(125) Instrucciones para morir
Un sabor a miel acaba el sabor impertérrito y recurrente a hiel y bilis. La sequera intermitente de la boca se sacia de repente y una luz se apaga en los ojos, se vuelve la imagen mortecina, grisácea, lejana.
Los ruidos se alejan y de dopplerizan y, al final todo acaba en una sensación de paz donde el latido, imperturbable aliado y compañero, se empieza a callar y la respiración, reloj perpetuo, lentifica su tic tac maniqueo.
El final siempre esperado y descansado es un fundido a negro, un apagarse casi sin mayor predilección.
Al menos las veces que yo he muerto ha sido así.

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Un Comentario »
Ayer traté de dejarte un comentario aquí. No sé porqué al final nada.
He descubierto este sitio a manos de Elbereth, ¡menos mal!
No ocurre muchas veces que los astros se alieen, que el calor tiña el ambiente y que las Julietas mueran por sus Romeos. No pasa siempre que alguien
aumente su belleza a medida que se le va leyendo más. Sin embargo cada palabra, gesto y manera de dar los pasos de tu camino que te observo, me provoca un deseo irremediable... Ojalá no dejes de compartirte.
Me ha dicho mucho este rincón.