(117) El día del poeta
El poeta pasaba el día o bien escuchando, como Heidegger sostenía como principio básico de la conversación, o bien amaestrando, de forma oculta, a aquel gorrión que luego escenificaba una obediencia sublime y entregada frente a personas que se le enfrentaban.
Las cocinas que cultivaba cortas, mazamorras, y picantísimas originaban una ardentía solo extinguibles en entonces imprescindibles vinos, absentas, licores, muertes libadas por nobilísimos vinateros.
Esa jornada, de poeta, era el día a día. Luego, entre tiempos, y como forma doméstica de cuidado e higiene, ensuciaba cuartillas y resmas de las que recuperaba solo unas pocas de la vorágine de tinta, papel y basura.
Desde las paredes máscaras, muchas de ellas perdidas entre disparos, cámaras fotográficas, cuadros, títulos, aprendehendían como en almoneda o en secreter romántico ese culteranismo simple de la poesía de Neruda. Me refiero a todo lo que escribía Ricardo Neftalí Reyes.
(Nota, realizado sobre una entrevista de Luis Rosales).

Meneame
del.icio.us
No hay Comentarios »