(88) Manifiesto contra la vida aburrida
Manifiesto a favor de los embozados, travestidos, disfrazados, exiliados, escondidos.
Este texto quiere ser un homenaje a aquellos que viven un personaje en su vida, que esconden como siendo cántaro un interior refulgente, oscuro, blanco o sucio pero que no sale a la luz por las convenciones arcanas de la educación, la confusión, la religión o la legislación.
Viven, vivimos, escondidos en unos aparejos extraños por mor de nuestros bienes o nuestra comida y no mostramos nuestras alas como mariposas, nuestras aficiones incomprensibles o perversas, nuestras grandezas que tocan el sol sin quemarse y nuestras bajezas de persona, de ser que vive cada día.
Algunos de ellos viven un amor de cara a una verdad que no es tal, querrían a otros, a otras, a todos, a nadie. Querrían que les amaran, que les pegaran, que les escupieran, que les sodomizaran o, solo, que alguien tuviera alguna palabra amable y desinteresada.
Unos pocos viven una pasión en campos de ornitología o numismática y otras artes y ciencias sin fin viviendo a la espalda de la vorágine del giro de la tierra. En su despaciosidad casi inútil encuentran una felicidad santuario que le es negada en el devenir constante.
Otros Viven una ilusión escrita en letras, cómodas, como el que escribe, o escrita en corcheas de rock, de jazz, de ilusión y de arpegios.
Otro grupo alberga una necesidad de guardar, Diógenes, dinero, personas, bienes atesorando en cesta un agua que escapará sin destino conocido. Hacer listas obsesivas de amantes, agendas, de negocios, portafolios, de propiedades, registros, de dinero, cuentas para buscarse entre la infinidad de ítems la personalidad que no es la que se ve.
Algunos querrían ser héroes por buscar un fin a una vida gris, morir defendiendo o morir atacando, matar para ser matado, vivir desangrado y habiendo pasado hambre y frío.
Unos pocos más buscan en el aire una investigación, en la calle una búsqueda, un encuentro, una hoja o una canción apenas pergeñada desde un automóvil en el andar de la calle para encontrarse en esas alegorías connotadas. Concernidos por un mundo que pasa muy deprisa buscan, huérfanos, una isla donde perderse, un amor en el que quemarse, una pasión que le haga superar esos ecos insoportables de la convexidad de barro de su existencia para poder ser. Un ser que es casi siempre el hibris del solo estar, un ruido rumoroso que aturde y al que solo la chispa de la ilusión apaga.
Corriendo hacia esa ilusión que caduca cada día con el tiempo para recuperar ese guiño de noche de cinco de enero con diez años.
Buscamos esa luz goethiana que se nos escapa, buscamos recovecos donde no haya otro refugiado guardado, donde podamos sentirnos nosotros: tímidos padres que son drag queens descaradas, abundados bibliotecarios con ganas de romper guitarras en altavoces, Sinceros escribientes proletarios que solo querrían quemarse en el spleen de la literatura, sopladores de vidrio, lustradores de zapatos, ingenieros civiles cuyo último fin en la vida es darse a la acedía más epicúrea de la gula, el sexo y el pensamiento parnasiano.
Todos ellos, escondidos, travestidos, escindidos de su esquizofrenia social, abarcando con sus brazos lo que la cabeza no querría ni regalado son los señores perfectos que andan por la calle, las señoras maravillosas y emperifolladas que vienen o van, los sacerdotes, los muchachuelos, las niñas colegiales, los militares de augusto bigotón y en general toda persona que cultivan el mirar soslayado, la murmuración pequeña, la risa entredientes, la rabia atemperada y el paso pequeño como adolecido de una degeneración en la cadera.
En resumen es un ser yo sin estar metido en armario, baúl, cómoda, alacena, bajo cama o en bunker para ser un poco más uno mismo aunque averguence y haga avergonzar.

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Comentarios(2) »
Bravo! Me quito el sombrero. Y me llevo trocitos de usted para esa "lavativa del cerebro" mía...quiero que se haga justicia.
Hoy no es un saludo, hoy es un abrazo.
Llegué tras una lavativa, con el cerebro despejado, lo que me ha hecho disfrutar más, si cabe, de sus palabras.
Saludos