(59) El neokantiano
Apenas llegaron, con sirenas y ruido de jaleo, acudieron, los policías de uniforme, y los polícías secretos mirando para todos los sitios.
Localizaron al profesor y a sus doctorandos, le buscaban y le encontraron, como quisiera el filósofo profesor con la verdad y le espetaron.
- Gómez Jávez?.
- Si, soy yo.
- ¿Es usted Francisco Gómez Jávez?
- Si, soy yo, ¿como puedo ayudarles?-
La amabilidad del docto profesor desarmó la los engominados policías acostumbrados a resistencias inútiles y miedos paralizadores.
Uno de ellos, el más joven y menos maleado, le pregutó, haciendose de más pero cayendo en una inconveniencia infidente:
- Está usted acusado de ser neokantiano.
El miedo que pudiera tener el maestro junto con las tentaciones pétreas, de Pedro, de sus acólitos se esfumaron en el instante. Entre sonrisas dejaron marchar al maestro.
Los policias asieron con la fuerza innecesaria del torturados y se lo llevaron a la comisaría general de información. Volvería.

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