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(108) Casos de precipicio literario

bonhamled @ 05:23 Tags:

Abrió avejentado la cuartilla y tomó, por esas cosas del aburrimiento y el horror vacui, un libro suyo de los que dejó de regalar a amigos aunque debía haberlo hecho, incluso a esos menos amigos.

Abrió al azar su tercera novela, “los Idus del barro” y repasó un párrafo que comenzaba “ Teresa anduvo largo trecho por el paseo de los cerezos, su familia, incluyendo a los Ortiz de Lazarure, se reunían en la vieja cervecería. La crisis amarilla se avecinaba…”

Pensó: ¡que triste!, ¡que mal resuelto!, ¡que poca gracia y arte, podía haber hecho…. Callaba y en su cerebro se marcaba la trayectoria pirotécnica de un cohete de ideas, uniones, recuerdos y connotaciones graciosas, efectistas y bonancibles. ¡Que horror!, sin tiempo para corregirlo, sin tiempo para publicarlo, sin tiempo para vivirlo. Recordó las vicisitudes de publicación de aquella novela, primero cuentecito y luego estirado con algo de arte y un mucho de necesidad económica en París hasta la novela a la que le sobrarían, de manera sencilla, al menos cuarenta páginas.

Volvió su aburrimiento a su página en blanco, se trasnochaban por la otra carilla las letras de contabilidad de la resma. Tuvo que volver la cara al libro y buscó en la página ciento noventa poco más o menos el texto:

“Kuriashin” saltaría la trinchera en cualquier caso. El amor como el odio era un fiel que no definía aquellos tiempos. Cargaba los corderos entre bramidos de bala y se dirigirían, el camión traquetreo de intendencia, al otro campo donde los fieles les esperaban. ¿Cuanto tiempo llevaba pensando en Teresa?, ¿Cuántos cupones tendría?, ¿Quiénes se jugarían algunos de los cupones robados a la baraja?. Miraba por la ventana los fragores.

Sonrió, el escritor, porque vio en el escaso texto la definición del cuento, la unidad más conseguida, incluso con ese “pulso onírico” con el que algunos críticos ramplones y acomodaticios le jalonaron el nombre en el aldabonazo de su carrera. Le gustó, sin embargo pensaría, ¡que pena!, ¡que tristeza y que horror!: ¿Seré capaz de volver a escribir igual? O me perderé entre barcos blancos de espuma blanca en el blanco mar de las hojas vacías y la necesidad imperante en el ring-ring del editor. ¡Que pena de contar!, ¡que pena de decir, que pena de escribir estando esclavo de mi vida y mi obra!. ¿Qué me queda sino…?.

Se levantó de la mesa y fue hacia el mueve bar de donde sacaría un par de pastillas de color amarillo mortecino y el aroma y el brío maderero inconfundible del Whisky para ahuyentar fantasmas, para atraer musas y, si se tercia, parcas.

Comentarios(2) »

Elbereth+y+su+Silencio — 08-06-2007 - 19:06:03 GMT 1

¿Seré capaz de volver a escribir igual? O me perderé entre barcos blancos de espuma blanca en el blanco mar de las hojas vacías y la necesidad imperante en el ring-ring del editor

¿Pero, al menos, nos ayuda a exorcizar vuestros demonios? Así funciona, conmigo.

Buena noche

bonhamled — 09-06-2007 - 18:55:52 GMT 1

Ignoro lo que pensaría el escritor, en verdad es una anécdota de Juan Carlos Onetti. En mi caso el vaciarse delante de un papel vacío me da un cierto grado de llenado pensante que es agradable.

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