http://www.geocities.com/sociemartelli/futbol.htm

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Comentarios(2) »
hola yo
me llamo daniel guzman eguiluz y vivo de cusco de tre cruse de oro yo son un niño de 14 años quirero un equipos o
llama a celular 984-381013
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