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(144) El dinero negro, el angel rojo

bonhamled @ 06:13 Tags:

Mira a derecha e izquierda y es soeprendido por el ojo del niño que juega, desde la distancia esconde su ser porque envidia el ojo, el niño y la vida. Sonríe mientras en su alma mana un caudal de cascada de dolor negro.

Mira a lo lejos a la madre y al padre, ignorante y sorprendidos ante la estupenda oferta de su empleado. El ángel negro les toma bajo su cobijo y les entrega un cheque. El cheque resolverá sus problemas, su vida se endereza, la falta de trabajo y la depresión huyen. El ángel negro mirando al cielo que tanto le niega firmó el cheque, no volverán a pasar penurias, ni a vivir en un coche, ni a pasar frío y hambre.

Corretea y juega con el niño, pequeño, por el jardín de la casa, sorprendido y sonriente, el niño corretea y riendo, cae, el padre haciéndose el asustado le recoge y le envía al cielo, este le devuelve al hijo entre risas de hijo y de padre.

Recuerda el hombre ajado, con surcos que no son de edad en sus ojos, aquellos días de sonrisas posibles y futuro amigo. Hoy todo al revés, el dolor se le cuela por el cedazo de la vida hasta asaetearle, como acerico, en cada momento. Solo en el momento absurdo de firmar el cheque por los trescientos mil euros vio aletear junto a el, cerca de sus asesores, abogados, médico, mayordomo, un halo eterno y hermético que en algo le recordaba su pasado ya cumplido y caducado.

El hálito verde le persiguió con la prestancia de la locura diagnosticada y, también superada, a su pesar. Perseguía esa idea del pasado enfermiza y dañina como un cazador de mariposas corriendo por las estancias hasta llegar, arribar, a la habitación del niño muerto. Allí el traje que le veía vestir, blanco como el día del pasado, se vuelve a tornar rojo sangre, azul, muerte, verde ponzoña, gris lápida para ser, por fin, negro. El negro de un ángel que solo querría otro hoy y otro ayer, el ángel sin alas y sin futuro que busca la gran verdad dentro de las piedras de las pequeñas mentiras.

Volvió a casa, tras la sinfonía de agradecimientos incómodos y de locura que busca la alfaguara de la felicidad, clamó al cielo, enemigo, por su desdicha, lágrimas que dejaron de ser líquidas y son solo rocas  - legañas que le hieren más que ayudan.

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