(180) Taf
Taf lindaba con el gran mar de muerte. Con la ola gigantesca de arena y caravanas.
Más al sur, acabada la sed, se abría la sabana donde los mercaderes de Timbuctú intercambiaban libros y señales. En aquellos tiempos, los últimos de Taf, todavía tenía El reino Songhai una munificencia que se conocía en las tierras de Africa y Asia. Aunque era desconocida en la fría Europa. Sus gritos, sus lamentos fueron desoídos junto con todas la historias. Su conocimiento no.
Que hoy nos preguntemos de lo legendario de la ciudad de sabios y mercaderes, de cabalistas y de enjuiciadores en una especie de añoranza histórica y legendaria nos da un poco más de esa incomunicación por siglos.

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