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(189) El lloroso melómano o la urna

bonhamled @ 05:57 Tags:

Pide una nueva canción triste, al piano, en el bar con música, en la calle cerrada y oscura, en el mundo que le oprime.

Su traje desabrochado, el cuello de su camisa abierto y la corbata en esa posición que revela o bien alegría tremenda o bien desespero absoluto esperan su próximo paso hacia el abismo o hacia la redención como actores necesarios de una némesis.

Pide una canción, pide una copa y abraza la pobre bolsa de plástico que esconde un objeto. Tapado, grande, inoportuno, desconocido.

Los parroquianos del bar le miran, ve como bebe en silencio, como pide canciones para que le torturen con las canciones más tristes y melancólicas. Los que pasan o quedan ven como abraza esa bolsa de plástico que en su translúcida claridad deja entrever recipiente que podría ser un jarrón o una urna o quizás un recuerdo querido.

Miro desde el otro lado de la barra, escuchando el mundo, y tomando un whisky antes de volver a casa y dormir tranquilo. Un día de duro trabajo.

El lloroso, entrelloroso quizás, sigue su vía crucis de dolores externos y musicales, de tormenta interna y de abrazos concernidos e implorosos a ese recipiente.

Pienso, inadecuado, que ese objeto, quizás jarrón con tapa o quizás urna pequeña podría ser un recuerdo de un amor, el retazo de la melancolía de una casa abandonada o de una familia perdida. Quizás el último objeto repartido de una herencia golosa o puede que el objeto infame manchado de sangre de un robo con violencia.

La curiosidad, en el ruido musical y jazzistico del local, no me deja irme sin más. El lloroso pide una nueva canción "Piano man" de Billy Joel y sigue bebiendo lento pero dirigido. Aguzo el oido, presto atención a su silencio e hipidos e intento extraer entre sus gluglu de pez alguna pista.

¿Una urna mortuoria?, pienso mientras entreveo en la bolsa plegada en sus brazos un negro y un dorado mortuorio. Quizás la muerte de su amor, de su hijo o de su padre. La desesperación física reducida a polvo y ceniza - en polvo se convertirá..-.

Es una urna y lo que guarda no era la droga que esperaba que contuviera, ni quizás un explosivo amenazador sino la bomba atómica implosiva de la muerte de un ser querido, amado, imperdible. El ahogarse en el alcohol y la tristeza esconde el ahogarse en la muerte y la vida.

El ya lloroso se dirige trastabillando al retrete dejando descuidado sobre el mostrador algo pringoso del Jazz bar la bolsa. El camarero asiente cansado al requerimiento sin palabras para que no deje que la roben. El gasto realizado en el bar merece esa pequeñísima atención. En el instante que el cliente lloroso y melómano se pierde hacia el fondo a la derecha el camarero deja de mirar la bolsa.

Me acerco, despistándome, e intento entrever en la bolsa de la alcaicería del dolor colocada sobre el mostrador. Al paso pero deteniéndome intrigado miro de nuevo: es un frasco de cristal, sin adornos dorados y vacío.

Me sorprendo, pero me sorprendo más aún cuando el balbuciente lloroso cruza, mientras vuelve, su mirada con mi curiosidad, frente a frente, uno junto a otro inquiriendo con su mirada a mi curiosidad impenitente e impertinente.

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