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(157) La paja y la viga

bonhamled @ 20:05 Tags:
Veo, desde la atalaya autista de mi andar por la ciudad, como un joven algo pagado de si mismo, solidario al menos en superficie, oyente y hablante a un vagabundo, un desamparado de la sociedad, un desheredado de la comida de Pantagruel de algunos de nuestra sociedad. Me pierdo la primer parte del escaso dialogar. Recuerdo un robado:
- ... como sigas así te vas a matar....
El pobre, sorprendido exclama: ¡Anda, la hostia! como un exabrupto cotidiano sorpresivo al que le queda poco por sorprenderse.
Se marcha el más joven con la razón azotadora. Queda igual el pobre. Igual de pobre. Igual de solo y algo más zaherido por el prójimo que le trata como minusválido social.
Sorprende que el Sócrates no solo ha de soportar, Diógenes, las miradas, el asco y las miserias de la sociedad: Además desde su puesto pequeño ha de soportar los grandes púlpitos de quienes escarban y tienen  más y más en común con la miseria y la inmundicia. Lo que ocurre que no es mala suerte, adición o borrachera sino pobreza moral, que es cosa diferente.
Como digo, no solo habla el asco sino que, además, en la voz párvula del joven, antes solidario, la sociedad se arroba y arroga el derecho a asaetear con moralinas, amenazas, metempsicosis y términos terribles.

Una leyenda, una sorpresa, una mala interpretación, ojalá, un disparo en la nuca, una miseria que se escapa por la calle y se deposita en huecos y esquinazos

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