(97) Los jóvenes gárrulos
Los jóvenes que se acercaron al viajante pelirrojo se volvieron gárrulos, palabreros pirotécnicos y acogieron con la superioridad abyacente de aquellos que se creen en posesión de la verdad, no una sino la única.
Los padres de los jóvenes, de Calixto, los Tererías, los del Molino, los Dantes, etcétera temían que el atractivo patrón de las moscas fuera en el fondo un espécimen de esos nefandos que, contra natura, requería y animaba comportamientos negados. No fue el caso, ni ese ni ningún otro, y fue por medio de la literatura sesgada, las discursiones viciadas de falacia y una cierta habilidad, era su oficio, de vendedor ambulante los llevó a su terreno: la verdad como inconmensurable camino para la mentira.

Pasaban los meses y su grupo de teatro o de estudio, quizás de lectura, nunca de oración, se reunía martes y jueves con pulsión y el pálpito del mosén que se maliciaba lo peor. El sacerdote había sido excomulgador y conjurador de aquelarres, también recuperador de poseídos y de visiones extrañas. Ahora acababa sus días, nunca se supo el porque, en Aparicio y comarca, donde sus iglesias y sus santos aguardaban mientras los ángeles torpes y bisbiseantes del último viento Rido jugaba con badajos y mecía melenas dando a entender que doblaban las campanas sin serlo.
El padre Aguard miraba a los jóvenes y su pasado se le manifestaba como agua clara, el mal se cernía.
Fotografía lunar: http://www.infobae.com/adjuntos/imagenes/53/0125392B.jpg

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