(165) El ansía del angel negro
Pasó un tiempo comiendo la tierra que supuraba dolores en el cementerio, sus lágrimas formaban con el polvo del paso y de la sombra de los nichos pequeños una pasta que se formaba en su boca y en sus sienes. Los guardaespaldas, a veces, tenían que llevárselo ahito y desmejorado a casa tras un día entero frente a la lápidas. Desearía estar al otro lado. Se buscaba y moría, moría cada instante deseando morir.
Lamiendo las lápidas, viviendo una existencia de dolor agudo sin esperanza, buscando sin encontrar, encontrando aristas en cada instante, sintiendo la muerte jugueteando pero sin el impulso fatal para tomarle. Retaba a la tormenta atado al palo mayor.

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