(187) Hombre medio y mujer estándar
El hombre medio sale con su baja estatura y compra un periódico dictado.
La mujer estándar se arregla el pelo y en su casita en los suburbios espera el tiempo para aguardar. Espera una verdad que no se revela y una rebelión que nunca se dará.
Tan proteica es la vida desalada, sucedánea y aligerada que merece la pena vivirse. Las rocas son de mentira, el atrezzo conseguido, los papeles bien interiorizados pero es tan cómodo y tan agradable la somnolencia que mejor no sacudírsela.
La mujer estándar espera a su marido a la salida de las rebajas y el hombre cuenta, mientras ella ensordece, los problemas de la oficina, envidias, rencores y sonrisas rictus.
Los niños salen del colegio o van a la universidad mientras para todos sigue igual de narcotizado el rango de apreciación por la inane falta de interés.
La televisión vomita gritona consignas sabiamente entreveradas alrededor de consejos publicitarios y verdades falaces y faltonas.

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