(151) La pistola blanca
El cuidado sutil que empleo en desmontar poco a poco y lentamente cada una de las piezas de la Walter PPK de 9 milímetros para luego pintarlas de ese blanco variado denota que no solo era el negocio chusco lo que llevaba a Venancia a su destino.
La pistola con ese gris oscuro, casi de forja, menestral y asesino se convirtió en una mezcla de colores blancos de más o menos brillo, nácar o desgaste. Por ignorancia o, quizás, en resurrección y redención acabó siendo un arma blanca de fuego.
Los policías se sonrieron al ver el arma percutida y la primera justificación, burda, de la mujer, pero sin embargo y mirándose se dijeron:
- Sin embargo la bala es de plomo.
Venancia lloraba su mala suerte, eterna, continuada, como en soneto. Mientras el marido con el disparo descerrajado en la mandíbula agonizaba como un animal muerto. El arma blanca, y el tiempo para vivir su pena, para dejar de sentir los golpes, para volver a ser una persona, para pintar un mundo gris, negro, agresivo y arisco de un blanco virginal, aún defectuoso, iniciático y nuevo.... aunque se manchara de un rojo después que fue jugo de la baya de un amor de otro tiempo.

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