(183) Instrucciones para descreer de las ideologías
El liberal se queda mirando sin esperanza la hoja con el finiquito de su empleo perdido. Su modelo se tambalea, no hay un mundo de oportunidades y de benevolencias ocultas esperándole.
El socialista mira al cielo, desengañándose de la necesidad de que lo suyo hubiera de repartirlo con alguien. Sobre todo ahora que las cosas van mejor.
El anarquista mira al suelo y en la suciedad encuentra la necesidad de un barrendero, un jefe de barrenderos, un concejal de limpieza, un alcalde, un presidente, un empresario, el jefe de la patronal, el chivato del sindicato, la misa diaria y la tripa burguesa.
El comunista encuentra en la comunidad la necesidad imperiosa de favorecer a su cuñado, de guardar para su hijo, de enaltecer lo propio y de negar al más pobre. Por solo poner un ejemplo.
El conservador, de repente, ve tambalearse su partenón megisto cuando una niña pequeña, guapa y rubia le habla en un idioma extranjero. Además es pobre.
El nacionalista en añicos de espejo en el suelo cuando sale de su parca casa y ve casas mejores, culturas mayores, hablas más profundas, personas más íntegrasy, además adornadas con la fe de la hospitalidad.
El ecologista toma el coche todas las mañana para ir a comprar el periódico que se queja del cambio climático creciente.
El obrero espera su cornucopia efervescente para convertirse en constructor. El constructor hubiera deseado que sus ciento volando se convirtieran "uno en mano" y vivir cultivando un pequeño huerto.
El inmigrante sufre gota a gota y día a día, restañándose las heridas con el estaño templado del ostracismo.
La televisión chilla, para que la oigas, susurra para que la oigas, canta para que la oigas, grita para que la oigas, musita para que la oigas. Espera que al oírla al final la escuches y tu deseos se conviertan en compras.

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