(156) Instrucciones para (re)encontrarse
Después de haber atesorado un poco de cansancio en las piernas, otro poco de sol en el gesto y en el semblante, un poco de sudor en axilas y pecho y un mucho de silencio y de ese bisbiseo amigo del silencio que se trae el viento, con juegos, en copas, cumbres y riscos vuelvo y me veo.
Esta anábasis hacia mi mismo es buena, tanto que merece la pena volverse a quemar en el mismo fuego.

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