(175) El pésame
La mano se convierte en nervuda y por la boca de la manga caen, como agujas de pino, la tristeza del momento solemne.
En la mano receptora, fría como mármol, callada como mármol, pétrea como mármol, solo un tañido casi oculto de frío latido batiente recuerda la vuelta de la ola de la vida.
La tez mortecina, el cansancio, la situación, los ojos hundidos en cuévanos sin tesoro, la boca en rictus de nervio y el cuerpo desbaratado en un nervio eléctrico.
Una lágrima nostálgica cae, un grito apagado calla, una mirada, agresiva mira al yaciente.
En las manos que se entrecruzan en el baile del cabeceo y la jaculatoria unas gafas.
Quizás eso sea la vida donde se entrecruza lo pragmático y lo desconocido.

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del.icio.us
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